Nuevo libro de Claudio Katz, Editorial: Batalla de Ideas, 2026.
Esta publicación llega en un momento adecuado, por el tiempo transcurrido y la necesidad de invitar a interesados en comprender el mundo actual, ya que desmitifica una gran cantidad de presupuestos. Además de debatir posicionamientos con autores como Gilbert Achcar.
Este libro surge en un escenario de aumento de la confrontación geopolítica global: desde la incursión en Venezuela, el bloqueo a Cuba o la presión sobre Irán por parte de Estados Unidos. Por eso no es casual el andamiaje del sostén imperial occidental sobre el genocidio en curso en Palestina, uno de los mayores ejes de tensión frente a Irán, en relación con lo sucedido en esa región, pero también con Ucrania-Rusia-Europa y China-Taiwán.
Este es una gran obra que se inscribe en la lógica y la metodología de las últimas investigaciones de Claudio Katz. Establece una continuidad de sus recientes libros La crisis del sistema imperial (Jacobin, 2023) y con ciertas conexiones con su otro libro reciente América Latina en la encrucijada global (Batalla de Ideas, 2024). Rastrea de forma precisa todas las comparaciones posibles tanto históricas como contemporáneas del tema. Es decir que busca alcanzar el cuadro completo o la big picture del asunto sobre el que está indagando.
El libro parte de un título elocuente donde esgrime su tesis central: en los últimos dos años, pero extensible a la última centuria, los palestinos protagonizan una epopeya. El texto gira en torno a la temática palestina y su colonizador israelí. Utiliza varios niveles de análisis desde el mundial, al regional, incluso comparando entre regiones como América Latina y Medio Oriente, para llegar al local. El libro se organiza en once capítulos y un apéndice, y cuenta con una introducción del político chileno de origen palestino Daniel Jadue.
El capítulo 1, “Un genocidio sin precedentes” demuestra con evidencias porque se trata de un asesinato en masa planificado, y no de una mera reacción a un episodio puntual. Las décadas de opresión colonial contra los palestinos se ven superadas en todos los aspectos. Eso lo pondera a través de los números que la llevan a una de las peores matanzas del siglo XXI. Realiza comparaciones históricas y corrobora así el intento de una limpieza étnica y la demolición de la infraestructura, pero también de la vida cotidiana gazatí. Concluye que el trasfondo del conflicto es la naturaleza del sionismo.
En el capítulo 2, “El colonialismo de colonos”, allí propone la existencia de cierta continuidad con las conquistas coloniales de los últimos cinco siglos. Pero que en este caso busca la exterminación de la población nativa, Israel emula así a Estados Unidos, Canadá y Australia. Entre las diferencias nota como se instaura un fortificado islote para la balcanización e intimidación de los árabes de la región. El cambio en los aliados internacionales terminó por moldear el proyecto sionista como un colonialismo de colonos al servicio del imperialismo estadounidense. El desmantelamiento de la estructura colonial y la descolonización serían la esperanza de algún futuro para Palestina.
A través del capítulo 3, “El declive del sionismo” plantea la hipótesis de que existe una situación tripartita: una falta de cohesión interna, una crisis externa y un declive asociado a su rol junto al imperialismo estadounidense. La crisis entre el sionismo liberal y derechista podría corroer el formato actual del Estado. En el plano internacional también se observa una situación de profundización de las críticas, por su política agresiva en la región, y por su práctica genocida fuera de época. La división social, así como el verticalismo de la participación del ejército se aúna con la división en la elite. El desprestigio internacional involucra las acusaciones de apartheid. Algo que enfrenta la defensa del rol israelí en el sistema imperial estadounidense para el manejo del petróleo de Medio Oriente y la disputa geopolítica con China y Rusia.
En el siguiente y cuarto capítulo aborda “El coimperialismo israelí”. Aquí coteja tres conceptos subyacentes como imperialismo, colonialismo y capitalismo. Explica cómo surgió y se desenvuelve el accionar israelí como apéndice estratégico de su líder estadounidense. De esa forma se posiciona frente a los que plantean que el dominado es Estados Unidos. Primero para apuntalar la guerra fría contra la Unión Soviética. Un padrinazgo estadounidense que convive con el acercamiento a Arabia Saudita por el petróleo. Las múltiples afinidades de Estados Unidos con Israel, sumadas al lobby israelí en el país norteamericano. Katz afirma: “Washington maneja todas sus acciones en la región para apuntalar las conveniencias económicas de sus empresas, asegurar la primacía geopolítica de sus proyectos y garantizar el predominio de su aparato militar.” Concluye que en Gaza se dirimen asuntos regionales y que tienen un alcance mundial, y es la continuación de décadas de ofensiva imperial sobre el Gran Medio Oriente.
El capítulo 5 “Guerras en todos los frentes” explica el rol de Israel en la reestructuración de fronteras de esta etapa que tiene reminiscencias, con la remodelación del Imperio Otomano hecha por franceses y británicos en el inicio del siglo XX. El creciente protagonismo israelí está ligado al control del petróleo, la ubicación estratégica en rutas comerciales y la cercanía a China y Rusia. Además, evalúa las similitudes del rol que tiene de Europa contra Rusia y de Israel contra el mundo árabe, con la intención de permitir a Estados Unidos actuar frente a China. Aquí existe un complemento con lo que Katz ya había trabajado en su libro La crisis del sistema imperial. Explica la convergencia de los conflictos y diagrama el mapa de entrelazamientos geopolíticos para acercarse a una comprensión más general. Es decir que, Estados Unidos promueve la militarización en esos dos escenarios, Europa del este y el Medio Oriente, para compensar su declive económico estructural. Por estas cuestiones, considera la causa palestina y la heroica resistencia de su pueblo es el trasfondo central de todas las convulsiones en Medio Oriente.
En el capítulo 6 “Resistencia heroica”, postula como los palestinos mantuvieron la atención mundial y porque a su voluntad de lucha la considera como uno de los procesos impactantes de la era contemporánea. Para eso historiza el movimiento nacional palestino, desde el momento en que surgieron las nacionalidades contemporáneas en esta región, y aclara que no fue una reacción al establecimiento de Israel. Palestina se erige como un movimiento anticolonial de los más activos en el último siglo. La rebelión palestina de 1936-39 fue sofocada por los británicos y ese debilitamiento permitió la posterior nakba de 1948. Ese trauma palestino debido a la colonización sionista y a la dispersión de población golpeó a toda la región porque involucró a los países vecinos. Lo destacable en esta sección es porqué Katz lo postula como un eje de las disputas regionales. Los palestinos en el exilio interactuaron, e incluso en ocasiones colisionaron, con los países desde dónde buscaron resistir a la ocupación, como Egipto, Siria, Líbano, Jordania o Irak. En el final del capítulo critica la rendición de Oslo y la transformación de la OLP en la Autoridad Nacional Palestina.
El capítulo 7 “Apoyos y traiciones en el mundo árabe” aborda uno de los dilemas cruciales para entender la situación de la causa palestina, con foco en cuatro escenarios: Yemen, Siria, Líbano e Irán. En esta sección explica el accionar de diferentes actores y Estados como Turquía, Arabia Saudita, Qatar, Israel, Estados Unidos y Rusia, lo que demuestra una gran cantidad de variables que rodean la cuestión palestina. Considera aquí actores como los que se contraponen a Israel: Ansarallá (o hutíes) en Yemen, Hezbollá en Líbano o el mismo Irán. Mientras que Arabia Saudita y las monarquías del Golfo, además de Egipto o Marruecos, priorizan los acuerdos diplomáticos o comerciales con Israel y por ende con Estados Unidos. La balcanización y el “divide y reinarás” para la región son dos aspectos claves. Asimismo, los regímenes políticos árabes contradicen en su accionar la solidaridad de sus poblaciones con la causa palestina, que impacta en su propio detrimento.
En el capítulo 8 “Errores del neutralismo” vuelve a ampliar la mirada al ámbito mundial y los posicionamientos ante estas confrontaciones. Ahí establece diferencias con otros pensadores como Achcar para esclarecer su posición sobre la existencia de un enemigo principal, Estados Unidos, el líder de un eje de carácter regresivo. Al establecer más semejanzas con una lectura del escenario actual y la Segunda Guerra Mundial, eso le permite destacar una diferenciación entre los campos en disputa. Antes estaban los aliados frente al eje, y ahora China, Rusia y el BRICS frente al imperialismo estadounidense, la OTAN y sus socios. La diferencia más marcada de Katz con autores más neutralistas como Achcar es que propone posicionarse frente al enemigo principal, para reabrir los senderos de lucha contra el capitalismo. El neutralismo pierde de vista las catastróficas consecuencias de la destrucción imperial para Siria, Libia o Afganistán. Diferencia las posturas religiosas de la actuación política y la práctica frente al acoso estadounidense. Por eso Katz considera central que existe un campo agresor (Estados Unidos e Israel) y otro agredido (Palestina, Irán), cuya resistencia focaliza una mirada socialista y antiimperialista. Lo que no implica justificar autoritarismo.
En el capítulo 9 “Parámetros antiimperialistas y no religiosos” se aborda “la epopeya palestina” el gran hito anticolonial que da título al libro y explica, en parte la necesidad de su escritura. Para diferenciar los posicionamientos frente al 7 de octubre es importante aclarar las condiciones del contexto en que ocurrió, en el cual, desde una prisión a cielo abierto pudieron incursionar en bases militares. Y cómo sucedió desde el siglo XX, diferentes movimientos usaron ese tipo de acciones para combatir y resistir frente a sus opresores coloniales. La compara con la ofensiva del Tet, el levantamiento de Varsovia o la Batalla de Stalingrado. Para Katz es necesario evitar la teoría de los dos demonios y no equiparar a quienes resisten de quienes son asediados hace décadas. “Terrorismo” es y ha sido un término utilizado para acusar a movimientos anticoloniales. Por eso el libro entra de manera acertada en esa discusión y explica porqué la batalla por una causa nacional subordina a las consideraciones religiosas.
En última sección, el capítulo 10 “Paralelos con América Latina” establece conexiones con su libro América Latina en la encrucijada global (Batalla de Ideas, 2024). Explica la relevancia de Medio Oriente y América Latina para mantener la hegemonía estadounidense frente a su declive económico. Ambas son regiones prioritarias para la intervención militar, la renovación de la Doctrina Monroe (al que suma a Israel) y de la estrategia belicista. Ese imperialismo del caos balcaniza las regiones y desintegra los países, aunque América Latina difiere de su contraparte. También existe consonancia con las dictaduras y las ultraderechas, así como con las clases dominantes respecto de acatar las políticas trumpistas. Venezuela es el caso que más se asemeja a la región de Medio Oriente (o sea el centro de Afroeurasia), con acusaciones mediáticas y el intento de controlar el petróleo (y la desdolarización) interviniendo en la política de ese país. Para eso incurre en la guerra híbrida para complementar los golpes militares y las invasiones directas. Mientras tanto, los gobiernos progresistas responden, pero de manera tenue en ambos casos.
El capítulo 11 “La manipulación de Argentina” postula al gobierno de Milei como la subordinación al sionismo más evidente de la región. Esa sumisión se refiere a la política exterior, el entrelazamiento entre los aparatos de seguridad y la influencia política a través de millonarios que impulsaron al gobierno argentino, o la AMIA y la DAIA. A esa posición esperable se sumó el peronismo no menemista. Bajo la administración de Alberto Fernández se establecieron acuerdos con la empresa israelí de agua Mekorot y varios tipos de acercamientos gubernamentales. Además, las principales figuras políticas no se posicionaron o lo hicieron de forma poco nítida. Eso favorece una teoría semejante a la de los dos demonios poniendo en pie de igualdad la responsabilidad israelí con la palestina, cuestión a la que Katz se opone. Entonces, declara la importancia de ese posicionamiento frente al sionismo por su relación con el imperialismo y la soberanía.
El apéndice “Mentiras que obstruyen la realidad” retoma algunas cuestiones donde proclama aclarar los atentados a la AMIA y la embajada de Israel. Dado que esas confusiones han servido para justificaciones del accionar israelí en desmedro del acusado Irán (sin pruebas fehacientes), al que en años recientes se añadió a Hezbollá. El autor indaga sobre todo el entramado de encubrimientos, falsas acusaciones, así como maneja todas las hipótesis externas posibles. También esclarece las interrelaciones con el ejército y la política argentina de las últimas décadas, de acuerdo a los cambios geopolíticos.
En el libro se destaca una capacidad analítica para alcanzar una visión panorámica de las coyunturas contemporáneas, a la vez que evidencia una profundidad histórica y geográfica. A lo largo de la obra, las comparaciones históricas son uno de los elementos más útiles en la manera en que están empleados. Establece la similitud entre bloques en contienda entre el escenario actual y el de la Segunda Guerra Mundial, pero manteniendo cautela sobre las posibilidades. Como es habitual en sus libros e investigaciones, Katz busca desarmar el entramado de mitos que buscan establecerse sobre estos temas desde los medios hegemónicos.
El genocidio iniciado en octubre de 2023, así como el asunto anticolonial y antiimperial, junto a las resistencias que eso conlleva resultan cuestiones centrales para este texto. Katz propone una mirada crítica superadora de, por un lado, una visión solo desde arriba de equilibrios o disputas entre potencias, y por otro, el rol activo de los movimientos y las rebeliones sociales. Afirma que Palestina es la principal causa anticolonial del mundo y contagió la solidaridad en extensos estratos globales.
Comprueba que Palestina es uno de los epicentros del sistema imperial por el lugar donde se encuentra, pero también por su carga simbólica y de representatividad. Corrobora el hostigamiento recibido por algunos países y movimientos y cómo eso se conecta con las luchas de diferentes latitudes. Por eso propone una posición clara frente a semejantes niveles de opresión.
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