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Déjame bombardearte en paz

Fuentes: Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Si el anterior supremo del Pentágono, el «conocido desconocido» Donald Rumsfeld, estuviera aún en el negocio, no pararía de quejarse de que Libia no ofrezca objetivos bombardeables, al igual que Afganistán en 2001. Por muy lejos que se apreste a llegar el atolladero estadounidense, Libia es mucho más grande que Vietnam, Iraq y Afganistán juntos. Aunque los posibles «objetivos» se concentran en unas cuantas ciudades a lo largo de la costa mediterránea.

El despliegue de Tomahawks que Barak Obama lanzó sobre las fuerzas de Muamar Gadafi (y sobre unas cuantas instalaciones) se acabó; ahora le toca a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) imponer la «acción militar cinética» (neolengua de la Casa Blanca) para así forzar el «cambio de régimen». Y en un perfecto momento Tag Heuer, el desastre está servido. A la OTAN le encantaría bombardear todo lo que aparezca ante su vista al estilo «conmoción y pavor», pero no puede. No puede, ni siquiera, identificar en sus rádares a las fuerzas de Gadafi.

Tú no permaneces en el poder a lo largo de cuatro décadas en un país en desarrollo sin aprender uno o dos trucos militares de ilustres predecesores, como el chino Mao Zedong y el vietnamita Ho Chi Minh, por no mencionar a chapuceros como Sadam Husein en Iraq. Gadafi, tras aprender la lección de que no debía dejar sus tanques como patos sentados al sol en el desierto para que la «coalición de los bien dispuestos» (unos cuantos miembros de la OTAN + Qatar) los bombardearan a placer, está ahora combatiendo contra los «rebeldes» al estilo guerrilla con blindaje ligero

La respuesta de la OTAN era más de prever que esos puntos muertos multilingües de cada día en Bruselas: acusaciones de que Gadafi está utilizando escudos humanos, o que han «dispersado» sus tanques de un extremo a otro dentro del perímetro de la ciudad. Traducción: la guerra aérea de los Tornado/Rafale de la OTAN es inútil, a menos que puedas bombardear una columna de tanques resplandecientes bajo el sol del desierto.

Si la OTAN está furiosa, esa variopinta pandilla conocida como los «rebeldes» está aún más furiosa, acusando a la OTAN de ser incapaces de un bombardeo en alfombra de sus propias ciudades. Esto prueba que a esos mismos «rebeldes» -que están prácticamente mendigándole a Occidente que haga el trabajo sucio- les importa un ardite los «daños colaterales» entre ellos mismos. Una cosa es verdad: si la OTAN hiciera lo que los «rebeldes» quieren que haga, los daños colaterales serían de espanto. Y la opinión pública europea se desactivaría ante esa acción «cinética» de cambio de régimen.

El circo montado es un ejemplo más de cómo esta guerra no es una guerra sino una farsa en realidad. Los franceses y los británicos han comprado especialmente su propio bombo y platillo de que el régimen de Gadafi se está desmoronando. También han comprado su propia alharaca de que toda esa mezcolanza de ex leales a Gadafi, exiliados de poco fiar, yihadistas vinculados con al-Qaida, oportunistas de los negocios y jóvenes verdaderamente revolucionarios tienen coherencia militar y política y que son realmente representativos de toda Libia.

En Londres, Religare Capital Markets apuntó hace pocas semanas que había una probabilidad de un 75% de llegar a un punto muerto en Libia (con el crudo Brent alcanzando los 130$ USA por barril). Parece que el libertador francés de los árabes, el Presidente Nicolas Sarkozy, y su cohorte británico, el Primer Ministro David Cameron, no figuran en su lista de lecturas recomendadas.

Y así aparece la brillante nueva idea de que la OTAN no tenga un papel central y que sean antiguas fuerzas especiales británicas las que entrenen a los rebeldes para que se conviertan en una máquina de combate ágil y eficiente, como si esto pudiera lograrse en cuestión de días o semanas, antes de un alto el fuego.

La guerra que en efecto nadie quiere, excepto Sarko y Cameron, se está esfumando como si fuera una espantosa nueva versión de «Los Tres Chiflados» (se abre la veda para nominar al tercer chiflado). Eso es lo que se consigue cuando tomas parte en una guerra civil africana donde incluso los «buenos» son más turbios que las aguas del Golfo de México. El condominio Pentágono/administración Obama ha eliminado del campo todo su hardware último grito. «Misión ¡uy, qué yuyu!» es el nombre del juego.

Al menos en Serbia, la OTAN sabía lo que estaba haciendo. Apoyaba a un «ejército de liberación» (el ELK, Ejército de Liberación de Kosovo) infectado de asesinos y traficantes de la droga; bombardearon compañías estatales (no privadas), bombas de racimo y uranio empobrecido incluidos, para que las corporaciones multinacionales pudieran abrirse paso y que el Pentágono levantara una inmensa base militar (Campo Bondsteel) para vigilar su protectorado.

Teóricamente, la resolución 1973 de las Naciones Unidas no permite que la OTAN vaya mucho más lejos. Los miembros occidentales de esa «coalición de los bien dispuestos», sobre todo los británicos y franceses, por no mencionar al Pentágono, no paran de rezar para que al final del túnel se encuentren con un montón de petróleo y una base estratégica del AFRICOM/OTAN en el norte de África. Pero no hay nada seguro.

La última esperanza de cordura en todo este caos podría venir de la mano de Turquía. Su Primer Ministro, Recep Tayyip Erdogan, ha propuesto su versión de hoja de ruta para la paz, estableciendo corredores de ayuda humanitaria y que la democracia vaya avanzando por etapas. Turquía está conversando con ambas partes y no postula abiertamente el cambio de régimen. En Qatar -que, como ya hemos informado, está profundamente implicado en guiar la «transición» en Libia-, el próximo miércoles, unos cuantos europeos, EEUU, unos pocos estados clientelistas de EEUU de Oriente Medio y otras tantas entidades internacionales serán quienes discutan la mencionada hoja de ruta.

Vamos a esperar. Actualmente, cualquier hoja de ruta acabaría con los bombardeos de la OTAN.

Pepe Escobar es autor de «Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War» (Nimble Books, 2007) y «Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge«. Su último libro es «Obama does Globalistan» (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: [email protected].

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MD09Ak01.html