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49º aniversario del asesinato del líder africano Patricio E.Lumumba

Un mes de enero lo mataron

Fuentes: Rebelión

Había nacido el más grande hijo de África, con tres heridas vino, la de la vida, la de la muerte y la del amor. De niño salía de la selva, descalzo y con taparrabos para ir a la escuela de los padres pasionistas, y el treinta de Julio de 1960 proclamó la independencia del Congo: […]

Había nacido el más grande hijo de África, con tres heridas vino, la de la vida, la de la muerte y la del amor. De niño salía de la selva, descalzo y con taparrabos para ir a la escuela de los padres pasionistas, y el treinta de Julio de 1960 proclamó la independencia del Congo:

…Nosotros que hemos conocido los sufrimientos atroces del que es despreciado por su raza, por su opinión, por su fe, exiliados en nuestra propia patria, con una suerte peor que la de la propia muerte…nosotros suprimiremos todas las discriminaciones para darle a cada hombre el lugar que en la justicia le espera, por su dignidad humana y por su trabajo en beneficio del Congo…

Y lo cuentan los viejos al calor del bracero, hasta la más remota aldea del África negra, del Kilimanjaro al Golfo de Guinea, de Suez a Buena Esperanza, de las selvas a los desiertos, como un pulso que golpea las tinieblas, llegó fertilizando aquella gigantesca ola de sueños y esperanzas. Había hecho erupción un volcán de dignidad, la reivindicación de la negritud, el negro transformaba la realidad colonial y con ello se transformaba asimismo.

África se ensanchaba, se estremecía el colonialismo, estaban amenazadas históricas fuentes de pillaje…como sacudido por un movimiento telúrico les temblaba el piso a los sátrapas colaboracionistas. Seis meses después cien cobardes lo asesinaron, la bayoneta que le atravesó el vientre la empuñaba el más miserable lacayo de la colonia, el ex cabo de la policía belga Mobuto, invasores yanquis y belgas se la habían puesto en las manos y la ONU, en una de sus mas infames paginas, patrocinó el magnicidio.

Un negro leal transmitió el adiós con el que Lumumba, desde el potro del tormento, frente a los vertiginosos ojos de la muerte, se despedía de su esposa Cristine:

No me llores, compañera, África escribirá un día su propia histórica de gloria y dignidad, al norte y al sur del Sahara (…) quiero que a mis hijos a quienes dejo para no verlos nunca más, se les diga que el Congo espera de ellos, como de todo congoles la sagrada tarea de reconstruir nuestra independencia y nuestra soberanía.

Y volvieron las tinieblas, y se ensangrentó el África del Río Zairo y de los Grandes Lagos y se enseñoreó sobre ella un colonialismo que se fue para quedarse.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.