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Soldadito de España

Fuentes: Rebelión

Los informativos del miércoles y jueves abrían con la noticia de la muerte de un soldado español en Afganistán (y varios heridos). El viernes lo hacían con el entierro. Pobre muchacho, ¿por qué y para qué habrá muerto? La Historia lo dirá y supongo que su familia pensará como yo, al menos los miembros de […]

Los informativos del miércoles y jueves abrían con la noticia de la muerte de un soldado español en Afganistán (y varios heridos). El viernes lo hacían con el entierro. Pobre muchacho, ¿por qué y para qué habrá muerto? La Historia lo dirá y supongo que su familia pensará como yo, al menos los miembros de su familia que estuvieran de acuerdo en que desarrollara la carrera militar. Por supuesto los mismos informativos añadían imágenes de la ministra, siempre la babosería con el poder político-militar. La ministra les dice a los militares y a la familia aquello que desean oír, ¿o no? ¿O no del todo? Porque siempre da la impresión de que la babosería del periodismo hacia el poder deja a un lado opiniones no desechables.

¿Qué hacemos en Afganistán? ¿Qué hace Occidente en Afganistán? Desde 2001 está allí de manera explícita e invasora, buscando a Bin Laden, para eso fuimos, no se olvide. ¿Está Occidente luchando contra un gran ejército como lo es la OTAN, bien pertrechado y organizado? No, lo hace contra un grupo de fanáticos ignorantes y andrajosos que hacen volar por los aires estatuas de Buda sin importarles su significado o prohíben todo a las mujeres. Son unos tipos repugnantes. Entonces, ¿por qué no acabamos con ellos en unos meses, se instaura un gobierno títere que introduzca allí McDonnall’s, las tiendas Zara y otros negocios y se acabó, todo en paz, hasta que, poco a poco, no quede rastro de los talibanes? ¿Por qué causa combatía el soldado español muerto? ¿Por la democracia? ¿Es democracia las elecciones afganas? No, han sido dudosas y numéricamente irrelevantes. Y estando en guerra no puede existir auténtico debate de ideas. Han sido una farsa. Nuestro soldado ha combatido para defender una farsa. Estamos empeñados en que todos sigan nuestro orden (mejor dicho, el orden de «ellos»). Afganistán, por supuesto, pero también Dinamarca e Irlanda. Ambas votaron no a las leyes europeas que pretenden consolidar los negocios transnacionales. Y hasta que no votan sí, no se les deja de atosigar a sus ciudadanos y de lavarles el coco.

En TVE afirman que el soldado Cristo Ancor Cabello murió como consecuencia de un atentado terrorista. Desde Occidente le decimos a todo el mundo qué significa cada concepto y cada palabra. Ahora resulta que si uno se va a la guerra y cuando el carro blindado en el que combate pisa una mina colocada por el otro bando, eso es una acción terrorista. O sea, me invaden mi país, me defiendo y encima me llaman terrorista por hacerlo. También Napoleón llamaba terroristas a los españoles de la resistencia.

Espero que la muerte de este chico sirva para algo. A mí los talibanes me parecen detestables pero estamos acelerando su historia. Es algo que ha ocurrido siempre en la evolución de la especie pero que con el mercado se ha acelerado. Leo a algunos expertos y dicen que no hay tanta riqueza gasística en Afganistán como para justificar una invasión de este tipo. Sin embargo, es importante la tranquilidad de la zona para poder construir infraestructuras transnacionales y para comerciar. ¿Cuántos años costará llevar esa tranquilidad, nuestra tranquilidad? ¿Tan importante es? Se han invadido países y unas culturas han destruido a otras, sobre todo desde el siglo XIX pero ha sucedido siempre, desde mucho antes de nacer y consolidarse la economía de mercado. Ahora bien, ¿a estas alturas de la Historia, aún debemos seguir así?

Occidente no ha ido a Afganistán ni a Irak a sembrar democracia porque entonces tendría que ir a otras muchas partes del mundo, sobre todo en Asia y África. Ha ido, como siempre, a abrir rutas para el negocio, a defender que una minoría se lucre -todo lo que pueda, ése es el problema- el día de mañana y de pasado mañana y eso lo venda como creación de riqueza, puestos de trabajo, progreso y democracia. Cristo Ancor ha muerto para eso, como han muerto por y para eso millones de personas. Y detrás de él vendrán más muertos que la ministra o el ministro de turno justificarán como muertes para defender la paz y la democracia, tal es la triste misión de unos tristes políticos (y ahora políticas miméticas y conversas al mundo de los hombres) que lo mismo afirman eso en un funeral que aprueban cientos de miles de millones de dólares o euros para dárselos a los mismos que han organizado una crisis mundial.

¿Qué propongo a cambio? Salir de Irak y de Afganistán y que esos pueblos se las apañen solos, con sus dictaduras, sus talibanes y sus burkas. La Historia sigue siendo sangre, sudor, lágrimas, lo sabemos en Europa por experiencia. Y, eso sí, utilizar la diplomacia y las armas habituales que los Estados utilizan para influir en otros. Pero tener a miles de soldados desde 2001 para vencer a cuatro desarrapados sin conseguirlo, es de hecho ya una derrota. Claro que ni los políticos ni los empresarios van a la guerra, van los jóvenes, dentro de esa misteriosa dinámica que convierte en incomprensibles, a primera vista, las causas por las que el ser humano se somete a esos dictados, sin estar presionado por el dinero, la Justicia o la marginación. ¿Se debe tal vez a un progresivo lavado cultural de cerebro, a la voluntad de poder y a la pulsión violenta humana?

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.