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Y la juventud sigue luchando

El levantamiento de Soweto 50 años después

Fuentes: Naiz [Foto: Soweto en la actualidad]

Ronnie Kasrils, veterano de la lucha contra el apartheid y exministro del Gobierno sudafricano, estaba en el exilio cuando la Policía disparó contra estudiantes de Soweto hace 50 años. En este artículo recuerda cómo aquella matanza detonó una rebelión contra el régimen.

Yo estaba en el exilio hace cincuenta años, con el CNA (Congreso Nacional Africano) y el SACP (Partido Comunista Sudafricano), conmocionado por el derramamiento de sangre y cautivado por el heroísmo. La Policía había disparado contra una marcha de protesta, ruidosa pero pacífica, de estudiantes de secundaria en Soweto, lo que provocó muchos muertos.

La rebelión se extendió como un reguero de pólvora e involucró a estudiantes y más tarde a trabajadores, a jóvenes negros y mestizos, en todo el país. Los informes de patología del Estado muestran que en los dos meses siguientes a la matanza el 50% de los asesinados tenía más de 20 años y el 20% más de 30. Hacia finales de año, más de 1.000 personas habían muerto.  

Algunos han cuestionado el papel del CNA. La respuesta corta es que la estrategia del movimiento bajo el liderazgo de Oliver Tambo en el exilio se revitalizó. Se reclutó a miles de personas, la resistencia armada y la lucha de masas crecieron, y la solidaridad internacional se intensificó para aislar al régimen.  

Ya había señales de crecientes desafíos. Nuestras estructuras clandestinas informaban de una oposición cada vez mayor a la imposición del afrikáans como lengua vehicular de enseñanza, algo fundamental en el sistema de educación bantú, diseñado para entrenar a los africanos para la servidumbre.

La manifestación del 16 de junio fue convocada por el Movimiento de Escuelas Sudafricanas, influenciado por la ideología de la conciencia negra y por la Organización de Estudiantes Sudafricanos en las universidades negras. Un grupo significativo de activistas estaba vinculado al CNA, tales como Tokyo Sexwale, Nkosazana Dhlamini, Snuki Zikalala y Joyce Sikakani. Estas dos últimas habían sido detenidas y acusadas junto a Winnie Mandela y otros en 1969 por actividades clandestinas.  

Protestas de los trabajadores

La creciente efervescencia tuvo lugar en el contexto de un aumento de las protestas laborales, que se remontaban a la oleada de huelgas de 1973. El incremento de las huelgas reflejaba el empeoramiento de las condiciones económicas. Había una crisis económica en marcha, con un aumento de la inflación que afectaba de forma particular a los hogares negros, una caída del precio del oro y un creciente presupuesto de Defensa. 

Un elemento inherente al estado de ánimo general fue la trascendencia de la liberación de Mozambique y Angola en 1975. La retirada de la Fuerza de Defensa (SADF) de Angola en enero de 1976, cuando las fuerzas cubanas acudieron en ayuda de Angola tras una invasión destinada a impedir que el MPLA se hiciera con el poder, elevó las expectativas. La derrota del imperialismo estadounidense en Vietnam supuso una enorme inspiración. El poder blanco podía ser derrotado..

Puntos de inflexión clave desempeñaron su papel en la transformación de Sudáfrica. La Carta de la Libertad reflejó las aspiraciones de un pueblo oprimido en favor de una sociedad democrática y no racista. La masacre de Sharpeville marcó el giro hacia la lucha armada. El desafío y el encarcelamiento del liderazgo de Mandela despertaron a una nueva generación. Las incursiones militares de Umkhonto we Sizwe (MK) junto a ZAPU en Rhodesia en 1967-1968, y la estrategia de la Conferencia de Morogoro del CNA en el exilio en 1969, iniciaron el largo proceso de recuperación. La distancia con respecto al país y la destrucción de las estructuras de organización internas eran problemas complejos. Fueron los sucesos de Soweto los que marcaron un cambio radical, elevando la marea de la lucha a niveles sin precedentes.  

Esto plantea la pregunta: ¿por qué la gran mayoría de los jóvenes que abandonaban el país buscaban al CNA? Los jóvenes se sentían atraídos por el CNA debido a su presencia en los Estados vecinos, sus casas francas, sus cuadros experimentados y sus conexiones internacionales. Tenía una base de entrenamiento en Angola. La Unión Soviética había proporcionado formación avanzada desde principios de la década de 1960 y, junto con Cuba y Alemania Oriental (RDA), podía ofrecer ayuda a una escala cada vez mayor.  

La primera petición de los nuevos reclutas eran armas para poder regresar a sus hogares a «matar a los boers». Nuestra respuesta categórica prometía acción, pero combinando la educación política con el entrenamiento militar. El enemigo era un sistema que debía ser destruido, no un color de piel. Lo sorprendente fue la rapidez con la que lo entendieron. Había impaciencia, pero la mayoría se adaptó fácilmente al largo camino que quedaba por delante. 

Algunos fueron seleccionados para lo que llamábamos «cursos intensivos»: una preparación rápida para golpear al enemigo mediante actos de propaganda armada. Disparar cohetes contra comisarías de Policía, colocar bombas y minas. Luego vinieron el bombardeo de la refinería de petróleo de SASOL, el sabotaje en la central nuclear de Koeberg y el impacto de misiles en el cuartel general de la SADF.  

Operaciones militares heroicas, aunque con un nivel bajo de capacidad, se desarrollaron a lo largo de una década hasta convertirse en un levantamiento de masas casi insurreccional. Fue ese factor político, las masas unidas y dirigidas políticamente, inspiradas por las acciones armadas, una red clandestina en crecimiento y la solidaridad internacional, los que constituyeron los cuatro pilares de la lucha. El surgimiento de la UDF y de Cosatu, y de un movimiento democrático de masas que movilizó a los oprimidos bajo la dirección de la alianza CNA-SACP, fue la esencia de esa fuerza sociopolítica para el cambio. 

En el punto culminante, la SADF perdió la guerra frente a las fuerzas cubano-angoleñas en Cuito Cuanavale, y Namibia logró su libertad. Esa interconexión obligó al régimen a entablar negociaciones. La victoria se ganó gracias a la justicia de la causa, la implicación abrumadora de las masas, el apoyo internacional, el liderazgo incuestionable del CNA y su firme alianza con el SACP y el movimiento sindical.

Cincuenta años más tarde, la generación de Soweto ocupa puestos en la política, el Gobierno, las empresas, las profesiones liberales y el Ejército, gracias a las oportunidades brindadas por una democracia no racial y no sexista. Sin duda, son una generación orgullosa. Mostraron un notable «esprit de corps». Durante los treinta años de existencia combativa de MK (1961-1990), se graduaron siete contingentes en el entrenamiento.

Muchos consideraban la vida en los campamentos como sus días dorados, digan lo que digan los detractores. Se les rinde homenaje en canciones de libertad, poemas, libros, museos, nombres de calles y actividades culturales. Un centro neurálgico de estas conmemoraciones es la estatua en Soweto de Hector Pieterson, de 13 años, uno de los primeros niños mártires en morir. El joven Solomon Mahlangu, el primero de esa generación en ser ejecutado, es un icono nacional. «Dile a mi madre», le dijo al sacerdote desde el patíbulo, «que mi sangre regará el árbol de la libertad».  

Campanas de alarma

Los veteranos se esfuerzan por proteger los logros de la lucha y defender la democracia. Las campanas de alarma han estado sonando. La corrupción que se ha filtrado en los órganos de Gobierno, el Estado y la sociedad, el empeoramiento de los problemas socioeconómicos y el auge del extremismo de derechas reflejan la profundización de la crisis nacional. 

Una batalla de valores se está librando en un mundo en crisis. La herencia de la liberación compite con la abrumadora comercialización, mercantilización y neoliberalismo de un país bajo el dominio hegemónico del capitalismo y la influencia imperialista occidental. Fuerzas peligrosas están fomentando la xenofobia y la división entre la población negra. Y mientras conmemoramos a la juventud del 16 de junio, no podemos ocultar la cruel ironía de que son nuestros jóvenes quienes soportan el impacto ruinoso de todo esto. Son ellos quienes se enfrentan al desempleo masivo y a un futuro aparentemente desprovisto de esperanza. 

¿Cómo se puede detener la descomposición? Si bien hay quienes declararon que no habían luchado para seguir siendo pobres, existen otros que se oponen a la codicia y al interés propio, y se esfuerzan por servir al pueblo. Ese debe ser el llamamiento urgente de hoy. Es vital que la juventud actual, a la que se le ha entregado la antorcha de la libertad, esté educada, motivada y movilizada para el desafío. Al igual que en 1976, se requiere un liderazgo audaz y una unidad amplia y no sectaria. De lo contrario, la catástrofe.  

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20260621/el-levantamiento-de-soweto-50-anos-despues-y-la-juventud-sigue-luchando