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El laicismo y el nuevo gobierno de transición

Fuentes: Rebelión

En teoría política un gobierno provisional es aquel que se instaura ilegítimamente, pero con un gran apoyo popular, y da pie a un nuevo periodo constitucional o a un nuevo régimen político. Por ejemplo, el primer gobierno de la segunda republica fue un gobierno provisional. Un gobierno provisional normalmente es revolucionario o muy reformista, que […]

En teoría política un gobierno provisional es aquel que se instaura ilegítimamente, pero con un gran apoyo popular, y da pie a un nuevo periodo constitucional o a un nuevo régimen político. Por ejemplo, el primer gobierno de la segunda republica fue un gobierno provisional.

Un gobierno provisional normalmente es revolucionario o muy reformista, que impulsa cambios en profundidad. Evidentemente el próximo gobierno socialista no será ningún gobierno provisional porque no se ha erigido ilegítimamente y tampoco será un gobierno que convoque un nuevo proceso constituyente. Pero este gobierno, que nace a mitad de una legislatura, bien pudiera acometer medidas propias de un gobierno provisional o reformas profundas. Se dan circunstancias que lo propician. En primer lugar, porque el Gobierno socialista se apoya en una izquierda más a la izquierda y que, en cierta forma, es heredera de lo que significó, en cuanto a aspiraciones de transformación política y social el 15 M. Además , al menos hasta hace poco, esta Izquierda que representa el grupo parlamentario de Unidos Podemos y sus confluencias como En Marea o Compromís, tenía un discurso de superación del marco político de lo que se ha venido en llamar el Régimen del 78; igualmente se apoya en las fuerzas independentistas catalanas que no solamente tienen un discurso de ruptura con el régimen del 78 sino que ya se han comprometido con una proclamada Republica catalana y tienen algunos de sus principales dirigentes en las cárceles o en el exilio. Así pues, el nuevo gobierno socialista se apoya en fuerzas políticas que demandan cambios profundos y también cambios constitucionales de peso o de superación de la Constitución del 78.

Pero más allá de estos asuntos tan difíciles de emprender nos encontramos con las demandas de millones de ciudadanos de inaugurar un nuevo ciclo de modernidad en España; algo que cada año se viene manifestando de mil maneras; existe una ciudadanía cada vez mas consciente y que exige un estilo de vida política democrática; se exigen reformas de la ley electoral, reforma de la Constitución y del sistema político , partidos políticos instrumentales y no clientelares , cuestionamiento del monarquía cono forma de Estado y la implantación de un modelo federal o fórmulas que superen las «autonomías». Es un sector social muy amplio que busca una apertura de un bloqueado sistema político español en medio de una corrupción política generalizada y de un régimen político con signos de esclerosis. Es un sector social amplio pero que ha estado callado entre tantas banderas rojigualdas en los balcones.

Quizás, a través de gestos modestos, nos encaminemos a políticas de reformas más profundas. Un gesto del nuevo presidente del Gobierno ha sido prometer su cargo sin la Biblia y el crucifijo. Es la primera vez en la democracia que se promete un cargo de una forma estrictamente laica. Y en sí mismo es muy importante. Nunca antes se había hecho. Ese gesto democrático de Pedro Sánchez, puede significar la apertura de un impulso de la democracia en España. Para el laicismo, como para otros principios indisociables de la democracia, se abre una oportunidad. La debilidad y fragilidad del Gobierno puede convertirse en una fortaleza. Durante años el PSOE ha tenido la mayoría absoluta y no avanzó ni una pizca en el laicismo. Este Gobierno débil tiene ahora la oportunidad de impulsar medidas que caminen hacia un Estado laico en España: eso le haría más fuerte; ya, en esta legislatura, el Congreso de Diputados ha aprobado proposiciones no de ley claramente en ese sentido como es acabar con el adoctrinamiento religioso en las escuelas o la denuncia de los vergonzosos Acuerdos con la Santa Sede de 1979, donde se prolongaron muchos de los privilegios del nacionalcatolicismo en la democracia.

EL Gobierno de Pedro Sánchez puede, mañana mismo, someter la denuncia de estos Acuerdos al Congreso de los Diputados y de esta forma estar libre de compromisos y coacciones. Estos Acuerdos son una especie de última barricada jurídica en los que la Iglesia Católica se atrinchera para salvaguardar sus privilegios. Uno de los problemas que han tenido todos los gobiernos en España ha sido la presión religiosa que ha mantenido muchos derechos civiles congelados, en especial los derechos de las mujeres; ha sido la sociedad la que finalmente se ha impuesto y ha obligado a los gobiernos del PSOE a que tomaran iniciativas de reconocimiento de los derechos; sin embargo, todo esto ha salido muy caro al dejar en manos de la iglesia católica una gran parte de la educacion en España o la asistencia social; hoy los colegios concertados representan, después de la renta, el primer factor de segregación social. La iglesia católica española tiene muchísima influencia en nuestro país y la prueba es que todavía sigue siendo financiada por el Estado; muchos partidos y en especial de la izquierda, tienen miedo de la Iglesia y de su influencia, por lo que significa en la configuración de los bloques electorales. Se presupone que si se molesta a la Iglesia muchos sectores sociales no te votaran. El hecho de que todos los representantes públicos, desde la extrema derecha pasando por Carmena hasta llegar a Kichi, sigan promocionando el simbolismo católico y asistiendo a oficios y procesiones religiosas, en calidad de cargos públicos, indica la influencia en la política que todavía posee la iglesia católica en España.

El nuevo gobierno del partido socialista, con el apoyo de la izquierda y del nacionalismo político, pese a las limitaciones e hipotecas con las que nace, podría y debería tomar medidas que impulsaran el laicismo en España: podría constituir una de sus mayores fortalezas y sin duda reconciliaría al PSOE con los sectores sociales que demandan un cambio político en España. El gesto de Pedro Sánchez, al prometer su cargo libre de simbolismo católico, ha abierto grandes simpatías y nos entronca con un impulso de modernidad bastante adormecido en nuestro país

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.