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Las conversaciones de paz con los talibanes ignoran a las milicias afganas financiadas por la CIA

Fuentes: The Intercept

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Fuerza de combate financiada por la CIA en Bati Kot, distrito de Nangarhar (24 julio 2018 ) Foto: Jim Huilebroek/The New York Times vía Redux

Tras 18 años de guerra y varios meses de conversaciones directas, EE.UU. parece a punto de alcanzar un acuerdo de paz sin precedentes con los talibán que podría dar lugar a la retirada de tropas estadounidenses de Afganistán.

En marzo pasado se llegó ya a un acuerdo preliminar y, al parecer, los negociadores que se encuentran en Qatar habrían estado resolviendo los últimos detalles antes de la fecha límite del 1 de septiembre, exactamente cuándo se retirarán las tropas estadounidenses y cuándo entrará en vigor un alto el fuego permanente entre las partes. Según los informes, Estados Unidos busca asimismo garantías de los talibanes de que no van a albergar a grupos terroristas extranjeros como el ISIS y Al Qaida y de que entablarán un diálogo con el gobierno afgano una vez que el ejército estadounidense se haya marchado.

Es lo más cerca que Estados Unidos ha llegado respecto a un avance diplomático con los talibán, y los expertos en política exterior son cautelosamente optimistas de que podría facilitar la retirada de Estados Unidos. Pero un nuevo informe del Proyecto Costes de la Guerra del Instituto Watson, de la Universidad Brown, argumenta que el acuerdo no conducirá a una paz real a menos que se aborde el aspecto más destacable y molesto: el destino de las milicias afganas regionales pagadas y dirigidas por la CIA.

«Las milicias que actúan fuera del control del Estado central y de la cadena de mando de sus fuerzas armadas socavarán el proceso de formación de Estado y las perspectivas de una paz sostenible», se lee en el informe.

No está claro en qué medida los negociadores estadounidenses o los talibanes han debatido el destino de las milicias. En julio, Zalmay Khalilzad, el principal negociador de Estados Unidos, mencionó el destino de las milicias mientras enumeraba los temas que debían incluirse en un acuerdo general. Pero los autores del informe señalan que el Secretario de Estado Mike Pompeo, en otro tiempo director de la CIA, no ha mencionado la cuestión.

Si el problema no llega a abordarse, argumenta el informe, podría conducir a la ruptura del alto el fuego o del acuerdo, lo que a su vez pondría en peligro el futuro de Afganistán. «Si la violencia continúa a algún nivel tras la firma del acuerdo», dice el informe, «las milicias tendrán mucha demanda en el mercado político».

La utilización de las milicias apoyadas por la CIA se remonta a 2001, cuando, tras los ataques del 11 de septiembre, la CIA organizó rápidamente milicias afganas bajo su nómina para derrocar a los talibán. Esto permitió le permitió enviar a combatientes de Al Qaida que huían del país sin que la huella estadounidense pudiera apenas apreciarse.

Inicialmente, esas milicias locales se consideraron como una solución temporal, pero finalmente se convirtieron en un elemento permanente de las operaciones secretas de la CIA en el país, incluso actuando en ocasiones sin conocimiento de los diplomáticos estadounidenses y de los responsables militares afganos.

No se sabe mucho públicamente sobre los grupos específicos que dirige la CIA, el más conocido de los cuales es la Fuerza de Protección de Khost. Esta fuerza no tiene base en la Constitución o la ley afgana, y opera desde el Campamento Chapman de la CIA en la provincia de Khost.

En 2010, el periodista Bob Woodward escribió que el «ejército» de la CIA consistía en unos 3.000 combatientes afganos, pero desde entonces es probable que el número se haya disparado. Según el New York Times, desde diciembre, solo la Fuerza Khost puede sumar hasta 10.000 efectivos. (Estados Unidos tiene actualmente unos 14.000 soldados en el país).

El presidente Donald Trump ha ampliado aún más el papel paramilitar de la CIA en Afganistán, utilizando las milicias locales en operaciones de caza y muerte. En una conferencia de seguridad en Texas en 2017, Pompeo, entonces director de la CIA de Trump, dijo que este había autorizado a la CIA a «asumir riesgos» que la hicieran «más rápida y más agresiva», y que «tenemos que aprovechar cada minuto para aplastar a nuestros enemigos».

En febrero, un informe de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA, por sus siglas en inglés) descubrió que en 2018, las muertes de civiles por operaciones de búsqueda -operaciones nocturnas contra zonas residenciales- se habían triplicado respecto al año anterior.

Las fuerzas vinculadas a la CIA han sido acusadas de numerosos abusos, incluida la realización de ejecuciones sumarias y torturas. Una investigación realizada por el New York Times documentó un caso en el que las fuerzas respaldadas por la CIA dispararon contra dos hermanos a la vista de sus familias en la provincia de Nangarhar:

«Las fuerzas esposaron y encapucharon a dos hermanos y después de un breve interrogatorio, mientras sus esposas e hijos observaban, ambos hombres fueron arrastrados y ejecutados en una esquina de una habitación en la que luego se provocó una explosión haciendo que el techo se derrumbara sobre sus cabezas, según los familiares y aldeanos que sacaron los cuerpos de entre de los escombros.»

Antonio De Lauri, un antropólogo que trabaja en el Instituto Chr. Michelsen, Noruega, y uno de los autores del informe, declaró a The Intercept que el hecho de no controlar a los grupos armados con fondos extranjeros que operan fuera del gobierno central sería perjudicial para la legitimidad de las conversaciones y para la paz a largo plazo. «Es un tema que hay que tratar con bastante rapidez y que debe estar presente en las conversaciones», dijo De Lauri.

Según el informe, el tamaño y el poder de las fuerzas de la CIA podrían representar un problema para el gobierno afgano después de las conversaciones de paz. Para las milicias, la integración en las fuerzas armadas regulares podría implicar un recorte salarial significativo y una pérdida del estatus privilegiado que les ha permitido operar en gran medida sin transparencia ni responsabilidad legal. «Si la CIA se desentiende de ellos», señala el informe, «pueden renacer como ejércitos privados o ‘guardias de seguridad’ al servicio de individuos poderosos u operar de forma autónoma para extorsionar a civiles y empresarios».

Alex Emmons es un reportero que cubre temas relativos a seguridad nacional, asuntos exteriores, derechos humanos y política. Antes de unirse a The Intercept, trabajó para Amnistía Internacional y la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) en sus campañas contra los asesinatos selectivos, la vigilancia masiva y la Bahía de Guantánamo.

Fuente: https://theintercept.com/2019/08/21/taliban-peace-talks-afghanistan-militias/ 

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.