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Carta al ministro español José Manuel Albares: Ha muerto nuestro compañero Román, firme defensor de la causa saharaui

Fuentes: Rebelión [Foto: Miembros del Movimiento por los Presos Políticos Saharauis en Cárceles Marroquíes, ante la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid. Alfonso Lafarga/Contramutis]

El viernes 26 de junio, a media tarde, falleció nuestro amigo, compañero y camarada Román Oter. Tenía más de 90 años. Se ha ido como se van los auténticos combatientes, luchando hasta el final.

Francisco Román Oter, conocido popularmente como “el abuelo del 15-M”, fue uno de los participantes y rostros más emblemáticos del “movimiento de los indignados” que acampó en la Puerta del Sol en mayo de 2011. Allí repartía ejemplares de El Otro País’, una publicación de información, denuncia, debate crítico y periodismo de opinión, que afortunadamente todavía sobrevive para combatir el oscurantismo y la desinformación.

En los últimos tiempos, Román acudía todos los lunes, cuando podía, a reclamar la libertad de los presos políticos saharauis a la puerta del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, en la madrileña Plaza de la Provincia, junto a la Plaza Mayor, por donde pasan tantos turistas bon vivants y tantos españoles ajenos a la tragedia saharaui, a la que irresponsablemente han contribuido los gobernantes españoles.

Es tal esa funesta contribución, que a ese Ministerio de Asuntos Exteriores se le conoce igualmente como Ministerio de Asuntos Marroquíes, que es a lo que juega también la Comisión de la Unión Europea, saltándose sin escrúpulos –y sin vergüenza ni castigo— las sentencias sobre el Sáhara Occidental emitidas por su más alta instancia judicial, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). Como no podía ser de otra manera, el TJUE confirmó que el Sáhara Occidental es un territorio distinto y separado de Marruecos y que es preciso el consentimiento del pueblo saharaui para cualquier potencial negociación sobre sus recursos naturales, consentimiento que el pueblo saharaui, representado legítimamente por el Frente Polisario, jamás ha otorgado; ni a Marruecos, ni a la Unión Europea.

Y respecto a la Cooperación que reza en el título oficial y en el frontispicio de su Ministerio, Sr. Albares, ya sabemos con quién y cómo “coopera”: No tuvo usted empacho en traerse a la capital de España a su homólogo marroquí, Nasser Burita, a pasarle la mano por el lomo y hacerse la foto de empalagosos amiguetes, a escondidas, en Jueves Santo, con premeditación y alevosía, cuando toda la población –ajena a los tejemanejes de S.E.— estaba de vacaciones y usted aprovechaba para traerse a su amiguete del país invasor y ocupante del territorio saharaui.

¿Qué hubieran dicho de estos tejemanejes personas tan reputadas como José Saramago, Pepe Múgica, Nelson Mandela o Eduardo Galeano, por citar solo algunas?

José Saramago fue un firme defensor del pueblo saharaui, denunció incansablemente la ocupación, exigió el cumplimiento de las resoluciones de la ONU, apoyó activamente a activistas como Aminatu Haidar e incluso llamó a la movilización ciudadana.

Pepe Mujica, el expresidente uruguayo, también fue un firme defensor de la autodeterminación saharaui. condenó el abandono internacional, describió al Sáhara Occidental como el único país árabe que habla español, denunció la “gigantesca deuda» que la comunidad mundial tiene con el pueblo saharaui en su búsqueda de justicia y cuestionó duramente el papel histórico de España en el conflicto, apelando a la memoria de escritores como Eduardo Galeano para visibilizar el sufrimiento del pueblo saharaui.

Eduardo Galeano comulgaba plenamente con  la causa saharaui. En su obra y activismo denunció la ocupación del Sáhara Occidental y criticó duramente la inacción internacional, calificando de «escándalo» la falta de reconocimiento y el papel histórico de España en el abandono de su antigua colonia. Galeano utilizó su pluma para visibilizar el drama humano de este pueblo, al que describió de manera inolvidable. Su compromiso no fue solo literario, sino también de activismo directo, con acciones y denuncias políticas. En abril de 2006 viajó a los campamentos de refugiados saharauis para asistir al Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara). Desde allí alzó la voz para denunciar que el pueblo saharaui llevaba décadas viviendo despojado de su tierra, siendo víctima de la impotencia de la ONU. Acusó abiertamente a España de haber abierto la puerta a la invasión marroquí y calificó como una injusticia que gran parte de Europa diera la espalda al reconocimiento oficial de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).Formó parte de la red de intelectuales que desde el año 2004 exigió soluciones y firmó manifiestos internacionales apoyando el derecho a la autodeterminación. El legado de Galeano sigue vivo en la memoria del pueblo saharaui, que lo considera un hermano y una figura clave que amplificó su clamor de justicia y libertad fuera de sus fronteras.

Nelson Mandela, que pasó 27 años en prisión antes de ser presidente de Sudáfrica, abogó activamente por la implementación del referéndum de autodeterminación promovido por las Naciones Unidas y preparó el camino para que su sucesor, Thabo Mbeki, reconociera oficialmente la República Saharaui en 2004, estableciendo formalmente relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Mandela y su partido, el Congreso Nacional Africano (CNA), equipararon la lucha saharaui con la de Sudáfrica, considerando al territorio saharaui como «la última colonia de África». Mandela defendió que la libertad del continente africano estaría incompleta mientras el pueblo saharaui siguiera bajo ocupación.

Siguiendo la estela de Mandela, el activista saharaui Sidi Mohamed Daddach pasó un total de 24 años en cárceles marroquíes, como preso político. Condenado a muerte por Marruecos, fue liberado gracias a la presión internacional. Debido a la dureza de su largo cautiverio y su resistencia pacífica por la autodeterminación del Sáhara Occidental, es ampliamente conocido como el «Mandela saharaui». Su histórica lucha por los derechos humanos fue reconocida internacionalmente cuando le otorgaron el Premio Rafto en el año 2002. Es un símbolo viviente de la resistencia pacífica en el Sáhara Occidental.

Pero todas esas personas citadas, su testimonio, su compromiso y su lucha le caen a usted muy lejos, Sr. Albares, y también le son muy incómodas. Igual que le pasa con Bassiri (Mohamed Sidi Brahim Basir), el fundador del primer movimiento independentista en el Sáhara Occidental; o con Luali (El Uali Mustafa Sayed), fundador del Frente Polisario (FP) y primer presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD); con Mohamed Abdelaziz, secretario general del FP y presidente de la RASD entre 1976 y 2016; o con los tres miembros del Frente Polisario asesinados por Marruecos el pasado 7 de junio (el comandante Lahbib Mohamed Abdelaziz y sus compañeros de filas Saleck Muhseny Ghali Luchaa) y cuyos asesinatos, Vd., Sr. ministro, siguiendo órdenes, no ha condenado, cuando, en cambio, tanto pecho saca por la defensa –eso dice usted—de los derechos humanos en cualquier lugar del mundo… menos en el Sáhara Occidental ocupado, no vaya a ser que se enfade Mohamed.

Pues precisamente a eso es a lo que venía nuestro compañero Román Oter todos los lunes a la puerta de su Ministerio, a solidarizarse con la causa saharaui y a pedir justicia que, en el caso de ese Ministerio, es como pedir peras al olmo.

Francisco Román Oter, El Abuelo del 15m.Ejemplo de lucha y referente dentro  de la izquierda (parte2)
Francisco Román Oter

Porque Román nunca cambió de chaqueta, siempre fue leal a la traicionada República Española y defendió la legalidad republicana, como hizo Ernestina González (Ed. Espuela de Plata, 2026) y como hicieron tantos otros que quedaron por las cunetas de los caminos, en las fosas comunes o “simplemente” desaparecidos. Román combatió con su actitud al mayor lobista promarroquí, el de las joyas en la caja fuerte y los viajes pagados a la ciudad saharaui ocupada de Dajla para rendir pleitesía a quienes invaden, ocupan y luego regalan alhajas, chalets en la playa, viajes y demás corruptelas ventajosas con lo que les sobra de lo que roban a los legítimos dueños de la tierra invadida y ocupada.

Román, en cambio, era un hombre sencillo, puro pueblo. No necesitaba joyas ni cajas fuertes, ni un partido que le riese las gracias y le ascendiese en el escalafón de burócratas mediocres. Y, al igual que hacía con la causa palestina y el genocidio, se unía a la concentración de todos los lunes del Movimiento por los Presos Políticos Saharauis en Cárceles Marroquíes (MPPS), a las puertas de su Ministerio, Sr. Albares, hiciese frío o calor, a sus 90 años largos, enarbolando la bandera saharaui y gritando con todos: “¡Sáhara libertad, Polisario vencerá!”, “¡Presos Saharauis, libertad!”, “¡Marruecos culpable, España responsable!” y cosas así.

Román era un hombre singular. Usted, Sr. ministro, no pudo verlo ni conocerlo porque nunca le interesó saber –y mucho menos, ocuparse—de los presos políticos saharauis en cárceles marroquíes. Román siempre venía con su boina republicana, una boina de lana, muy original, a modo de txapela vasca, con los colores de la bandera republicana, la misma que defendía Ernestina González ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas en el siglo pasado, al inicio de la Guerra Fría, bajo el mandato del presidente Truman, tan cercano al gobierno trumpista de hoy, ese que arma, financia y consiente el genocidio perpetrado por Netanyahu y declara por su cuenta la soberanía de Marruecos sobre la tierra saharaui a cambio de aliarse con Israel y sus criminales sin fronteras.

Y además de la boina tejida con los colores de la bandera de la República Española, siempre llevaba una pequeña carpeta con sus panfletos y proclamas a favor de la República, panfletos y proclamas que seguía repartiendo –esto se llama militancia, Sr. ministro— a transeúntes y allegados, a pesar de sus más de 90 años a cuestas y el desdén y desinterés de muchos transeúntes callejeros. No sabemos, Sr. ministro, si entre los méritos alegados en su currículo consta el haber repartido algún panfleto en sus años mozos. Es una interesante experiencia, de verdad; sirve para calibrar el bajo grado de formación y de concienciación política y social y la enorme alienación del personal.

Román merecería un pequeño homenaje en la entrada de su Ministerio, Sr. Albares, de la misma forma que la presidenta madrileña, la señora Díaz Ayuso, le debe al pueblo español una placa conmemorativa, una modesta placa de memoria histórica que recuerde y reconozca a cuantos pasaron –pasamos—por los sótanos de aquella siniestra Dirección General de Seguridad que es hoy su casa de ella.

Pero me temo que usted no da para tanto, con tanto bailarle el agua a los alauitas y ni atreverse siquiera a condenar los enésimos asesinatos de un Makhzen genocida, de flirtear con los irredentistas marroquíes –los del sueño nacional-fascista, como los llamaba Pedro Costa Morata— y de no darse por enterado de que llevamos más de cinco años a las puertas de su tétrico Ministerio reclamando la libertad de los presos políticos saharauis en cárceles marroquíes y de que le hemos enviado a S. E. más de un centenar de escritos al respecto, registrados formal y oficialmente en las dependencias de su palacio ministerial. Y usted no se ha dignado a decir ni mu. A una compañera del MPPS que por casualidad le vio a usted en una calle de Madrid y le abordó preguntándole por su gestión en este asunto, usted, Sr. Albares, usted que tanto aparenta saber de otras cosas, le contestó que no tenía ni idea de nuestra presencia delante de su ‘propio’ Ministerio, que era la primera noticia que usted tenía… ¡Después de cinco años…! Y no le hablo ya de defender a los integrantes españoles de la Flotilla Global Sumud de los ataques sionistas… solo le pido que se entere de los documentos que se le envían y se registran en su propio Ministerio. Esto es lo que “responde” internet (IA) cuando se le pregunta por esta cuestión:

“El Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, no ofrece respuestas públicas ni gestos diplomáticos visibles sobre las cartas que recibe del Movimiento por los Presos Políticos Saharauis. Las plataformas de defensa de los derechos humanos denuncian un silencio oficial absoluto por parte del Ministerio. Las misivas semanales y concentraciones exigen habitualmente al Ministro: Interceder ante Marruecos por las condiciones en las cárceles que viven los presos (aislamiento, negligencia médica, torturas), pronunciarse públicamente sobre la huelga de hambre de los activistas. (…) En las distintas protestas frente a la sede del Ministerio en Madrid, los activistas acusan a la diplomacia de ignorar deliberadamente las comunicaciones y de mantener un trato pasivo frente a la situación del Sáhara Occidental”. Ni un dedo, Sr. Albares, usted no ha movido ni un solo dedo, le importan un rábano los presos y la bochornosa deuda de los gobiernos de España con el pueblo del Sáhara Occidental.

Puro cinismo, Sr. Albares. Seguro que los servicios de Seguridad de su Ministerio sí saben de nosotros, con pelos y señales, y de nuestras peticiones, como lo pone de manifiesto la citada ‘respuesta’ de internet (IA). Usted no es un ignorante ni un despistado, sino un mentiroso y un cínico. Y ya no puede culpar de sus actos, por acción u omisión, a los represores y criminales fasci-franquistas que firmaron los ilegales Acuerdos Tripartitos de Madrid, como hizo el sanguinario carnicerito de Málaga, último presidente del Gobierno de la dictadura franquista, Carlos Arias Navarro, que participó -¡memoria histórica!- en numerosos consejos de guerra y fue responsable directo de la represión y ejecución de miles de simpatizantes republicanos en la ciudad malagueña. Su brutal campaña represiva dejó cifras estimadas de más de 4.000 fusilados, cuyos cuerpos fueron arrojados a fosas comunes como la del Cementerio de San Rafael, en la que fue una de las mayores exhumaciones de Europa. Y de aquellos polvos, estos lodos, Sr. Albares, incluyendo los Acuerdos nulos de Madrid bendecidos por los ´socialistas´ españoles desde Felipe González hasta Pedro Sánchez y su ministro Albares.

Como he señalado al principio, Román era republicano. Afortunadamente, no cayó en manos de Arias Navarro y demás tropa. Si quería seguir en este mundo –comentaba a médicos y enfermeros en sus últimos momentos- era solo para seguir luchando por hacer de él un lugar más digno. Lo hacía cada lunes ante las puertas del Ministerio del Sr. Albares. Cuando asistía a mítines, charlas o conferencias, decía que había que hablar, aunque no se tuvieran dotes oratorias, pero que para estar callados ya habría tiempo cuando uno se muera, que en vida hay que hablar. Es lo mismo que decía El Uali Mustafa Sayeda sus extenuados compañeros de combate, antes de que lo asesinaran los Jaguar del presidente galo, el promarroquí Valéry Giscard d’Estaing: “Nous aurons toute la mort pour dormir”…

Ahí tiene usted dos ejemplos, Sr. Albares, en lugar de quedarse callado ante los crímenes impunes de Marruecos, crímenes contra la humanidad, a la espera de que le recompensen su cinismo y su silencio. Si lo hacen (dicen) ustedes con los crímenes sionistas, ¿por qué no hacen lo mismo con los crímenes de Marruecos en el Sáhara Occidental? ¿Qué le deben ustedes a monarca marroquí? ¿Nadie les ha enseñado a defender la legalidad internacional, a exigir su respeto y cumplimiento? También podrían ustedes tomar ejemplo de Frank Ruddy, que también era diplomático, y además norteamericano, y no se calló ni ante la ONU ni ante el Congreso de los Estados Unidos de América. Su testimonio más destacado tuvo lugar en enero de 1995, durante la presidencia de Bill Clinton, ante una comisión del Congreso, donde denunció la ineficacia de la misión de paz de la ONU (MINURSO) y la manipulación del proceso del referéndum por parte de Marruecos. Ruddy compareció posteriormente en el Congreso en mayo de 2007, bajo el mandato de George W. Bush.

Las denuncias de Frank Ruddy ante el Congreso de los Estados Unidos en 1995 se centraron en destapar el sabotaje sistemático de Marruecos al referéndum de autodeterminación y en acusar a las Naciones Unidas (MINURSO) de complicidad, incompetencia y pasividad. Ruddy, que ejerció como vicepresidente de la Comisión de Identificación de votantes en el Sáhara Occidental, denunció el Estado policial, el terror y el «matonismo» marroquí; el espionaje a la ONU, afirmando que las fuerzas de seguridad marroquíes operaban de forma mafiosa, interviniendo los teléfonos, interceptando el correo y registrando habitualmente las habitaciones del propio personal de la MINURSO; la intimidación a los votantes: las fuerzas marroquíes fotografiaban y fichaban a todos los saharauis que acudían a registrarse para votar, infundiendo miedo para alterar su participación; la manipulación y fraude en el censo electoral mediante el veto a los testigos saharauis (Marruecos controlaba físicamente el acceso a los centros de registro. Ruddy testificó que las autoridades marroquíes impedían la entrada de los jeques y testigos saharauis encargados de identificar formalmente a los votantes autóctonos) y la Introducción de falsos votantes (la estrategia marroquí de inundar las listas electorales con miles de ciudadanos marroquíes sin vínculos reales con el territorio para distorsionar el resultado definitivo a favor de la anexión).

Marruecos también utilizó tácticas de retraso deliberadas, estrategias dilatorias absurdas y cancelación, de forma unilateral y prepotente, de las sesiones de identificación programadas para el censo cuando sospechaban que no les favorecerían. Sin olvidar la complicidad y sumisión de las Naciones Unidas, que abandonaron su debida neutralidad. Ruddy acusó al entonces secretario general, Butros Butros-Ghali, de silenciar la situación. Afirmó que la ONU prefirió complacer al rey Hasán II de Marruecos vendiendo los derechos legítimos de los saharauis. Ruddy también reveló el «silencio» del informe interno de la ONU que había elaborado con estas denuncias, informe que fue censurado y bloqueado formalmente por la Organización, lo que le obligó a acudir directamente al Congreso estadounidense para buscar justicia. Ruddy resumió la situación afirmando que la MINURSO no operaba como una misión de paz neutral, sino que se había convertido en el principal instrumento de dominación de Marruecos para controlar y desmantelar el proceso democrático.

Puede imaginarse, Sr. Albares, lo que estará haciendo hoy Marruecos tras 50 años de ocupación armada de la mayor parte del Sáhara Occidental, sin testigos y con el pasmo y la jeta de los socialistas españoles y del señor Trump. Quiero que todo esto se sepa, Sr. Albares, en honor de nuestro compañero Román y a su lucha mientras estuvo con nosotros. Tal vez estos datos les sirvan a ustedes para algo. ¡Ojalá!

Román no quería homenajes ni nada por el estilo. Había donado su cuerpo para que los futuros médicos puedan aprender con sus órganos. Útil a la humanidad incluso hasta después de muerto, como el Cid. La mejor manera de honrarle, el mejor homenaje es seguir luchando contra la impunidad y la injusticia, creando conciencia entre los jóvenes –jóvenes de edad o de espíritu—del crimen que se perpetró contra el Sáhara Occidental y el pueblo saharaui, caminando junto a ese pueblo hermano, exigiendo la libertad de los presos políticos y exigiendo también el respeto de la legalidad internacional. Sin desfallecer o levantándonos del suelo, como escribió José Saramago.

Sr. Albares: Hoy lunes, 29 de junio de 2026 su Ministerio, en la sede de la Plaza de la Provincia, en Madrid, exhibía una gran bandera arco iris a lo largo de toda la balconada de la fachada principal. Espero que algún día, un 14 de noviembre, aniversario de la firma de los infames Acuerdos Tripartitos de Madrid, sus sucesores en el cargo (no lo espero de usted) coloquen en esa misma balconada la bandera de la República Saharaui: la franja superior negra simboliza el sufrimiento; la intermedia, blanca y más ancha, representa la voluntad de paz; la inferior, verde, indica la esperanza en el futuro; un triángulo rojo toca los tres colores: recuerda la sangre que habrán de derramar los saharauis en su transición desde el sufrimiento hasta la esperanza; el cuarto menguante y la estrella de cinco puntas sobre la banda blanca son un gesto de paz hacia el mundo árabe. Esta descripción la hace Tomás Bárbulo en su inmejorable obra La historia prohibida del Sáhara Español. Nosotros, los miembros del Movimiento por los Presos Políticos Saharauis en Cárceles Marroquíes (MPPS), seguiremos exhibiendo, todos los lunes, la bandera saharaui frente a su Ministerio, Sr. Albares. Será también en homenaje a nuestro amigo, compañero y camarada ”Román”, Francisco Román Oter.

“Nous aurons toute la mort pour dormir”.

¡Viva la lucha del pueblo saharaui!

¡Viva el Sáhara libre!

Luis portillo Pascual del Riquelme es autor del libro En defensa de la Causa Saharaui. Testimonios de denuncia, resistencia y solidaridad (Círculo Rojo, octubre 2024)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.