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«Migrances 2011», la otra versión de la guerra en Libia

Fuentes: Guin Guin Bali

Acabo de regresar de Bamako, capital de Malí adonde he ido, entre los días catorce y diecinueve de diciembre para participar en la sexta edición de Migrances, foro sobre emigración cuya primera edición transcurrió a finales de 2006, justo un año después de los espeluznantes e ignominiosos acontecimientos de las alambradas de espinas fronterizas de […]

Acabo de regresar de Bamako, capital de Malí adonde he ido, entre los días catorce y diecinueve de diciembre para participar en la sexta edición de Migrances, foro sobre emigración cuya primera edición transcurrió a finales de 2006, justo un año después de los espeluznantes e ignominiosos acontecimientos de las alambradas de espinas fronterizas de Ceuta y Melilla, cuando policías de ambos lados de la frontera, guardia civil y policía marroquí, se dedicaron en total impunidad a la caza del hombre mientras ellos, los jóvenes emigrantes subsaharianos, con precarias escaleras construidas con palos de los bosquecillos aledaños a la frontera, trataban de agarrar con las manos un sueño, un trabajo, un futuro del otro lado.

Mientras intentaban cruzar, al amparo de la noche, ese último obstáculo, en algunos casos tras años de viaje por distintos países del continente, sus cuerpos, sus ropas hechas jirones, quedaban lacerados entre las púas de hierro y, en algunos casos, sus cráneos reventados por alguna de esas balas que, en la oscuridad de todas las dictaduras del mundo, siempre apuntan al aire, dejaban sus cuerpos inertes entre las manos sollozantes del amigo, del compañero o compañera de tanto infortunio.

Fueron algunos de esos emigrantes de 2005, aturdidos, enajenados, hondamente frustrados e incapaces de entender por qué se les trataba de ese modo, jóvenes preparados que no dejaban de preguntarse por el tipo de delito que habían cometido para ser ajusticiados de esa forma quiénes, recuperados por la mano amiga de la intelectual y altermundialista maliense, africana, Aminata Traoré, se instalaron en Bamako, se organizaron bajo los auspicios del FORAM (Foro por otro Malí en sus siglas francesas) y, tras un trabajo de apoyo psicológico, de recuperación de una dignidad machacada por el fuego cruzado de una represión sin límites, crearon la asociación «Justicia, trabajo y dignidad», desde la que, entre otras iniciativas, nació este Foro Migrances, lugar de denuncia y reflexión, del que acabamos de clausurar su sexta edición.

En ella se sucedieron muchas cosas de las que, poco a poco, iremos dando cuenta. Bástenos hoy referirnos a su jornada inaugural del miércoles 14 de diciembre. Ese día pudimos ver un magnífico documental realizado por el director de cine franco-maliense Kal Touré titulado «Víctimas de nuestras riquezas», en el que desde los acontecimientos citados de la frontera de Ceuta y Melilla de 2005, barbarie para siempre registrada, hasta prácticamente la actualidad, se revisan hechos que reflejan, en toda su crudeza, la terrible desigualdad que obliga a tantos y tantas a inmolarse en nuestras puertas, en nuestras sociedades.

Posteriormente escuchamos el testimonio de varios emigrantes subsaharianos, de origen maliense, obligados a abandonar Libia con lo puesto, en algunos casos tras haber vivido en ese país más de veinte años, debido a los bombardeos indiscriminados de una OTAN que había declarado que su misión, avalada por una resolución cómplice de la ONU y sin embargo como siempre traicionada, en este caso la número 1973, consistía en protegerles. Según escuchamos de boca de estos testigos de excepción, estos bombardeos dejaron entre la población civil un reguero difícilmente cuantificable de miles de muertos, cadáveres de una población que, no nos cansaremos de repetirlo, la OTAN decía proteger.

Ellos y ellas nos contaron su experiencia, nos hablaron de cómo tras años de trabajo y de vida en Libia, país de acogida, se vieron repentinamente expulsados, obligados a huir para salvar sus vidas, dejando atrás el que, durante tanto tiempo, había sido su hogar. Y ya en Malí, su país de origen, se habían descubierto condenados al paro y la miseria, deambulando sin rumbo, como tantos otros compatriotas, por las calles de la capital y en algunos casos sin siquiera una muda para la ropa con la que habían abandonado Libia y, en todos ellos, sin perspectiva alguna desde la que poder rehacer sus vidas.

Durante esa mañana inaugural del Foro Migrances pudimos asomarnos, de forma detallada, al particular desastre humano de cada una de esas vidas rotas. Ellos y ellas nos decían que tal vez Gadafi fuese ese sátrapa del que ahora tanto hablaban, en cualquier caso uno más entre tantos sin embargo protegidos, pero que ellos, satrapías aparte, habían levantado con éxito sus vidas en Libia, habían conseguido formar parte de un país en el que no sólo habían encontrado asentamiento sino también algunos derechos y coberturas, un país que como ellos, había quedado ahora definitivamente destruido. De Sarkozy, principal instigador de tanta masacre, escuchamos, a lo largo de esos días, de todo menos bonito. Es importante que sepamos cómo desde allí se opina «de uno de los nuestros», exactamente igual a cómo, desde aquí, opinamos de cualquiera «de los de ellos», sin ir más lejos, de Muamar el Gadafi. Por mucho que nos empeñemos en buscarla, por muchas vueltas que le demos, no hay más dignidad en eso que hemos convenido en llamar un político europeo.

Juan Montero es Coordinador del Encuentro Afroespañol de la Sociedad Civil.

Fuente: http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&task=view_news&cat=2&id=2420