Arriola es médica de familia y realizó un máster en Salud Pública en Londres y otro de Epidemiología en el Instituto de Salud Carlos III. Trabajó durante doce años en Salud Pública de la CAV como epidemióloga, antes de volver a la atención primaria y trabajar con personas con parálisis cerebral.
Es comprensible, quizá natural por mero instinto de supervivencia con una pandemia tan reciente, que al oír hablar de hantavirus o de ébola pensemos solo en nosotros mismos, en si llegarán esas enfermedades hasta aquí. Pero atender las noticias que llegan del brote de ébola en la República Democrática del Congo solo desde esta perspectiva supone renunciar a la visión internacionalista. Y como desvelará a lo largo de la entrevista la médico Larraitz Arriola, este desinterés probablemente sea la razón última del infierno desatado por el virus en África.
Usted conoce la zona donde se ha producido el brote de ébola.
Estuve en Ruanda y el Congo, sí. Cuando terminé la especialidad y tuve claro que me quería ir de cooperante. Realicé bastantes misiones, que así se llaman, aunque suene a religioso. Estuve en India, Honduras y allá, en la República Democrática del Congo. Luego ya volví y me formé en Salud Pública y Epidemiología.
Háblenos de esas misiones en África.
A Ruanda llegué justo después del genocidio, en el 97. La posguerra aún no había terminado. Trabajaba en un hospital desde el que se veía Goma, uno de los epicentros del brote de ébola actual, una de las zonas con más casos. En mi etapa en Congo, en 2001, me encontraba más al sur, en un pueblo pequeño, pero la capital de nuestra base estaba en Goma. Por suerte, en aquella época no había ébola. Igual yo hubiera salido corriendo. Sí que me tocó una epidemia de sarampión, mucha malaria… Pero si llega a ser ébola, quizás no hubiera aguantado. Sí me puedo hacer una idea de lo que pueden estar viviendo hoy. Es terrorífico.

Larraitz Arriola, médica de familia y epidemióloga. (Jon URBE | FOKU)
Porque, además del brote de ébola, esta sigue siendo una zona en conflicto. ¿No es así?
Sí, y entender esto es fundamental. La zona en que estuve la controla el Rassemblement Congolais pour la Démocratie, una guerrilla apoyada por Ruanda. En Ituri, la otra zona con casos de ébola, operan múltiples guerrillas. Los brotes de ébola están muy vinculados a la acción de estos grupos y a la geopolítica. Es una zona con minas de coltán, de oro… En Ituri, también diamantes. La violencia allí está instigada desde fuera. El conflicto en el Congo es un conflicto rentable para agentes externos. La población lleva en armas desde el 91. Y mientras, países terceros se forran.
No sé si le sigo bien. ¿Por qué la acción de las guerrillas afecta a los brotes de ébola?
Cuando te encuentras en zonas alejadas de las capitales, impera la ley de la selva. Hay ataques que hacen que la población se mueva. En la zona con más casos hoy, hay millones de desplazados. Es una situación propensa para que surja una epidemia. Y luego, la violencia hace que no haya prevención y, luego, dificulta que el brote se controle.
En pandemia, una vez un investigador me contó que los virólogos se parecen a los astrofísicos. Que si un astrofísico me contara cuántos asteroides podrían impactar con la Tierra y acabar con la vida, viviría aterrorizado. Y que si un virólogo enumerara cuántos virus pueden saltar a los humanos escondidos en selvas y reservorios animales, tampoco podría dormir. Y sin embargo, de todos los virus de los que se oye hablar a expertos, al que más respeto suelen tener es al ébola. ¿Por qué? ¿Qué tiene este virus?
Una letalidad muy alta, aunque cambia un poco según el tipo. Hay distintas variantes de ébola, pero se puede estimar su letalidad en el 40%. Si te contagias del virus, no hay tratamiento. La que está causando la epidemia se llama Bundibugyo y no tiene ni vacuna ni tratamiento. Lo único que se puede hacer es aislar a la persona enferma para que no contagie a nadie más. Algunos de los aislados sobreviven, pero por los demás no podemos hacer nada. Además, cuando el ébola salta a los humanos, se vuelve supertransmisible. Empieza como un catarro con algo de fiebre; luego llegan los vómitos, las diarreas y, finalmente, las hemorragias. Es un virus hemorrágico muy difícil de parar. Los infectados contagian a todo su entorno.
¿Cómo se transmite?
El virus vive en animales salvajes, son su reservorio. Aunque se erradique la enfermedad en los humanos, sobrevive en el murciélago de la fruta, por ejemplo. También parece encontrarse en algunos otros primates no humanos, en monos. El virus salta al ser humano cuando se rompe el ecosistema y entramos en contacto con esos animales salvajes. Y ahora vuelvo a lo anterior: ¿cuándo rompemos ese ecosistema, cuándo entramos selva adentro? Cuando hay violencia y tenemos que escapar de ella, cuando hay hambruna y necesito encontrar algo para comer. Alguien toma contacto con sangre de murciélago o sus secreciones sobre una fruta, y así se da de nuevo la primera transmisión. Después, de persona a persona, el ébola se transmite a través de los vómitos y la sangre.
El relato que hace parece sacado de una pesadilla.
Piensa, además, que el ébola es particularmente peligroso en el contexto sanitario. Los enfermos se sienten mal y acuden a centros de salud cuando los síntomas aún son imprecisos. Allí es cuando comienzan con los vómitos, las hemorragias. Por eso fallecen tantos médicos tratando de contenerlo. También se dan muchísimos contagios en el manejo de cadáveres, pues al morir la persona es uno de los momentos en los que más se transmite. Los hospitales se convierten enseguida en focos de transmisión. Hay que extremar las medidas de precaución en hospitales y en los enterramientos.
Disculpe si me pongo egoísta, pero ¿qué posibilidades hay de que el ébola llegue hasta aquí?
Muy pocas, por ahora. La epidemia se encuentra en una zona donde los movimientos están muy restringidos. Aunque es cierto que en las fronteras no hay tanto control, para la gente de allí escapar de donde vive es muy difícil. Y llegar aquí, ni te cuento. Es gente muy pobre. Otra cosa son los cooperantes. Hay una persona contagiada en Alemania, un médico que han repatriado desde el Congo, pero son casos muy controlados. Pudiera suceder que otros extranjeros, como aquellos que trabajan en las empresas mineras, se contagiaran también y regresaran, pero tampoco me parece fácil que esto suceda. La epidemia se encuentra, hoy por hoy, en zonas muy rurales. Es francamente complicado que se extienda hasta aquí. Hay que estar alerta, eso sí. EEUU ya ha cerrado sus fronteras a cualquiera que provenga de allí y no tenga la nacionalidad.
La pandemia que sufrimos fue por un virus respiratorio que mataba, sobre todo, a ancianos o personas vulnerables. Los números de fallecidos de la malaria cada año, por contra, indican que sobre todo acaba con la vida de niños. ¿El ébola?
El ébola mata a todo el mundo. Evidentemente, la desnutrición o un mal estado de salud general te hace más propenso a perder la vida. Pero el pronóstico es malo en todos los perfiles. Hay un médico estadounidense que es un adulto joven y se ha infectado en este brote. No sé si sobrevivirá. El ébola no hace distinciones, desata una crisis hemorrágica que mata a cualquiera.
También aprendimos entonces que pocos remedios funcionan contra los virus, que lo único de lo que disponemos para hacerles frente son las vacunas. Ya hemos visto que, cuando hay prisa, las vacunas se fabrican.
Lo están intentando, hay iniciativas. Existe ya una vacuna, pero su efectividad es baja.
¿Quizás sea porque la industria no salva a gente que no puede pagarse la vacuna?
Mira, por fortuna, es difícil que el ébola llegue a transmitirse en Europa o EEUU. Pero, al mismo tiempo, ese es el motivo de que no exista una vacuna eficaz. Es el mismo drama que sufrimos de la malaria. La malaria mata a millones de personas todos los años y no hay vacuna ni tratamiento. Si la malaria afectara a los europeos, creo que la situación sería diferente.
Enfermedades de pobres.
De países del Sur. Pero, al menos, ahora se escucha que están trabajando. Ojalá lo logren.
¿A qué velocidad se extiende? Se suele medir con el número R, cuántos nuevos casos genera cada infectado.
Es relativamente alta, pero para ser un virus que mata. Los virus respiratorios o los que generan síntomas más leves, como la gripe o el coronavirus, se expanden más rápido. Los de gran letalidad van más lento, sencillamente, porque la persona muere y no puede seguir contagiando. Gracias a eso, los médicos damos pronto con el foco y podemos controlarlo. Con el ébola cuesta controlar los brotes, pero porque es el Congo. Aquí resultaría relativamente sencillo.
Sería una cuestión de orden y de disponer de los recursos suficientes.
Aislar, detectar contactos… Si todo eso lo pudiéramos aplicar en la zona afectada, se pararía.
Qué triste que una zona tan rica en recursos sea azotada por un virus tan terrible debido a la miseria extrema.
Aquí hay otro elemento interesante. EEUU, a principios del pasado año, detuvo la acción de la Agencia para el Desarrollo Internacional, el Usaid. Justo en la zona de la que hablamos había muchos programas de vigilancia epidemiológica y prevención que se han paralizado.
Lo recuerdo, hubo una doble lectura cuando surgió esa noticia, porque el Usaid se entendía también como una herramienta del imperialismo. Pero, sin duda, el progresivo desmantelamiento de estructuras que canalizaban ayuda internacional del tenor que fuere, la caída en la financiación de la OMS, la desarticulación y desautorización de la ONU… todo eso va a tener consecuencias.
Hay más factores al margen de la desaparición del Usaid, pero es raro que el brote arrancara en abril y no se haya detectado hasta mayo. Esto nos indica que no ha habido manera de diagnosticar, de hacer PCR en laboratorio. No ha habido una vigilancia estrecha que haya podido diferenciar que la fiebre no venía de una malaria, sino que era ébola otra vez. Nos ha costado mucho, demasiado, detectar este brote. Han faltado medios.


