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¿Cómo se convirtió la migración irregular en un instrumento de presión en los conflictos geopolíticos?

De Ceuta a Gaza

Fuentes: Rebelión

La migración irregular hacia Europa ya no puede interpretarse únicamente como una consecuencia directa de la pobreza, el desempleo o los conflictos armados, sino que, durante la última década, se ha convertido en uno de los asuntos más estrechamente vinculados a los equilibrios geopolíticos y a los conflictos regionales. La gestión de las fronteras, el control de los flujos migratorios y la cooperación en materia de seguridad entre los países de origen, tránsito y destino se han transformado en instrumentos de influencia recíproca en las relaciones internacionales.

En este contexto, los acontecimientos registrados en la ciudad española de Ceuta a finales de julio de 2026 volvieron a poner de relieve esta transformación, después de que decenas de miles de ciudadanos marroquíes lograran llegar a la ciudad en pocos días, nadando o rodeando las barreras marítimas, en una de las mayores oleadas de entradas registradas en la frontera sur de la Unión Europea.

Las repercusiones de esta crisis no se limitaron a su dimensión humanitaria o de seguridad, sino que rápidamente se transformaron en una cuestión política que abrió un amplio debate en España y en la Unión Europea sobre el futuro de la gestión de las fronteras, el papel de Marruecos como principal socio en el control de la migración irregular y si estos acontecimientos representan únicamente las consecuencias de factores jurídicos y de seguridad o, por el contrario, reflejan la utilización de la migración como un instrumento de presión en un contexto político más amplio.

Un número considerable de investigadores y especialistas en migraciones coincide en que el punto de inflexión fundamental fue la sentencia del Tribunal Supremo español dictada entre finales de junio y principios de julio de 2026, que estableció que los migrantes que llegan a Ceuta o Melilla por vía marítima no pueden ser sometidos a devoluciones inmediatas, sino que deben beneficiarse de las garantías jurídicas previstas en la legislación española y europea.

En cuestión de días, el contenido de la resolución se difundió ampliamente a través de las redes sociales en Marruecos, acompañado de interpretaciones según las cuales llegar a Ceuta nadando podía aumentar las posibilidades de permanecer en territorio español, circunstancia que impulsó a miles de jóvenes a intentar cruzar de manera simultánea.

Este episodio pone de manifiesto cómo las decisiones judiciales nacionales han adquirido un impacto que trasciende las fronteras del propio Estado, hasta el punto de que una sola resolución judicial puede influir en las decisiones de decenas de miles de personas fuera del territorio nacional cuando se combina con la rápida difusión de la información a través de las plataformas digitales.

Marruecos y la migración: ¿cooperación en seguridad o instrumento de negociación?

La rapidez con la que llegó este elevado número de migrantes generó un intenso debate en España. Mientras el Gobierno marroquí reafirmó su compromiso con la vigilancia de las fronteras y la cooperación con Madrid, y el Gobierno español destacó la coordinación en materia de seguridad entre ambos países, diversos medios de comunicación y sectores políticos españoles plantearon interrogantes sobre cómo fue posible que un número tan elevado de personas alcanzara la costa en un período tan breve.

Entre los análisis más destacados figura el del periodista español Jordi Juan, publicado en La Vanguardia, quien sostuvo que lo sucedido constituía un mensaje político que demostraba la capacidad de Marruecos para influir en uno de los asuntos más sensibles para España y la Unión Europea, y que la seguridad de la frontera meridional europea continúa dependiendo, en gran medida, del nivel de cooperación con Rabat.

El autor recordó asimismo la crisis de mayo de 2021, cuando, según la interpretación predominante en determinados ámbitos políticos españoles, las autoridades marroquíes permitieron el paso de miles de personas hacia Ceuta tras la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para recibir tratamiento médico, considerándolo un precedente del uso de la migración en el contexto de las discrepancias políticas.

No obstante, hasta la fecha no existen resultados de investigaciones oficiales que demuestren que las autoridades marroquíes adoptaran una decisión deliberada de abrir las fronteras durante la crisis de 2026, lo que sitúa estas interpretaciones en el ámbito del análisis político más que en el de los hechos plenamente acreditados.

Durante los últimos años, Marruecos se ha consolidado como uno de los principales socios de la Unión Europea en la gestión de sus fronteras exteriores, recibiendo apoyo financiero, técnico y logístico a cambio de su cooperación en la lucha contra la migración irregular y las redes de tráfico de personas.

Desde esta perspectiva, numerosos investigadores consideran que cualquier modificación en el nivel de cooperación entre Marruecos y la Unión Europea repercute directamente en la seguridad de la frontera sur europea, otorgando a Rabat un amplio margen de negociación en cuestiones que van más allá de la migración e incluyen la seguridad, la energía y la cooperación económica y política.

La crisis de Ceuta también puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema europeo ante movimientos masivos e inesperados de población, confirmando que la estabilidad de las fronteras exteriores de la Unión Europea depende cada vez más de la estabilidad de sus relaciones con los países de tránsito.

De una crisis fronteriza a una confrontación de narrativas

A medida que la crisis se intensificó, el debate dejó de centrarse exclusivamente en las causas jurídicas y de seguridad para incorporar interpretaciones de carácter geopolítico.

El periódico Mundo Obrero, órgano del Partido Comunista de España, publicó un artículo del político español Enrique Santiago Romero, en el que sostenía que las autoridades marroquíes permitieron efectivamente el paso de decenas de miles de personas hacia Ceuta y que dicha actuación respondía a una estrategia de presión política sobre el Gobierno español, de manera similar a lo ocurrido durante la crisis de 2021.

El artículo va más allá al vincular estas presiones con una red de alianzas regionales e internacionales, señalando que Marruecos mantiene una estrecha relación con Estados Unidos e Israel y que ambos países mantienen discrepancias con el Gobierno español respecto a diversos asuntos, entre ellos la guerra en Gaza, la política de defensa y determinadas cuestiones relacionadas con la presencia militar estadounidense en España.

Asimismo, el artículo afirma que Israel proporciona apoyo militar y tecnológico a Marruecos y sostiene que esta alianza confiere a la crisis una dimensión geopolítica que trasciende el marco bilateral entre Rabat y Madrid.

En el mismo contexto, diversos medios de comunicación árabes, entre ellos la agencia Ma’an, difundieron informaciones citando fuentes mediáticas españolas que sostenían que Israel y Estados Unidos estarían detrás de la utilización de la migración a través de Marruecos como mecanismo de presión sobre el Gobierno español debido a sus posiciones críticas respecto a la guerra en Gaza y a su defensa de los derechos del pueblo palestino.

No obstante, pese a la repercusión que estas interpretaciones han tenido en el debate político y mediático, hasta la fecha no existen investigaciones oficiales ni pruebas documentadas que acrediten una participación directa de Israel o de Estados Unidos en la organización o el impulso de los flujos migratorios hacia Ceuta, por lo que estas afirmaciones deben ser tratadas como hipótesis y análisis políticos, y no como hechos demostrados.

Los intereses de Israel en la estabilidad o el deterioro de las relaciones entre Marruecos y España: entre los hechos y las hipótesis

La crisis de Ceuta ha suscitado interrogantes que trascienden el marco de las relaciones bilaterales entre Marruecos y España para adentrarse en una red más amplia de intereses regionales e internacionales, entre los que destacan los intereses israelíes en el Mediterráneo occidental. Desde la firma de los Acuerdos de Normalización entre Marruecos e Israel en 2020, las relaciones entre ambos países han experimentado una notable expansión en los ámbitos de la cooperación militar, de seguridad, inteligencia y tecnología, incluyendo acuerdos de adquisición de armamento, sistemas de vigilancia y colaboración en la industria de defensa. Paralelamente, las relaciones entre España e Israel han entrado en una etapa de mayor tensión desde el inicio de la guerra en la Franja de Gaza, especialmente tras el reconocimiento por parte del Gobierno español del Estado de Palestina y la adopción de posiciones políticas y jurídicas más críticas hacia las políticas israelíes.

A la luz de este contraste, en determinados círculos políticos y mediáticos surgió la hipótesis de que un deterioro de las relaciones entre Marruecos y España podría beneficiar indirectamente a actores que consideran que debilitar la posición española o incrementar la presión interna sobre su Gobierno representa una ventaja política. Los defensores de esta interpretación fundamentan su análisis en el creciente acercamiento estratégico entre Rabat y Tel Aviv, así como en lo que consideran una convergencia de intereses con otras potencias internacionales.

Entre quienes han sostenido esta interpretación figura el político español Enrique Santiago Romero, quien escribió en Mundo Obrero, periódico vinculado al Partido Comunista de España, que Marruecos, como aliado de Estados Unidos e Israel, habría utilizado la migración como instrumento de presión sobre el Gobierno español en el contexto de las discrepancias existentes respecto a la guerra en Gaza y a diversos asuntos relacionados con la política de defensa y la agenda internacional. Asimismo, el autor sostiene que determinados sectores de la extrema derecha española y europea se beneficiaron políticamente de la crisis y trataron de instrumentalizarla para debilitar al Gobierno de coalición.

No obstante, esta interpretación constituye una posición política y un análisis de carácter partidista, y no el resultado de una investigación judicial o de inteligencia. Hasta la fecha, no existen pruebas publicadas ni documentos oficiales que acrediten la existencia de una coordinación directa entre Israel, Estados Unidos o cualquier otro actor externo para promover la ola migratoria hacia Ceuta o utilizarla como mecanismo de presión sobre España debido a su posición respecto a la cuestión palestina.

Por otra parte, la verdadera relevancia de estas hipótesis parece residir no únicamente en su eventual confirmación o refutación, sino en el hecho de que reflejan una percepción cada vez más extendida de que la migración se ha convertido en uno de los instrumentos de la competencia geopolítica. Asimismo, evidencian que puede ser utilizada, o al menos percibida, como un medio para influir en las posiciones de los Estados y reconfigurar los equilibrios regionales de poder. En consecuencia, cualquier evaluación objetiva de estas hipótesis continúa dependiendo de la aparición de pruebas documentadas o de investigaciones independientes, manteniendo siempre una clara distinción entre el análisis político y los hechos debidamente acreditados.

La extrema derecha: un beneficiario político de la crisis

En este contexto, el artículo de Enrique Santiago pone de relieve otra dimensión de la crisis: su utilización dentro del escenario político español.

Según el autor, los partidos de la derecha y de la extrema derecha, especialmente el Partido Popular y Vox, aprovecharon la ola migratoria para intensificar su discurso contrario a la inmigración y vincular la crisis con las políticas del Gobierno español, en un intento de debilitar al Ejecutivo de coalición.

El artículo sostiene igualmente que diversos sectores de la extrema derecha europea trataron de rentabilizar políticamente la crisis, advirtiendo de que la escalada del discurso de incitación podría desembocar en actos de violencia contra los migrantes. Asimismo, subraya que la gestión de la crisis debe fundamentarse en el respeto al derecho internacional y en la garantía de los derechos humanos, alejándose de los discursos populistas.

Conclusión

La crisis de Ceuta pone de manifiesto la coexistencia de tres enfoques principales para interpretar lo sucedido.

El primero, y el que cuenta con un mayor respaldo en hechos documentados, sostiene que la crisis fue el resultado de la interacción entre la decisión del Tribunal Supremo español, las condiciones económicas y sociales en Marruecos y la rápida difusión de la información a través de las redes sociales.

El segundo considera que Marruecos utilizó la migración como un instrumento de presión para reafirmar su importancia como socio indispensable en la protección de la frontera meridional de la Unión Europea y reforzar su capacidad de negociación con Madrid y Bruselas.

El tercer enfoque sitúa la crisis en el marco de una confrontación geopolítica más amplia, en la que convergen la alianza estratégica entre Marruecos, Estados Unidos e Israel, el aprovechamiento político de la crisis por parte de determinados sectores de la extrema derecha y las tensiones derivadas de la posición del Gobierno español respecto a la guerra en Gaza.

La crisis de Ceuta demuestra que la migración irregular ha dejado de ser únicamente un desafío humanitario o de seguridad para convertirse en uno de los asuntos con mayor capacidad de influir en las relaciones internacionales. La frontera sur de la Unión Europea se ha transformado en un espacio donde convergen consideraciones jurídicas, migratorias, de seguridad y geopolíticas, y donde la gestión de los flujos humanos forma parte de los equilibrios de poder entre los Estados.

Asimismo, la crisis evidencia que las narrativas contrapuestas sobre sus causas reflejan las divisiones políticas existentes dentro de la propia España, al tiempo que ponen de manifiesto las diferentes interpretaciones sobre el papel de Marruecos y de sus socios regionales e internacionales. Mientras algunas explicaciones se apoyan en datos jurídicos y políticos documentados, otras continúan requiriendo pruebas adicionales e investigaciones independientes antes de poder ser consideradas conclusiones definitivas.

La principal lección que deja la crisis de Ceuta es que la migración constituye hoy, además de una cuestión humanitaria, una herramienta de influencia en los conflictos geopolíticos. Esta realidad exige que investigadores y responsables políticos aborden el fenómeno mediante una metodología basada en hechos verificables, distinguiendo claramente entre las evidencias demostradas y las hipótesis, en un entorno político y mediático caracterizado por la coexistencia de múltiples narrativas y la confrontación de intereses.

La crisis de Ceuta también pone de relieve el creciente impacto de la desinformación y de la información inexacta en el espacio digital transfronterizo. Un relato no verificado, una interpretación parcial de una resolución judicial o un contenido ampliamente difundido en las redes sociales pueden llegar a cientos de miles de personas en cuestión de horas e influir directamente en sus decisiones y comportamientos. Este fenómeno demuestra que el entorno digital ha dejado de ser un simple medio de transmisión de información para convertirse en un factor determinante en la configuración y aceleración de los acontecimientos, capaz de provocar movimientos colectivos inesperados, desbordar la capacidad de respuesta de las instituciones y dificultar la gestión de las crisis.

En este contexto, la lucha contra la desinformación y la verificación rigurosa de los contenidos difundidos se han convertido en elementos esenciales para la protección de la seguridad y la estabilidad social, especialmente en cuestiones transfronterizas como la migración, los conflictos y las crisis humanitarias, donde una narrativa digital difundida con extraordinaria rapidez puede alterar el curso de los acontecimientos y afectar de manera significativa a la estabilidad tanto nacional como regional.

Dr. Rasem Bisharat – Director General de la .Asociación Jusur – Puentes para la Migración, la Cohesión Social y la Cooperación Cultural, Doctor en Estudios de Asia Occidental, investigador y analista, especializado en asuntos palestinos y latinoamericanos. Comisionado de Relaciones Exteriores de la Organización Al-Baidar para la Defensa de los Beduinos y las Comunidades Palestinas Amenazadas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.