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¿Es Trump un fascista?

Fuentes: Rebelión

Traducido del neerlandés por el autor

Trump invade Venezuela, bombardea Irán y quiere anexionarse Groenlandia. Envía militares a la calle y manda a migrantes a un campo de concentración en El Salvador. Admira a dictadores y se pasa por el forro las reglas democráticas. ¿No es ya hora de llamarlo por su nombre: un fascista?

Evidentemente, las palabras “fascista” o “fascismo” no se deben usar a la ligera. Para ver si el término es adecuado en el caso de Trump, repasamos nueve rasgos del fascismo histórico de Hitler y Mussolini y analizamos si existen paralelos con la política actual de Trump y dónde se encuentran.i Así, el lector podrá emitir por sí mismo un juicio fundamentado.

1. Guerra e imperialismo

Mussolini calificaba el pacifismo de débil y la guerra de noble y valiente. La expansión imperialista debía restaurar el pasado “romano”. Además, el Lebensraum (espacio vital) era el núcleo de la ideología nacionalsocialista de Hitler: debían conquistarse territorios extranjeros para poder sostenerse económicamente y crecer como gran potencia. Ambos convirtieron a sus Estados en potencias expansivas agresivas y máquinas de guerra, con las consecuencias ya conocidas.

Algo parecido vemos hoy en Estados Unidos. En el escenario mundial, esta gran potencia está perdiendo su posición dominante, sobre todo frente a China, de la cual actualmente es demasiado dependiente en términos económicos. Trump quiere revertirlo y restaurar la supremacía.

Para poder prepararse mejor para una futura guerra con China es esencial el control sobre el hemisferio occidental y China debe ser expulsada de esa región. Por eso su Lebensraum se orienta hacia Venezuela, Groenlandia, el Canal de Panamá e incluso Canadá.

Trump pidió a principios de enero aumentar el presupuesto de defensa el próximo año en nada menos que un 50%. También quiere utilizar sus medios militares solo para su propio interés, es decir, para hacer a Estados Unidos más fuerte. Esa es la razón por la que ha empujado a los aliados de la OTAN hacia el 5% de su PIB, y ellos lo han seguido servilmente. Esa es también la razón por la que quiere poner fin a la guerra en Ucrania lo antes posible.

Su nuevo gabinete está lleno de figuras belicistas. En su primer mandato, Trump ya retiró a Estados Unidos de tratados de control de armas, como el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio. También, muy probablemente, no renovará el tratado New START, que limita los misiles de largo alcance y expira en 2026. Al comienzo de su nuevo mandato lanzó una nueva «Guerra de las Galaxias«, lo que equivale a una ampliación a gran escala de las capacidades nucleares por un valor de más de un billón de dólares .

2. Darwinismo social

El fascismo italiano abrazó la idea de que la violencia hace avanzar a los más fuertes, tanto a individuos como a naciones. Fue una vulgarización de Nietzsche: existirían “líderes naturales” que serían los más aptos para gobernar.

Hitler trabajaba con ideas similares: la lucha entre razas sería natural y necesaria, y en ella las razas “fuertes” debían dominar o exterminar a las “débiles”. Alemania, como país fuerte, tendría derecho a la expansión y al Lebensraum a costa de pueblos “inferiores” en Europa del Este.

Trump insiste en que el mundo es una competencia durísima, tanto en los negocios como en la política. Elogia a líderes que irradian poder y dominación, como Putin o Kim Jong-un. A los jefes de gobierno que no bailan a su son los amenaza y, si hace falta, los secuestra, como hizo con el presidente Maduro.

Su ethos gira en torno a ganar y dominar. En su visión del mundo no hay espacio para la empatía ni para el derecho internacional; solo para el triunfo del más fuerte.

3. Militarismo

Otra característica del fascismo es el militarismo. Dos años antes de que Mussolini tomara el poder sus Camisas Negras contaban con 200.000 miembros. En la toma del poder de Hitler en 1933 este pudo contar con 400.000 Camisas Pardas.

En Estados Unidos los grupos paramilitares cuentan actualmente con unos 50.000 miembros: sobre todo supremacistas blancos, extremistas de derecha y neofascistas. Algunos poseen armas pesadas. Usan con frecuencia la violencia contra manifestantes, lo que recuerda a las bandas de matones de los años treinta.

Trump ya ha movilizado tropas federales en al menos cinco ciudades y planea ampliar esto aún más. Su lenguaje brutal y provocador estimula un culto a la violencia. En 2016 dijo: “Podría estar en medio de la Quinta Avenida y dispararle a alguien, y no perdería votantes”.

4. Ultranacionalismo y supremacía blanca

Los nazis elevaron al ser humano “ario” a la cúspide de la civilización y calificaron a grupos como los judíos, los romaníes, los pueblos eslavos y las personas de ascendencia africana como inferiores o incluso no humanos. Esa jerarquía racial desembocó en la persecución y el asesinato masivo durante el Holocausto. Mussolini, bajo la influencia de la Alemania nazi, adoptó ideas supremacistas blancas.

La deshumanización de los inmigrantes de color también aparece regularmente en los discursos de Trump. Presenta a los musulmanes y a los migrantes latinoamericanos como una amenaza, abraza estereotipos antinegros y sugiere que las mujeres de color que lo critican no son verdaderas estadounidenses. También quiere excluir a personas de determinados países con mayoría musulmana.

Así, aviva la represión violenta de las minorías. Además, cortejó repetidamente a supremacistas blancos y otros neofascistas como los Proud Boys.

Trump anunció la mayor deportación masiva de personas sin papeles en la historia de Estados Unidos y ya está trabajando en ello. Contra los migrantes se organizan auténticas cacerías y redadas por parte del ICE (la policía de inmigración y fronteras). En estas acciones no se rehuye la violencia brutal. Las imágenes del asesinato de una mujer por uno de esos “equipos de detención” se hicieron virales el 8 de enero.

Trump cerró un acuerdo con el presidente autocrático de El Salvador, Nayib Bukele. Mediante este, los migrantes detenidos en Estados Unidos son deportados a la gran prisión CECOT en El Salvador, conocida por sus condiciones extremas e inhumanas. También planea construir enormes campos de detención en la frontera sur y terminar el muro con México.

Prisión CECOT en El Salvador. Photo: DHSgov, Flickr.

5. Culto a la personalidad e histeria de masas

Bajo Hitler y Mussolini, el culto a la personalidad y la histeria de masas fueron cruciales para afianzar el poder y movilizar a la población. Hitler fue presentado, mediante el «principio del líder» (Führerprinzip), como un guía infalible y centro de la nación; Mussolini cultivó una imagen de fuerza y vitalidad masculina. Con concentraciones masivas y el espectáculo del “liderazgo fuerte”, reforzaron sus dictaduras.

Trump se presenta como el “salvador” de Estados Unidos, alguien que protege al país contra políticos “radicales de izquierda”, “globalistas” e influencias extranjeras. Se llama a sí mismo el “elegido”.

Exige lealtad incondicional, y la obtiene. Casi dos tercios de sus seguidores lo apoyan fanáticamente. Tres cuartas partes de su base aceptaron que las elecciones de 2020 fueron robadas. Sus mítines giran en torno a su persona y enfatizan el vínculo con sus seguidores. Las gorras MAGA, las banderas y la mercadotecnia refuerzan esa devoción personal.

6. Noticias falsas y teorías de la conspiración

Los fascistas comprendieron como nadie que la repetición de una gran mentira conduce finalmente a su aceptación. La propaganda y el antiintelectualismo fueron los fundamentos de los regímenes nazi y fascista. Controlaban el suministro de información para sofocar cualquier forma de crítica.

Desde que Trump asumió la presidencia en 2016, se habla de la era de la posverdad. En su primer mandato difundió diariamente un promedio de más de siete mentiras o afirmaciones engañosas.

También juega con teorías de la conspiración como QAnon, que acusa a las élites de formar una red mundial de pedofilia. Una gran parte de su base electoral lo cree, y Trump llamó a los seguidores de QAnon “personas que aman a nuestro país”.

Para difundir sus mentiras Trump cuenta, entre otras herramientas, con la red social X de Elon Musk. Trump tiene allí 109 millones de seguidores, mientras que en su propia plataforma, Truth Social, cuenta con 11 millones. Además, puede apoyarse en Fox News, uno de los canales de televisión más influyentes y vistos en Estados Unidos.

7. Desactivar a los adversarios y a la oposición

Hitler y Mussolini hicieron prácticamente imposible la oposición. Hitler utilizó a las SA y más tarde a las SS para intimidar, maltratar o asesinar a oponentes. Las bandas de choque de Mussolini atacaron a socialistas y comunistas, asaltaron reuniones sindicales, destruyeron redacciones y cometieron atentados. Las estructuras democráticas fueron desmanteladas mediante leyes y decretos. La prensa fue controlada y la crítica prohibida.

Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump y su equipo intentan dirigir el Estado y el debate público de manera más estricta. Ha abierto procesos judiciales contra opositores conocidos, entre ellos un fiscal general y un exdirector del FBI. Al mismo tiempo, presiona a la prensa con agresivas demandas por difamación y reclamaciones de daños y perjuicios altísimas.

Para gobernar sin obstáculos, depuró la cúpula del gobierno. Todos los funcionarios son examinados por su lealtad y, bajo la dirección de Musk, decenas de milies de empleados públicos han sido despedidos. También hubo purgas en el Pentágono y en los servicios de inteligencia.

Las universidades se ven limitadas mediante la congelación o el recorte de fondos federales y de las condiciones de subsidio. A largo plazo, Trump afianza su rumbo mediante el nombramiento acelerado de jueces federales ideológicamente afines con mandato vitalicio.

8. Anticomunismo

Hitler y Mussolini eran abiertamente anticomunistas; ese era el núcleo de su ideología y estrategia. Bajo Hitler, los comunistas fueron enviados tempranamente a campos de concentración, y las Camisas Negras de Mussolini atacaban regularmente a organizaciones comunistas y socialistas.

La agresión exterior de Hitler se dirigía sobre todo contra la Unión Soviética. La Operación Barbarroja fue vista como una cruzada contra el bolchevismo que causó una cantidad enorme de víctimas: 27 millones de ciudadanos soviéticos, y entre 3 y 4 millones de soldados alemanes.

Trump arremete regularmente contra “el comunismo” y utiliza la palabra para estigmatizar a sus adversarios políticos. Según él, la lucha contra la “tiranía en el extranjero” es inútil mientras los marxistas en el propio país no hayan sido derrotados.

Apunta sobre todo a Venezuela, Cuba y China. En su anterior mandato estos países ya fueron tratados con dureza, y desde el secuestro de Maduro la presión ha subido de nivel. Además de estos tres países, ahora también se señala a Colombia y México, dos naciones con presidentes de izquierda.

9. Apoyo del gran capital

El Führer e Il Duce recibieron un apoyo considerable del mundo empresarial, lo que ayudó a su ascenso y a la consolidación de sus regímenes. Tras el fallido golpe de Estado de 1923 el partido de Hitler tenía poco respaldo, pero con el tiempo recibió un sólido apoyo financiero de la élite económica, lo que le permitió construir su aparato de partido.

Esa élite buscaba una alternativa al socialismo y al comunismo, que amenazaban sus intereses. Figuras destacadas del mundo empresarial también brindaron consejo y asistencia a Hitler para orientar su partido “en la dirección correcta” y “hacerlo apto para asumir la responsabilidad de gobierno”. Una historia similar ocurrió en Italia bajo Mussolini.

En la investidura del segundo mandato de Trump, las tres personas más ricas del planeta – Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg – estuvieron presentes de forma prominente. Recibe apoyo, entre otros, de Stephen Schwarzman, el CEO de la mayor empresa de inversión del mundo, y de John Paulson, un conocido gestor de fondos de cobertura.

¿Fascista?

Ahora le corresponde al lector juzgar si, y en qué medida, Trump puede ser considerado un fascista.

Tenga en cuenta dos cosas. En Alemania e Italia, el fascismo fue la fase final de un largo proceso de creciente «fascistización», o un “fascismo sigiloso”. Lo que hoy no es, mañana puede serlo. Además, dadas las funestas consecuencias del pasado, las convicciones fascistas a menudo se ocultan o se camuflan.

Aun así, hay ejemplos de personas destacadas que lo nombran explícitamente. Mark Milley, el general de más alto rango bajo Trump, llamó a su expresidente “un fascista hasta la médula” y una amenaza “peligrosa”.

Se le llame como se le llame, el ascenso de Trump muestra que una figura carismática, astuta y de extrema derecha puede hacerse con el poder en la última superpotencia que queda. Ha logrado consolidar a sus seguidores y puede emplear enormes competencias federales con fines maliciosos.

Hay otro doloroso paralelismo histórico. Hitler pudo iniciar su campaña de conquista en Europa porque los aliados, al principio, lo dejaron actuar. Hoy vemos en Europa una actitud pasiva y expectante similar. Al parecer, no han aprendido mucho de la historia.

Esta es una versión profundamente reelaborada de un artículo anterior, cuando Trump aún no había comenzado su segundo mandato. Los hechos del último año confirman lamentablemente lo que entonces se podía temer.

Texto orignal: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/01/08/is-trump-een-fascist

Nota:

i Basado en Dimaggio A., Rising Fascism in America. It Can Happen Here, New York 2022, p. 13-19.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.