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La China privada y el liderazgo del PCCh

Fuentes: Rebelión

Las sesiones parlamentarias anuales de marzo próximo tendrán uno de sus focos principales en la promoción de la economía privada. En dicho marco, está previsto el debate de una ley de promoción de este sector que podría representar un nuevo punto de inflexión en el tratamiento del segmento no público en la economía china desde la aprobación del código de derechos reales en tiempos de Hu Jintao (2007) que marcó la prestación de un mayor amparo institucional y legal al sector privado en China.

El anuncio llega precedido de dos gestos importantes de claro apoyo al sector, lo que parece formar parte de una estrategia de reanimación económica interna pero también del estímulo ganador en la competencia global con los EEUU. Xi recibió a los representantes de los principales gigantes tecnológicos del país, de sectores como la inteligencia artificial y las industrias tradicionales, en un aparente cambio de rumbo tendiendo puentes donde antes había impulsado una fuerte campaña regulatoria para embridar el sector digital. El catalizador simbólico fue la presencia en la reunión de de Jack Ma, el confundador de Alibaba, marginado desde 2019 tras efectuar algunas críticas al intervencionismo estatal. Posteriormente, en un simposio sobre empresas privadas, el segundo que se celebra desde 2018, Xi auguró un “porvenir auspicioso y gran potencial” para la economía privada. El líder chino afirmó que las políticas fundamentales para el desarrollo de la economía privada se han incorporado al sistema institucional nacional y que “esto no puede ni va a cambiar”. Animó a los empresarios privados a aprovechar el momento, con la esperanza de que “sean patrióticos, prosperen y luego estimulen la prosperidad común”, además de mantener un espíritu de perseverancia en medio de las dificultades.

Estos movimientos llegan cuando se avecina una nueva fase de la guerra comercial entre Washington y Beijing con la llegada al poder, otra vez, de Donald Trump.

Importancia de la economía privada

El sector privado en China ha florecido a lo largo de la reforma y la apertura. En retrospectiva, la economía privada ha contribuido sustancialmente. al desarrollo del país Desde 1999 y fundamentalmente a partir del XVI Congreso del PCCh, celebrado en 2002, la importancia cuantitativa de la propiedad privada se disparó, transformando la realidad material y sociológica del país, pudiendo constituir el germen de un cambio mayor que alcanzara a la dimensión política de la reforma y a su actor principal, el PCCh.

Así pues, en este período del denguismo tardío, el PCCh se afanó por remover muchos de los obstáculos que impedían el desarrollo de la economía no pública, abriendo un espacio importante para el desarrollo de la economía privada. Hoy día, no existen impedimentos formales para que el sector privado, por ejemplo, acceda a la gestión de servicios públicos, a la construcción de infraestructuras, etc., sectores que hasta hace poco tiempo le estaban vetados. Ahora, si la ley no prohíbe expresamente su presencia, la economía privada puede intervenir. Además, se propicia una progresiva equiparación entre economía pública y no pública en ámbitos como el fiscal, el uso de la tierra, inversiones, acceso al crédito, comercio exterior, etc. Esa igualación formal de condiciones que caracteriza el contexto legal tiene como objetivo, según las autoridades, promover una sana competencia entre ambas.

El documento de referencia que sirve de guía a todo tipo de instituciones, ya sea del gobierno central, regionales o locales, para la consideración y fomento de la propiedad privada es el llamado “36 puntos sobre la economía no pública”, en el que se abordan toda una serie de medidas que abarcan aspectos como la extensión de los ámbitos económicos a los que puede acceder la economía privada, el incremento del apoyo financiero y fiscal, el aumento de los servicios sociales proporcionados a este sector, la defensa de los derechos e intereses legales de los dueños, administradores y trabajadores, el fomento de políticas destinadas a elevar su calidad, la habilitación de medidas de coordinación activa con el conjunto de la economía y la concreción de instrumentos que permitan mejorar la supervisión y el control del gobierno respecto a la economía privada.

Los 36 puntos incorporan algunas aportaciones significativas en el plano conceptual que refuerzan el compromiso del PCCh y del Estado con la economía no pública. En primer lugar, por primera vez, se establece el principio de que la economía pública y no pública tienen el mismo derecho a participar en condiciones de igualdad en la actividad económica. En segundo lugar, también por primera vez admite el acceso de la economía no pública a los monopolios públicos, que serán progresivamente liberalizados. En tercer lugar, igualmente por primera vez contempla la posibilidad de que la economía privada pueda acceder a la explotación y comercialización de los recursos naturales. Por último, también por primera vez, consiente el acceso de la economía no pública al ámbito de la defensa y sus tecnologías aplicadas. Los avances teóricos y legales descritos evidencian que la economía no pública dispone de una posición muy destacada en el conjunto de la economía china y goza del favor del PCCh.

Este cambio normativo se apoyaba en una realidad evidente: en los años 90 y principios del siglo XXI, la contribución de la economía no pública al crecimiento y desarrollo de China había sido muy importante. Al término del IX Plan Quinquenal, en el año 2000, representaba el 55% del PIB. Ese 55% se distribuía del modo siguiente: 42,8% correspondía a la economía interna, y el 12,2% restante a las empresas extranjeras y con inversiones de los tres territorios de Hong Kong, Macao y Taiwán. Al final del X Plan Quinquenal, en 2005, ya representaba el 65% del PIB, con un reparto interno del 49% interna y 16% el resto. Ya nos refiramos a la construcción o la industria, la significación en el ámbito del empleo, la cuota de participación en los ingresos fiscales, comercio exterior, su papel en la innovación tecnológica, etc., creció de forma exponencial, elevando su importancia en el conjunto de la economía china.

En otro orden, las sombras de la economía no pública son alargadas. En primer lugar, en el plano de las relaciones laborales. En este ámbito, era muy poco habitual la firma de contratos de trabajo y la violación de derechos básicos de los trabajadores estaba al orden del día. En segundo lugar, las condiciones laborales en estas empresas tampoco podrían calificarse como buenas, ya se hable de la seguridad o de la salud. En tercer lugar, la calidad de la producción también necesitaba mejorar ya que muchas de ellas estaban directamente involucradas, por ejemplo, en la falsificación de productos. Por último, la presencia sindical era muy reducida.

Todo ello influyó en la necesidad de propiciar una mejor protección no solo de los derechos e intereses legales de los titulares de la empresa privada o individual, sino también de los trabajadores que emplea. La aprobación de una Ley sobre Contratación Laboral vino a garantizar derechos elementales a los trabajadores chinos, desde las indemnizaciones por despido a un contrato laboral. La iniciativa gubernamental trataba entonces de poner un mínimo de orden (y justicia) en la selva laboral china, venciendo también la tenaz resistencia de las multinacionales occidentales que, a pesar de sus proclamas, presionaron cuanto pudieron para mantener o alterar en lo mínimo el statu quo vigente y que les garantizaba bajos salarios, falta de seguridad, y negación, en suma, de derechos y condiciones laborales básicas, una actitud que desmiente las reiteradas proclamas de contribuir a elevar los niveles de respeto de los derechos laborales en China.

A finales de septiembre de 2024, el número de compañías registradas a nivel nacional superaba los 55 millones, y las privadas representaban el 92,3 % del total; el 95 % entre pequeñas y medianas especializadas y sofisticadas con una oferta novedosa. En 2024, el sector reportó importaciones y exportaciones por valor de 24,33 billones de yuanes, esto es, el 55,5 % del total del comercio exterior. Los datos oficiales han revelado que la participación de las empresas privadas entre todas las empresas de alta tecnología en el país ha aumentado a más del 92 por ciento.

Expresión de la singularidad del modelo chino

Junto a la cuestión del mercado, el auge del sector privado en China, entre otros, ha sido un recurrente tema de debate a la hora de dilucidar si su sistema político había o no cambiado de naturaleza. Jiang Zemin planteó el concepto de la “triple representatividad” para extender el manto del PCCh sobre los nuevos actores privados a fin de garantizar su coherencia con las políticas generales del país. En los últimos años, sin embargo, ha habido altibajos en consonancia con la reafirmación ideológica asociada al xiismo en un contexto de agravamiento de las tensiones comerciales globales.

Al PCCh le preocupa especialmente garantizar la primacía del poder político manteniendo el motor del Estado como actor del crecimiento y como regulador activo; a su vez, reconoce el potencial de auxilio del sector privado para lidiar con aranceles y sanciones y para impulsar una nueva ola de avance tecnológico. A pesar de que el sector privado juega un papel crucial en la economía, el PCCh se asegura de que las grandes corporaciones sigan alineadas con sus objetivos políticos y estratégicos.

El auge y reconocimiento de la economía no pública ha venido acompañado en paralelo del anuncio de los sectores que el Estado conservará en sus manos por considerarlos estratégicos: defensa, electricidad, petroquímica, minería, telecomunicaciones, aviación civil y transporte fluvial. Estos son los considerados sectores vitales. Además, el Gobierno gestiona activamente una combinación de regulación, supervisión política e influencia directa en la gestión corporativa.

En paralelo al auge del sector privado, el PCCh ha multiplicado la presencia de sus células en las empresas. Más del 70% de las empresas privadas en China tienen células del PCCh dentro de sus estructuras que supervisan las decisiones estratégicas y aseguran que las empresas operen dentro de los lineamientos del gobierno.

Modelos confrontados

Una característica sustancial de la Administración Trump es la incorporación de grandes empresarios a la gestión de las políticas públicas en un nivel destructivo nunca antes conocido. La apropiación e instrumentalización del Estado adquiere así un rango sin parangón. En China, por el contrario, el Estado está bien lejos de ser haber sido objeto de apropiación por cualquier clase empresarial, siendo el PCCh el garante de la estabilidad y la continuidad de las políticas centrales.

El apoyo rubricado ahora al sector privado por el PCCh cabe contextualizarlo en el llamamiento a una mayor participación en los principales proyectos y programas nacionales, incluidos los alineados con las principales estrategias, la creación de capacidad de seguridad en áreas clave, así como la renovación a gran escala de equipos y el intercambio de bienes de consumo. Forma parte, así, de un plan estratégico para dominar las tecnologías emergentes en un periodo que se aventura clave en la transición china y global.

El fuerte apoyo a las políticas nacionales y a un modelo de desarrollo innovador opera bajo el liderazgo gubernamental que es la principal fuerza impulsora del desarrollo tecnológico (en EEUU depende de la inversión privada y de las fuerzas del mercado). El gobierno coordina universidades, instituciones de investigación y empresas para lograr una asignación eficiente de los recursos, lo cual imprime una mayor velocidad a los proyectos que se refleja en éxitos nada despreciables, especialmente si tenemos en cuenta el débil punto de partida.

La famosa frase de Deng Xiaoping “no importa si un gato es blanco o negro, siempre que cace ratones”, resuena aquí aun con particular significado para resaltar la importancia que el PCCh sigue otorgando al desarrollo sin autolimitarse por ello en la consideración pública o privada de cualquier propuesta coyuntural en tanto no afecte al liderazgo garantista de su magisterio.

Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China

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