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Rabia, dolor y pena por los incendios forestales

Fuentes: Rebelión

La ausencia de labores preventivas, un dispositivo con graves carencias debido a la desidia de las administraciones con la Junta de Castilla y León a la cabeza, junto al cambio climático acelerado, están poniendo en jaque a gran parte de los ecosistemas del país.

No aprendemos. Una vez más los incendios forestales arrasan la naturaleza que nos rodea. Si uno no es insensible, un sentimiento de rabia, dolor y pena es lo que cualquier persona ha de sentir al ver las imágenes de los incendios tan devastadores que han asolado nuestra geografía. Desde Castellón, pasando por Almería, Huelva, Guadalajara, Segovia, Zamora, Toledo, Madrid y Ávila, todas éstas provincias y sus numerosos espacios naturales (parques y reservas naturales, Red Natura 2000, etc.) han sufrido con virulencia los efectos del fuego. De entre todos los incendios forestales destacan el que ha afectado al Valle del Tiétar y del Alberche en Ávila hasta el punto de convertirse en el que más superficie ha calcinado en la historia de España con más 50.000 hectáreas. Pero no solo eso, se ha llevado por delante, además de numerosas viviendas, campings, explotaciones agrícolas y ganaderas, la mayor colonia de buitre negro (Aegypius monachus) de Castilla y León, una verdadera joya de la naturaleza que atesora nuestro país.

Dos realidades: El abandono rural y la ocupación del suelo rústico

Si algo ponen de relieve los incendios forestales acaecidos han sido por un lado el abandono rural como por ejemplo en el incendio de Brieva (Segovia) o sobre todo en el de la Mierla (Guadalajara), lo que contrasta con la presencia de urbanizaciones y edificaciones dispersas en suelo rústico en el caso del suroeste de la Comunidad de Madrid, norte de Toledo o el Valle del Tiétar. Ambas situaciones dificultan las labores de extinción haciendo que aumente la superficie quemada. En el primer caso a consecuencia de la mayor continuidad horizontal y vertical de la vegetación y en la segunda por tener que salvar primero vidas humanas y bienes de naturaleza no forestal (viviendas). Ya sea por una o por otra circunstancia las afecciones sobre el paisaje, los suelos y la fauna son mayores de lo que cabría esperar, con una pérdida de biodiversidad más que destacable.

Un año más, mismas carencias y problemas

Si ya en 2024 y 2025 se expuso que la Junta de Castilla y León quería menos trabajadores y más cámaras en la provincia de Segovia, en el incendio de Brieva de 2026 el sindicato CGT denunciaba la presencia de 3 torres de vigilancia vacías y la ineficacia de las cámaras instaladas, que además de un coste sobredimensionado han demostrado que la sustitución parcial de la vigilancia humana no garantizaría una detección eficaz de los incendios.

Por otra parte, en la Comunidad de Madrid los bomberos forestales siguen con un convenio caducado desde 2008 y con unas condiciones donde no se les reconoce ni la categoría profesional al amparo de la ley 5/2024 ni la toxicidad, la turnicidad o los festivos trabajados, por lo que no cobran pluses por éstas circunstancias. Sí queremos bosques sanos y correctamente atendidos lo primero que hay que hacer es cuidar a los que los cuidan.

Propuestas a implantar. Un gran pacto de país y europeo

Desde deferentes ONG y estamentos científicos y académicos se viene reclamando desde hace tiempo de la necesidad de implantar políticas que mejoren la gestión y resiliencia de nuestros bosques. Para ello son necesarias una mayor vigilancia e investigación posterior al incendio, evitar plantaciones monoespecíficas de pinares y eucalipto que empobrecen los suelos, o fomentar la ganadería extensiva con rebaños de cabras y ovejas que hagan labores de desbroce.

A ellas deben sumarse las que de manera preventiva y selectiva deben efectuar los bomberos forestales durante todo el año, garantizándoles unas condiciones laborales dignas y mejores salarios. Especialmente importantes son las tareas que se desarrollen en la interfaz urbano forestal con el fin de que la continuidad vegetal no llegue a las viviendas colindantes, así como evitar la implantación de las mismas de manera dispersa en el medio natural, porque se ha comprobado que son un riesgo al ser las primeras que pueden quemarse y a las que se dedica mucho tiempo y recursos en evitar que lo hagan mientras el monte arde, lo que hace aumentar la superficie quemada.

Pero sobre todo, lo necesario es creerse que invertir y garantizar el personal y recursos necesarios salva vidas y protege nuestro patrimonio natural. Ni que decir tiene que si el aumento en el gasto en defensa, toros y otras partidas inútiles se dedicase en parte a evitar incendios, mejorar las condiciones de vida de la población local, crear paisajes en mosaico, ampliar la educación ambiental y garantizar la conservación de los bosques y paisajes ibéricos, mucho mejor nos iría, porque sería la mejor forma de inversión en salud y bienestar. Estamos perdiendo un tiempo y una biodiversidad única no haciéndolo.

Simplemente se necesita por parte de los políticos valentía, conciencia ambiental o más bien escuchar y seguir a la ciencia y a quien pasa mucho tiempo en el campo, ya sea población local o agentes forestales o medioambientales. Han de entender la emergencia ambiental existente, evitar discursos negacionistas de un cambio climático cada vez más virulento y tener decencia para no volver a realizar declaraciones como las del Delegado Territorial de la Junta de Castilla y León en Ávila que al comienzo del incendio de Burgohondo (Ávila) afirmó: «Respecto a la vegetación dañada, las llamas afectan principalmente a robledales, monte bajo, castaños y otras masas forestales, ‘una masa arbórea de no excesivo valor'».

Desde aquí queremos agradecer a todos los bomberos y agentes forestales, fuerzas y cuerpos de seguridad, protección civil y a aquellos vecinos, agricultores y ganaderos que han evitado y evitan que estas catástrofes sean aun mayores. El mundo rural y su naturaleza debe seguir siendo viva. 

Jesús Abad. Geógrafo y bombero forestal.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.