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Nos queda la voz saharaui

Fuentes: Loquesomos

Es la hamada argelina. Entre palabra y palabra que escribe Fatimetu en el cuaderno de español, con el dorso de su mano limpia el polvo que llueve sobre la página en blanco. Si sigue soplando así, habrá que cerrar las ventanas. El maestro saharaui escribe en la pizarra: Materia: Lenguaje Tema: Amor a la patria. […]

Es la hamada argelina. Entre palabra y palabra que escribe Fatimetu en el cuaderno de español, con el dorso de su mano limpia el polvo que llueve sobre la página en blanco. Si sigue soplando así, habrá que cerrar las ventanas. El maestro saharaui escribe en la pizarra:

Materia: Lenguaje

Tema: Amor a la patria. Poesía

«Amo a mi tierra intensamente

Como quien ama a su único hijo

Como quien ama la libertad

Como quien ama el cultivo de una rosa

Como quien ama su tierra natal

Como quien ama y atiende su suelo-patria

La amo, la adoro y la quiero cantidad.»

(Sidi Labeid)

Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras […] Son antiquísimas y recientísimas…

Las niñas y niños escriben, leen, preguntan por los significados, recitan y aprenden de memoria la lección. El maestro cuida de que la copia sea correcta, pues los alumnos no tendrán la oportunidad en su hogar de hacer otra lectura que la que lleven en ese preciado cuaderno. Sólo el profesor dispone de un sólo libro de texto, que cuida como oro en paño.

Cuando con una desgastada gamuza borra el texto de la pizarra, la luz que circunda al maestro se torna rosácea al mezclarse el polvo blanco de la tiza con el rojo de la atmósfera del aula. Demasiado viento dentro. Hay que cerrar la ventana y escribir a la escasa luz que entra por la puerta de la clase. Fatimetu y otros compañeros no ven ahora lo que escribe su maestro. Se levantan y colocan su silla frente a la pizarra que ahora, sentados en el suelo, les sirve de mesa.

Chicas y chicos de diez u once años guardan un respetuoso silencio.

El maestro escribe de nuevo:

Dictado

Palabra a palabra, lentamente, con un esfuerzo titánico por pronunciar correctamente, dicta:

«En tiempo del colonialismo no se habían construido las primeras escuelas hasta que llegaron las familias españolas con sus hijos a nuestra patria».

El texto se corrige y todo el mundo está satisfecho con el trabajo realizado. La chiquillería se levanta de los destartalados asientos, ríe, charla y bromea, se despide de su maestro y aguarda la llegada del siguiente: el profesor de lengua árabe.

[…] qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… […] Todo se lo tragaban […] Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma.

Hora arriba, hora abajo, en las clases de primero de secundaria, otro profesor saharaui de español escribe también en la pizarra. Tampoco para estos alumnos hay libro de texto o de lectura que llevarse a los ojos para aprender el castellano:

Materia: Lenguaje

Tema: Lectura: Vientos del pueblo. Poesía.

Vientos del pueblo me llevan,

Vientos del pueblo me arrastran,

Me esparcen el corazón

Y me aventan la garganta. (…)

(Miguel Hernández)

[…] Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras».

En tiempos de la democracia española, como en tiempos de dictadura y colonialismo, los árabes del Sahara occidental, el pueblo saharaui, es el encargado de preservar este legado colonial, la segunda lengua de la República Árabe Saharaui Democrática. Para el resto de árabes que conformaron nuestras colonias africanas, la política institucional española brinda la oportunidad de disponer, por ejemplo, de centros, como los Institutos Cervantes existentes en Marruecos. Para el pueblo saharaui: tiza de la más baja calidad y pizarras de tercera mano. Los cuadernos los pone la UNICEF.

En tiempos de campaña electoral y del derecho a la libertad de expresión, todo se compra y todo se vende en los mítines políticos, esos discursos propagandísticos que congregan a las masas ya convencidas de a quién votar… en esos lugares donde se efectúan los primeros recuentos de votos, las voces discrepantes no tienen cabida. Quien se salga del guión establecido y emita eslóganes políticamente incorrectos, es conducido hacia la puerta por donde entró, por las buenas, o por las malas. En un mitin del PSOE unos jóvenes fueron sacados de la plaza de toros de Vista Alegre, en Madrid, porque se les ocurrió hondear unas banderas saharauis mientras gritaban:

¡Sahara libertad!

Lo curioso del caso es que aunque se intente con saña, premeditación y connivencia enemiga acallar el idioma con el que el pueblo saharaui grita su deseo de libertad, con esa misma lengua que usted usa en su mítines, Señor Presidente, muchos pueblos de las Américas conquistaron su independencia, proclaman sus libertades, denuncian a quienes les esquilman y hasta protagonizan revoluciones. Sepa que allá en los campos de refugiados las gentes saharauis saben apreciar el valor de la palabra dada, piensan como Pablo, el araucano, que

Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio […] Tienen sobra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces…

España prometió. En hasanía o en la lengua de Cervantes, nos queda la voz saharaui. Quien siembra vientos de discordia entre amigos… puede naufragar en un mar de fructíferas solidaridades.

«…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… […]