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Seis grandes fracasos de la política exterior de Estados Unidos en la era posterior a la Guerra Fría

Fuentes: The Duran/Global Research

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo


En la década de los noventa, funcionarios estadounidenses que posteriormente entrarían al servicio de George W. Bush en la Casa Blanca firmaron dos documentos programáticos breves pero muy importantes que, a partir de entonces, fueron la referencia de cualquier decisión importante de política exterior desde el año 2000 y, particularmente, desde el 11-S.

Uno de esos documentos es la Guía de Planificación de la Defensa para el periodo fiscal 1994-1999 (más comúnmente conocida como Doctrina Wolfowitz). Como su propio nombre indica, uno de los autores de este documento fue el secretario de defensa de George W. Bush, Paul Wolfowitz, que lo escribió junto a I. Lewis «Scooter» Libby, asesor del anterior vicepresidente Dick Cheney.

El otro documento fundamental, «A Clean Break: New Strategy for Securing the Realm» (Una ruptura limpia: nueva estrategia para asegurar el terreno), fue escrito en 1996 por el que fuera presidente del comité asesor sobre políticas de defensa con la Administración Bush: Richard Norman Perle.

Ambos escritos muestran un plan de acción bastante simplista pero totalmente inequívoco de la política exterior estadounidense en Oriente Próximo, países próximos a Rusia y Asia Oriental. El contenido de la Doctrina Wolfowitz fue filtrado a los medios y publicado por primera vez por el New York Times en 1992. Poco después, muchas de las amenazas específicas mencionadas en el documento fueron reescritas con un lenguaje más general. Cuando comparamos la versión oficial con la filtrada, la diferencia entre ambas sería la que separa «lo que dije frente a lo que quería decir».

«A Clean Break», por su parte, fue escrito en 1996 como un regalo para el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien, al parecer, no quedo muy impresionado con el mismo en aquel momento. A pesar de ello, Estados Unidos ha puesto en marcha muchas de las recomendaciones del documento con independencia de quién estuviera al mando en Tel Aviv.

A pesar de que muchas de estas recomendaciones han sido implementadas, muy pocas han obtenido los resultados buscados.

A continuación resumimos los principales objetivos de dichos documentos seguidos de una valoración de su éxito o fracaso.

1. Cambio de régimen en el Irak de Saddam Hussein («A Clean Break»)

En muchos aspectos, este objetivo fue el éxito inicial más claro y el fracaso global más ostentoso.

En 1996, Richard Perle sugirió que el derrocamiento de Saddam Hussein favorecería los intereses de EE.UU. e Israel porque debilitaría a un Estado árabe grande y poderoso que tenía malas relaciones con Estados Unidos desde 1990 y un historial de malas relaciones con los diferentes regímenes de Tel Aviv. Aunque en 2003 una fuerza ilegal derrocó al presidente iraquí, lo que ocurrió a continuación no siguió el guión deseado por Perle.

«A Clean Break» sugería que el Irak pos-Saddam podría y debería estar gobernado por una dinastía hachemita que había sido previamente destronada en 1958. Perle proponía asimismo que Jordania, el último Estado hachemita que quedaba en el mundo árabe, podría colaborar con Israel y EE.UU. con el fin de lograr este objetivo. Y, lo que es más absurdo, Perle sugiere que una posible unión hachemita entre Jordania e Irak podría imponer una mayor lealtad a los seguidores de Hezbolá de Líbano que Irán.

La realidad no podría ser más diferente. Tras la invasión ilegal de Irak en 2003, la idea de restaurar la dinastía hachemita no volvió a ser mencionada en ningún foro serio, ya que era simplemente imposible de implementar. Ninguna de las principales facciones en disputa en Irak tenía la menor intención de restaurar una monarquía que fue destronada en 1958 por una revolución a la que muchos iraquíes siguen contemplando con orgullo patrio.

Irónicamente, el mayor baluarte árabe contra un resurgente Irán fue Saddam Hussein. En los años ochenta, los futuros neoconservadores ya se dieron cuenta, aunque aparentemente ignoraron lo que ya sabían en 1992.

Desde el derrocamiento y la ejecución violenta de Saddam Hussein, la mayoría chiita iraquí se ha juntado para apoyar a Irán política, militar y espiritualmente. Irak ha firmado recientemente un pacto militar defensivo con Irán y es sabido que muchas de las brigadas chiitas de voluntarios que combaten al ISIS en Irak han recibido entrenamiento y asesoramiento de especialistas iraníes.

Aunque gracias a las bases militares de EE.UU. en Irak el ejército estadounidense está más cerca de Irán de lo que estaba antes de la invasión, de igual modo la influencia de Irán en el mundo árabe, especialmente en Irak, ha aumentado sustancialmente. En cualquier caso, la deseada guerra ilegal de «cambio de régimen» contra Irán probablemente nunca llegará a tener lugar por dos razones. La primera, que muchos en el Pentágono y en Washington son conscientes de que esa guerra sería un desastre absoluto para Estados Unidos. Y la segunda, que Irán tiene muchos socios internacionales influyentes con los que no contaba en los noventa, especialmente Rusia. Ni Rusia ni China tolerarían una guerra en Irán en 2017.

En este aspecto, Estados Unidos ha conseguido muy poco de lo que pretendía al derrocar a Saddam, aparte de debilitar a un Irak unido.

2. Contener a Rusia y a China evitando que se conviertan en superpotencias («Doctrina Wolfowitz»)

Esta política ha fracasado en todos los frentes. Desde el ascenso de George W. Bush, el primer defensor de la Casa Blanca de la «Doctrina Wolfowitz», Rusia y China han adquirido el estatus de superpotencias globales, echando por tierra el sueño unipolar de Wolfowitz y Libby.

El ascenso económico chino ha potenciado una posición más robusta de Pekín sobre asuntos globales. Ahora China defiende más enérgicamente sus reivindicaciones en el Mar de la China Meridional, ha sido más hábil que Estados Unidos en la cuestión coreana, participa activamente en la construcción de la Nueva Ruta de la Seda (1), la iniciativa comercial de mayor alcance de la historia moderna y acaba de abrir su primera base militar en el extranjero.

Al mismo tiempo, el ejército de Liberación del Pueblo sigue adelante con su programa de modernización, convirtiéndose en una fuerza formidable a todos los propósitos y está tan preparado para la batalla como los de Estados Unidos y Rusia, países que durante la Guerra Fría contaban con fuerzas armadas muy superiores a la china.

Rusia, por su parte, también ha recuperado su estatus de superpotencia, echando por tierra los planes de Wolfowitz y Libby. No solo ha reforzado viejas alianzas, sino que actualmente es un socio o aliado importante de países que fueron sus adversarios o formaban parte de los países no alineados durante la Guerra Fría. Nos referimos a sus alianzas con China, Pakistán, Turquía, Irán, Filipinas y, cada vez más, Indonesia. Rusia también está acercando su relación con Corea del Norte e incluso con Japón.

El ejército ruso hace alarde de sus nuevos sistemas de defensa capaces de competir con los de EE.UU. y, en muchos casos, superarlos, por lo que la idea de que EE.UU. pudiera evitar que Rusia volviera a ser una superpotencia mundial o que China adquiera dicho estatus se ha convertido en algo absurdo.

Contener a Siria mediante Turquía y Jordania («A Clean Break»)

Durante algún tiempo, la Administración Obama desarrolló este plan con cierto éxito. Aunque Jordania nunca desempeñó un papel sustancial en las guerras por delegación en Siria, aparte de proporcionar un corredor de transporte a la OTAN, Turquía sí contribuyó a debilitar la soberanía siria con sus fuerzas armadas y sus propios agentes delegados.

Aunque las relaciones entre Turquía y Siria son malas, también los son las de Turquía con el resto de sus «aliados» de la OTAN. Turquía ha suspendido su apoyo a grupos terroristas (de la oposición) en Siria, participa en el proceso de paz de Asatana con los viejos aliados de Siria, Rusia e Irán, y está unido por múltiples lazos comerciales con Rusia, incluyendo la compra del sistema de defensa de misiles 2-400 fabricado por Rusia.

El resultado general de la participación turca en el conflicto sirio ha sido el fortalecimiento de las relaciones de Turquía con sus adversarios históricos, Rusia e Irán, lo que prácticamente ha coincidido con el fin de sus relaciones con la UE y un debilitamiento de sus relaciones con EE.UU.

Mientras tanto, la Siria baazista están ganando el conflicto y continúa tan comprometida con la causa palestina como siempre.

Lejos de haber sido «contenida», Siria es ahora más admirada en el mundo que en cualquier momento de las últimas tres décadas.

4. Causar problemas a Rusia en sus fronteras («Doctrina Wolfowitz»)

El texto original de la «Doctrina Wolfowitz» disponía que Estados Unidos debiera trabajar para que lugares como Ucrania y Bielorrusia pasaran a entrar en la órbita económica y geopolítica de EE.UU, con «economías de mercado» y «democracias».

El golpe de Estado orquestado por EE.UU. en 2014 contra el gobierno legítimo de Kiev fue una reacción automática de Estados Unidos cuando el presidente ucraniano Viktor Yanukovych rechazó un acuerdo de cooperación económica con la UE, alegando que la economía ucraniana no podía permitirse aislarse de Rusia.

Yanukovych fue destituido en un golpe de Estado violento y en su lugar se instaló un régimen neofascista proccidental. Pero este cambio no puede realmente considerarse como un éxito porque la violencia y la incompetencia del régimen de Kiev han hecho que Ucrania, un país cuyas fronteras siempre fueron dudosas, se fracture casi inevitablemente hasta convertirse en algo irreconocible.

Gran parte del Donbas se ha incorporado a las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, fuera del control de Kiev. En cuanto a Crimea, cuyas relaciones con Kiev eran aún más débiles, ha vuelto a unirse felizmente al resto de la Federación Rusa.

Al contemplar el golpe de Estado en Kiev, el presidente bielorruso Alexander Lukashenko prometió tomar medidas contra cualquier potencial alborotador y se mantiene como aliado, aunque dado a las rabietas, de Rusia.

La única parte de este elemento de la «Doctrina Wolfowitz» que no ha constituido un fracaso ha sido la escalada de armamentos en Europa Oriental, que ha sido posible porque Rusia no tiene interés en invadir Europa Oriental. La única reacción de Rusia ha sido robustecer sus defensas frente al rearme provocativo de Polonia y los Estados Bálticos.

5. Debilitar a Hezbolá («A Clean Break»)

En 2017, Hezbolá no solo es más popular que antes, sino que su poderío militar nunca había sido tan grande. El papel desempeñado por Hezbolá en combatir el terrorismo en Siria le ha ganado las alabanzas de otros grupos libaneses que anteriormente no lo veían con buenos ojos, así como de aquellos individuos de todo el mundo que pretenden construir una auténtica coalición antiterrorista.

El conflicto de Siria ha unido más de lo que nunca han estado a Irán, Irak, Siria y Sur del Líbano (el centro de poder de Hezbolá). En muchos aspectos, esto se debe a que han creado una causa común para combatir a grupos como al-Qaeda y el ISIS.

El 2006, Hezbolá ocasionó una gran derrota al ejército israelí en el Sur del Líbano. Actualmente, Hezbolá es aun más fuerte y todo el mundo en Israel es consciente de ello.

Esto supone un tremendo fracaso en el objetivo de conseguir la «destrucción» de Hezbolá defendida por Richard Perle.

6. Hay que impedir el acceso de Corea del Norte a armas nucleares («Doctrina Wolfowitz»)

El hecho de que Corea del Norte acabe de realizar un ensayo de lo que se da por seguro que es una bomba de hidrógeno es una clara señal del fracaso de este objetivo fundamental de Wolfowitz y Libby.

Aparte de eso, aunque Rusia ha condenado las acciones provocativas por parte de Corea del Norte y de Estados Unidos en la península de Corea, el presidente ruso Vladimir Putin ha afirmado que Corea del Norte tiene el derecho a la autodefensa, algo aún más evidente una vez que este país ha sido testigo de la destrucción de Irak y de Libia, que no tenían armas capaces de prevenir una invasión estadounidense.

Rusia y China han tomado claramente la iniciativa en el asunto de Corea del Norte. Aparte de lanzar una desastrosa guerra en Corea del Norte, Estados Unidos tiene poco más que hacer para cambiar las realidades en Pyongyang.

Conclusión:

Lo que nos dice la lectura conjunta de estos análisis es que Estados Unidos sigue siendo muy capaz de comenzar guerras y prender conflictos en todo el mundo pero que, por otra parte, casi nunca es capaz de ganar estos conflictos o tan siquiera de alcanzar una mayoría de los objetivos que pretende.

Los dos documentos que más claramente muestran la política exterior de Estados Unidos en la era posterior a la Guerra Fría, la «Doctrina Wolfowitz» y «A Clean Break» han sido absolutos fracasos. En muchos casos, Estados Unidos ha terminado por lograr el efecto contrario al buscado.

Estados Unidos cuenta con un enorme poder militar, pero si se evalúa su actuación estratégica, diplomática y geopolítica, su debilidad es notoria.

Nota del traductor:

(1) La Nueva Ruta de la Seda , o Puente Terrestre Euroasiático, es la ruta de transporte ferroviario para el movimiento de tren de mercancías y tren de pasajeros por tierra entre los puertos del Pacífico , en el Lejano Oriente ruso y chino y los puertos marítimos en Europa .

Fuente: http://theduran.com/6-major-us-foreign-policy-failures-of-the-post-cold-war-era/

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