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Entrevista al sociólogo Rafa Xambó, autor de L’assassinat de Guillem: mentides, feixistes i togues

«El asesinato de Guillem Agulló ha de ser siempre un motivo de conciencia antifascista»

Fuentes: Rebelión

El 11 de abril de 1993, cuando se hallaba de acampada con unos amigos en el municipio de Montanejos (Alt Millars, Castellón), el muchacho de ideología independentista y antifascista Guillem Agulló fue asesinado por una banda ultraderechista; de las cinco personas participantes en el crimen, sólo una, Pedro Cuevas, resultó condenada por la Audiencia de Castellón en 1996; y de la pena impuesta por el juez -14 años de prisión por homicidio-, Cuevas cumplió sólo  cuatro; el relato oficial de este asesinato político rebajó el crimen a la condición de mera pelea entre grupos de jóvenes.

Publicado en abril por Rebel Edicions, el libro de investigación L’assassinat de Guillem: mentides, feixistes i togues de Rafa Xambó muestra las claves del asesinato político perpetrado hace 33 años en Montanejos; la narrativa mediática que se impuso, el papel de los jueces, la intervención policial en el caso y los ejemplos de resistencia; el texto cuenta con un prólogo de la escritora Núria Cadenes y un epílogo del periodista y activista, David Fernández; Rafa Xambó (Algemesí, Valencia, 1954) es profesor del Departamento de Sociología de la Universitat de València, músico y activista social; la entrevista se realizó el 19 de junio, antes de la presentación del libro en el Centre Octubre de Valencia.    

-P: ¿Cómo caracterizarías al joven valenciano del municipio de Burjassot, Guillem Agulló, asesinado cuando tenía 18 años por un grupo neonazi?

-R.X.: Guillem Agulló era un chaval atlético, también nadador: estaba preseleccionado para el equipo olímpico de natación y había logrado varias mejores marcas; asimismo fue un joven muy comprometido ideológicamente, de izquierdas, valencianista, independentista, antirracista y antifascista; participaba, de hecho, en la Asamblea Antifascista de Valencia y estaba en el Kasal Popular de Flora, que fue un centro social okupado muy importante en la Valencia de los 90.

-P: ¿Qué supuso este crimen fascista, perpetrado en 1993, para la politización de toda una generación de jóvenes? (ese mismo año se constituyó el grupo Obrint Pas, que componía también canciones de contenido antifascista).

-R.X.: Fue un golpe muy duro, porque Guillem era una persona muy estimada, conocida y reconocida; era amigo de Davide Ribalta, joven miembro de la Asamblea Antifascista, del Kasal de Flora y asesinado de manera oscura en diciembre de 1993, sin que se haya aclarado si la extrema derecha tuvo que ver o no con su muerte.

El crimen de Guillem Agulló significó, por una parte, una movilización importante de la juventud antifascista; pero también, por parte de los padres y madres de las personas más jóvenes y adolescentes, una sobreprotección y mucho miedo hacia la participación de sus hijos en las manifestaciones; es decir, una movilización muy intensa pero también miedo.

-P: ¿Cómo se configuró el discurso mediático respecto a la muerte de Guillem Agulló?

-R.X.: El relato mediático dominante es el del diario Las Provincias, que se ocupó de convertir prácticamente a Guillem en la persona responsable de todo lo que le pasó; y a los asesinos, en unas pobres víctimas que se habían defendido… Así, construyeron un relato basado en la idea de una pelea juvenil, que es absolutamente falsa: no hubo una pelea, sino una cacería y un asesinato; de este modo, Las Provincias consiguió contaminar todo el sistema mediático valenciano en aquel momento; se llega, así pues, a justificar el asesinato y humanizar a los asesinos.

No hay una sola línea en Las Provincias de humanización de la víctima, y a los amigos de Guillem los trataron como si fueran los responsables de lo que pasó.

-P: Frente a la narrativa del periódico de derechas Las Provincias, dirigido entre 1978 y 1999 por María Consuelo Reyna (nombrada Hija Predilecta de la ciudad en octubre de 2025 por el Ayuntamiento de Valencia), ¿hubo en la época ejemplos de buenas prácticas periodísticas?

-R.X.: Sí, principalmente por parte de Diario 16, pero, claro, este periódico distribuía 6.000 ejemplares frente a los 43.000 de Las Provincias; en cuanto al diario Levante-EMV, una de cal y una de arena; a veces bien, otras fatal; en cuanto a El País, mantenía una línea, digamos, correcta, pero tampoco se implicaba demasiado; todos compraron la idea falsa de la pelea.

-P: El subtítulo del libro hace referencia a las togas; ¿qué rol desempeñaron los jueces de la Audiencia Provincial de Castellón durante el juicio iniciado en 1995?

-R.X.: El papel de la justicia fue nefasto y profundamente injusto; se empeñaron desde el primer momento -siguiendo la estela de lo que había proclamado Las Provincias- de que no se trataba de un crimen político; por tanto, no aceptaron ninguna vinculación de los hechos a la extrema derecha; así, todas las pruebas que se presentaban y que relacionaban claramente a la extrema derecha con los asesinos fueron rechazadas por la Audiencia de Castellón.

El objetivo era cambiar la calificación penal de “asesinato” que hicieron inicialmente la jueza instructora y el fiscal, con una petición de 28 de años de prisión para cada uno de los participantes en el crimen, por la calificación de “homicidio”, recogida finalmente en la sentencia de la Audiencia de Castellón; de modo que la sentencia que se hizo pública en marzo de 1996 sólo condenó a Pedro Cuevas, mientras que las otras cuatro personas que participaron activamente en la cacería y asesinato quedaron absueltas.

-P: ¿Qué posición se adoptó desde la política institucional? En 1993 gobernaba el PSPV-PSOE con mayoría absoluta y presidía la Generalitat, Joan Lerma.

-R.X.: El papel de las instituciones públicas y la Generalitat Valenciana fue tibio; el problema que tenían es que si estábamos en una democracia, no era posible un crimen político; pero el caso es que hubo un crimen político; entonces, tanto Lerma como los principales representantes del PSPV-PSOE lanzaban proclamas en las que se indignaban por la violencia, pero no eran capaces de mencionar ni el fascismo ni a Guillem Agulló.

En cuanto a la derecha, se limitó a suscribir los manifiestos que les ponían delante; siempre poniendo como condición que se retirara la palabra “fascismo”; condenaron la violencia de los jóvenes pero nada más que eso, en genérico.

-P: ¿Cómo valoras la actuación policial pasadas las primeras horas del crimen?

-R.X.: El papel de la Guardia Civil en Montanejos fue también bastante nefasto; fueron incapaces de hacer una batida por la zona de la acampada y detener a los asesinos, que durmieron tranquilamente en sus tiendas de campaña; al día siguiente unos volvieron haciendo autoestop hacia Castellón y después en tren a Valencia; y otros en moto o en autobús hacia Valencia; se les escaparon completamente…

A los amigos de Guillem les trataron como si ellos fueran los culpables; los tuvieron aproximadamente desde las tres de la madrugada hasta las tres del mediodía en el Ayuntamiento de Castellón sentados en una silla, sin darles ni agua; todos eran menores; ellos advirtieron que eran menores y que, por favor, avisaran a sus padres, pero no hubo manera; no les hicieron caso; además después les interrogaron, uno a uno, de una manera muy dura; fue un interrogatorio de más de una hora realizado por la Guardia Civil en el Ayuntamiento de Castellón; después los llevaron al lugar de la acampada a que recogieran sus cosas, los metieronen el autobús y se desentendieron de ellos.

La Guardia Civil, al igual que la Policía Nacional, defendieron desde el primer momento que se trataba de una pelea entre jóvenes enfrentados ideológicamente.

-P: ¿De qué modo contextualizarías la muerte de Guillem Agulló? ¿Eran frecuentes las agresiones neonazis y de extrema derecha en la Valencia de los años 90?

-R.X.: Era una época de impunidad total; hacían lo que les daba la gana en general y sobre todo en el País Valenciano; en el libro hago un repaso por la violencia de la extrema derecha desde la Transición hasta el asesinato de Guillem; y esto es para que quede bien claro que no se trató de una cuestión casual y fortuita entre dos grupos de chavales enfrentados, con el resultado de una persona muerta, sino que fueron a por Guillem de manera deliberada. Sabían que Guillem y sus amigos iban a Montanejos, entonces fueron a buscarlos… Es el resultado de una estrategia llevada a término por la extrema derecha desde la época de la Transición.

-P: ¿Qué episodios resaltarías de esta violencia ultraderechista en las últimas décadas y que culminaron en el asesinato de Guillem?

-R.X.: Uno de los ejemplos son todas las barbaridades que hizo la derecha durante la Batalla de Valencia,desde la segunda mitad de los años 70; otro es el de Teófilo del Valle, a quien asesinó la policía en el municipio de Elda (Alicante) durante una huelga en el sector del calzado en 1976; a Miquel Grau lo mató en Alicante -en octubre de 197-7 un nazi que recibió el indulto y actualmente es procurador en los tribunales de Valencia; el escenario fue de violencia continua; la Llibreria Tres i Quatre de Valencia ha sido la más bombardeada de Europa; tenemos también los explosivos contra el escritor Joan Fuster en 1981 y el filólogo Sanchis Guarner en 1978.

Ataques por la calle, cuando la extrema derecha salía de razia, contra homosexuales, gente por sus pintas de izquierdas,  personas árabes y negras; estamos hablando ahora de los años 90, una época de muchísima violencia; el bar El Racó, del barrio del Carmen lo atacaron varias veces; también el Vito Lumbagui, un pub al que iba normalmente gente independentista; o el bar El Sifó; la extrema derecha entraba con bates de béisbol y empezaba a abrir cabezas, rompían piernas y brazos; cuando llegaba la policía, aun se llevaba detenidas a las víctimas; es un escenario brutal, de impunidad absoluta. No hay prácticamente ningún nazi condenado.

-P: En algunas presentaciones del libro te has hecho eco de la consigna Ni oblit, ni perdó, utilizada para reivindicar la memoria de Guillem Agulló…

-R.X.: La idea básica es que el asesinato de Guillem ha de ser siempre un motivo de conciencia antifascista y, por tanto, hemos de mantener viva la memoria; además no puede perdonarse una violencia tan repugnante que lleva a matar.

-P: L’assassinat de Guillem: mentides, feixistes i togues, de 424 páginas,es fruto de cuatro años de trabajo, el análisis de 450 piezas periodísticas y 50 audiovisuales de la televisión pública. ¿Qué novedades de enfoque y documentación aporta el libro, respecto a novelas como Guillem, de Núria Cadenes, o la película La mort de Guillem, de Carlos Marques-Marcet?  

-R.X.: Lo que hay en el libro son datos y está todo contrastado; también he estudiado a fondo el sumario judicial del caso, repasado todas las declaraciones, interrogatorios y comparecencias; esta información la he contrastado con lo que contaban los medios de comunicación; las novelas son una aportación importante, pero siempre pueden decir que es ficción; este es un ensayo muy riguroso, una investigación en la que figuran todos los datos, expresados y justificados.

Por ejemplo, en el caso de las piezas de televisión, como el lector no puede hacer la comprobación en los vídeos, hago la transcripción literal de estos vídeos con añadidos de la descripción de las imágenes.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.