Médicos Sin Fronteras advierte de las dificultades que enfrentan los migrantes para acceder a la asistencia sanitaria y del aumento de las necesidades humanitarias
Johannesburgo, Sudáfrica, 10 de julio de 2026.- Médicos Sin Fronteras (MSF) ha puesto en marcha una respuesta médica y humanitaria de emergencia tras el reciente recrudecimiento de la violencia y de los actos de intimidación contra los migrantes en toda Sudáfrica, que ha provocado el desplazamiento de decenas de miles de personas y ha dificultado el acceso a la asistencia sanitaria a muchas de las comunidades afectadas. La violencia ha causado, según distintos informes, al menos cuatro muertes, numerosos heridos y la destrucción de muchas viviendas.
Los equipos de MSF han estado respondiendo a las necesidades urgentes en materia de salud, protección y respeto de los derechos humanos en Gauteng, KwaZulu-Natal, el Cabo Occidental y en las localidades fronterizas de Musina y Beitbridge, situadas a uno y otro lado de la frontera entre Sudáfrica y Zimbabue.
«Nos llena de tristeza e indignación ver cómo la gente se está viendo obligada a huir ante el acoso y la violencia a los que se ven sometidos, y nos solidarizamos con las comunidades afectadas, cuyos derechos a la atención sanitaria y un trato digno se han visto vulnerados. Nuestra prioridad es garantizar el acceso a la atención sanitaria a las personas en situación de mayor riesgo, independientemente de quiénes sean o de dónde procedan”, afirma Claire Waterhouse, coordinadora de Emergencias de MSF. “La situación sigue siendo complicada; nos preocupa mucho que todo esto se acabe convirtiendo en una grave crisis humanitaria».
Grupos antiinmigración emitieron públicamente un ultimátum para que todos los migrantes indocumentados abandonaran el país antes del 30 de junio, que era la fecha límite que había sido emitida arbitrariamente por ellos.
Aunque los responsables de estos grupos han afirmado que sus advertencias solo se dirigen a los migrantes indocumentados, las personas atendidas por MSF han indicado que los refugiados, los solicitantes de asilo y los migrantes documentados también han sufrido amenazas, violencia e intimidación.
Decenas de miles de personas —muchas de ellas procedentes de Malaui, Mozambique, Zimbabue, Nigeria y Ghana— han huido de sus hogares por la falta de seguridad y ante las amenazas recibidas. Las personas desplazadas buscan refugio en parques, iglesias, consulados y otros lugares.
«MSF está especialmente preocupada por la continuidad de la atención médica a las personas que padecen enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, trastornos de salud mental, VIH y tuberculosis, en las que la falta de tratamiento o las interrupciones en la medicación pueden provocar graves complicaciones de salud», afirma Phumla Tsotetsi, enfermera de MSF.
“Estamos dando prioridad a las necesidades más urgentes de los niños pequeños, las mujeres embarazadas y las víctimas de violencia. También hemos atendido a mujeres que han dado a luz recientemente, algunas de las cuales aún tienen heridas de cesárea sin cerrar, ya que sus partos tuvieron lugar unos días antes de que comenzaran los disturbios y tuvieron que salir huyendo”, continúa Tsotetsi.
La gente ha huido de todos los rincones del país, incluidas las zonas rurales y agrícolas. MSF cuenta con tres equipos compuestos por hasta 10 trabajadores que han establecido clínicas móviles para proporcionar atención primaria, atención médica a pacientes con enfermedades crónicas, apoyo psicológico y primeros auxilios, así como para distribuir artículos esenciales, incluidos kits de higiene. La organización está supervisando la gestión del saneamiento para detectar posibles riesgos para la salud pública en las zonas donde se han concentrado las personas desplazadas. Los equipos de MSF también están ayudando a derivar a las clínicas y hospitales a los pacientes que requieren atención más especializada.
En Ciudad del Cabo, uno de los equipos de MSF atendió a una madre que había sido desalojada recientemente por su casero debido a que carecía de documentación. Su hijo pequeño, que padece un tipo raro de cáncer, necesitaba urgentemente quimioterapia para seguir con vida. Aunque finalmente fue ingresado en el hospital, sigue sin estar claro si la familia podrá permanecer en Sudáfrica, lo que pone de relieve la grave vulnerabilidad de muchos migrantes no sudafricanos desplazados y las dificultades a las que se enfrentan muchos de ellos a la hora de acceder y continuar con la atención médica esencial.
En Johannesburgo, una psicóloga de MSF atendió a una mujer con un trastorno de salud mental preexistente y diagnosticado, que tras huir de la violencia no había podido acceder a su medicación. «Sufría alucinaciones graves y corría el riesgo de autolesionarse», explica Tsotetsi. «Afortunadamente, el médico de nuestro equipo pudo ayudarla a reanudar su medicación ese mismo día».
En Musina, un equipo de MSF está ampliando urgentemente sus operaciones para responder a las necesidades médicas de las personas congregadas cerca de la frontera.
«Seguiremos trabajando mano a mano con las partes implicadas, incluidas las comunidades afectadas, los Departamentos de Salud provinciales sudafricanos y las organizaciones de la sociedad civil, para adaptar nuestra respuesta de emergencia a medida que evolucionen las necesidades», afirma Tsotetsi.
MSF ha prestado asistencia médica gratuita tanto a sudafricanos como a migrantes, solicitantes de asilo y refugiados en Sudáfrica, y ha respondido en repetidas ocasiones a las repercusiones sanitarias de la violencia xenófoba y a las barreras de acceso a la atención sanitaria, de forma general y también durante los grandes brotes de violencia de 2008, 2009, 2015 y 2019. La violencia xenófoba se ha repetido en Sudáfrica durante más de dos décadas, a menudo en períodos de tensión social y económica.
Los ataques de 2008 fueron los más graves hasta la fecha, ya que se cobraron la vida de al menos 62 personas y provocaron el desplazamiento de más de 100.000.
En diciembre de 2025, junto con otras organizaciones de la sociedad civil, MSF logró que el Tribunal Superior de Gauteng dictara una sentencia que ordenaba al Estado a adoptar medidas inmediatas y decisivas para poner fin a la obstrucción del acceso físico a determinados centros de salud públicos por parte de grupos antimigrantes y de algunos profesionales sanitarios. La sentencia reafirmó que no se debe denegar el acceso a la asistencia sanitaria por motivos de nacionalidad o situación migratoria. Proteger el acceso a la asistencia sanitaria no solo es una obligación legal, sino también un imperativo de salud pública que contribuye a proteger la salud tanto individual como comunitaria y a prevenir brotes epidémicos.
“MSF lleva décadas trabajando en los países del sur de África. Nuestro
equipo en Zimbabue ya está haciendo frente a la crisis, mientras que en
Mozambique, ya estamos evaluando las necesidades médico-humanitarias de los
migrantes que regresan al país”, afirma Waterhouse. “Contrariamente a la
narrativa que está surgiendo, según la cual la acción xenófoba no ha sido tan
violenta ni sus consecuencias tan catastróficas, los migrantes afectados han compartido con MSF diversos testimonios que no
dejan lugar a dudas sobre sobre el terrible maltrato que han sufrido»,
concluye Claire Waterhouse.
Testimonios de algunos de migrantes que se han
visto afectados por el brote de violencia xenófoba:
Testimonio 1
*Grace, una mujer zimbabuense de 30 años, vive en Hebron, en la provincia del Noroeste, desde hace 18 años. Es una localidad que está a unos 30 km del centro de Pretoria, la capital de Sudáfrica. Se encuentra en su primer trimestre de embarazo.
«El viernes vinieron al lugar donde me alojo con mis tres hijos, poco después de las 10 de la noche, y derribaron nuestras puertas a patadas. Cuando intenté llamar a la policía, me quitaron el teléfono y lo rompieron. En la casa de al lado, golpearon a mi vecino, que es de Mozambique, con una cadena. Les dije que estaba embarazada de dos meses, pero aun así me golpearon. Me duele mucho el cuerpo. Y no me golpearon más solo porque soy mujer».
Más tarde, unos grupos antimigrantes no dejaron entrar a Grace a la clínica local, en el momento en que ella se disponía a registrar su embarazo y a hacerse una revisión. No es la única paciente que ha sufrido actos xenófobos en un centro sanitario.
Testimonio 2
*Dalitso, un hombre malauí de 49 años que vive en South Lenasia, Johannesburgo, acudió a una clínica la mañana después de haber sido agredido durante una campaña puerta a puerta dirigida “contra los extranjeros” la noche del 30 de junio, en la que le robaron todo su dinero, su ordenador portátil y otros objetos de valor.
“Llevé mi pasaporte a la clínica y se lo mostré… Les expliqué que alguien vino a mi casa, me robó mis cosas y me golpeó, y que no me encontraba bien. Me salía sangre por la boca y por los ojos. [Alguien que trabajaba en la clínica] me dijo: “Eres extranjero, no podemos ayudarte, tienes que irte a tu país. No quiero extranjeros aquí. Si te quedas aquí, puedo llamar a la gente, y vendrán aquí y te volverán a dar una paliza”.
Testimonio 3
*Thulani, un hombre de 45 años de Zimbabue que lleva 21 años viviendo y trabajando en Sudáfrica, no había sufrido ningún acto de xenofobia manifiesta desde los ataques de 2008 en Sudáfrica.
Temiendo por su seguridad, envió a su mujer a otra comunidad, mientras que él pasó la noche de la protesta del 30 de junio en casa de un amigo, más abajo en la misma calle, en Mamelodi, Pretoria. A la 1:20 de la madrugada, Thulani oyó un gran alboroto en las inmediaciones de su casa, pero intentó ignorarlo. Al día siguiente, al regresar a su casa, se quedó traumatizado.
«Me desperté pronto por la mañana, antes de las 5. Quería ir a ducharme a mi casa… [Pero] simplemente la habían quemado. Queman todo. Yo solo lloraba; ya sabes que si eres un hombre hecho y derecho no puedes llorar, pero ellos se llevaron todo lo que quisieron: mi tele, la nevera, el sofá; y después de eso, lo quemaron todo, quemaron entera mi casa de chapa. Estoy aquí con lo puesto. No tengo nada; voy a volver [a Zimbabue] sin nada».
* Por motivos de seguridad, hemos cambiado los nombres de todas las personas que han querido compartir su testimonio con MSF.
Fernando Calero. Press Officer, MSF España. Correo electrónico: [email protected]. Teléfono: + 34 91 758 09 97. Móvil: + 34 630 536 419. X: @MSF_Prensa. Sitio web: msf.es.


