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Tendencias y enfrentamientos

Fuentes: Tendencias y enfrentamientos Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainforma

Desde hace unos años he insistido en la existencia de un proceso paulatino que está transformando el pensamiento social en Estados Unidos de América. Dentro de ese conjunto podemos afirmar que dos de ellas se disputan la dominación. La primera, con ritmo pausado pero ascendente, concibe una sociedad colaborativa, donde las desigualdades no surjan del […]

Desde hace unos años he insistido en la existencia de un proceso paulatino que está transformando el pensamiento social en Estados Unidos de América. Dentro de ese conjunto podemos afirmar que dos de ellas se disputan la dominación.

La primera, con ritmo pausado pero ascendente, concibe una sociedad colaborativa, donde las desigualdades no surjan del abuso, la explotación y la discriminación. Es la corriente socialista de nuevo tipo que entiende la transformación del Capitalismo que hoy conocemos a contrapelo de la corriente que pretende eternizarla.

La economía capitalista ha sufrido transformaciones más radicales y aceleradas en los últimos doscientos años, que todas las formas económicas anteriores. Lo mismo ha sucedido con las propuestas socialistas iniciales, derivadas de dicha forma productiva.

Las mentalidades conservadoras de derecha, no habiendo entendido ese proceso evolutivo, han sacralizado la forma económica capitalista surgida en la era industrial y definida por su modalidad de mercado, asumiéndolo como un ente real de carácter absoluto y contrariamente al proceso evolutivo de la producción y las nuevas relaciones sociales, intentan revertir formas y resultados, dando origen a desigualdades bochornosas.

De igual modo, el primer intento práctico de socialismo nacido en Rusia derivado de las bases capitalistas existentes en aquel momento, también fue considerado una verdad absoluta, hasta el punto de ser bautizado con el nombre de Socialismo Real y casi treinta años después de su desaparición, los conservadores de izquierda, cuyo pensamiento ha quedado suspendido en el tiempo, sueñan con revivir al muerto.

El siglo XX ha sido testigo del paso de un sistema basado en las grandes producciones científicas, técnicas e industriales, a procedimientos financieros divorciados de la producción. Se han inventado inversiones de capital que no producen y en consecuencia, sólo contribuyen a distorsionar los procesos distributivos. Esas prácticas han conducido a repetir, a diferente nivel, la era conocida en Estados Unidos de América como la Edad de Oro (the Gilded age), caracterizada por una desigualdad rampante.

Este retroceso en la distribución del patrimonio social que, en menor o mayor escala fue superada por los países europeos y Estados Unidos, en las primeras tres décadas posteriores a la Segunda Guerra, en la actualidad, al calor de los variados e incontrolables nuevos medios de información, ha renacido extensamente, dentro de las juventudes estadounidenses, el afán de rediseñar el sistema político. Ante dichas realidades, el pensamiento socialista nacido en el siglo XIX, está siendo rescatado, redescubriendo la teoría económica elaborada por Karl Marx, readaptándola a las circunstancias y despojándola de los elementos ideológicos que, por la ocurrencia de hechos inesperados e impredecibles y por sentimientos triunfalistas derivados de estos, como resultó a consecuencia del desplome inusitado del Estado zarista, interpretado por las nuevas militancias como «la llegada del Proletariado al Poder», desfiguraron la dinámica de los aportes de Marx a la teoría económica.

El siglo XX también ha mostrado, a pesar del fallido experimento soviético, la eficiencia que pueden alcanzar los Estados, sus posibilidades de hacerse cargo de ciertas tareas productivas y el rol que pueden desempeñar en la administración macroeconómica.

La segunda tendencia en Estados Unidos de América, busca aislar al país, regresando a los postulados políticos propuestos por George Washington, concentrando la tarea del Ejecutivo solamente en el orden nacional y alejándose de los conflictos internacionales. A fines del siglo XVIII Europa vivía en zozobra y su estabilidad era cuestionada.

En aquellas circunstancias, Inglaterra era el único aliado realísticamente posible y para el insigne Primer Presidente de Estados Unidos, la política sabia era alejarse de los conflictos. Actualmente Europa tampoco muestra buenos resultados en su gestión económica y su Producto Interno Bruto ha retrocedido, sin embargo, la presente situación dista mucho de un parecido proporcionalmente semejante y no justifica renunciar a la Alianza con los países miembros de la Unión Europea.

El fenómeno Bernie Sanders no fue una casualidad, como tampoco lo ha sido el de Donald Trump. Ambas posiciones desafían las realidades políticas del país y sus relaciones internacionales.

Las corrientes socialistas, buscan superarlas, creando condiciones para hacer avanzar la sociedad a partir de las actuales realidades. Su estrategia inmediata es definir las trabas que detienen el avance hacia una etapa superior de convivencia y una mejor realización de las iniciativas personales. Alejarse, en lo internacional, de los conflictos, hacer pactos y reconocer universalmente las soberanías, sin desconocer, por supuesto, que más allá de ideologías o concepciones sociales, existen también intereses de dominación que deben ser internacionalmente discutidos, previstos y administrados.

La tendencia representada por Donald Trump, plantea superar la actual crisis, recreando nuevamente el capitalismo original del siglo XIX y principios del XX, aislándose en lo posible de los conflictos, renunciando a la creación de bloques de países y pactando con aquellos cuya trayectoria y capacidad nuclear los señala como potenciales agresores. Esta ortodoxia conservadora niega la crisis del Capitalismo Real, superado hoy por países como China y Vietnam, a cuyos procedimientos también parece dirigirse Corea del Norte bajo el auspicio chino.

La política actual de Washington busca alcanzar crecimiento, al margen de las injusticias que pueda ocasionar, de los abusos y las víctimas que deje a su paso, alejándose del compromiso adquirido con Europa, del cual Estados Unidos fue el único beneficiario a partir de las dos grandes conflagraciones del siglo XX. Políticas semejantes han mostrado ser una fallida práctica, que busca deshacer por la fuerza nuevas realidades surgidas del devenir informático y tecnológico. Desmontar de un plumazo, lo que el tiempo necesitó siglos o décadas en elaborar es una acción demencial.

No hay que ser un docto en materia política y social para saber que el sistema estadounidense está en crisis y que todo lo que estamos presenciando es una consecuencia de la inevitable evolución que trae consigo el progreso de la ciencia, la técnica y la retroalimentación de ambas, con los procesos organizativos de la producción. Para entenderlo sólo hay que observar el pensamiento de las decenas de nuevos políticos que despuntan como posibles ganadores, para las elecciones a medio término que se celebrarán el 6 de noviembre de este año en el país. Muchos de esos candidatos, no sólo emulan el pensamiento de Bernie Sanders, sino que algunos lo superan.

* Lorenzo Gonzalo , periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami .

Fuente: Martianos Hermes Cubainformación