Recomiendo:
2

Sahel, en la arena la peste y la sangre

Fuentes: Rebelión

Lejos todavía de que el Covid-19, en la zona central del Sahel, (Mali, Chad, Níger y Burkina Faso) se convierta en una pesadilla, ya que apenas han muerto 149 personas y se encuentran infectadas 2.217, las organizaciones terroristas que operan prácticamente en toda el área esperan los efectos desvastadores de la pandemia, como a un verdadero aliado, para operar detrás de ella, aprovechando la debilidad que sin duda tendrán esas naciones, que deberán destinar recursos y esfuerzos para contenerla.

Mientras los muyahidines siguen golpeando, se conoció que el pasado domingo día 3 una khatiba perteneciente a La Provincia del Estado Islámico (Daesh) en África Occidental o ISWAP, por sus siglas en inglés, asaltó un campamento del ejército nigerino a las puertas de la ciudad Diffa, la más grande del sudoeste del país, con una población aproximada de 50.000 habitantes, en su casco urbano, llegando a los 200.000 con las áreas rurales, a escasos tres kilómetros de la frontera con Nigeria y a casi 1.400, de Niamey, la capital de Níger. En el área también se encuentra localizado un campamento con cerca de 120.000 refugiados nigerianos, que comenzaron a llegar allí en 2015, desplazados, al igual que los 110.000 desplazados internos nigerinos, por las cada vez más letales operaciones de Boko Haram.

A los ataques de esa organización terrorista se suman, desde hace más de un año, los de la ISWAP, no solo en territorio nigeriano, sino también en la barrosa frontera entre ese país, Chad y Níger, que tiene como epicentro el indescifrable archipiélago del lago, que brindan una excelente cobertura a los terroristas. Solo en Nigeria, el número total de desplazados por esta guerra sobrepasa los 2.500.000.

En un video de propaganda difundido en las redes sociales por ISWAP, se puede observar una importante cantidad de milicianos de esa organización, incautando armamento perteneciente al ejército, al tiempo que se oyen disparos de fusiles y morteros. En el video se ve también salir del campamento atacado una caravana de vehículos militares, arrebatados al ejército, además de verse varios cuerpos de soldados y militantes, sin que se pueda distinguir entre muertos y heridos.

En el comunicado oficial del martes 5 el gobierno nigerino informa de que: “El 3 de mayo de 2020, alrededor de las 5:45 p. m. hora local (4:45 p. m. GMT), elementos de Boko Haram atacaron el cruce fronterizo Níger-Nigeria en Diffa, en vehículos artillados”, en el mismo documento reconoce dos bajas mortales y tres heridos, a su vez los terroristas dice que han sido cinco los militares muertos en el ataque. Ya se sabe aquello sobre la primera baja en todas las guerras…

Es notorio que Niamey insista en no querer distinguir a Boko Haram del ISWAP, la facción que se escindió de esa organización en 2016, a pesar que ambos grupos a nivel global se han mantenido fieles al emir Abu Bakr al-Bagdadí y tras su muerte en octubre de 2019, al nuevo ungido Abdullah Qardash.

Las acciones de la ISWAP, dirigido por Abu Musab al-Barnawi, hijo de quien fundó Boko Haram, en 2002, Mohammed Yusuf y asesinado en 2009, rompió con la organización madre por enfrentamientos constantes con el actual líder de Boko Haram y sucesor de Yusuf, el mesiánico Abubakr Shekau.

Si inactividad entre 2017 y 2019 hizo que mucho investigadores creyeran que la ISWAP se había disuelto, pero a comienzos del año pasado sus acciones se han ido incrementado, alcanzado su pico el pasado 20 de marzo, con el ataque contra la base del ejército chadiano en la península de Bomoha , a orillas del lago del Chad, (Ver: Boko Haram, el potente músculo del terrorismo) que provocó la muerte de cerca de un centenar de efectivos, con lo que se asestó el golpe más letal recibido por ese ejército chadiano en su historia. Algunas versiones indicarían que esta acción fue en venganza por el asesinato de Ibrahim Fakoura, el emir regional de Boko Haram en el lago Chad, lo que había sido confirmado el jueves 19 de marzo por el Ministerio de Defensa de Níger, que informaba de que el terrorista fue ubicado en una de las islas de lago y ejecutado por las fuerzas desplegadas en la región de Diffa entre el 10 al 16 de marzo, junto a varios de sus lugartenientes.

Respecto al ataque del domingo 3, los vecinos de Diffa relataron que la noche del ataque contra el campamento militar se oyó claramente el cruce de disparos de armas pesadas, durante cerca de tres horas, habiendo comenzado los combate las 4 30 de la madrugada. Según esos mismos testigos los atacantes habrían llegado provenientes de Nigeria, poco tiempo antes del anochecer, momento en que se rompía el ayuno establecido por el Ramadán, lo que efectivamente relajó las guardias militares.

Se sabe que a esta atura del año en que el río Komadougou Yobé está seco, los muyahidines nigerianos lo cruzan para operan en Níger, secuestrando civiles para después cobrar rescate y atacar posiciones del ejército para hacerse con armamento, vehículos y elementos de comunicación.

Esa región ha sido con frecuencia escenario de acciones armadas por parte de los integristas. En febrero de 2015 se habían producido intensos combates entre Boko Haram y el ejército nigerino en torno al puente Doutchi, ubicado a unos diez kilómetros al sur de la ciudad de Diffa, que une Níger con Nigeria. En aquellos combates los regulares produjeron más de 100 bajas a los integristas nigerianos, al tiempo que solo murieron cuatro efectivos del ejército. Próxima a ese puente se encuentra la localidad de Damasak y a treinta kilómetros de Diffa, en el estado nororiental de Borno (Nigeria) la cuna de Boko Haram, que fue tomada por los insurgentes en 2014 después de fuertes combates con el ejército nigeriano, este mismo punto fue reconquistado semanas más tarde, tras largas jornadas de combates entre los terroristas y batallones de los ejércitos del Chad, Níger y Nigeria

Según el Ministerio de Defensa de Níger, el domingo 3 a la una de la mañana un convoy de unos diez vehículos de los muyahidines había sido interceptado en la localidad de Tombon-Fulani, ubicada a 24 kilómetros al noreste de Bosso en el este de Níger, en una operación concertada entre el ejército local y el de Nigeria, junto a comandos especiales franceses y norteamericanos destacados en la región, que habrían “neutralizado” a unos cincuenta terroristas, lo que no evitó el ataque al campamento militar de Diffa unas pocas horas más tarde.

De ser cierta la información acerca de los 50 insurgentes “neutralizados” el domingo, habría que sumarlos a otra improbable lista de más de 1.000 bajas producidas a los terroristas, en este caso por el ejército del Chad, tras la operación Cólera de Bomoha, comandadas personalmente por el presidente Idriss Déby, después de la masacre del 20 de marzo. Operaciones en que el ejército, según altas fuentes del Ministerio de Defensa, habría perdido 52 hombres, aunque afirma haber conseguido la expulsión del territorio nacional de la banda takfirista, aseveración imposible de confirmar.

Un país sitiado

Níger no solo tiene cuestiones sumamente graves respecto a su seguridad en la región del lago al sur del país, sino también enfrenta ataques de bandas wahabitas en el noroeste, donde las fuerzas insurgentes llegadas desde el norte de Mali se filtran de manera constante.

El norte de Mali se encuentra en estado de guerra desde 2014 contra el gobierno central de Bamako y ha desbordado a Níger, al Chad y también a Burkina Faso, países en los que más de 4.000 civiles fueron asesinados por acciones de los integristas solo en 2019. Como inmediata consecuencia, tras la caída del gobierno del Coronel Muhammad Gadaffi en 2011, quien servía de valla de contención al terrorismo, una decena de grupos fundamentalistas emergieron en el Sahel, que han tenido diferentes denominaciones y que hoy se agrupan en dos grande polos, el Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin (Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes) adscrito a al-Qaeda global y la franquicia en el Sahel del Daesh o Estado Islámico, conocido como Estado Islámico en el Gran Sáhara, que disputan palmo a palmo el territorio contra las unidades de los ejércitos de región bajo la Fuerza Conjunta G5 Sahel o Grupo Sahel Cinco, conformado por unidades de Burkina Faso, Malí, Mauritania, Níger y Chad, sino también la Operación Barkhane, unos 4.000 efectivos franceses y un número desconocido de green berets y batallones de la CIA, acompañados también por dotaciones menores de países de la Unión Europea como Alemania, Dinamarca, España, además del Reino Unidos, junto de la Misión Multinacional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA) con sede en Bamako, compuesta por unos 10.000 soldados y 2.000 policías.

Lejos de doblegar a estos grupos que operan en el corazón del Sahel, que esperan la llegada de la onda expansiva del coronavirus, su actividad se multiplicará detrás de la pandemia, hasta confundir en la arena la peste y la sangre.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

2