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La historiadora Yanira Hermida presenta el libro “Luchaban por un mundo nuevo” en la sede de CGT-València

«Mujeres libres», anarquistas y feministas

Fuentes: Rebelión

A partir de la experiencia de lucha de las mujeres libertarias, también de la necesidad de un espacio propio- autónomo de la CNT, la FAI o las juventudes y ateneos libertarios-, y de la consideración de que ser mujer era una especificidad que merecía una práctica diferenciada, nació en abril de 1936 y desplegó su […]

A partir de la experiencia de lucha de las mujeres libertarias, también de la necesidad de un espacio propio- autónomo de la CNT, la FAI o las juventudes y ateneos libertarios-, y de la consideración de que ser mujer era una especificidad que merecía una práctica diferenciada, nació en abril de 1936 y desplegó su actividad hasta febrero de 1939 el colectivo «Mujeres Libres». Según la revista que editaban, titulada asimismo «Mujeres Libres», la organización llegó a tener entre 20.000 y 28.000 afiliadas. Los núcleos iniciales se situaron en Madrid y Barcelona, donde militaban mujeres de ideología libertaria y feminista como Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada, Amparo Poch, Concha Liaño o Soledad Estorach.

Tomando como fuente la citada revista, los fondos de la Fundación Salvador Seguí de Madrid y el fondo de «Mujeres Libres» del archivo de Pilar Molina, la historiadora Yanira Hermida Martín (Madrid, 1982) ha publicado «Luchando por un mundo nuevo. Lucía Sánchez Saornil y Sara Berenguer Laosa, militancia anarquista durante la Guerra Civil Española» (Descontrol). La autora y doctora en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona ha presentado el ensayo de 144 páginas, editado en 2015, en la Biblioteca Ferrer i Guàrdia de CGT-Valencia.

La historiadora llama la atención sobre cómo el colectivo libertario y feminista intentó aumentar la formación laboral y la capacitación de las mujeres, «lo que hoy se llamaría empoderamiento», apunta. También subraya las propuestas de «Mujeres Libres» sobre la maternidad: ¿Qué representaba el hecho de ser madres para las mujeres, un destino natural o una opción de vida?, se cuestionaban. Por otro lado, la actividad propagandística se desarrollaba de un modo especial: en lugar de «vender» directamente sus ideas, el colectivo trataba de ofrecer respuestas a las necesidades de la población femenina. Así, renunciaron a definirse como «libertarias» y prefirieron el adjetivo de «libres», para evitar el rechazo y los prejuicios de otras mujeres, apunta Yanira Hermida. «Querían que ellas fuesen las verdaderas protagonistas del proceso». Además, en las actas de la organización, la historiadora ha constatado el interés de «Mujeres Libres» por la experiencia infantil de la guerra. Para acercarse a los menores, se planteó en diferentes debates la posibilidad de incluir un facsímil dentro de la revista, aunque la investigadora no ha podido averiguar si finalmente se llevó a término.

El libro forma parte de un trabajo académico sobre Estudios Feministas, de Género y Ciudadanía realizado en la Universitat Jaume I de Castelló. Una de las figuras que aborda Yanira Hermida es la de Lucía Sánchez Saornil (1895-1970), quien llegó a la militancia anarquista «a través de un conocimiento teórico profundo». A la historiadora le impactó durante la investigación «cómo vivió el exilio interior una persona tan lúcida y brillante». Subraya asimismo que Lucía Sánchez fue «la única mujer poeta del movimiento ultraísta en España, de hecho, su poesía fue valorada por las vanguardias del momento».

Pero hubo un momento de inflexión, en que la militante realizó autocrítica de su inmersión en el mundo de la bohemia y se pasó a una poesía de mayor compromiso político, explica la autora de «Luchaban por un mundo nuevo». Lucía Sánchez compuso el himno de «Mujeres Libres», pintaba (sobrevivió durante la clandestinidad en España con la pintura de cuadros y abanicos), trabajó en la Telefónica, donde participó en diferentes conflictos, y se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. «Fue una mujer trabajadora y autodidacta, que no pasó por la universidad», destaca Hermida Martín. La historiadora continúa con el retrato: «Lucía Sánchez Saornil no fue miliciana, pero llegó a ir al frente como representante de Solidaridad Internacional Antifascista». Y subraya su estatura teórica: «Prolongó el pensamiento anarcofeminista de una obrera catalana del textil, Teresa Claramunt».

Sara Berenguer Laosa (1919-2010) encarna una personalidad militante, libertaria y feminista, distinta a la de Lucía Sánchez. Es el ejemplo de una mujer joven, hija de obreros, que adquirió conciencia de la explotación del proletariado a los 13 años, cuando trabajaba en una carnicería. «Podemos ver en ella ciertos rasgos de inocencia, pero pronto asume compromisos», explica Yanira Hermida Martín. La doctora en Historia Contemporánea, autora de la tesis «Mujeres y cambios sociales en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, 1931-1975», recuerda que Sara Berenguer fue una de las primeras mujeres en recibir formación como piloto de guerra, hecho que contrariaba a su pareja, quien la cuestionaba en muchas de sus decisiones. La militante anarcofeminista rompió con su novio y se replanteó las relaciones afectivas, explica la autora de «Luchaban por un mundo nuevo».

En un principio, Sara Berenguer no consideraba que fueran necesarios dentro del movimiento libertario los espacios diferenciados entre mujeres y hombres. Había que combatir juntos en la guerra. Pero a partir de su experiencia diaria, y las burlas de determinados compañeros a «Mujeres Libres», fue cuestionándose estas resistencias. En «Mujeres Libres» llegó a ser secretaria de Propaganda. Colaboró como maestra en el Ateneu Cultural de Les Corts (Barcelona) y en las Juventudes Libertarias. Mediada la guerra civil, se integró en Solidaridad Internacional Antifascista y visitó a los milicianos del Frente de Aragón. Corría el año 1976 y, desde el exilio, defendió que el proyecto de «Mujeres Libres» retornara al estado español, de manera que pudieran entrar mujeres más jóvenes a encabezar el colectivo. «Las veteranas se quedarían como apoyo», apunta Yanira Hermida.

Al igual que Lucía Sánchez, Sara Berenguer fue una trabajadora, una costurera que también laboró como ayudante de carnicería y en una oficina como administrativa (tenía conocimientos de mecanografía). En Francia formó a compañeros en los oficios que ella había aprendido. «Sara compartía el principio de Mujeres Libres de que lo más importante era incrementar la cultura de las mujeres», explica la militante anarquista ya fallecida, Pilar Molina, en el prólogo del libro «Entre el sol y la tormenta». La cultura les llevaría a la emancipación.

Mientras elaboraba el texto, Yanira Hermida advirtió algunas coincidencias. Por ejemplo, el modo en que Federica Montseny relataba en su biografía («Mis primeros 40 años») los comportamientos machistas de algunos de sus compañeros, difería poco de la manera en que lo hacía Sara Berenguer en su libro de memorias, «Entre el sol y la tormenta». Federica Montseny cuenta que Mariano Rodríguez Vázquez («Marianet»), secretario general de la CGT de Catalunya entre 1936 y 1939, sentaba en sus rodillas a una mujer, traductora rusa, en reuniones celebradas durante la guerra. Asimismo recuerda las «insinuaciones» improcedentes de otro compañero. Sara Berenguer comenta algunas «malas interpretaciones» de la camaradería militante por parte de algunos hombres. Eran riesgos a los que hacían frente estas mujeres en espacios masculinizados, al considerar ciertos compañeros que el hecho de estar fuera de casa o sin la pareja delante era momento propicio para el «acercamiento». Lucía Sánchez también hizo referencia a estas actitudes.

La portada del libro «Luchaban por un mundo nuevo» se ilustra con un dibujo de mujeres batallando en el frente, extraído de la revista «Mujeres Libres». De la lectura de esta publicación, Yanira Hermida Martín concluye que es «una obra de arte en la que se cuidan todos los detalles». Lucía Sánchez colaboró significativamente con textos y poesías. En cuanto a los contenidos, «no se trataba de bloques cerrados, al contrario, eran artículos que motivaban al debate». Sobre sexualidad libre o sobre la idea de maternidad, resalta la historiadora, pero también se incluían informaciones de colaboradoras acerca de lo que ocurría en Italia o China. Se constata además un interés por dar respuestas a las demandas de las mujeres en un contexto de guerra, por ejemplo, con la crítica a cómo se distribuyen los alimentos, a la situación de los niños o a las posiciones del gobierno de la República. La investigadora destaca una sección de Amparo Poch con críticas a decisiones políticas, que combinaba viñetas y texto.

El contrapunto al último trabajo de la historiadora y afiliada a la CGT lo constituyen sus dos libros anteriores: «Mujeres y Nacionalsindicalismo. La sección femenina en Tenerife» y «Mujeres en azul». Los textos ponen de manifiesto el interés de Falange Española por controlar y definir el rol social de las mujeres. «Lo hicieron muy bien para lograr sus objetivos», apunta Hermida Martín. «La Sección Femenina funcionó a la perfección hasta los años 70, de hecho, se convirtió en la rama más fiel al proyecto de José Antonio Primo de Rivera». En Canarias se utilizó la Sección Femenina para controlar, durante la guerra civil, la producción de las mujeres en la retaguardia: vendas, abrigos, cartas a los soldados para infundirles apoyo y afecto, recaudación de fondos para el bando «nacional» y además represión de las mujeres no afectas. En una posición radicalmente antagónica a la de «Mujeres Libres», ya en la dictadura, la Sección Femenina mostró a generaciones de españolas el modelo de mujer para el franquismo: «Católica, obediente y completamente sumisa», remata la historiadora. Lo hizo básicamente a través de la enseñanza de las niñas, la formación profesional de las mujeres y el servicio social obligatorio.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.