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Min Aung Hlaing, acusado de crímenes de guerra, toma posesión como presidente de Myanmar

Fuentes: The Irrawaddy

Traducido para Rebelión por Cristina Alonso

El jefe de la Junta militar, Min Aung Hlaing, fue elegido el viernes presidente de Myanmar por el ejército y el Parlamento de la Unión, dominado por sus representantes, lo que situó oficialmente al frente del Estado a un hombre acusado desde hace tiempo de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio.

Obtuvo el mayor número de votos entre los tres candidatos, un resultado que no sorprendió a nadie, dado el control que el régimen ejerce sobre el proceso. Sus dos vicepresidentes son el ex primer ministro Nyo Saw, nombrado por los militares y leal desde hace mucho tiempo, y Nan Ni Ni Aye, presidenta en el estado Karen del Partido de la Solidaridad y el Desarrollo de la Unión (USDP, por sus siglas en inglés), respaldado por los militares.

Min Aung Hlaing tomó el poder en un golpe de Estado perpetrado en febrero de 2021, derrocando al Gobierno elegido democráticamente justo cuando este se disponía a iniciar su segundo mandato. El régimen de Min Aung Hlaing ha devastado al país tanto social como económicamente. Sus brutales medidas para aplastar la resistencia armada a nivel nacional contra su dictadura militar han dejado a más de tres millones de personas desplazadas, y la mala gestión de su régimen ha elevado la tasa de pobreza al 31 % en un contexto de elevada inflación.

Cinco años después de su golpe de Estado, por fin ha conseguido la presidencia que tanto tiempo llevaba anhelando.

Un veterano analista político declaró a The Irrawaddy que el nuevo título no cambia nada sobre el terreno.

«No habrá ningún cambio sustancial. Simplemente está cambiando de imagen para que [su régimen] resulte más presentable», afirmó el analista. «El ejército sigue bajo su control, y seguirá contando con el apoyo de China, Rusia y Bielorrusia», añadió el analista, refiriéndose a los principales aliados de Min Aung Hlaing.

A diferencia de los anteriores líderes de la junta, Saw Maung y Than Shwe, que no aspiraron a la presidencia, las pretensiones de Min Aung Hlaing respecto a ese cargo han sido un secreto a voces desde hace años.

Después de que la Liga Nacional para la Democracia (NLD, por sus siglas en inglés), liderada por Daw Aung San Suu Kyi, obtuviera victorias electorales aplastantes tanto en 2015 como en 2020, Min Aung Hlaing falsamente afirmó que estas últimas elecciones se habían visto empañadas por el fraude electoral y utilizó esa acusación como justificación para dar su golpe de Estado. En aquel momento, insistió en que no se trataba de una toma del poder, sino de una medida necesaria en medio de un «estado de emergencia» constitucional. Su asunción de la presidencia pone al descubierto que esa afirmación era una farsa y revela su verdadera intención.

Tras el golpe militar, la junta anuló los resultados de las elecciones de 2020, disolvió la NLD y arrestó al presidente U Win Myint, a la consejera de Estado Daw Aung San Suu Kyi, a miembros del Gobierno y a miles de activistas por la democracia.

En los últimos cinco años, Min Aung Hlaing ha dirigido una represión brutal caracterizada por ataques aéreos generalizados, matanzas masivas, detenciones arbitrarias y la tortura sistemática de civiles y fuerzas de la resistencia. Organizaciones internacionales de derechos humanos, gobiernos occidentales y organismos de la ONU le han acusado en repetidas ocasiones de cometer crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés) le ha prohibido asistir a sus cumbres durante cinco años consecutivos. El año pasado, un tribunal argentino dictó una orden de detención contra él por el genocidio del pueblo Rohingya, mientras que un tribunal de Timor Oriental ha admitido recientemente a trámite una causa en la que se le acusa de crímenes de guerra.

Para allanar el camino hacia su presidencia, la junta celebró unas elecciones muy restringidas y escalonadas en diciembre de 2025 y enero de 2026, impidiendo la participación de la mayoría de los partidos de la oposición. Como era de esperar, el USDP, partido afín a la junta, obtuvo una victoria aplastante. Sin embargo, el presidente del partido vencedor, Khin Yi, fue apartado para que Min Aung Hlaing pudiera ocupar él mismo el cargo más alto del Gobierno.

Incluso antes de su elección oficial, el jefe de la junta ya operaba desde el palacio presidencial y recibía a dignatarios extranjeros ante el Trono del León, símbolo de soberanía tradicionalmente reservado a los jefes de Estado. También organizó ceremonias tradicionalmente asociadas a los monarcas y jefes de Estado, como la construcción y consagración de pagodas, la concesión de honores, la celebración de grandes desfiles militares y la participación en ritos astrológicos. Sus intentos por presentarse como el líder natural y legítimo del país solo han suscitado burlas generalizadas.

En los días previos a su elección, renunció al cargo de comandante en jefe y nombró al general Ye Win Oo para ocupar dicho puesto. Aunque la Constitución designa al comandante en jefe como la máxima autoridad sobre todas las fuerzas armadas, analistas prevén que Min Aung Hlaing mantenga el control último del ejército a través de la influencia que ejerce sobre su sucesor, elegido personalmente por él mismo.

Fuente original en inglés: https://www.irrawaddy.com/news/burma/accused-war-criminal-min-aung-hlaing-installed-as-myanmar-president.html