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Vota en defensa propia

Fuentes: Rebelión

Elegir el menor de los males es algo que, todos o casi todos, hacemos cotidianamente. Javier Sádaba, «Menosmalismo», https://www.rebelion.org/noticia.php?id=255239   El capitalismo ha fracasado como sistema social. Se sostiene en la apuesta de las grandes corporaciones por la financiarización, el subempleo, la precariedad, el desempleo, la pobreza de1.300 millones de personas -con apenas ingresos o […]

Elegir el menor de los males es algo que, todos o casi todos, hacemos cotidianamente.

Javier Sádaba, «Menosmalismo», https://www.rebelion.org/noticia.php?id=255239

 

El capitalismo ha fracasado como sistema social. Se sostiene en la apuesta de las grandes corporaciones por la financiarización, el subempleo, la precariedad, el desempleo, la pobreza de1.300 millones de personas -con apenas ingresos o carecen de acceso a agua potable, alimentos suficientes o electricidad-, el hambre real de 821 millones de la población mundial. La desigualdad más extrema propugnada con la propagación de las ideas neoliberales como base intelectual para la división de clases sociales con que defienden sus privilegios.

El capitalismo es el gran enemigo y peligro real para toda la Humanidad. La ceguera de sus dirigentes y sus más fieles siervos, y la alucinación doctrinaria que, a través de los grandes medios de comunicación, imponen con gran sufrimiento al resto de la sociedad, están llevando a la más que cercana extinción de la Humanidad en la Tierra. Un sistema irracional de guerras para continuar con la apropiación de recursos de los países siempre explotados a lo largo de los últimos siglos. El agotamiento de estos recursos propios y los despojados a terceros. Miles de muertos directos y cientos de miles indirectos a causa de tales guerras. La destrucción expeditiva e inexorable del medio ambiente mundial. Todo para proporcionar beneficios económicos inmensos para el 1% de la población mundial y los desperdicios de tal banquete para fidelizar los perros que defienden y hacen los trabajos sucios de ese 1%.

La apariencia de democracia que se defiende en los países occidentales [1] es un concepto que oculta el poder fáctico y exclusivo -de excluir- de las grandes fortunas, individuales y corporativas.

Frente a este estado mundial -tan abreviado aquí-, las respuestas que nos ofrecen los diversos grupos o movimientos socio-políticos van desde el acatamiento sin más de liberales, conservadores de toda laya -PP, C’s, democratacristianos, nacionalismos neofascistas como Vox, etc.-, la aceptación resignada de socialdemócratas -siempre favorables al capitalismo, que diferencian del neoliberalismo-, hasta las propuestas más voluntaristas -por sus estúpidas e infantiles divisiones grupales o tribales- de la multitud de diversos movimientos sociales que se esparcen por el mundo.

Parte esencial del mecanismo de control sobre la población -especialmente la mal llamada occidental [ver nota 1]- son los sistemas políticos presuntamente democráticos. Se manifiestan de manera más palpable cuando se llevan a cabo los plebiscitos para la elección de políticos presuntamente representantes de los diversos intereses de las poblaciones. Nunca tales elecciones fueron limpia y realmente democráticas. La representación parlamentaria se sustenta en la apariencia de que todos los ciudadanos son iguales, con las mismas oportunidades de elección y representatividad. En la mayoría de las situaciones cotidianas de cada ciudadano, la sutil pero profunda y permanente violencia económica, psicológica, cultural e, incluso si la consideran necesaria, represiva que ejerce la actual estructuración estatal, impone su parcialidad antidemocrática. La mayoría de los candidatos, sean conscientes o no, representan los intereses de grandes corporaciones: banca, multinacionales, grupos financieros internacionales que, en la mayoría de los casos, ni siquiera se compadecen con los intereses de la nación o región donde se efectúan las elecciones.

La actual democracia, su aplicación cotidiana en nuestros europeos países, no es más que el ejercicio enmascarado de poder totalitario de tales intereses financieros. La Comisión Europea, que gobierna de facto, ni siquiera es votada en unas elecciones democráticas. El Banco Central Europeo no está sujeto a control democrático alguno por parte del Parlamento Europeo. Ambos, Comisión y Banco, son quienes imponen leyes y normas sobre las distintas poblaciones de toda la UE. Sin que podamos actuar en contra. Sólo acatar.

En definitiva, en la práctica nos excluyen del sistema tras imponernos el disfraz de unas elecciones libres para un parlamento europeo y cientos de organismos más, nacionales, regionales, locales, que están para imponernos interpuestamente sus normas de manera más cercana.

Votar, No votar. Esa es la pregunta. Y, ¿la respuesta?

La verdadera revolución se hará el día que todos y cada uno seamos capaces de ver, comprender y no aceptar la injusticia como norma social. Para ello, una revolución al estilo clásico -la toma de La Bastilla, la toma del Palacio de Invierno- no han servido hasta ahora para lograr una verdadera e irreversible revolución mundial. La violencia siempre la gana quien tiene más medios para ejercerla. Contra la fuerza bruta no bastan ni la suprema bondad ni una mayor inteligencia. Sólo en las películas americanas -producto nada inocente del capitalismo.

Los anarquistas que conozco, con los que comparto muchas posturas morales y muchos propósitos futuribles, proponen no votar. Dicen votar con sus actuaciones y activismo cotidiano, con sus manifestaciones en la calle, sin depender de las urnas. Una papeleta en una urna no puede cambiar o suavizar el totalitarismo de esta democracia neoliberal. Votar es aceptar la sumisión al sistema. Por tanto, nos proponen la abstención activa.

Algunos no estamos de acuerdo y pensamos que lo mejor es la abstención activa. No ir a las urnas, pero trabajar día a día en la sociedad que es donde se gesta una política que merezca la pena.

Javier Sádaba, «Menosmalismo», https://www.rebelion.org/noticia.php?id=255239  

 

Pero, trabajar día a día en la sociedad gestando una política que acreciente la cohesión justa de la sociedad, ¿sirve para algo, aparte de sentirse «más puro», «inmaculado», convencer para agregar a nuestro grupo a algunos ciudadanos más?

Sirve para eso. Que no es poco. Así, cada día una «sociedad mejor», y no es ironía, irá ampliando su radio de acción. Nos esperan unos cuantos siglos de buena voluntad y activismo social. Si la vida humana perdura sobre la Tierra.

Me imagino a Amancio Ortega, a Florentino Pérez, Ana Patricia Botín, Goirigolzarri, Galán, Fainé -por no ir más lejos que estos lares-, temblando de miedo ante tales movilizaciones individuales o grupusculares. Unas cuantas cargas policiales contra manifestaciones, contra actuaciones sociales okupas, actividades culturales reivindicativas, contra la PAH. Como secuelas de las mismas unas cuantas condenas y unos cuantos muertos más por enfermedad de cárcel por sus motivos legales. Unos cuantos convenios laborales más destruidos. Menos prestaciones sociales frente a más represión social de todo tipo. La imposición del miedo cotidiano.

La larga marcha por la justicia social se irá alargando generación tras generación.

Votar en defensa propia

¿Qué se consigue si no se vota? Nada. Tal vez salvar el ego personal sentirse más «inmaculado», más incorruptible que los que votan.

 

Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse

Gabriel Celaya, «La poesía es un arma cargada de futuro»

¿Se consigue algo votando? Si se vota a alguno de los partidos que defienden el actual sistema económico, se consigue que todo siga igual o peor.

Mira a tu alrededor. Seguro que alguno de los partidos que se presentan defiende alguno de tus intereses. Quizás defiendes, y él también, cosas elementales, simples, aparentemente pequeñas o insignificantes. Que todo el mundo tenga becas comedor si las necesita, que no haya listas de espera, que todo el mundo tenga acceso al agua, a una vivienda digna, a una renta social garantizada, la educación gratuita. O, más simples aún: que te arreglen las aceras de tu calle, las farolas, el asfalto. Si lo encuentras, vótale. Ponte a su lado. Mira. Tu vecino, el de la puerta de al lado, o el de portal de abajo, también quiere lo mismo que tú. Si tú y él no lo defendéis juntos, nadie lo hará.

Si te quedas en casa es una abstención. ¿Es activa? ¿Perjudica en algo al sistema? ¿Te favorece en algo? ¿Mejora las aceras de tu calle el que tú no te intereses por quien puede dar la orden ejecutiva para su arreglo?

Tienes cuatro años por delante. Busca tus aliados. No te importe si es un comunista irredento, un meapilas cotidiano, un anarquista irreductible, un sociata o un okupa, si es negro o azul, LGTBI o hetero. Entre todos podréis concertar un mínimo programa de intereses comunes que mejoren vuestro barrio, vuestro pueblo, vuestra ciudad, vuestra comunidad. Formar agrupaciones de votantes que elaboren programas mínimos de intereses comunes, para vuestro barrio, pueblo, ciudad, comunidad. Contra quienes votan y se organizan para mantener las cosas como están. 

Juntos, promover o, al menos, apoyar la solidaridad más inmediata con el parado, el diferente, con el otro. Con tus vecinos más cercanos ir juntando las manos para formar el puño que golpee el muro del capitalismo. Ir golpeando, aunque sea con pequeños pellizcos, el sistema. Golpe a golpe, con muchos golpes al unísono de muchas manos unidas, podremos ir agrietando el capitalismo hasta derribarlo.

Hoy por hoy, esta semana, Votar sí es activismo. ¿No encuentras ningún partido que defienda tus intereses? Vota al que tú crees más j*** al capital. Vota en defensa propia.

Notas:

[1] La utilización de la/s expresión/es civilización o/y países occidentales encierra un componente de supremacismo o, incluso, racismo WASP por parte de los principales países europeos, preferentemente anglosajones y nórdicos, en los que se pueden incluir, asimismo, los WASP estadounidenses. WASP: White, Anglo-Saxon and Protestant. Acrónimo en inglés de «blanco, anglosajón y protestante»

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.