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Amélie-James Koh Bela, la incansable luchadora africana por los derechos humanos, presenta su nuevo libro

«Mi lucha contra la prostitución»

Fuentes: Afrik

Traducido por Rocío Anguiano

Amélie-James Koh Bela milita desde hace 10 años contra la prostitución africana en Francia y Europa. En su nuevo libro, Mi lucha contra la prostitución, publicado por ediciones Jean-Claude Gawsewitch, presenta una situación escalofriante. Prostitución infantil, prostitución femenina y masculina… A través de múltiples ejemplos recogidos in situ, arriesgando muchas veces su propia vida, la autora revela prácticas indignantes y verdades molestas. Amélie-James Koh Bela responde a las preguntas de Afrik.com

Algunas familias africanas que viven en Europa y en particular en Francia prostituyen niños, con el consentimiento implícito de los padres que permanecen en su país y sobreviven gracias a ese dinero. Esto es lo que afirma Amélie-James Koh Bela, nacida en Camerún, tras una investigación llevada a cabo entre los africanos de Francia a finales de los años ochenta. Desde entonces esta mujer, que ha demostrado sobradamente su coraje, no ha dejado de luchar a tavés de su asociación Label’Vie, que ahora se llama Mayina, para denunciar la odiosa explotación sexual de estos niños escolarizados en Francia, patria de los Derechos Humanos, que hacen «pases» después de la merienda y los deberes. Niños, pero también muchachas, a los que se sacrifica con el pretexto de ayudar a sus familias a salir de la miseria. Gracias a diez años de investigación que la han llevado de ciudad en ciudad, de restaurantes a burdeles clandestinos, muchas veces arriesgando la vida, Amélie-James Koh Bela ha recogido muchos testimonios de proxenetas, clientes o jóvenes prostituidos, testimonios a la vez emotivos, conmovedores e inquietantes reflejados en un libro que le sirve de puente para otros proyectos. A pesar de esa sensación de haber hecho su trabajo, la batalla sigue para esta incansable luchadora.

Afrik: ¿Puede hablarnos de la génesis de esta novela?

Amélie-James Koh Bela: Nada más llegar a Europa, a finales de los años ochenta, decidí escribir un libro, El infierno en el paraíso, un mensaje para los jóvenes africanos en donde les pedía que en lugar de emigrar se plantearan otras posibilidades. Intenté que comprendieran que con el nuevo siglo Europa se cerraría al Sur y se abriría al Este y que a partir de ese momento iban a establecerse todo tipo de políticas para que no entraran. Quería que tomaran conciencia de esto, pero sobre todo que entendieran que en su país tienen todo lo que necesitan para desarrollarse. Con el fin de realizar este proyecto, decidí hacer una investigación entre los africanos que viven en Francia. De ese modo, me reuní con treinta asociaciones de treinta países distintos. Y así investigando en ese entorno fue como descubrí el tráfico de niños prostituidos a domicilio. El libro no se publicó pero me dio la oportunidad de descubrir el problema de la prostitución y de hacer de ella mi caballo de batalla.

Afrik: La prostitución de menores «en la intimidad de las casas» es precisamente uno de los principales temas del libro…

Amélie-James Koh Bela: Es lo primero que me llamó la atención: esa prostitución a domicilio de niños entre 5 y 10 años, que hacen pases entre la merienda y los deberes. Yo he sido testigo de este tipo de situaciones y eso fue realmente lo que me hizo reaccionar. Es asombroso que esto pueda pasar actualmente en Francia, sobre todo conociendo el sistema social francés.

Afrik: Precisamente por eso, cuesta imaginar que los adultos que rodean al niño, y entre ellos los profesores, no lleguen a sospechar nada…

Amélie-James Koh Bela: Las maestras no pueden sospechar nada porque el niño está cohibido desde el principio. Se le ha hecho comprender que es normal, que todos los niños lo hacen pero que no hay que hablar de ello. Cuando entro en una casa y un niño de ocho años me dice mientras hablo con su madre: «no le hagas daño a mi mamá, si hago esto es para que mis hermanas puedan venir, no pasa nada» A esa edad, no se sabe lo que uno dice. Para pillar a estos niños, hace falta que haya un delito flagrante o que el niño hable. A este respecto, creo que todos tienen parte de responsabilidad, especialmente los poderes públicos y, sobre todo, la Prefectura. Cuando se regulariza a una mujer que, pongamos por caso, vive en un pequeño piso de protección oficial y que sobrevive limpiando y esa mujer se trae quince niños al país diciendo que son suyos y obtiene los papeles dos años después, hay que pedir cuentas a la Prefectura. Nadie pregunta dónde están esos niños ni qué hacen. Lo realmente lamentable es que hoy personas inocentes que desean traer a sus hijos paguen por este tipo de comportamientos teniendo que soportar un sinfín de investigaciones. Además, es preciso decir que hay personas que no dudan en poner a esos niños en manos de un morabito (1). Tengo testimonios de algunas asociaciones de París que han tenido niños hechizados por un marabú, completamente traumatizados y atemorizados porque pensaban que si decían algo, se volverían locos o morirían.

Afrik: ¿Estos hechos han sido verificados porque en Francia, y en Occidente en general, muchos dudan del poder de los marabús?

Amélie-James Koh Bela: Puedo hablar por ejemplo del caso de ese chico que había sido recogido por una asociación de la región parisina que no quiso que la citara en mi libro, cosa que lamento verdaderamente porque tiene muchísima información. Ella me habló de casos concretos de niños que entran totalmente en trance por la noche, hasta el punto de que hacen falta cuatro adultos para sujetarlos. La asociación no ha querido que hable de ello porque al parecer esos niños no están oficialmente registrados como niños prostituidos y, como son menores, hay que protegerlos.

Afrik: ¿Porqué este libro llega justo ahora?

Amélie-James Koh Bela: Este segundo libro no es como el primero que era el grito de dolor de una mujer, una sublevación, un choque, en el que quería despertar las conciencias y para conseguirlo opté por la violencia, relatando los hechos tal y como yo los había vivido durante mis investigaciones. En este último libro, en cambio, hay muchos testimonios sobre los distintos aspectos de ese tráfico. Decidí quedarme a un lado y dar la palabra a las «víctimas» porque incluso las mujeres a las que se trata de proxenetas han sufrido violencia en su infancia. De alguna manera son también víctimas, incluso los clientes son víctimas porque están convencidos de que el dinero que dan alimenta a los padres de las niñas prostitutas y no a las mafias internacionales. Por lo tanto, esta vez he dado la palabra a todos los protagonistas de ese medio, los proxenetas, las prostitutas, los clientes, los traficantes, etc.

Afrik: ¿Cuál ha sido el método utilizado para recoger los distintos testimonios? ¿No era demasiado peligroso?

Amélie-James Koh Bela: En efecto, era muy peligroso y hablo de ello en el libro. En realidad, se trata de testimonios que recogí durante las investigaciones que hice entre finales de los años ochenta y los noventa, llegando casi a mil declaraciones. Incluí una parte en el primer libro, otra en este y las demás servirán para otras causas. Muchos de esos testigos ya no están hoy aquí, porque elegí casos realmente extremos, gente marcada por ese tráfico, por ejemplo niñas enfermas de sida a las que les quedaba poco de vida, otras completamente drogadas y otras con infecciones muy graves, siempre con la intención de llamar la atención para despertar las conciencias. Todavía hoy tengo contacto con otras niñas que siguen en ese medio. Esta es ahora mi mayor tragedia, no haber podido sacarlas de ahí porque, en definitiva, de ahí no se sale nunca. Ya sea porque se convierten a su vez en proxenetas trayendo hermanas que ponen a trabajar para ellas, o porque se convierten en camareras en un bar donde les tocan el culo o acaban casándose con algún cliente.

Afrik: ¿Dedica una buena parte del libro a lo que llama las «mamás»? ¿Quiénes son estas mujeres?

Amélie-James Koh Bela: Las «mamás» son el pilar de estas redes. Hay que aclarar que quienes organizan estas redes de prostitución son mujeres africanas, ahí no hay hombres. Es el rasgo distintivo de las redes de prostitución africanas. En África son las mujeres las que dirigen todo. Administran la casa, educan a los niños y se las arreglan al mismo tiempo para intentar ganarse la vida haciendo esencialmente pequeños tratos. Por lo tanto, es normal que nos las encontremos traficando. Hoy, la actitud de estas mujeres proxenetas puede resultar chocante pero me gustaría que se las viera de otro modo. Hay que intentar comprenderlas, comprender cómo se llega a vender a un hijo. A menudo ellas mismas han vivido cosas terribles en su infancia y lo único que hacen es reproducirlas. La sociedad africana tolera actualmente estas prácticas porque la gente vive en una miseria psicológica y económica pero también porque esto lo introdujo el Hombre Blanco. Todo lo que proviene de los Blancos es siempre bueno incluso las cosas peores. Yo creo que si esas mujeres pueden construir estas redes, son también las únicas que pueden destruirlas. Por eso la sensibilización ante el problema de la prostitución pasa por estas mujeres; para mí ahora son verdaderas aliadas y no enemigos.

Afrik: Esto que dice resulta paradójico, sobre todo si leemos este pasaje de su novela: «las mayores agresiones a las mujeres en África las han hecho las mujeres»…

Amélie-James Koh Bela: Todo es una cuestión de actitudes porque si usted coincide con una de estas mujeres y le dice que está vendiendo a una niña, no entenderá lo que le está diciendo porque en su interior está convencida de lo contrario. Eso es lo peor de todo. Para ella se trata de un hecho normal de la tradición que la sociedad africana ha tolerado. Piensa: «Tengo una amiga que está en Europa, le envío a mi hija para que tenga amantes blancos con la esperanza de que así pueda encontrar un marido. Y la amiga ayuda a mi hija a desenvolverse; eso no es prostitución.» Yo he conocido «mamás» que me decían: «¿Proxenetismo? ¿Qué es eso? Tradúcemelo a mi lengua» Y como no se les puede responder, llegan a la conclusión de que esa palabra inventada por los Blancos no existe en su lengua, o sea que el proxenetismo no existe. Estas mujeres cuando dan a su hija a un proxeneta, consideran que están haciendo la voluntad de Dios porque la niña ha nacido para salvar a la familia, sino no estaría aquí. Funcionan realmente con esta lógica. No sienten ninguna culpabilidad porque no piensan que estén haciendo algo malo, al contrario, para ellas se trata de un gesto maternal, de amor. Ayudan a sus hijas a encontrar a un Blanco que igual se casa con ellas y ayuda así a sus hermanos y hermanas a viajar a Francia o Europa.

Afrik: También habla de que cree que hay falta de apoyo por parte de algunas asociaciones y ONG. ¿Cómo explica esto?

Amélie-James Koh Bela: En efecto, he sufrido la falta de apoyo de algunas asociaciones de mujeres que han dudado de mis afirmaciones, por desconocimiento del problema o porque no lo han visto nunca. Afortunadamente, muchas otras me han apoyado durante todos estos años. En algunas conferencias, ha habido mujeres africanas que acudieron en mi ayuda diciendo a las asociaciones: «Os prohibimos que digáis que miente porque ella sabe la verdad y vosotros no. Nuestras hijas, cuando van a veros, hay cosas que no os dirán y que sí le dirán a ella, por el color de vuestra piel y porque a ella la conocen. Lo que dice es cierto. Lo que no queremos es que lo diga en público»

Afrik: En su libro habla también del fenómeno al parecer más marginal de la prostitución masculina africana…

Amélie-James Koh Bela: No es tan marginal ya que actualmente está en pleno auge. Es solo que la gente no le presta atención. Este fenómeno representa el medio más sencillo para los hombres casados y a veces padres de familia, estudiantes, heterosexuales o no, de hacer mucho dinero ya sea de forma puntual o habitual. Es un fenómeno que se ha trivializado mucho. Algunos son conscientes y asumen perfectamente lo que hacen, mientras que otros se niegan a asumirlo y consideran que se trata solo de un percance y se esconden.

Afrik: En esta novela, advierte en especial a las chicas africanas del peligro de los sitios de encuentro en Internet que usted califica de «armas de destrucción masiva»…

Amélie-James Koh Bela: Para mí, Internet tal y como se usa hoy es un arma de destrucción masiva. Muchas chicas africanas se conectan a esos sitios en los que en menos de dos minutos, enseñarán sus órganos genitales a desconocidos, solo porque se trata de hombres blancos que les prometen el oro y el moro. He conocido demasiadas chicas que han sido engañadas de este modo, enviaron fotos en las que aparecían desnudas a desconocidos que luego se dedicaron a venderlas. Hoy los proxenetas recurren también a la tecnología multimedia, utilizan la High-Tech para sus bisnes. También pido a las chicas que respeten ciertos valores, si empiezan a venderse así, mostrando sus intimidades tras un minuto de conexión a Internet, ningún hombre podrá respetarlas. Si ahora esos hombres las escupen, se mean encima de ellas, en resumen no tienen ningún tipo de consideración hacia ellas, es porque ellas no les han dado ninguna razón para que las respeten. Ante todo lo que quiero es explicarles que Internet es un verdadero nido de personas muy peligrosas. A ese respecto, tenemos un gran proyecto que se llama «Internet de otra forma»; vamos a hablar con todos los jóvenes en todos los países subsaharianos para mostrarles que se puede utilizar Internet de otra forma.

Afrik: Ahora que este libro ha salido, ¿cuáles son sus proyectos para el futuro? Suponemos que la lucha continúa, que no se va a detener aquí…

Amélie-James Koh Bela: En efecto, la lucha continúa hasta el final, no abandonaré. Este libro era para mí un puente. Va más allá del ámbito de la prostitución en la medida en que nos encontramos ante una verdadera lucha de identidad. Paso de la prostitución a las condiciones en las que emigran los africanos porque hoy la prostitución es solo una consecuencia de la situación africana. Muchas personas salen del continente pensando que en Europa van a ganarse la vida dignamente, pero una vez aquí caen en este ambiente sin quererlo. En mi asociación Mayina, vamos a trabajar para demostrar simplemente que no basta con tratar las consecuencias sino que es necesario ir a las causas utilizando por ejemplo nuestras tradiciones, nuestras culturas. Ver en nuestras culturas lo que nos predispone desde muy jóvenes a este tipo de comportamientos. Cuando hayamos arreglado estos problemas, los africanos podrán cambiar la imagen que tienen de sí mismos y confiar en su propia persona. La finalidad de este libro es hacer que los africanos tengan una imagen de sí mismos que no sea degradante y sobre todo hacer que los europeos vean África como algo más que un continente desafortunado, de incapaces, de personas a las que hay que ayudar continuamente. Sirve también para decir a los jóvenes africanos que África tiene dinero, que es rica, si quieren irse que preparen bien el viaje para no caer en las redes de prostitución o sino que se queden e intenten que las cosas avancen en sus países. Estas son por lo tanto mis próximas luchas, modificar la imagen de los africanos y de África en el mundo, cambiar la imagen que los europeos tienen de África, llevar así a los africanos a una toma de conciencia que les permita pensar de otra manera. Hay que centrarse primero en las mujeres porque, como dije al principio, son ellas las que dirigen este continente. El objetivo final es crear verdaderos logros africanos que serán festejados, mediatizados, para mostrar a todos en el continente que podemos triunfar. También hay un gran proyecto con los niños a través del continente y muchas otras cosas más adelante.

Afrik: ¿Va a llevar a cabo estas luchas a través de la asociación Mayina? ¿Puede decirnos algo de esta asociación a la que acaban de cambiar el nombre?

Amélie-James Koh Bela: La asociación, que antes se llamaba Label’Vie, ahora se llama Mayina que quiere decir en bulú, una lengua bantú del sur y centro de Camerún pero que también se habla en la selva ecuatorial de África central, «Quiero que». En el seno de esta asociación, que cuenta con un gran equipo, es donde hemos decidido desarrollar estos proyectos de los que acabo de hablarle.

Mon combat contre la prostitution, Amélie James Koh Bela, Jean-Claude Gawsewitch éditeur, 224 pp., 2007.

(1) Un morabito es un musulmán sabio y respetado que se convierte en objeto de culto, llegando a atribuírsele poderes mágicos.

Viernes 25 de mayo de 2007

Fuente: http://www.afrik.com/article11802.html

Rocío Anguiano pertenece a los equipos de traductores de Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala.