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Miami, crisis arriba, el Jackson abajo

Fuentes: Rebelión

Un reciente estudio de la revista Forbes que analizó la tasa de desempleo, las ejecuciones hipotecarias, los impuestos (ingresos y patrimonio) precio de la vivienda, corrupción política y crimen violento, realizado en cerca de 200 ciudades, estableció que Miami, Florida, es la ciudad más miserable de Estados Unidos. El reporte muestra una brecha entre los […]


Un reciente estudio de la revista Forbes que analizó la tasa de desempleo, las ejecuciones hipotecarias, los impuestos (ingresos y patrimonio) precio de la vivienda, corrupción política y crimen violento, realizado en cerca de 200 ciudades, estableció que Miami, Florida, es la ciudad más miserable de Estados Unidos.

El reporte muestra una brecha entre los ingresos del uno por ciento más rico, y el 75 % de los miamenses con menos ingresos.

Forbes señaló que el 47 % de los propietarios se enfrentan al riesgo de perder sus casas pues desde 2008, 364 000 dueños de vivienda en el área de Miami han entrado en el proceso de ejecución hipotecaria,

De acuerdo con estadísticas del Buró de Censos, Miami posee el segundo lugar en lo referido a la mayor desigualdad de ingresos per cápita, mientras que la tasa de pobreza del 32,4 %, califica como la quinta más alta de la nación. Después de Miami, en la peyorativa lista se ubican, Detroit y Flint (Michigan), West Palm Beach (Florida), Sacramento (Chicago), Fort Lauderdale, (Florida), Toledo (Ohio), Rockford (Illinois) y Warren (Michigan).

Pero en vez de mejorarle la situación a los más necesitados, el Estado de la Florida planea adoptar nuevas leyes que según Karen Woodall, directora interina del Centro de la Florida para Política Fiscal y Económica, son planes para privatizar parte del Medicaid.

Woodall denunció que las aseguradoras privadas les han negado sistemáticamente servicios a los más pobres y a las personas vulnerables.

El estado prevé trasladar a beneficiarios del Medicaid (primero serán los ancianos) a programas privados de servicios de salud gestionados para enero del 2013, con propuestas que profundizan los recortes.

A la par, el gobernador Rick Scott desea reducir este año el gasto del Medicaid en casi 10 % para dedicar ese dinero a la educación, y tanto la Cámara como el Senado floridano proponen reducciones drásticas en las contribuciones del Medicaid a los hospitales locales.

Los representantes republicanos como el de Sarasota, Doug Holder y el de Lecanto, Jimmie Smith, insisten en aplicar normas agresivas neoliberales y manifiestan que «en vez de aumentar los impuestos para financiar la red de asistencia social, la mejor solución es eliminar barreras y obstáculos a los negocios privados, que a su vez pueden generar un crecimiento sostenido de los empleos».

Los recortes presupuestarios a los servicios sociales aprobados el pasado año por el Gobierno federal afectan a miles de residentes del condado Miami-Dade y sus ciudades mayores -incluyendo Hialeah, Miami Beach, Miami y North Miami.

La disminución va dirigida a los programas extraescolares, de comidas para los ancianos y de atención para la salud.

Hialeah recibirá 1.8 millones de dólares menos en el año 2012 de lo que recibió en el 2011 del programa de Subvenciones en Bloque para el Desarrollo Comunitario (CDBG) una fuente importante de dinero federal directo. Para el alcalde Carlos Hernández, la ciudad no tiene forma de cubrir esa disminución y señaló que «los niños y los ancianos serán afectados».

La situación resulta ya desesperada para muchos ciudadanos y el diario Herald Times cita el caso de Rudy Roberts que no ha podido conseguir empleo desde hace año y medio. «Desamparado y sin teléfono móvil, señala el diario, este hombre se está quedando en casa de amigos, arañando la tierra para conseguir 80 dólares al mes para recibir en una clínica pública medicamentos contra la diabetes y la degeneración ósea.

«Esa es mi historia, pero no soy el único. Somos muchos con una necesidad desesperada», afirmó Rudy.

El caso del hospital Jackson Memorial resulta alarmante pues es el único que ofrece asistencia social, aunque ya también cobra por prestar varios de los servicios que fueron eliminados de la categoría pública.

Para el próximo primero de mayo (en contraposición con el Día Internacional de los Trabajadores) se eliminarán 1 117 puestos laborales, de estos 400 de enfermeras y se contratarán 355 personas, solo a tiempo parcial, para tratar de dar «solución a los abrumadores problemas de financiamiento», enfatizó su presidente ejecutivo Carlos Migoya.

Los miembros de los sindicatos han calificado los despidos de devastadores y una amenaza a la seguridad de los pacientes.

Con la prepotencia que caracteriza a los dirigentes del condado Miami Dade, Migoya dijo: «No me voy a preocupar por las críticas. Voy a hacer lo que tenga que hacer para atraer pacientes que paguen, y mejorar los servicios primarios para reducir las costosas visitas a la sala de emergencia».

Esta resultando una práctica que los enfermos que no tengan seguro médico no puedan acceder a los servicios que ofrece el hospital Jackson.

En Estados Unidos, 54 millones de personas no pueden pagar seguros médicos y en Miami esa situación afecta 800 000 ciudadanos.

Una cita para ver un galeno demora semanas y hasta meses. Un caso reciente fue denunciado a la prensa por Raúl Gámez, de 52 años, quien padece de diabetes y otras enfermedades crónicas que le impiden trabajar.

Gámez explicó que cuando llama por teléfono y tras numerosos intentos logra comunicar, le dan un turno para entre 60 y 90 días. Por tanto, se presenta en la sala de emergencias, lo atienden y le recetan las medicinas, aunque después tenga que pagarlas.

Las privatizaciones han llevado a la deshumanización de la medicina y Estados Unidos esta considerado como la nación desarrollada del mundo que tiene el peor sistema social de salud que impide la atención a millones de pacientes.

Ya el Jackson no ofrece servicios públicos en general sino que se debe abonar una parte. Si a un paciente le hacen un estudio radiográfico (tres placas), debe pagar cerca de 300 dólares.

Cathy Kerns le explicó al Miami Herald que aunque tiene un seguro, este no le cubre la totalidad de los gastos para la atención de la esclerosis múltiple que padece.

Las medicinas que toma la mantienen estable pero cuestan 5 000 dólares mensuales y debe abonar el 20 % al contado, además de otro 20 % por la fisioterapia especial que vale 600 dólares la media hora.

La decisión esta tomada para reducir el medicare y el medicaid, los dos principales servicios de salud a la población jubilada, menores de edad, enfermas y de bajos ingresos. Cada día en el hospital Jackson resulta más frecuente escuchar cuando un funcionario le dice a un paciente: Si tiene seguro lo atendemos, si no… aguarde pacientemente.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.