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Cincuenta y cuatro personas han sido deportados a República Democrática del Congo después de su traslado desde Melilla a dos CIE de la Península

«Nadie esperaba que fueran deportados a Congo, donde sus vidas están en peligro»

Fuentes: Periodismo Humano

Según cuentan quienes han podido hablar con ellos, cinco fueron golpeados fuertemente cuando se resistieron a subirse al avión y todos han sido trasladados a la prisión de Kinshasa, una de las más violentas de África

Se esperaba que pudieran salir en libertad al no poder ser deportados por falta de convenio migratorio con su país.

«Es la violación de derechos humanos más grave que ha pasado desde lo que siguió a los saltos de la valla en 2005. Las expulsiones de inmigrantes son habituales, aunque no tanto como dicen las cifras porque la mayoría de las personas salen de los CIE con una orden de expulsión para que ellos la ejecuten voluntariamente y la mayoría se quedan. Pero lo que no esperaba nadie es que estos hombres y mujeres fueran deportados a la República Democrática del Congo (RDC), donde sus vidas están en peligro».

José Palazón, fundador de la ONG Proderechos de la Infancia (PRODEIN) es la fuente más informada de los temas de inmigración en Melilla. Estudió empresariales, hubo un tiempo en que era profesor y ahora tiene una academia, pero en realidad su vida, esfuerzos y desvelos están destinados a ayudar a las víctimas de las fronteras, los inmigrantes. Sabe sus nombres, dónde vive cada uno y utiliza todos los medios a su alcance para denunciar las ilegalidades y los abusos cometidos contra estas personas: vídeo, redes sociales, blog y una red de contacto que puentea esta ciudad fronteriza amurallada y vallada con la Península Ibérica.

Por eso, que la voz ronca y hoy cansada de Palazón rememoré cuando varios inmigrantes fueron asesinados cuando intentaban cruzar la valla de Melilla para entrar en España y muchos otros entregados por la Guardia Civil a la Policía de Marruecos, gobierno que deportó a miles de seres humanos al desierto para que murieran de hambre y sed… Que compare una de las materializaciones más graves de lo que llamamos ‘externalización de las fronteras‘, es decir, pagar a países colindantes por sellar las fronteras a las personas procedentes de países pobres, alerta sobre la gravedad de la decisión que la madrugada del viernes tomó el gobierno español.

El 23 de febrero entre 54 hombres y mujeres procedentes de la República Democrática del Congo eran trasladados por fin a la Península desde Melilla, una prisión en sí misma para las personas que han hipotecado toda su vida para llegar a Europa. Muchos de ellos llevaban hasta tres años esperándolo y tras manifestaciones, huelgas de hambre y una concentración ante la Delegación del gobierno que duró un mes y medio y en la que aguantaron el frío, la lluvia y la soledad, eran trasladados a Centros de Internamiento de Extranjero (CIE) en la Península para, según los organismos oficiales, pasar allí un tiempo reglamentario hasta ser puestos en libertad en España y, en ningún caso deportados a RDC puesto que no hay acuerdos de repatriación con este país.

Sin embargo, la noche del viernes los congoleños recluidos en los CIE de Algeciras y de Aluche, en Madrid, fueron trasladados por sorpresa al aeropuerto de Barajas para ser deportados a un país donde los ciudadanos se enfrentan a una cruenta represión en cuanto son sospechosos de ser críticos con el presidente Joseph Kabila. Según cuentan la mayoría de los 32 de compatriotas que se quedaron en Melilla a la espera de ser trasladados en breve a España, los deportados les llamaron y les contaron que algunos de ellos fueron golpeados hasta terminar ensangrentados cuando se resistieron a montarse en el avión al darse cuenta de que iban a ser enviados a su país. También les contaron que viajaron esposados y que así siguieron una vez llegados a Kinshasa.

Todas las personas que aparecen en el vídeo realizado por PRODEIN han sido deportadas. Uno de ellos es Mustapha. Nació en Kinshasa pero se crió cerca, en Kola. Cuenta que se dedicaba a vender pan, ropa… de un pueblo a otro. Cuenta que una tarde, al entrar en un pueblo algo le llegó, no sabe qué tipo de explosivo o mina, pero que de pronto vio su cuerpo a un lado y a otro su pierna.

El periodista del diario melillense El Telegrama, Blasco de Avellaneda, que había seguido de cerca la situación de esta comunidad cuenta cómo se enteró de la noticia en su crónica, que recomendamos leer:

«A las ocho de la mañana de ayer sábado sonaba el teléfono, era Giseliz Sukami, una de las congoleñas que el pasado 23 de febrero partía junto con 43 compañeros hacia la Península. Jamás había escuchado un llanto tan desesperado como el suyo, ¿qué pasa? le pregunté. Apenas podía entender nada entre tanto bramido y sollozo, sólo logré escuchar un grito claro que exclamó: «Congo, nos han traído para morir en el Congo».

Según cuentan los congoleños que esperan en Melilla, aterrados convencidos de que les espera el mismo destino, sus compatriotas fueron trasladados a una de las prisiones más aterradoras del continente africano, el Centro Penitenciario y de Reeducación de Kinshasa (CPRK), conocido como cárcel «Kin Mazière» de Gombe y donde según han denunciado numerosos organismos internacionales malviven hacinados y torturados los considerados opositores del régimen.

La decisión ha pillado por sorpresa incluso a los más duchos en las violaciones cometidas contra los derechos más básicos como Palazón. «Hasta el año pasado ningún país europeo había deportado inmigrantes a RDC, cuando lo hizo Chipre. Y hace unas semanas, por primera vez un país centroeuropeo, Bélgica, tras un intento cancelado por la fuerte oposición mostrada por parte de la sociedad civil. Parece que hay una especie de reconocimiento de la Unión Europea al gobierno de Kabila después de los polémicos resultados elecciones presidenciales. No pensábamos que fuera posible que les deportarán a un lugar donde saben que van a ser trasladados a una cárcel. Los congoleños dicen que de ahí no se sale vivo y que si sale, mejor no haber sobrevivido por las torturas y demás. Esto es lo mismo que cuando se les daba a los marroquíes cinco euros por negro detenido con una tunda de palos. Sólo que ahora es a 5000 kilómetros de distancia».

Entre los deportados había varios solicitantes de asilo por persecución política en su país a los que les fue denegado y varias personas con enfermedades graves. De todas las personas congoleñas trasladadas desde Melilla, sólo dos mujeres embarazadas permanecen en Madrid. Y todo ello, aprovechando que era fin de semana, sin que haya habido ninguna comunicación oficial por parte de la Delegación del Gobierno, la Dirección General de la Policía así como la Embajada de España en la R.D. Del Congo, las mismas instituciones que habían trasladado en varias ocasiones a las organizaciones que trabajan con el colectivo de inmigrantes que no existía un convenio de repatriación con la R.D.C. por lo que era imposible su expulsión.

En el siguiente documental de Pilar Monsell, Distancias, se cuenta la historia de Apollinaire, uno de los hombres deportados y el que según cuentan sus compañeros, sufrió la peor paliza de todos por negarse a subirse al avión.

Los 32 que quedan en Melilla según Palazón están en estado de shock. «Es la primera vez en mi vida que veo a personas tan perdidas, tan paralizadas». Y añade en el comunicado de PRODEIN que «España vuelve a tener una responsabilidad directa en las muertes, torturas y malos tratos que se produzcan en este colectivo.España y la UE deben de tener una sola vara de medir a la hora de defender los Derechos Humanos y combatir a los dictadores de África. Kabila no es distinto a Gadafi por muchos intereses económicos que se compartan con el dictador Kabila».

El periodista de Avellaneda recapitula algunas de las historias vitales de los afectados en su crónica, entre otras, la de Apo. «Antes de llegar a Melilla estuvo siete años trabajando con Cáritas en Rabat. En la ciudad autónoma también ayudó a diferentes organizaciones sociales y una importante ONG le esperaba en Barcelona con los brazos abiertos para darle un puesto de trabajo. Él siempre decía: «Dios me ha hecho muy grande y fuerte para poder ayudar a mucha gente».

Fuente: http://periodismohumano.com/migracion/nadie-esperaba-que-fueran-deportados-a-congo-donde-sus-vidas-estan-en-peligro.html