Recomiendo:
0

Zinbawe ahora es un problema

Fuentes: Rebelión

Como ha ocurrido con la mayoría de los países que obtuvieron su independencia en el siglo pasado, Zimbawe ha tenido el honor de recibir a los enviados del Imperio: al principio saludan al nuevo gobierno como libertador y democrático para, en breve espacio de tiempo, sugerirle cómo deben actuar tanto en lo económico como en […]

Como ha ocurrido con la mayoría de los países que obtuvieron su independencia en el siglo pasado, Zimbawe ha tenido el honor de recibir a los enviados del Imperio: al principio saludan al nuevo gobierno como libertador y democrático para, en breve espacio de tiempo, sugerirle cómo deben actuar tanto en lo económico como en lo social y político para poder disfrutar del sello democrático (otorgado por organismos tan fiables como la ONU, el FMI, el Banco mundial o la llamada «Comunidad Internacional»). Resulta curioso leer las críticas publicadas al gobierno de este país (personalizado en su presidente) en una carta enviada al periódico Público el día 31/03/2008: habla, en primer lugar, del sistema colonial y racista en el que una minoría blanca tenía la absoluta propiedad de las tierras como de un conjunto de «propiedades rentables», supongo que lo mismo podía decirse de las plantaciones de algodón del EEUU sureño anterior a la emancipación, a este argumento cabe objetar también la aparente incongruencia cuando se comenta que la expropiación de las tierras de los blancos «depauperó aún más la economía», lo que no cuadra mucho con esa citada rentabilidad, que hubiera provocado una economía más saludable, a no ser que esa riqueza estuviera concentrada en los pocos blancos dueños de la tierra y no revirtiera en un bienestar para el total de la población; por otra parte, entiendo que no se cuestiona en ningún momento la moralidad o justicia (no legalidad, ese suele ser el argumento preferido de los dictadores, que hacen las leyes a su gusto) del reparto de la propiedad de las tierras, sí al acaparamiento en unas pocas manos se le puede llamar reparto.

A continuación hace hincapié en la descarada corrupción y falta de transparencia en las últimas elecciones, a pesar de lo cual «parecen haber dado la victoria a la oposición», creo que en este caso se demuestra la inmensa torpeza de Mugabe, que amaña unas elecciones para perderlas, lo cual sería bastante sorprendente; de todos modos, según la perspectiva occidental, el gobierno actual lo tiene crudo: si publica unos resultados en los que haya ganado, será acusado de corrupción y pasará a ser candidato a una próxima «intervención democrática» desde el exterior, en otro caso, será que ha perdido las elecciones, con lo que tampoco podrá quedarse con el poder. En cuanto a las dudas sobre sí aceptará o no ceder el poder, puede preguntar a los actuales gobiernos de EEUU o México la mejor forma de hacerlo, tras recuentos cuando menos sospechosos.

No se plantea aquí ni la posible corrupción, ni el probable autoritarismo del gobierno (lo de régimen suele ser también un término empleado como excusa para invadir otros países), se trata, más bien, de aclarar los verdaderos motivos por los que se pone a Mugabe en el disparadero: su política nacionalista, equivocada o no, impide o dificulta el acceso de las multinacionales a sus recursos naturales, principalmente cromo, níquel, litio y oro. Esa razón se acerca más a la verdad, pues es la que permite catalogar al gobierno de Zimbawe con el criterio occidental, es decir, si se trata de un gobierno manejable o no; no creo que a ningún país imperial le moleste (antes bien, suele propiciar ese tipo de regímenes) el hecho de que exista una dictadura más o menos encubierta en un determinado país, tan sólo se preocupan de que los que ocupan el poder sean favorables a sus intereses.