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Mali y la alquimia siria

Fuentes: Rebelión

El sábado 25 de abril, en una operación sin precedentes, el Grupo de Apoyo al Islām y los musulmanes (JNIM por sus siglas en inglés), la franquicia de al-Qaeda para el Sahel, junto a los tuaregs del Frente de Liberación de Azawad (FLA), contra las posiciones de las Fuerzas Armadas de Mali (FAMa), nuevamente alcanzaron las puertas de Bamako, junto a una importante cantidad de acciones armadas contra varias ciudades y pueblos en un radio de varios cientos de kilómetros.

No solo la capital, sino que además y en simultaneo fueron atacadas Kati, Gao, Sévaré, Mopti y Kidal. En todos esos frentes se repitió la misma coreografía: explosiones, tiroteos continuos y bases y campamentos militares atacados. Al tiempo que el tráfico aéreo fue obligado a desviarse, mientras las redes sociales se atosigaron de comunicados oficiales intentando tranquilizar a la población.

Semejante despliegue de los muyahidines, realizado con coordinación milimétrica, significó que se puso en movimiento un importante flujo de suministros de armas, líneas de comunicación activadas y redes financieras que se encargaron de proveer los fondos necesarios, es una clara evidencia de que los terroristas están mejor asistidos que nunca por sus propiciadores externos. Emiratos Árabes Unidos (EAU) junto a alguna otra monarquía del Golfo Pérsico, además de los Estados Unidos y Francia; estos dos últimos quizás limiten su asistencia de inteligencia y entrenamiento.

Aunque por el volumen que ha tomado el conflicto, si se extiende, en las próximas semanas podremos ver con mayor precisión la envergadura total de ese apoyo. Y en la que el derrotero de la guerra de la Liga Epstein contra la República Islámica de Irán, será un factor determinante.

La cantidad de hombres utilizados, el transporte necesario y su aprovisionamiento dejan claro que el JNIM y el FLA han iniciado una fase decisiva en la guerra, que se inició en el 2012, en la que podrían aspirar a la toma de una parte importante del territorio maliense para hacerse fuertes y desde allí irradiar sus fuerzas no solo hacia la capital, sino también a Níger y Burkina Faso, los otros dos miembros del bloque anticolonial conocido como la Alianza de Estados del Sahel (AES), el que desde su formación en 2023, y con el apoyo del Africa Corp, que ocupa el lugar del antiguo Grupo Wagner, se ha convertido en un dolor de cabeza no solo para la antigua metrópoli colonial, París, sino para muchas naciones europeas que han usufructuado ilegalmente por décadas los infinitos recursos naturales de los que estos países disponen.

Algunas fuentes locales especulan con que el JINM podría intentar copiar la estrategia utilizada por Abu Mohammad al-Golani, el emir de Hayat Tahrir al-Sham (HTS) en Siria, que, con el apoyo de los Estados Unidos e Israel, consiguió derrocar al presidente Bashar al-Assad y convertirse en su sucesor, ahora bajo el nombre de Ahmed al-Sharaa, a quien con su barba acicalada y bien trajeado, se le permite presentarse en los grandes salones de Europa, por lo que posiblemente el Departamento de Estado podría articular la misma estrategia con los milicianos del Sahel que tanto éxito tuvo con los terroristas sirios.

Esta podría ser una de las razones por las que los insurgentes han logrado la disponibilidad de tantos recursos para los ataques del pasado día 25, en el que incluso consiguieron asesinar al Ministro de Defensa, el general Sadio Camara, junto a toda su familia, tras detonar un camión cargado de explosivos cerca de su residencia. Además de intentar asesinar al presidente Assimi Goïta, atacando su residencia ubicada en Kati, la principal base militar del país.

Frente a la magnitud de la situación de violencia, el general Goïta decidió asumir también el cargo de ministro de Defensa e iniciar una investigación sobre la posible implicación de oficiales de las FAMa recientemente destituidos, y sus conexiones con Oumar Mariko, una de las principales figuras de la oposición, exiliado, del que se sospecha tener vínculos con los terroristas.

La atmósfera de tensión parece haberse instalado en el país desde los ataques del sábado 25. Al mismo tiempo, se han reforzado todas las guardias, principalmente en torno al aeropuerto Modibo Keïta, las adyacencias de Bamako y a la base militar Kati a solo 15 kilómetros de la capital.

Más allá de todas las prevenciones tomadas en la mañana del lunes 4 se conoció un ataque contra el jefe de la Agencia Nacional de Seguridad el general Modibo Koné, a quien ya habían intentado asesinar en la primera ola de ataques del día 25. Al tiempo que todas las fuentes coinciden en que en breve los ataques terroristas se reanudarán.

La extraña jugada de Argelia

En este contexto, Argelia desde el comienzo no ha sido un jugador indiferente. Desde abril del 2012, ha observado con atención la evolución de la guerra. Vigilando desde sus extensas y porosas fronteras con Mali, de unos 1.350 kilómetros, el paso de khatibas terroristas, insurgentes tuaregs, agentes ucranianos llevados por la CIA, misiones francesas que apenas iniciadas las revueltas en el norte de Mali aterrizaron con más de 5.000 efectivos y que, sin poder contener a los muyahidines, por presión del nuevo gobierno de Mali, tras el golpe del 2021, se vieron obligados a abandonar el país.

Es en este contexto cuando Argel parece estar abandonando sus posiciones de aislamiento del conflicto y haber comenzado a operar a favor de la alianza entre al-Qaeda y los tuaregs, sus viejos enemigos, con la intención de reconstituir su perdida influencia hacia los vecinos, principalmente en mira de su propia seguridad. Lo que de concretarse podría convertirse en un error garrafal.

Este giro de Argelia se cree que podría ser una de las razones de los renovados bríos de separatistas e integristas. Según fuentes periodísticas rusas, es muy probable que las líneas de abastecimiento rebeldes estén sorteando con mucha “facilidad” el territorio argelino.

Lo que dispara de inmediato una pregunta ¿Por qué el cambio de actitud del Gobierno del presidente Abdelmadjid Tebboune? Al que en verdad se lo considera manipulado fuertemente por los poderosos servicios militares y de inteligencia, que tienen el control real de Argelia, desde que en 2019. Abdulaziz Bouteflika se vio obligado a abandonar ese cargo después de 20 años a partir de las multitudinarias protestas, cuando anunció que con 82 años y en un pésimo estado de salud aspiraba un quinto mandato consecutivo.

Argelia ha tenido una larga y sangrienta experiencia con el fundamentalismo islámico, en lo que se conoció como la “Década Negra”. La guerra civil entre el ejército y el Frente Islámico de Salvación (FIS) que entre 1990 y 2001 dejó más de 200.000 muertos. Entendiendo que, sin lugar a dudas, el FIS ha sido fuente de inspiración y un modelo organizativo fundamental para todos los movimientos armados wahabitas del continente y en particular, del Magreb y del Sahel que han surgido tras el desgarro de Libia en 2010 e incluso desde un poco antes.

Entre ellos aparece el Jamaat Nusrat al-Islām wal-muslimīn, una conjunción formada en 2017 por varias organizaciones terroristas menores, muchas de ellas con emires argelinos veteranos de la Década Negra, e incluso de la guerra afgana, como Mokhtar Belmokhtar, el mítico Mister Marlboro, Abdelmalek Droukdel, Djamel Okacha o el cadi Abu Abderrahman al-Sanhaji, el único de este cuarteto que ha sobrevivido, pero que sin duda todavía estos nombres siguen generando estupor en la memoria de millones de argelinos, a los que han procurado diez años de terror, fanatismo y muerte.

Respecto al Frente de Liberación de Azawad, este cambio de posición sirve a Argel para contener a su propia minoría tuareg, estimada en unas 150.000 almas, y evitar que imiten a sus hermanos malíes.

Desde la llegada al norte de África de la empresa de seguridad rusa (mercenarios) Grupo Wagner, llegados con la intención de llenar el espacio dejado por la retirada francesa, las relaciones entre Moscú y Argel se tensaron inesperadamente, más allá de la larga alianza comercial-militar.

Los fuertes combates de los mercenarios rusos contra insurgentes del norte de Mali, muy próximos a la frontera argelina, llevaron a ese país a solicitar la retirada a Moscú de los Wagner.

Aunque de concretarse un enclave tuareg en sus fronteras que se convierta en la base de formación de un protoestado azawadiano o aún algo mucho peor, un emirato de al-Qaeda, que no tardaría en intentar expandirse o, de mínima, establecerse a lo largo de la frontera sur argelina, por otra parte, los territorios más deshabitados del país.

Esto establecería una constante línea de inestabilidad en toda la región, que habilitaría la llegada de más muyahidines, un elemento fundamental para que funcione la alquimia siria.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.