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Mentiras y razones para atacar a Libia

Fuentes: Rebelión

Cuando los imperialistas quieren desatar una guerra, invasión militar, operaciones de bombardeo, bloqueo o cualquier otra forma de agresión contra determinado país, suelen inventar primero alguna gran mentira que luego difunden sus poderosos medios masivos de comunicación, a fin de «justificar» la agresión ante la opinión pública internacional y de sus propios países y ganar […]

Cuando los imperialistas quieren desatar una guerra, invasión militar, operaciones de bombardeo, bloqueo o cualquier otra forma de agresión contra determinado país, suelen inventar primero alguna gran mentira que luego difunden sus poderosos medios masivos de comunicación, a fin de «justificar» la agresión ante la opinión pública internacional y de sus propios países y ganar a su favor el consenso o apoyo de otros Estados. Así, por ejemplo, en el caso de la invasión a Afganistán la mentira fue que el Gobierno Talibán de ese entonces era responsable de los atentados terroristas del 11 de setiembre del 2001; en el caso de la invasión a Irak la gran mentira fue que el régimen de Saddam Hussein tenía un arsenal de armas de destrucción masiva y que tenía vínculos con Al Qaeda (siendo, en realidad, enemigo de ésta).

Ahora, para «justificar» la agresión militar que están preparando contra Libia, los imperialistas – yanquis principalmente – han difundido una serie de noticias falsas efectistas, siendo, indudablemente, la más efectista de todas, que la aviación militar del régimen de Gadafi bombardeó a la población civil de su propio país, en las ciudades de Bengasi y Trípoli, con un saldo de centenares o quizás miles de muertos. Poderosos medios de comunicación de Estados Unidos y de todo el mundo se encargaron de difundir esta «noticia», a pesar de que ninguno de ellos tenía en ese momento ningún reportero en territorio libio. Sin embargo, fue en base a estas y otras falsedades que el Gobierno norteamericano, los de la Unión Europea y gobiernos serviles como el del Perú condenaron al régimen de Gadafi o rompieron sus relaciones diplomáticas con éste. (En el caso de la diplomacia peruana, es paradójico que la ruptura la haya dispuesto el Gobierno de Alan García, quien tiene en su «haber» la masacre de Bagua a nativos de la selva, el 2009, o la liquidación de al menos 118 internos en el penal El Frontón, en 1986, por citar sólo dos de sus acciones criminales).

Lo que resulta extraño es que el primer medio que habría difundido la noticia del supuesto bombardeo por parte de la aviación de Gadafi a la población civil haya sido el canal árabe qatarí Al Jazeera, que tan excelente y valiente papel jugó en la difusión de los acontecimientos de la Revolución Egipcia (véase el artículo de Maurizzio Mateuzzi publicado por Il Manifesto). Entonces, cabe preguntarse: ¿habrá sido el Pentágono, la CIA, el Mossad israelí u otra tenebrosa agencia de inteligencia occidental la que filtró la información falsa a Al Jazeera para que pareciera más verosímil, dado que lo haría un canal no occidental y el de mayor credibilidad en el mundo árabe?, ¿o es que Al Jazeera tiene vínculos con Al Qaeda e inventó, quizás, esta y otras falsas noticias para aislar internacionalmente a Gadafi, enemigo de Al Qaeda, y facilitar su derrocamiento por el movimiento rebelde? Parece más probable la primera hipótesis, si se tienen en cuenta el énfasis puesto y los grandes esfuerzos diplomáticos del Gobierno de Estados Unidos y sus aliados para que los demás países se sumaran a la condena y al aislamiento del régimen de Gadafi.

Los supuestos bombardeos contra la población civil han sido también el argumento principal para la expulsión de Libia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con el mal precedente que esta decisión se ha tomado sin que se haya recogido ni una sola prueba al respecto, cuando lo justo hubiera sido que la decisión se tome después que una comisión internacional recoja y presente las pruebas correspondientes, si es que las hay. La premura en acusar y expulsar sin pruebas al régimen libio es lo que necesitaban y necesitan el imperialismo yanqui y europeo para argumentar que tienen «legitimidad» y supuesto apoyo internacional para dar el siguiente paso: una intervención militar contra Libia, que ahora podría disfrazarse de «misión militar humanitaria», o el establecimiento de una zona de exclusión aérea previo bombardeo a las instalaciones militares del país árabe, u otra forma de agresión que están discutiendo los mandos militares del Pentágono y la OTAN.

La verdad ya se va abriendo paso. Este viernes 4 de marzo el reportero de TeleSUR en el Este de Libia, Reed Lindsay, mostró imágenes y testimonios de pobladores de la ciudad de Bengasi, quienes contaron cómo se produjeron los 220 muertos y 500 heridos graves (cifras que obtuvo de los hospitales) en la Batalla de Bengasi, en el asalto rebelde al cuartel militar El Qatiba. «Por tres días los manifestantes tiraron piedras, cocteles molotov y bombas caseras hechas con latas llenas de pólvora; los soldados de Gadafi respondieron con fuego real de ametralladoras y armas antiaéreas», explicó Reed Lindsay. «La gente en primera línea se suicidaron; que descansen en paz; se sacrificaron para tomar El Qatiba; eran personas ordinarias, civiles», manifestó un testigo ante las cámaras de TeleSUR. Lindsay refirió que un mártir es honrado más que todos: Mohammed Al-Mehedi Zew, quien era administrador en la empresa petrolera del Estado. Una sobrina de Al-Mehedi explicó cómo su tío se inmoló en un ataque suicida al cuartel Qatiba: «Con su carro hizo dos bombas enormes cargadas con dinamita y bombas de gas de cocina; estacionó su carro y leyó el Corán; después chocó su carro con El Qatiba y al hacerlo destrozó el portón del Qatiba». TeleSUR difundió un video captado por un teléfono celular, en el que se aprecia el momento preciso del choque del carro-bomba contra el mencionado cuartel militar. «Viendo a alguien sacrificarse en un momento así, chocando su carro y haciéndolo explotar, levantó la moral de las masas y empezaron a sacrificarse; muchos murieron después de él», dijo Mohammed Hussein Zew, primo de Al-Mehedi, quien agregó que éste era un hombre decente, que ganaba buen sueldo y que realizó este acto después de ver cómo las fuerzas de seguridad de Gadafi masacraron a los manifestantes. Más tarde, después de lo que hizo Al-Mehedi, los manifestantes invadieron el cuartel Qatiba y ganaron, así, la ciudad capital del Este de Libia, señaló Reed Lindsay.

Pero, ¿qué hay de cierto de los bombardeos de la aviación libia contra los rebeldes y la población civil de Trípoli, la capital? No existe ninguna evidencia al respecto. En esa zona se encuentra Jordán Rodríguez, otro reportero de TeleSUR, quien ha recorrido la ciudad y manifiesta no haber encontrado señales de bombardeo; por el contrario, allí han tenido lugar manifestaciones cotidianas de apoyo a Gadafi, principalmente en la Plaza Verde (aunque el viernes 4 se produjeron choques entre partidarios gubernamentales y opositores). Por su parte, los comandantes rusos, quienes han estado monitoreando Libia a través de satélites, también han negado que la aviación haya bombardeado a la población civil. Además, teniendo en cuenta que Estados Unidos y las otras potencias de la OTAN tienen muchos satélites espías vigilando cada rincón del planeta, ¿acaso no hubieran presentado ya pruebas gráficas de tales bombardeos, si es que en verdad ocurrieron? Claro que no se puede descartar que, a medida que las fuerzas rebeldes vayan avanzando hacia Trípoli, no se le vaya a ocurrir a Gadafi bombardearlas desde el aire o por tierra y desencadenar un genocidio.

No es, pues, la defensa de la vida y los derechos humanos de la población lo que mueve a Barack Obama, Hillary Clinton, David Cameron y otros gobernantes de las potencias occidentales lo que los impulsa a tomar medidas contra el régimen de Gadafi y preparar una intervención militar contra Libia, sino la sed del petróleo, controlar el movimiento libio revolucionario – quizás propiciando el surgimiento de un nuevo Estado en el territorio más rico en petróleo -, y tratar de neutralizar los procesos revolucionarios en los dos países vecinos: Túnez y Egipto, para mantener el dominio imperialista en el Medio Oriente, que ahora se tambalea por la ola revolucionaria de los pueblos árabes. Por lo demás, estos gobernantes tienen las manos manchadas de sangre con los bombardeos de sus aviones tripulados y no tripulados y los crímenes que sus tropas cometen a diario contra las poblaciones civiles de Irak, Afganistán y Pakistán, y también por ser cómplices del genocidio y masacres que comete el Gobierno sionista de Israel contra el pueblo palestino.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.