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Jeremiadas de Trump contra Corea del Norte, Irán, Cuba, Siria y Venezuela y en favor de Israel

Fuentes: La Jornada

Trump visitará China, Japón y Corea del Sur en noviembre, lo cual podría disminuir las tensiones en la península coreana -Foto: Ap. Después de las truculentas jeremiadas de Trump proferidas en su primer discurso bélico ante la Asamblea General de la ONU, se pueda garantizar que no destruirá Corea del Norte, al menos no antes […]

Trump visitará China, Japón y Corea del Sur en noviembre, lo cual podría disminuir las tensiones en la península coreana -Foto: Ap.

Después de las truculentas jeremiadas de Trump proferidas en su primer discurso bélico ante la Asamblea General de la ONU, se pueda garantizar que no destruirá Corea del Norte, al menos no antes de las cumbres asiáticas de la disfuncional APEC (en Vietnam, el 11 y 12 de noviembre) y del ASEAN-10 con Estados Unidos (en Filipinas del 10 al 11 de noviembre).

Desde Hong Kong, South China Morning Post ( SCMP) asegura que Trump visitará China, Japón y Corea del Sur también en noviembre (https://goo.gl/SQiLxa), lo cual es probable que disminuya las tensiones en la península coreana y encamine a una salida decorosa para todas las partes implicadas: las dos Corea, Japón y las tres potencias nucleares EE.UU./Rusia/China (el famoso esquema hexpartita).

En los primeros años del siglo XXI es inadmisible borrar del mapa al país que fuere -en este inaudito caso a Corea del Norte y sus 25 millones de habitantes-, lo cual ascendería, aunque se trate de un genocidio retórico, al mayor etnocidio de la historia, sin contar otro tanto que puede perecer en Corea del Sur por las represalias de sus hermanos del norte, como bien ha señalado Steve Bannon, saliente estratega de Trump.

El problema es que tanto EE.UU. como  Corea del Norte han recurrido a las jeremiadas teóricas del loco(https://goo.gl/65fveR), por lo que se requiere de que Rusia, China, Japón y Corea del Sur -integrantes del esquema hexpartita- diluyan el vino bélico de Trump y Kim Jong-un.

Las jeremiadas tanto de EE.UU. como de Corea del Norte son inadmisibles en el siglo XXI y tampoco hay que perder de vista los movimientos de ajedrez de Trump al instalar su conjunto de radares misilísticos (THAAD, por sus siglas en inglés) en Corea del Sur (pese a sus reticencias domésticas), destinados a espiar, más allá de Corea del Norte, hasta tres mil kilómetros adentro del binomio Rusia y China (https://goo.gl/A2FzEY).

La nada diplomática embajadora de Trump en la ONU, Nikki Haley, parece desempeñar el rol de amazona para amedrentar al régimen de Bashar al Assad en Siria (apuntalado por Rusia) y a Corea del Norte, que goza del apoyo de China.

Daniel McAdams, director del Instituto Ran Paul para La Paz y la Prosperidad, enumera la serie de pugnaces embajadores de EE.UU. en la ONU que ya no amedrentan a nadie que se respete (https://goo.gl/KFwPaf).

Paul Craig Roberts, exasistente del Departamento del Tesoro con Reagan, comenta que el discurso neoconservador, horrible, arrogante y tonto (sic) de Trump se asemeja a una «declaración de guerra a cada país que no acepta la hegemonía de Washington (https://goo.gl/Qk3zan)».

Es curiosa la legítima defensa de la soberanía autista de EE.UU. por Trump cuando fustiga la soberanía ajena de Irán, Rusia, China, Corea del Norte y Venezuela, según Paul Craig.

Hay que saber distinguir entre las aldeanas bravatas retóricas de cantina barata con las tratativas diplomáticas tras bambalinas que suelen ser más efectivas lejos de los reflectores.

Fuentes de alto nivel en Washington filtraron el pasado 19 de septiembre que existen negociaciones secretas entre EE.UU. y Corea del Norte, lo cual fue confirmado en una entrevista con Ria Novosti por Thomas Pickering, anterior embajador de EE.UU. en Rusia y ex subsecretario de Estado para Asuntos Políticos (https://goo.gl/kEMGKt).

A cargo de los contactos subrepticios por parte de Corea del Norte está Choi Sun Hee, quien se reunió con el exembajador estadunidense Pickering y en fechas recientes discutió las tensiones en la península coreana con Alexander Matzegora, embajador de Rusia en PyongYang.

En paralelo, se han reunido funcionarios de EE.UU. y de Corea del Norte en otros puntos del planeta, según revelaciones de la radio NHK de Japón.

No todo fue tan negativo con las jeremiadas vertidas por Trump en la ONU, donde invocó los términos soberano y soberanía 21 veces, en franca colisión contra los «banksters» globalistas, hoy agazapados por sus desmanes.

El brasileño Pepe Escobar desnuda el maniqueísmo medieval de la doctrina Trump, que promete una carnicería (¡súper-sic!) para el nuevo eje del mal de Corea del Norte, Irán y Venezuela.

En entrevista a Sputnik consideré que las jeremiadas de Trump representaban una «fuga hacia delante (https://goo.gl/h31Pbw)», lo cual coincide con PE, quien comenta que Washington siente amenazada su hegemonía que está llegando a su «propio punto crítico (https://goo.gl/gMsLuP)».

Según Escobar, el régimen de Maduro se encuentra en peligro, ya que a principios de noviembre, los ejércitos de Brasil y EE.UU. serán desplegados en ejercicios conjuntos en la selva del Amazonas, en la tritransfrontera de Perú, Brasil y Colombia, que van encaminados al cambio de régimen en Venezuela y que pueden convertir a Sudamérica en un nuevo Afganistán (¡súper-sic!). Resulta que Venezuela ostenta las mayores reservas de petróleo no-convencional del planeta.

Escobar aduce que la doctrina Trump -con fuertes semejanzas con la doctrina Truman, que lanzó las dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki- introduce un nuevo conjunto de problemas a Rusia y a China, cuando Putin y Xi anhelan restablecer un equilibrio de poderes similar al Concierto de Europa de 1815, después de la derrota de Napoleón.

Con la lastimosa excepción del México neoliberal itamita en la aciaga etapa del aprendiz Luis Videgaray, lo real es que pocos países respetables se dejan amedrentar por el unilateralismo trumpiano cuando EE.UU. se encuentra en su fase de declive acelerado.

Desde luego que existen países más vulnerables que otros y que son motivo de las jeremiadas trumpianas, lo cual no es el caso ni de Irán (potencia emergente medio-oriental), y, no se diga, de la superpotencia nuclear Rusia y la superpotencia geoeconómica China.

Por cierto, en esta fase de alta tensión, Rusia y China acaban de realizar ejercicios militares ceca de Vladivostok (https://goo.gl/qoDQza), mientras Moscú y Pekín se desprenden en forma gradual de sus transacciones en dólares (https://goo.gl/1VSvr2).

Los muy sesgados multimedia de Occidente (whatever that means) han ocultado los relevantes discursos de los cancilleres de China, Wang Yi, y Rusia, Sergey Lavrov, en la Asamblea General de la ONU 72, donde formularon el idóneo trazado de ruta para salir del atolladero nuclear en la península coreana.

Lavrov fue más enfático sobre el principio de la soberanía nacional, invocado por el mismo Trump (pero sólo para EE.UU. primero), y se pronunció por un equitativo y democrático orden internacional, que estipula la inadmisibilidad de la interferencia en asuntos internos de los Estados soberanos y el no-reconocimiento de golpes de Estado como método de cambio de régimen.

El canciller ruso no perdió la oportunidad de flagelar la aspiración de la OTAN para recrear un clima de Guerra Fría que glorifica a los neonazis de Ucrania y los Países Bálticos.

Para Trump no existe ningún país perfecto, salvo Israel -país racista/paria/de apartheid- gobernado por su principal aliado supremacista global: el primer ministro Benjamín Netanyahu.

El tema de la demonización de Irán por la doctrina Trump, que se somete a los deseos unilaterales del premier israelí, merece un capítulo especial.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/09/24/opinion/024o1pol