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Sudáfrica cuenta con una de las legislaciones sobre libertades sexuales más avanzadas del mundo

El drama de las violaciones «correctivas» en Sudáfrica

Fuentes: Berria

«Me dijeron que me matarían. Que me violarían y después sería una mujer. Me convertiría en una mujer correcta». Este brutal testimonio de Zakhe, una joven de 23 años de Soweto, abre el terrible informe de la ONG británica ActionAid sobre las violaciones «correctivas» de lesbianas en los townships [los barrios obligatorios para negros durante […]

«Me dijeron que me matarían. Que me violarían y después sería una mujer. Me convertiría en una mujer correcta». Este brutal testimonio de Zakhe, una joven de 23 años de Soweto, abre el terrible informe de la ONG británica ActionAid sobre las violaciones «correctivas» de lesbianas en los townships [los barrios obligatorios para negros durante el apartheid].

Este estudio ha destapado a nivel internacional lo que para la comunidad homosexual sudafricana viene siendo una triste realidad desde hace tiempo: un creciente clima de homofobia que se traduce en insultos, agresiones, asesinatos y las absurdas violaciones «correctivas», mediante las cuales, bandas de jóvenes de los townships pretenden «curar» a las lesbianas de su «anomalía».

Paradójicamente, Sudáfrica cuenta con una de las legislaciones sobre libertades sexuales más avanzadas del mundo: su Constitución prohíbe explícitamente la discriminación por motivos de orientación sexual, cuenta con una ley de para perseguir los llamados «crímenes del odio» -cometidos por motivos discriminatorios- y, desde 2006, ha legalizado los matrimonios homosexuales. Pero la realidad del papel se encuentra muy alejada de lo que pasa en la calle. «El movimiento gay-lésbico dedicó muchas energías a presionar los políticos y muchas menos al trabajo educativo. Una tarea que tampoco ha realizado el gobierno» contó a Berria Carrie Shelver, de la organización Gente Opuesta al Abuso a la Mujeres (POWA, en sus siglas inglesas).

Caso ejemplar

El 7 de julio de 2007, el asesinato de Sizakele Sigasa y Salome Massooa en el township de Meadowlands, en Johannesburg, conmocionó la comunidad homosexual. Las dos jóvenes habían sido brutalmente violadas y torturadas antes de ser ejecutadas con un disparo en la cabeza. Entonces, un numeroso grupo de organizaciones civiles y de derechos humanos iniciaron la campaña 07-07-07 -por la fecha del caso- con el objetivo de poner fin a la impunidad que rodea este tipo de crímenes.

El pasado abril fue violada y asesinada Eudy Simelane, estrella de la selección femenina de fútbol y una de las primeras personas públicas de Sudáfrica en vivir abiertamente su homosexualidad. Su caso rápidamente saltó a los grandes medios y se convirtió en un escándalo. La campaña 07-07-07 intensificó sus acciones, tanto legales como de movilizaciones, consiguiendo la primera condena por la muerte de una lesbiana.

Pero el caso Simelane no es más que una excepción. Desde que se contabilizan los «crímenes del odio», en 1998, 31 lesbianas han sido asesinadas sin que nadie más haya sido encarcelado. Una impunidad que se materializa en la inoperancia -cuando no hostilidad- policial, desidia fiscal y constantes retrasos en los procesos. «Las leyes han cambiado, pero los responsables de su aplicación son los mismos que hace 30 años» se lamenta Shelver.

Cultura machista

Pero las lesbianas no son el objetivo exclusivo de las violaciones. El mismo informe de ActioAid calcula que cada año son violadas 500.000 mujeres en Sudáfrica, lo que representa el 2% de la población femenina. Un verdadero fenómeno de la violación apoyado en «un incremento brutal y opresivo de la cultura de la violencia machista», en palabras de la portavoz de ActionAid, Anjali Kwatra.

 

Entrevista a Phumi Mtetwa, directora del Proyecto para la Igualdad de Gays y Lesbianas

«Sin cambiar la base socioeconómica será muy difícil cambiar las relaciones de la comunidad»

El caso de Eudy Simelane ha sacado a la luz pública el problema de las agresiones a lesbianas. ¿Habéis notado un cambio de actitud?

Este es el caso más rápido que hemos visto nunca. Naturalmente la notoriedad de la chica ha influido, y también nuestra movilización y presión política. El gobierno se ha tomado el caso seriamente. Nos ha demostrado que es importante trabajar en otras vías además de la judicial.

Pero mucha gente justifica estas violaciones. ¿Qué pasa exactamente?

Tenemos que reflexionar profundamente para entender el núcleo del problema. La mayoría de atacantes son adolescentes, la primera generación postapartheid. Nuestra democracia ha sido muy exitosa en la reforma de las leyes y la creación de instituciones, pero no ha transformado la sociedad. Puedes ver leyes perfectas sobre el papel que no impiden que la gente sea asesinada en la calle.

Parece curioso que los gays y lesbianas de los townships fueran más respetados en los 80 que actualmente.

Sí, entonces había una comunidad homosexual visible y vibrante, muy activa en la lucha de liberación. Aquí en Johannesburg había un movimiento especialmente fuerte y creativo muy influyente. No es casual que tengamos las leyes que tenemos. Pero esta situación se va retrayendo a partir de la caída del apartheid.

¿Cómo se trabaja para revertir el clima de homofobia?

Hay que entender que en los townships se sufre una fuerte degradación social, con altos índices de pobreza, paro, abuso de drogas, alcoholismo. Y sin cambiar la base socioeconómica será muy difícil cambiar las formas de relacionarse de la comunidad. Tenemos que desarrollar una fuerte agenda política que pueda revertir esta degradación.

Una de las iniciativas que tomamos empezó en noviembre de 2007 durante un encuentro nacional de movimientos sociales, junto a gente como el Fórum Anti Privatizaciones o la Campaña por los Tratamientos con Antiretrovirales. Entonces empezamos la tarea de construir organizaciones locales, consejos de barrio, centros comunitarios, formar activistas de base, etc. Tratamos de crear el movimiento social que Sudáfrica necesita hoy en día, que pueda combatir el colapso de la sociedad.