En agosto de 1991, recién llegada al Congreso estadounidense, Ileana Ros-Lehtinen, de origen cubano, empezó una ardua campaña para que se le retirara a Cuba la sede de los Juegos Panamericanos. No lo logró y hasta la delegación estadounidense hizo presencia. Al año siguiente, apoyó de todas las formas la Ley Torricelli, que buscaba ahogar la economía cubana, aprovechando el derrumbe de la Unión Soviética. Como con ella no pudieron derrumbar a la Revolución, cuatro años después se instauró la Ley Helms-Burton, que reforzó aún más el proceso de estrangulamiento a la débil economía cubana: la congresista había utilizado todo a su alcance para que fuera aprobada.
Detrás de ella siempre estuvo el apoyo político y económico de la contrarrevolución en la Florida, liderada por la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).
Desde su llegada al Congreso en 1989, Ros-Lehtinen se convirtió en una de las congresistas más firmemente proisraelíes, apoyando resoluciones para fortalecer la alianza bilateral, aumentar la cooperación en seguridad y respaldar la ayuda militar estadounidense a Israel. Impulsó resoluciones criticando decisiones de la ONU y otros organismos internacionales que, según ella, discriminaban a Israel. Fue reconocida como una de las “mayores contribuciones estadounidenses a la relación Estados Unidos–Israel”.
A cambio, siempre contó con el apoyo político y económico del poderoso lobby israelí, respaldo que ya tenía desde que era senadora estatal en Florida.
De esas dos fuentes bebieron a caudales las arcas de sus campañas electorales.
El hoy jefe del Departamento de Estado, Marco Rubio, estuvo al lado de Ros-Lehtinen desde 1991, viviendo todos esos procesos como asistente, siendo aún estudiante de derecho en Miami. Dos años después se graduó, ignoró lo aprendido en la universidad y se dedicó a seguir formándose en la política, siempre al lado de la congresista. Había encontrado la veta de oro que requería su inmensa ambición.
Al ver su capacidad organizativa y su perfil conservador, Ros-Lehtinen le ayudó a abrir camino con los mismos que la habían apoyado a ella para llegar a representante y luego a senadora estatal de Florida por el Partido Republicano entre 1982 y 1989. Lo ayudó a visibilizarse dentro del mundo republicano de Florida y, poco a poco, en Washington.
Y lo más esencial en la política estadounidense: cómo lograr financiamiento.
Rubio llamó la atención de la dirección partidaria y de las redes de poder en Florida por la forma en que se dirigía a la nueva generación electoral, principalmente latina y, en particular, cubanoestadounidense. Empezaron entonces a organizarle su propia red de apoyo institucional y financiero.
En 1998, con 27 años, se casó con Jeanette y fue elegido comisionado de la ciudad de West Miami. Dos años después ganó un escaño en la Cámara de Representantes de Florida.
Como Ros-Lethinen, desde sus inicios Rubio contó con el apoyo económico y político de la FNCA. Esta había nacida en 1981 en el seno del Consejo Nacional de Seguridad de Ronald Reagan como parte de su maquinaria de política exterior. La Fundación fue creada bajo el asesoramiento del lobby proisraelí. Estuvo involucrada, entre muchos casos, en el escándalo de financiación con tráfico de cocaína hacia la contrarrevolución nicaragüense durante la década de los ochenta, algo que quedó plasmado en las investigaciones realizadas por el entonces senador John Kerry. Muchos dirigentes de la FNCA se beneficiaron de los millones que dejó ese tráfico y la guerra. Jorge Mas Canosa, líder de la Fundación, quedó implicado en ello, pero Bush padre se salvó y salvó a muchos implicados de la FNCA. Recordemos que Mas Canosa es el padre de Mas Santos, dueño del equipo de fútbol donde juega el argentino Messi. Vaya a saber cómo se volvieron multimillonarios…
Siendo Alfonso “Al” Cárdenas, otro directivo de la FNCA, quien se convertiría en el principal mecenas de Rubio y su guía en los inicios de su vida política. Cárdenas fue el primer y único hispano en dirigir el Partido Republicano de Florida entre 1999 y 2003, e hizo parte de su Comité Ejecutivo a nivel nacional, además de ser asesor de líderes como Ronald Reagan y Jeb Bush. Por lo que Rubio contó también con el padrinazgo del clan Bush, por intermedio de Jeb.
A pesar de estar rodeado política y económicamente de conservadores duros, Rubio empezó a construir su imagen política desafiando al aparato republicano en Florida, que estaba plegado al “Washington establishment”. Se le toleró porque esa postura le dio prestigio entre los jóvenes votantes que querían confrontar a las élites del partido, principalmente en el llamado “Tea Party”, una ola política conservadora dentro del mismo partido que cobró fuerza en 2009 como reacción al aumento del gasto público, los impuestos y el tamaño del gobierno federal.
Como oportunista que ya era en su proceso de acumulación de poder, usó la fuerza de ese movimiento para impulsar su carrera al Senado, cuando casi nadie lo veía como candidato viable: pasó de menos del 3% en encuestas a ganar de forma inesperada. Lo hizo con una campaña bien organizada y con apoyos de congresistas clave y donantes poderosos. Ante la realidad, acomodándose a las necesidades del futuro político que ambicionaba y presionado por sus principales financiadores, muy pronto fue dejando ese ciclo juvenil insurgente dominado por el enojo antiélite, para convertirse en un representante viable del estamento republicano: de “retador del aparato” a “candidato del aparato”. Por ello, para la contienda presidencial de 2016, su perfil se volvió más aceptable para el establishment republicano nacional, mientras la prensa política lo exhibía frente a rivales como Donald Trump y Ted Cruz. Y los dólares fluían para su campaña.
Para su campaña hacia la Cámara de Florida y su inicio en el Senado (2000–2010), Rubio ya tenía alianzas importantes con líderes y comunidades judías de Florida. Líderes influyentes, como Norman Braman —concesionario de automóviles y expresidente de la Greater Miami Jewish Federation— comenzaron a verlo como un político republicano proisraelí y le brindaron apoyo financiero y político. Braman se convirtió en su mayor donante individual desde esos años. En su campaña al Senado, grupos proisraelíes y organizaciones judías republicanas apoyaron su candidatura, como la Republican Jewish Coalition (RJC), al considerarlo un aliado clave. Otros de los grandes financiadores de Rubio han sido Sheldon y Miriam Adelson, magnates de casinos y centros vacacionales en Las Vegas, Macao y Singapur. Sheldon era considerado un megadonante proisraelí. J. Philip Rosen, empresario inmobiliario, no solo fue un importante recaudador de fondos (“bundler”) para Rubio en las primarias republicanas de 2016, sino también su asesor de política exterior durante la campaña, según el Jewish Journal.
Era entonces absolutamente normal que, desde su primer mandato en el Senado, Marco Rubio fuera uno de los defensores más activos de Israel. Esto reforzó el apoyo de la comunidad judía. La Republican Jewish Coalition (Coalición Judía Republicana), RJC, ha servido como sólido soporte político y económico: durante los períodos electorales de 2015 y 2022 lanzó campañas de publicidad digital que movilizaron millones de dólares, principalmente para su reelección al Senado en 2022. Aún en el 2024 seguía magnificando su imagen por medios digitales. Mientras tanto, Braman aportaba más de 2 millones de dólares a grupos que apoyaban a Rubio.
Paul Singer, inversionista y gestor de fondos en Wall Street, es otro de los grandes donantes de causas proisraelíes. Contribuyó a Rubio con dinero, apoyo público y acceso a redes de grandes donantes. En 2015 lo respaldó como candidato presidencial, aportando unos 2,5 millones de dólares a su estructura de apoyo. Ese respaldo fue valioso porque Singer no es solo un donante: tiene gran influencia en el Partido Republicano, por lo que su patrocinio constituye una señal política.
Es importante mencionar que Singer, a través de Elliott Management, se apoderó de CITGO utilizando una filial llamada Amber Energy, mediante una subasta vinculada a litigios con el gobierno venezolano. CITGO era una refinería asociada a la petrolera estatal PDVSA en Estados Unidos, que distribuía petróleo y gasolina, incautada por Washington con la complicidad del “gobierno” de Juan Guaidó.
La relación es muy estrecha entre Rubio y el American Israel Public Affairs Committee (Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos), AIPAC. Rubio ha participado en múltiples eventos de este Comité, donde ha defendido la alianza entre Estados Unidos e Israel. En un discurso de 2018 afirmó que el apoyo a Israel debía ser militar, económico y diplomático por tratarse de un aliado estratégico.
Diversos análisis de registros públicos indican que Rubio figura entre los principales beneficiarios de contribuciones vinculadas a AIPAC y a donantes alineados con esa organización. En 2024–2025, cuando Trump lo nominó como Secretario de Estado, la Republican Jewish Coalition respaldó abiertamente su nombramiento, considerándolo una garantía de apoyo a Israel en esa administración.
“Inversionistas” es el verdadero nombre de quienes aportan a las campañas políticas en Estados Unidos. Según esta lógica, quienes financian esperan resultados políticos concretos para sus intereses. Los enemigos de la revolucion cubana y los que han apoyado y apoyan al gobierno genocida de Israel, Rubio les ha funcionado a las maravillas: como nos sirves te apoyamos. Sin nosotros no estarías en el cargo.
Ambos tienen una postura de “suprema presión” contra gobiernos considerados “anticapitalistas” o de izquierda en el Medio Oriente y en América Latina. Lo expresan al máximo, y actúan, contra Cuba e Irán por intermedio de sus políticos en Washington, como Marco Rubio y el mismo Donald Trump. Así lo hicieron contra la Venezuela revolucionaria Bolivariana. Y cuando el presidente colombiano Gustavo Petro, señaló a Israel de genocida, todos ellos se unieron contra él, en voz de Marco Rubio.
“Cuando alguien dona dinero a mi campaña, está apoyando mi agenda. Yo no apoyo la de ellos”, expresó Marco Rubio en un programa político de NBC el 9 de marzo de 2016.
Lo que no reconoció el entonces el senador por Florida es que una cosa son quienes pagan la entrada al espectáculo y otra quienes contratan al artista: estos invierten porque les traerá ganancias y pueden exigir la música. Porque en Estados Unidos, un político sin gran apoyo económico no llega ni a la panadería.
Blog del autor: https://blogs.mediapart.fr/hernando-calvo-ospina
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