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Paradoja: el oro marrón de Ghana es miseria para los ghaneses y ganancia para las industrias

Fuentes: Rebelión

Ghana es el segundo país productor de cacao en el mundo, después de su vecino Costa de Marfil. El 10% de los ingresos de la nación provienen de este rubro. El sistema productivo se basa en el monocultivo extensivo con una disminución progresiva de los rendimientos por hectárea producto de la escasa e inadecuada fertilización, así como en la ausencia de renovación de sus cultivares.

Los ghaneses, en su mayoría desconocen el sabor del cacao, su industrialización es casi nula. Sus esfuerzos se concentran en la producción la cual es absorbida en su gran mayoría por el Estado, quien se encarga de todo el proceso de mercadeo y comercialización como producto de exportación hacia un mercado diferenciado de Holanda, Japón, USA, Bélgica y Malasia.

Cifras del año 2020 dan cuenta que la exportación de Ghana hacia esos destinos estuvo por el orden de 1851 MM de dólares. Las ganancias del productor es un ínfimo dentro de la cadena productiva. El Kg de cacao seco se vende al Estado en un promedio de 1 a 1,3 euros por Kg. Los salarios de los trabajadores en las fincas cacaoteras no pasan de un dólar/día y 0,78 dólar/día en su vecino de Costa de Marfil.

Estas ganancias netas obtenidas por las empresas y el Estado ghanés no se retribuyen en absoluto hacia los productores, quienes su único beneficio es la venta del producto, acarreando con los costos de producción, por lo que queda al productor es una cantidad ínfima para su sobrevivencia.

Los servicios de transporte de los ghaneses son pequeñas unidades motorizadas las cuales tienen que recorrer un largo trayecto hacia los centros de acopio para obtener mejores precios, mientras la gran mayoría de ellos esperan fuera de sus unidades de producción que un camión estatal acarree los productos hacia los centros de acopio precitados, recibiendo por ende un precio menor en la jugada. Las carreteras no están pavimentadas en absoluto y en épocas de intensa lluvia, dichos transportes quedan varados y en muchos de los casos inservibles.

De igual manera, las soluciones habitacionales en las aldeas rurales son en su mayoría chozas hechas con materiales toscos y locales, con pisos de tierra y paredes de igual tipo con friso rustico. El sistema de disposición de aguas residuales es antiquísimo y carece de las mínimas condiciones de higiene y salubridad. 

Por otra parte, el sistema emplea mano de obra infantil y de mujeres en su mayoría con salarios de explotación. Cuando los precios del cacao son bajos en el sistema estatal, ciertos productores emprenden con sus asalariados una larga y tortuosa jornada a pie hasta su vecino Togo, donde los precios del rubro son mejores, así como menores exigencia de calidad.

A pesar de la pobreza de los agricultores, las empresas y el Estado ghanés obtienen el grueso de las ganancias y cada día se hacen más ricas. Muchas empresas están reportando ganancias récord, a pesar de una pandemia y una crisis global del costo de vida. Lo más trágico del caso es que si solamente una ínfima parte de las ganancias de las empresas y el Estado se dispusieran para aumentar los precios a nivel del productor seria lo suficiente para aumentar significativamente los ingresos de los productores, que les permitiera, por un lado, mejorar la calidad de vida de la familia productora ghanesa, y por el otro, mejorar las plantaciones y cultivares vía una mayor y mejor productividad por área. Sin embargo, esto no está ocurriendo.

El cinismo del Estado y las empresas llega hasta un punto tal en decir que los agricultores podrían duplicar o incluso triplicar los rendimientos por hectárea. Los proyectos estatales y la ayuda exterior, vía empresas transnacionales, podrían fomentar estos aumentos de rendimiento. Los pocos esfuerzos que se están haciendo no están ni cerca para hacer el trabajo propuesto por las agencias gubernamentales y las transnacionales. De hecho, en algunas regiones, los rendimientos están declinando. Hay varias razones para ello, entre ellas, la baja adopción y aplicación de tecnologías sostenibles de producción, una elevada tasa de árboles envejecidos (y posiblemente agricultores envejecidos), un cambio agresivo en los patrones climáticos, el incremento de plagas y enfermedades, el agotamiento de los suelos y la falta de insumos (asequibles) y crédito blando a los productores. Los productores solos no pueden enfrentar estas realidades. Los bajos precios lo impiden. Mientras tanto, la gran torta se reparte y ellos no están invitados.

Los pocos productores que tienen una ayuda de empresas transnacionales sitúan el rendimiento por hectárea entre 521 y 534 kg/ha, esto es, que aplican de una mediana a alta tecnología, poseen ciertos insumos y facilidades de crédito. No obstante, la gran mayoría de productores obtienen rendimientos entre 300 a 321 kg/ ha con elevados costos de producción. No obstante, este criterio de aumento de los rendimientos no ha demostrado que se mejoren los ingresos a nivel del productor, entre ellas por estas razones:

– En primer lugar, requiere importantes inversiones en insumos y recursos laborales, que no están disponibles ni son asequibles para la mayoría de los productores de cacao. Incluso si lo fueran, invertir en la granja conlleva riesgos significativos, especialmente en comparación con el posible retorno de la inversión; los precios en la puerta de la granja podrían declinar abruptamente (como lo hicieron en 2016/2017), condiciones climáticas extremas puede causar malas cosechas, al igual que las plagas y enfermedades (como virus del brote hinchado del cacao que se está propagando en Ghana).

– En segundo lugar, el aumento de la productividad requiere un aumento de las horas de trabajo. Incluso con los niveles de producción actuales, muchos productores de cacao en los principales países productores tienen dificultades para encontrar suficiente mano de obra para sus granjas durante las cosechas pico. Cada hogar productor de cacao tiene una cantidad finita de días de trabajo disponibles para gastar en cacao; un hogar en Ghana tiene 246 días laborales disponibles, en Costa de Marfil 272. Si se necesita más mano de obra lo que requerirá la contratación de mano de obra adicional, lo que aumenta el riesgo del trabajo infantil, como de hecho se esta haciendo especialmente en Ghana.

– Y en último lugar, y no por eso menos importante, está el hecho de que un incremento en la producción está bastante relacionado con un aumento de la frontera productiva, lo que hace irreversible el proceso de deforestación en Ghana, la cual ha estado incrementándose en detrimento de los recursos forestales, faunísticos y del agua. En los últimos 30 años, se estima que Ghana ha perdido el 65 % de su cubierta forestal, mientras que Costa de Marfil ha perdido alrededor del 90 % de sus bosques. Esto indefectiblemente conlleva a la pérdida de la biodiversidad y a extremar las condiciones de pobreza de las comunidades rurales productivas ghanesas ya que están perdiendo las áreas donde extraen sus alimentos, medicinas, combustible y materiales de construcción.

De igual manera la pérdida de masa boscosa conlleva indefinidamente a aumentar los efectos negativos del cambio climático, tales como aumento de las temperaturas, humedad, radiación solar intensa, así como baja absorción de los niveles de co2 presentes en la atmosfera.

Del otro lado nos encontramos que mientras las relaciones de oferta y demanda no beneficien a los productores, la miseria de estos se perpetuará. El caso es que el Estado quien compra la mayoría de la producción está atado a las compañías transnacionales, quienes le ha impuesto el mecanismo de precios a futuro y su negociación en los mercados bursátiles.

Vale hacer mención que el cacao se valora en los mercados de bolsa bajo estos mecanismos. Con esta premisa fundamental los precios del cacao estarán sujetos a los especuladores financieros. En efecto, la especulación financiera influye en el precio. En teoría, los precios futuros siguen el mercado físico, en función de las previsiones de oferta y demanda. Sin embargo, el mercado de futuros también influye en la fijación de precios.

A diferencia de las empresas de chocolate y cacao que necesitan el cacao para su producto final, muchos inversores y fondos de cobertura ven el comercio de cacao exclusivamente como una forma de beneficiarse de las fluctuaciones de precios.

Pueden, bajo ciertas circunstancias, incluso amplificar significativamente estas fluctuaciones para aumentar las ganancias. Además, debido a que los fondos de cobertura a menudo tienen cacao mezclado con inversiones en productos básicos, los eventos que no tienen ninguna relación con el cacao también pueden tener efectos significativos, aunque temporales, en los precios del cacao.

Por ejemplo, a principios de 2022, las noticias sobre un número creciente de casos de Covid-19 en China llevaron a los fondos de cobertura a vender inversiones en productos básicos, incluido el cacao. Esto provocó una caída del precio del cacao. Aunque los precios se recuperaron en dos o tres semanas, el precio del mercado mundial estaba a un nivel que no se basaba en el cacao físicamente disponible, sino en las decisiones de los fondos de inversión.

Esto es problemático para Costa de Marfil y Ghana, que venden la mayor parte de su cosecha en los primeros meses del año, mucho antes de que comience la temporada de cosecha en octubre. Una pequeña caída en los precios basada puramente en la especulación podría costarles mucho dinero.

En ese sentido, la ley de oferta y demanda no funciona para los agricultores y la variación de los precios no afecta a las transnacionales. Veamos como es este mecanismo. En el año 2015, el Gobierno holandés encargó un estudio (SEO 2017) sobre el papel de la concentración del mercado y la formación de precios en el sector global del cacao. Uno de los resultados clave de este informe fue que la oferta y la demanda no funcionan para los productores de cacao.

Ya en 1991, un expresidente de la Comisión Europea argumentó (Mansholt 1991) que en la agricultura “el mecanismo de precios no se corresponde muy bien con el concepto de mercado neoclásico ideal-típico”.

Este es aún más el caso de los cultivos arbóreos que de los cultivos anuales, ya que los agricultores están aún más atados a su producción.

En ese contexto, además, es devastador para las comunidades cacaoteras que en el aumento global del costo de vida que se está extendiendo, todos los costos de vida y de producir cacao están subiendo, pero el precio que reciben por su cacao en la bolsa se mantiene igual.

Por otro lado, está el mecanismo internacional que usan las empresas chocolateras para no depender del precio del cacao. Estas, a diferencia de los agricultores, reaccionan rápidamente a los aumentos de precios, por ejemplo, estimulando el consumo de productos con menor contenido de cacao. Llama la atención que entre 2012-13 y 2015-16 las cifras de molienda en el mercado mundial de cacao permanecieron casi estables en aproximadamente 4,1 millones de toneladas, pero aumentaron inmediatamente después de que los precios colapsaron en la temporada de cosecha 2016-17.

Después de que los precios colapsaron en más del 30%, la molienda aumentó rápidamente en casi un 25% a 5,1 millones de toneladas en 2021-22 (pronóstico) (ICCO 2022). En todos estos años, la facturación de la industria del chocolate aumentó de manera constante. Para ser rentable, la industria del chocolate no parece depender mucho de su ingrediente más importante.

Esto dio por el estimulo en la compra de mas productos derivados con menor contenido de cacao, lo que baja los precios de los productos, pero su consumo es mucho mayor, logrando una economía de escala que beneficia a la agroindustria en detrimento de los productores. Un ejemplo de ello es Bélgica en el año 2022 que obtuvo unas ganancias netas por sus exportaciones anuales de chocolate por un valor de $ 3.1 mil millones

La propuesta de desmercantilizar el cacao cobra en estos momentos una mayor vigencia. Ya no puede ser suficiente esconderse detrás del argumento de que “así es como el mercado funciona”. Es vital para las naciones productoras, en especial los productores, encontrar novedosos sistemas de mercadeo, a pesar del mercado. Uno ellos podrían ser que los gobiernos productores desvinculen el precio del cacao de la Bolsa de Valores, y establecerlo completamente en función de los costos de producción, incluidos lo que se requiere para proporcionar un ingreso digno. Esto por supuesto requeriría colaboración dentro de todos los países productores.

Otro sistema sugiere el pago de un diferencial tomando como referencia el precio de la tonelada en el mercado de valores. A grandes rasgos consiste en tasar la tonelada de cacao a los precios internacionales anexándole un diferencial de pago a los productores para incentivar su producción. Ejemplo, si en al año 2023 los países como Ghana, Costa Marfil deciden que sus mercancías aparte de su precio marcado como commodities en 2300 $/ton se le anexa el denominado diferencial de ingreso digno tasado en 400 $/ton, que muchas empresas lo abrazaron, no obstante, muchas de ellas decidieron hacer compras significativas de cacao de otros lugares de origen, en especial de Ecuador o Colombia, socavando el acuerdo. Este sistema, podría ajustarse a los mecanismos de asignación de precios, tomando como referencia los costos de producción y los ingresos de una vida digna para todos los productores ghaneses.

De forma tal que aumentar la productividad o aumentar el tamaño de las explotaciones no garantizan un aumento en los ingresos netos de los productores de cacao. La oferta y la demanda no parecen funcionar adecuadamente para remunerar a los agricultores, de allí que las intervenciones como el diferencial de ingresos dignos de Costa de Marfil y Ghana son los primeros pasos necesarios para garantizar que el precio del Cacao a puerta de granja definitivamente suba.

Todo esto debe hacer pensar, tanto a los gobiernos como a las grandes empresas chocolateras ubicadas en el primer mundo. La sostenibilidad no puede aferrarse a una sola pata: la ganancia extravagante de las transnacionales y de los Estados en detrimento de la pobreza de los productores. Hay que erradicar en la medida de lo posible el comercio injusto. Lo ancho para mí, lo angosto para los productores. Eso debe cambiar. Por otra parte, los países subdesarrollados, si se pueden llamar bajo ese eufemismo, deben organizarse de manera conjunta a los fines de provocar cambios en los sistemas de producción, valor agregado y comercialización del cacao y los subproductos derivados.

Ghana es un gran productor de cacao, posee riquezas petroleras, salíferas, minerales en abundancia. Esa inmensa de oro negro, amarillo, marrón y blanco se difumina en un país con un alto potencial para ser el más rico de África. No obstante, para la gran mayoría de ghaneses, su país se asemeja un niño enfermo que amerita cuidados intensivos y cuyo Gobierno y las transnacionales no han sido capaces de ofrecer. El bebé se ha estado muriendo, en medio de tan prodigiosa riqueza…

Referencias:

1. Cotto, N. (Director). (2018). El Cacao de Ghana (Documental). Prime Video Productions.

2. Fountain A, Huetz-Adams F. Cocoa Barometer (2022). Published by the Cocoa Barometer Consortium, administered by the VOICE Network.

José Ruiz es ingeniero y agroecólogo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.