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Operación Monumento: ideología pura bajo el juego de la mosqueta

Fuentes: Rebelión

Con su hybris securitaria y el reforzamiento de su preponderancia militar globalizada, que le permite seguir usufructuando el papel de privilegiados planetarios y sobre todo de dominadores −aunque ese destino parece restringirse cada vez más a acentuadas minorías en el mismo corazón de The Union− la máquina de difusión ideológica que es Hollywood, suele atosigarnos […]

Con su hybris securitaria y el reforzamiento de su preponderancia militar globalizada, que le permite seguir usufructuando el papel de privilegiados planetarios y sobre todo de dominadores −aunque ese destino parece restringirse cada vez más a acentuadas minorías en el mismo corazón de The Union− la máquina de difusión ideológica que es Hollywood, suele atosigarnos con mensajes que puedan cumplir esa vieja ley de declarar como cierto lo opuesto a lo verdadero o de atribuir al «otro» comportamientos propios, incluso hasta para denunciarlos.

Tras Irak, la lucha contra el cuco nazi ha recrudecido. No es ninguna casualidad. Es apenas una forma de alivio psicológico, esto de transferir a otros comportamientos inaceptables… propios.

Apenas, a través de la malla de los medios de incomunicación de masas, hace diez años, el mundo pudo presenciar con asco y horror aunque bajo una modalidad transitoria, fugaz, cómo el ejército de EE.UU., arrasaba Irak, ya devastado y carcomido por la guerra perdida en 1991 y por doce años de bombardeos sistemáticos y casi diarios entre 1991 y 2003. Arrasada la sociedad y el estado iraquí, destruyendo mediante artillería y saqueo todos los ministerios salvo el de Interior (para ponerlo a su servicio) y el de Petróleo (para mantener los flujos como si nada). Y ensañándose particularmente con las casas de cultura y museos que atesoraban muestras, piezas y testimonios de los primeros pasos de la humanidad sedentaria de todo el planeta, es decir, no iraquíes sino humanos.

Esos fósiles o maravillas arqueológicas se cruzaban y/o se apoyaban en los primeros trazos de escritura cuneiforme que los humanos hemos logrado desentra-ñar, en su doble sentido, en el de inteligir y en el de extraer del suelo, de la tierra…

Todo eso fue saqueado y dilapidado entre «coleccionistas» privados y gananciosos a los cuales los saqueadores vistiendo los gloriosos trajes de faena del ejército estadounidense malvendieron lo robado, jugando a ser por un día empresarios con espíritu de iniciativa como predica la ideología del mercado…

Todavía calientes los cadáveres ideológicos de tanta impudicia, Hollywood sale a reclamar el papel de buenos para sus muchachos en este mismo rubro. Y nos muestra en Operación Monumento como Clooney y los suyos rescatan obras de arte, defienden la cultura, etcétera, combatiendo el comportamiento piratesco del nazismo que había proyectado montar sus propios museos, al estilo del British Museum, con cantidad de obras de arte saqueadas, robadas, confiscadas, aquí y allí. La derrota les impidió concretar ese «sueño cultural» que por su parte fueran labrando los ingleses con mucho tesón y paciencia durante siglos… el sueño nazi, afiebrado, convertido apenas en un segundo de doce años, no les permitió concretarlo.

Y además, allí estaban los justos estadounidenses para restituir las obras a sus legítimos dueños, una tarea que llevaron a cabo entre 1947 y 1951.

Este fenómeno de travestismo ideológico se ha repetido innumerables veces: contarnos como un bravo impide el abuso de una cáfila de árabes o «latinos», cuando tantas veces han sido esos «bravos» quienes han arrasado con sociedades árabes o con las mal llamadas «latinas» …

Para sortear estas falsificaciones históricas, los libretos suelen ignorarlas.

En OM, la situación es diferente. Los constructores del filme son totalmente conscientes de antecedentes como el tan reciente y atroz en Iraq, que sucintamente reseñamos. Y Clooney declara: «Me pareció que tenía sentido abordar en una película un tema como la destrucción sistemática de cultura, que es algo que no ocurrió únicamente durante los años del Reich sino que sigue vigente.» (Mariano Kairuz, «El arte y la guerra», Supl. Radar, P 12, 2/3/2014).

Abordar el tema, pero mediante una prolija transfiguración de personajes. Sin faltar a verdad alguna; ésos son los escamoteos que tienen gracia. Mentir con la verdad.

Clooney remata su meditación: «[…] se destruyen o se roban joyas arquitectónicas o artísticas en Siria, Afganistán, Irak o Sudán. Los estamos dejando sin su propia cultura.» Podría haber agregado Palestina, aunque allí actúe el quincuagésimo primero o segundo estado de la Unión.

Para referirse a esta política de dejar a gente, sociedades, sin su propia cultura, algo que el sistema globocolonializador viene haciendo ininterrumpidamente desde hace mucho tiempo, Clooney y su trupe optan por cantar como el tero… en otra parte.

Y significativamente, le bajan voltaje dramático al despojo, que es el que en la vida real sufren los pueblos que el imperio va vaciando de territorios, recursos y culturas a través, entre otros instrumentos, de sus fábricas de ideología. En este caso, lo vemos, con OM, una película light, que el propio Clooney se encarga de situar: «nuestra película no puede dejar de reconocer los horrores de la guerra, pero para nosotros el conflicto es el trasfondo, el contexto en que se desarrolla nuestra historia, que es un espectáculo de entretenimiento para el gran público.» (ibíd. y ¡sic!)

Clooney ha despejado el panorama. La materia prima aquí tomada es apenas eso, materia prima para un espectáculo. La especialidad de Hollywood y del American Way of Life. Y para el gran público. Porque somos demócratas… o porque eso nos proporciona más dinero.

La persistencia de los estadounidenses en su propia alegada inocencia es patética. El mismo Clooney hizo referencia a lo vivido en Irak, Afganistán, Sudán…. No ha nombrado a Serbia, devastada igual que Libia (aunque en Libia, EE.UU. excusó su participación y dejó «la tarea» a Inglaterra, Francia e Israel). Pero ejemplifica con el plan de Hitler de hacer desaparecer la cultura de pueblos despreciados por el racismo purista nazi.

Aunque lo que vemos, en las últimas décadas es la destrucción sistemática de pueblos y sociedades avasalladas por el intervencionismo occidental; el mundo árabe, el universo musulmán, muchos países y estados que fueran dictaduras comunistas, poblaciones nativas en América y África…y frente a ello Grant Heslow, el socio de George Clooney en OM nos apostrofa que «la idea de que Hitler estaba tratando de hacer desaparecer una cultura entera […] se vuelve algo por lo que vale la pena luchar, y hasta morir.» (ibíd.) O hacer un peli light, le completamos su arrojo ético.

Rematado el travestismo, tenemos a los yanquis que están arrasando el planeta con sus invasiones (directas o indirectas), con su riego de bases militares, con su comida basura, con la plétora comunicacional que significa el empobrecimiento conceptual sin pausa que estamos sufriendo con modalidades de comunicación cada vez más rápidas, urgentes y que nos impelen a escribir poco; lo que Pascual Serrano califica de «información jibarizada» advirtiéndonos que el problema no es escribir poco y escueto; que el problema es pensar bajo esa misma modalidad.

La movilización social mediante tweeters es, siguiendo la acertada visión de Serrano, una «movida» emocional, y, sobre todo, muy manipulable.

Adivine el lector qué constelación de poder puede darse el lujo de disponer de decenas, centenares, miles de repetidoras perfectamente pagadas, con miles de millones de papeles verdes, como le explicara la secretaria de estado Nuland al embajador de EE.UU. en Ucrania, Pyatt.

Tenemos así juventudes fácilmente conmovidas, rentados incluidos.

OM nos revela el grado de impunidad que tiene el sistema principal de poder establecido y globalizado; pueden hacer casi lo que quieren con nuestra «sensibilidad». La ofensiva, por ahora, es de ellos. Heteronomía, uno; autonomía, cero.