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Muchas armas, violencia y poderosos intereses van de la mano en EEUU

Fuentes: Boltxe

Cuando en Europa se cumplía el primer aniversario de los atentados de Oslo y Utoya, en Estados Unidos se producía una nueva masacre en un cine de Aurora (Colorado). Unos días más tarde se repetía la historia en un ataque contra un templo sij en Oak Tree (Wisconsin) y esta misma semana otro tiroteo, esta […]

Cuando en Europa se cumplía el primer aniversario de los atentados de Oslo y Utoya, en Estados Unidos se producía una nueva masacre en un cine de Aurora (Colorado). Unos días más tarde se repetía la historia en un ataque contra un templo sij en Oak Tree (Wisconsin) y esta misma semana otro tiroteo, esta vez en Texas, ocupaba los titulares de la prensa.

Si bien estos han sido los acontecimientos más recientes, desde principios de año en EEUU se han producidos hechos similares. Así, en marzo tuvo lugar un tiroteo en un hospital en Pittsburgh; en abril en las calles de Tulsa; en mayo en un café de Seattle, y en julio, días antes de la matanza de Aurora, en un bar de Tuscaloosa.

En ese escenario confluyen diferentes factores, desde intereses políticos y económicos, hasta una visión romanticista y distorsionada de la historia del país o el individualismo característico en EEUU, pasando por una situación donde la adquisición de armas de fuego por parte de la población es relativamente sencilla.

Los datos son estremecedores. A día de hoy en Estados Unidos se calcula que hay más de trescientos millones de armas de fuego, y uno de cada cuatro adultos posee una. Además, a partir de los veintiún años es relativamente sencillo conseguir una en al menos treinta y nueve estados, y no es extraño encontrar en pequeños comercios del oeste y centro americanos armas entre otros productos de pesca, de deportes, e incluso de comida! Toda una paradoja que encontramos también al comprobar que la oficina oficial que se encarga del control y supervisión de las armas de fuego recibe el nombre de «Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos».

Pero la otra cara de esa realidad nos muestra que cada año se producen más de treinta mil muertes como consecuencia de ataques y heridas producidas por armas de fuego, a lo que habría que añadir las consecuencias físicas y mentales que deberán sufrir decenas de miles de personas heridas. Según Robert Matthews, que trabaja para el Centro de Consolidación de la Paz de Noruega (NOREF) en Oslo, «algunos análisis más recientes sobre los datos de 23 países industrializados muestra que el 87 por ciento de los niños menores de 15 años muertos por armas de fuego en estas naciones vivían en los Estados Unidos. Cerca de 3.000 niños menores de diecinueve mueren por armas de fuego al año (más que el total de bajas de la coalición en Afganistán desde 2001), entre los adolescentes negros, arma el homicidio es la principal causa de muerte».

El debate político ha brillado por su ausencia cuando se trata de abordar el control de armas. Tanto Demócratas como Republicanos, así como los principales medios de comunicación del país, prefieren mirar hacia otro lado, tanto por sus propios intereses políticos o económicos, como por las presiones de poderosos grupos y lobbys.

Hace bastantes décadas sí que se producía un importante consenso en torno a la necesidad de controlar la venta y posesión de armas (se da la paradoja que Nixon y Reagan, republicanos referenciales, apoyaron medidas en ese sentido), sin embargo con el paso de los años las cosas han cambiado sustancialmente, y políticos que han apoyado el citado control han visto cómo sus carreras políticas tocaban a su fin.

Y hoy en día, en plena campaña hacia la Casa Blanca, ninguno de los candidatos presidenciales, ni Obama ni Romney, quieren afrontar la situación. El actual mandatario norteamericano, que en el pasado se mostró favorable a un control de las armas, prefiere centrar sus esfuerzos en otros temas y evitar que los electores más derechistas pongan en marcha una campaña en su contra, que podría restarle determinados apoyos.

Por su parte, Romney, cuya base electoral se nutre en buena medida de los partidarios de las armas de fuego, y a pesar de querer mostrar una imagen «moderada o centrista», no quiere tener que enfrentarse a poderosos lobbys, como la Asociación Nacional del Rifle (NRA) o los Propietarios de Armas de América (GOA).

La fuerza e influencia de empresas y lobbys. La alianza estratégica que mantienen a día de hoy los fabricantes y vendedores de armas con los citados grupos de presión son un factor clave para entender la situación que se vive en EEUU en torno al control de las armas. Aunque la mayoría de la población, según las encuestas, se muestra favorable a medidas para controlar la venta de armas, la pasividad o desorganización les impiden enfrentarse adecuadamente a la bien estructurada y articulada NRA o GOA.

El discurso de la NRA se aferra a la Segunda Enmienda (algunos los definen como fundamentalistas de la misma), y lo aderezan además con referencias a la «libertad, los valores tradicionales, la autodefensa». Para este poderoso grupo de presión, se debería vivir en un país donde «los buenos», armados, podrían detener a las malas personas con armas. El «problema» para la NRA es que «no hay suficientes buenas personas armadas».

Además, resaltan que «sólo los criminales se benefician del control de armas» y cuando se prohíban las mismas, «tan sólo aquellos podrán tener armas». Esa suma de distorsiones y manipulaciones conforman buena parte de la base de su discurso demagógico. Su objetivo es evidente, a través de generar miedos y paranoias, buscan evitar cualquier control y restricción sobre la adquisición y venta de armas, poniendo todo su aparato ideológico y económico (las ingentes sumas económicas que reciben de fabricantes y vendedores de armas) para lograr su fin.

En estos últimos años al menso tres acontecimientos han favorecido las posiciones de estos grupos. El temor del Partido Demócrata a perder las elecciones (como le ocurrió a Al Gore, partidarios del control, en el año 2000), la política de George W. Bush, considerado como el presidente «más partidario de las armas» en la historia del país, y la decisión de la Corte Suprema en 2008 de que «es un derecho individual de los ciudadanos de EEUU poseer armas».

También encontramos otros dos factores en torno a las armas, que por lo general pasan más desapercibidos. Por un lado, desde hace tiempo, y tal vez al amparo de esa cultura de las armas, la violencia policial está provocando lo que algunos definen como una avalancha de «muertes anónimas», que apenas tiene repercusión en los medios.

En torno a los días de la masacre de Aurora, «la policía de San Francisco disparó y mató a Pralith Pralourng, un enfermo mental; la policía de Tampa mató a Javon Neal, de 16 años; un policía fuera de servicio disparó a Pierre Davis, 20 años, en Chicago; la policía de Miami-Dade disparó y mató a un «sospechoso no identificado «, un agente fuera de servicio del FBI le disparó a un hombre no identificado, en Queens; Kansas City la policía de Kansas City mató a, Danny L. Walsh (58); en Lynn , la policía mató a Brandon Payne, de 23 años , y padre de tres hijos; la policía de Henderson, disparó y mató a Andy Puente Soto, de 42 años, en los desiertos cercanos a Las Vegas».

Y por otro lado está la amenaza que representan los movimientos extremistas a favor de la supremacía blanca o las llamadas milicias, en torno a los que se han producido algunos de los acontecimientos más violentos de la reciente historia de EEUU.

Algunos autores han llegado a señalar que «la violencia es a América como el pastel de manzana», y la cierto es que en ese país todavía hay muchos individuos «armados y peligrosos» que se identifican con «la biblia y el rifle», un pasado que para ellos no es tan lejano.

Fuente: http://boltxe.info/?p=49959