Recomiendo:
0

Se acentúa la intervención extranjera en Somalía

Fuentes: Rebelión

Existen varias formas de intervención extranjera de un país en otro. Cuando se lee que en un país han entrado extranjeros se puede entrever una lectura xenófoba, ya que en muchos casos se suele culpar a los inmigrantes de los problemas sociales de un determinado país. Otra forma de dominación extranjera es la económica que […]

Existen varias formas de intervención extranjera de un país en otro. Cuando se lee que en un país han entrado extranjeros se puede entrever una lectura xenófoba, ya que en muchos casos se suele culpar a los inmigrantes de los problemas sociales de un determinado país.

Otra forma de dominación extranjera es la económica que se puede basar en las inversiones de los llamados «capitales buitres» que sólo buscan enriquecerse y abandonar el país sin prestar nada a cambio, o a través de un bloqueo económico o barreras comerciales. También se puede sojuzgar una nación por la vía la militar, por medio de la literal ocupación del territorio.

Somalía vive actualmente una nueva etapa de injerencia extranjera, no es la primera, pero esta vez tiene características militares y por supuesto económicas.

El privilegiado territorio somalí cuenta con importantes recursos y una situación geográfica estratégica que ha sido codiciada desde fines del siglo XIX por diversas potencias y clanes regionales. En 120 años, este país ha sido víctima del colonialismo clásico, de la pésima descolonización, de la Guerra Fría, de la lucha entre caudillos provinciales, de enfrentamientos armados con países limítrofes, de una guerra civil, de boicots económicos, dictaduras, separatismos, sequías, hambrunas, una invasión norteamericana y el islamismo extremista.

¿Fin de la guerra civil o comienzo de una guerra regional?

Hoy Somalía ha cobrado nuevamente importancia en la prensa internacional debido al fracaso de la política occidental en el llamado cuerno de África. Las Cortes Islámicas han tomado el control del país y han debilitado aun más al gobierno de transición apoyado por EE.UU., Etiopía y Kenia. Esta guerrilla islámica ha vencido a los clanes laicos que se disputaron el poder por más de 15 años y anunció con imponer la sharía, es decir, la ley coránica.

Las milicias islámicas tomaron la capital Mogadishu (Mogadicio) y el 19 de agosto llegaron hasta muy cerca de Baidoa, lugar donde el Gobierno provisional tiene su sede. Ese mismo día, un grupo de soldados etíopes tomaron el aeropuerto de Baidoa, luego de que las tropas leales al gobierno interino desertaran en favor de los islámicos.

A mediados de julio, las Cortes Islámicas ya habían llegado hasta Baidoa, lo que provocó la entrada directa de soldados de Etiopía para apoyar al gobierno de transición. Los mandatarios etíopes temen que el islamismo se expanda por su país.

Sin embargo, la penetración etíope no es la primera injerencia de otra nación en esta guerra civil, ya que EE.UU., que había invadido por poco tiempo el país en 1993, continúa suministrando armamento a los caudillos que luchan contra los islamistas, de acuerdo con el diario The Washington Post. A su vez Eritrea, que estuvo en guerra con Etiopía en 1998 y 2000 y que aun hoy la tensión entre ambos es elevada, apoya con armas a las Cortes Islámicas, lo que transforma el conflicto en una lucha de intereses regional.

El Pentágono sigue muy de cerca este conflicto, ya que de acuerdo a diversos medios tiene alrededor de mil soldados en el país limítrofe de Djibouti, utiliza aviones de reconocimiento que parten desde el Sultanato de Omán en el Golfo Pérsico y una flota internacional que monitorea, cercana a las costas, el desarrollo de los acontecimientos.

Origen de la guerra civil

Desde 1991 que Somalía no sólo no tiene un gobierno central estable sino que está viviendo una guerra civil entre clanes que buscan controlar el país de manera casi feudal, a lo que se le sumó en los últimos dos años la creciente fuerza de las guerrillas islámicas que quieren transformar el país en un estado religioso.

Estos hechos han alarmado mucho a Occidente, puesto que no ha habido gobierno con el cuál comerciar ni invertir ni aliarse para poder aprovechar las innumerables ventajas económicas con las que cuenta Somalía. Una de las más importantes es la situación geográfica, ya que por sus costas transita el 13 % del comercio mundial, barcos que atraviesan el canal de Suez que van y vienen de Europa, y además pasa gran parte del petróleo de Medio Oriente, por su cercanía al sudoeste asiático.

Entre su patrimonio cuenta con uno de los más grandes acuíferos del continente de 60.000 kilómetros cúbicos que comparte con Eritrea y Etiopía, grandes reservas de petróleo y gas e importantes recursos pesqueros, que han sido aprovechados por diversas compañías desde el inicio de la colonización a fines del siglo XIX y durante la independencia hasta la guerra civil que comenzó en 1991.

Mohammed Siad Barré dio un golpe de estado en 1969 e inmediatamente se alió con Moscú, lo que le dio la fortaleza para iniciar una guerra contra Etiopía, aliada de EE.UU. hasta la caída de Haile Selassie, por la meseta Ogadén, ligada culturalmente a Somalía.

Sin embargo, la Unión Soviética no vio con buenos ojos esta invasión, debido a que Moscú intentaba acrecentar su influencia en el nuevo gobierno etíope y en lugar de apoyar a Somalía, la aisló, hecho que provocó que el gobierno de Barré se pasara al bando estadounidense de la Guerra Fría.

Somalía tuvo su luna de miel con EE.UU. recibió créditos e inversiones y el mundo Occidental le compraba productos ganaderos, hasta que el interés de Occidente decayó, lo que fue aprovechado por comunistas e islamistas que se sintieron traicionados por el vuelco ideológico de Barré y propiciaron el golpe de 1991.

Las compañías occidentales temieron perder las inversiones, por eso la ONU intervino enviando tropas norteamericanas a la zona en 1993. El fracaso fue famoso, la voladura de un helicóptero, la muerte de 18 marines y las imágenes de los cadáveres siendo arrastrados por las calles de Mogadicio constituyeron una propaganda negativa para la misión. EE.UU., que había enviado fuerzas militares para combatir a los clanes enemigos, pero tuvo que retirar sus soldados ese mismo año.

En 2004 se formó el gobierno de transición que es el único que fue reconocido internacionalmente, pero que está siendo cercado por las Cortes Islámicas.

EE.UU. promueve el envío de otra fuerza militar con el pretexto de pacificar el convulsionado país, pero para limitar la influencia de los islamistas. Las acusaciones de Washington en contra de las Cortes llegan a establecer una comparación entre Somalía y Afganistán gobernado por talibanes, ya que alertan sobre que el país africano constituye un refugio de terroristas de Al Qaeda que apoya a las Cortes Islámicas y además aprovecha que no hay un gobierno central para establecer nuevas bases. Esto ha sido negado por el líder de los Tribunales Islámicos Sharif Sheij Ahmed.

Si bien no hay pruebas de que en Somalía haya alojados terroristas de distintas partes del mundo musulmán, el vocero de los Tribunales Islámicos instó a «repudiar la invasión etíope con la misma fortaleza que Hezbollah defendió al Líbano de Israel».

Separatismo

EL territorio que controlan los islamistas es el que pertenecía a la ex Somalía Italiana, o sea, la parte sur, menos próspera. La región norte se ha separado en 1992 y se ha dividido en dos estados Somalilandia y Puntlandia, que no han sido reconocidos internacionalmente.

La región norte constituyó la ex Somalía Británica, más desarrollada económicamente, al igual que la mayoría de las ex colonias inglesas, que han recibido de la potencia colonizadora un medio para poder continuar la relación económica con Londres.

El temor de Somalilandia y Puntlandia es que las Cortes Islámicas también pretendan controlar la región norte de Somalía. Pero, por ahora se han detenido a las puertas de Baidoa.

Conclusión

El futuro escenario podría albergar la paz si quedara congelada la situación actual, con la firma de un acuerdo que permitiera la salida de las tropas etíopes y que pusiera fin a la guerra civil.

Pero, las probabilidades son escasas, ya que hay muchos intereses en juego, hay compañías ansiosas de recuperar el tiempo perdido y de continuar explotando los yacimientos petrolíferos de gas, el acuífero y la pesca. Etiopía, de mayoría cristiana ortodoxa, pugna por detener el avance del islamismo y ha preferido llevar su guerra con Eritrea fuera de su territorio al campo somalí.

La mitad de la población de Somalía no conoce a su país organizado con un gobierno central, sólo ha vivido las guerras entre clanes y ahora con los islamistas. Muchos niños y adolescentes se están enrolando en las distintas facciones armadas.

Por otro lado, una nueva misión extranjera no augura una situación mejor, por el contrario todavía queda en las retinas las imágenes de la muerte y la humillación de las tropas norteamericanas, lo que le resta probabilidades a otra injerencia militar directa.

Maximiliano Sbarbi Osuna
http://pmundial.8m.com/