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Carta de la campaña 350

Unámonos para librar al planeta del carbón

Fuentes: 350.org

Queridos amigos, Hay momentos en la historia de una nación, y de un planeta, en los que puede ser necesario que algunos incumplan la ley para presentar el testimonio de un mal, llamar la atención sobre él y luchar porque se corrija. Hoy es uno de esos días. Dentro de pocas horas, la primera de […]

Queridos amigos,

Hay momentos en la historia de una nación, y de un planeta, en los que puede ser necesario que algunos incumplan la ley para presentar el testimonio de un mal, llamar la atención sobre él y luchar porque se corrija.

Hoy es uno de esos días.

Dentro de pocas horas, la primera de las grandes protestas de la era Obama, y el acto de desobediencia civil más grande contra el calentamiento global en este país, tendrá lugar con el telón de fondo, no demasiado hermoso, de la central eléctrica de carbón Capitol Hill, en Washington DC.

Yo mismo, y gente de toda condición, correremos el riesgo de que nos arresten hoy y estoy pidiendo que estén con nosotros cuando las cosas sucedan.

Que permanezcan junto a los miles que se reunirán hoy en DC, mostrando al mundo que gentes de todas partes se unen para apoyar un futuro sin carbón: un futuro a salvo de los estragos del cambio climático.

Esta es la declaración que hay que firmar: http://www.350.org/Coal-Free/

Comparto la visión de un futuro libre de carbón y un clima seguro no solo en Washington DC, sino en todo el mundo. Me muestro solidario de la coalición de ciudadanos que trabajan para lograr un futuro de energías limpias en todo el planeta.

También tiene la opción de añadir sus declaraciones personales de solidaridad con los activistas que están en acción. Tratamos de conseguir el máximo apoyo posible en las próximas horas ¿Puede firmar ahora?

Con el Presidente Obama y un nuevo congreso estadounidense, hay más posibilidades que antes para una acción por el clima. Realmente se siente que Estados Unidos está cerca de dar un gran paso adelante: y esta protesta puede ayudar a crear el espacio político que requiere un paso así.

Estos son los antecedentes de la historia: Washington DC ha tenido su parte de grandes protestas a lo largo de los años. La mayoría de ellas centradas en la Casa Blanca, el National Mall o el Capitolio.

Pero el evento está a unas manzanas de la Casa Blanca, en la Capitol Power Plant: un símbolo sucio del negocio más sucio que hay en la Tierra, la combustión de carbón.

En esa central eléctrica, propiedad de nuestros senadores y representantes, se puede ver toda la inmundicia que se produce con el carbón. Hay partículas arrojadas al aire, desde donde llegan a los pulmones de los habitantes de Washington que disfrutan al respirar. Están los beneficios que entrega a la industria del carbón, literalmente deseosa de aplanar montañas en West Virginia y Kentucky para incrementar sus grandes márgenes. Pero sobre todo está el invisible dióxido de carbono lanzado cada día a la atmósfera, que seca nuestros bosques, funde nuestros glaciares y vuelve ácidos nuestros océanos.

La central eléctrica es solo un símbolo, por supuesto: una barra donde almorzar o una estación de autobús en la lucha por la justicia medioambiental. Nos sentaremos frente a sus puertas una sola tarde, pero el mensaje es mucho más grande: ha llegado el momento de empezar a calcular cuándo empezar a cerrar todas las centrales eléctricas de carbón del planeta. El éxito no se producirá enseguida, porque nos enfrentamos a una de las corporaciones más ricas del mundo, pero tenemos que empezar a dar la vuelta a esa cisterna algún día: y mañana es ese día.

Puede parece un momento raro para salir a la calle: al fin y al cabo, la nueva Administración ha hecho más en un mes para combatir el calentamiento global que todos los Presidentes anteriores en 20 años. Pero lo cierto es que es el momento perfecto. Por una parte, nuestros líderes pueden escucharnos realmente: en los años anticientíficos de la administración Bush, los activistas contra el cambio global concentraron sus esfuerzos en las administraciones estatales, sabiendo que el Gobierno Federal nunca cambiaría de opinión. Ahora, si demostramos que hay una presión real del público, podemos dar al Congreso demócrata y a la Casa Blanca cierto espacio para actuar.

Todavía es más importante el hecho de que el tiempo en el que es posible no actuar se está agotando. La ciencia del clima ve las cosas cada vez más oscuras en los últimos 18 meses, pues la rápida fundición del hielo del mar Ártico en veranos de 2007 mostró a los científicos que el cambio era más rápido de lo que ellos pensaban.

Ese mensaje fue subrayado recientemente en las reuniones de la American Association for the Advancement of Science celebradas en Washington, cuando el investigador de Stanford Christopher Field dijo: «Básicamente estamos viendo ahora un clima futuro que está más allá de todo lo que habíamos considerado seriamente en las simulaciones de modelos climáticos». Nuestro climatólogo más destacado, James Hansen, de la NASA, ha dado a ese futuro un número: cualquier nivel de dióxido de carbono en la atmósfera que supere las 350 partes por millón, ha demostrado su equipo, es «incompatible con el planeta en el que se desarrolló la civilización».

Puesto que ya hemos sobrepasado esa cifra -el nivel de dióxido de carbono está en 387 partes por millón- la lucha está en marcha. Ciertamente, según los cálculos de Hansen, será necesario que la combustión de carbón haya desaparecido del mundo en el año 2030, y en Occidente mucho antes de esa fecha, si queremos regresar alguna vez a la cifra de 350. No es casual que el científico de la NASA James Hansen anunciara que estaría dispuesto a ser arrestado. Lo mismo que Gus Speth, que dirigió el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, y el campesino y autor Wendell Berry, que ha contemplado la devastación de su Kentucky natal.

Y lo que puede ser todavía más alentador: se me unirán más de mil estudiantes universitarios que acaban de llegar de presionar en el Congreso a favor de una energía limpia. Acaban de terminar PowerShift ’09: una convergencia climática organizada por una coalición independiente que promete ser un catalizador histórico de este movimiento. Estas dos tácticas complementarias son un signo muy bueno: un movimiento saludable es como un ecosistema saludable, marcado por una diversidad espectacular. Hay muchas maneras de ser un activista climático: presionar, manifestarse, educar, etcétera, etcétera. Para mí, al menos hoy, ser un activista climático significa arriesgarme a ser detenido por desobediencia civil.

Librar el planeta del carbón, volver a conseguir la cifra de 350 ppm, será el principal reto político y económico en la vida de estos universitarios. Quienes tenemos más edad no viviremos lo suficiente para ver la victoria final, pero podemos ayudar a que comience haciendo presión, escribiendo mensajes de correo electrónico y sentándonos en la calle una tarde de marzo.

Únanse a mí,

Bill McKibben

P.S. Por favor, envíen este mensaje a todas partes. Si sus amigos y familiares comparten una visión de un futuro de energías limpias, libre del carbón y a salvo del cambio climático, y seguro que alguno de ello la compartirá, pídales que firmen nuestra declaración de solidaridad haciendo clic aquí: http://www.350.org/Coal-Free/


http://www.globalizate.org/touc080309.html