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Sudán: Fuego y humo en los cielos de Jartum

Fuentes: Rebelión

En Sudán, como era previsible, fracasó el intento de un alto el fuego entre las tropas del ejército regular del general Abdel Fattah al-Burhan, enfrentada desde el sábado a la banda paramilitar ahora llamada Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) del general Mohamed Hamdan Daglo, conocido como Hemetti.

Ambos líderes de los bandos enfrentados crecieron a la sombra del dictador Omar al-Bashir, derrocado en 2019. El general al-Burhan es un clásico militar africano que consiguió ascender de lo más bajo del escalafón hasta el generalato.

Hemetti, un verdadero aventurero que comenzó como vendedor de camellos y encontró la oportunidad de ascender en manos de al-Bashir por la intervención de su milicia árabe Janjaweed (jinetes armados) en el conflicto de Darfur, donde la mayoría negra africana resistía los embates de la minoría árabe de la región. En ese conflicto Hemetti fue uno de los más caracterizados asesinos de ese genocidio que costó aproximadamente 500.000 vidas entre 2003 y 2010. En 2013 Hemetti logró reconvertir a sus tenebrosos Janjaweed en las actuales Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), mientras amasó una fortuna de modo escandaloso gracias a la explotación ilegal y contrabando de oro, que lo convirtió, quizás, en el hombre más rico del país.

Tras el derrocamiento y encarcelamiento del dictador en 2019, Hemetti consiguió mantenerse en la cúspide del poder, alcanzando incluso, tras el golpe del 2021 que terminó con el Gobierno de la junta cívico-militar del Consejo Soberano de Sudán, ser nombrado el segundo del general al-Burhan en la jefatura del país.

Desde entonces la relación entre ambos “generales” se tensó hasta que eclosionó el pasado sábado 15 cuando de manera, todavía no demasiado clara, comenzaron los enfrentamientos entre ambos bandos. (Ver: Sudán: La batalla que recién comienza).

Desde la mañana de ese sábado las calles de la capital se vaciaron de civiles y fuertes contingentes militares de ambos bandos comenzaron a ocupar posiciones con artillería y armas pesadas, colmando los cielos de Jartum de fuego y humo, los que lejos de disiparse parecen cada vez más cargados.

Mientras las Naciones Unidas (ONU) reportan más de 500 muertos, además de unos 5.000 heridos y se puede observar a miles de jartumies abandonado la ciudad -de unos cinco millones de habitantes- los líderes de ambos bandos se siguen acusando uno a otro no solo del comienzo de las acciones, sino del fracaso del alto el fuego.

Hemetti, en la mañana del jueves 20, declaró que su sector continúa las negociaciones “sin ningún requisito previo” y aclara que las acusaciones dirigidas contra ellos son falsas. “Estamos pidiendo una tregua humanitaria y un alto el fuego por un período específico, pero el otro lado no quiere eso”, además de exigir que el general al-Burhan sea llevado a la justicia “ya que fue quien inició el conflicto”.

La respuesta del ejército fue descartar cualquier tipo de negociación con las fuerzas de Hemetti, admitiendo que “solo aceptará su rendición”. Afirman que no tolerarán a ningún grupo armado fuera del sistema militar.

La situación, en vista de que los dos bandos en conflicto están suficientemente pertrechados, de profundizarse el conflicto será extremadamente letal. Esta paridad hace sospechar que sea poco probable que se llegue a la mesa de negociaciones antes de que alguna de las partes o las dos sufran una pérdida sustancial de hombres y materiales. Incluso algunos analistas consideran que más allá del resultado de la batalla de Jartum la guerra continuará en otras regiones del país.

A consecuencia de los combates en la capital el sistema hospitalario de la ciudad ha colapsado en más de un setenta por ciento, no solo por la saturación de ingresados, sino por los daños producidos por las artillerías rivales, ya que la mayoría de los hospitales del país se encuentran en un sector muy reducido de la ciudad de Jartum, muy próximo al epicentro de los combates. Según el Sindicato de Médicos de Sudán, ningún hospital dentro de la capital brinda sus servicios completos, nueve de ellos fueron alcanzados por la artillería, mientras 16 han sido evacuados por la fuerza e incluso saqueados y ocupados por alguno de los bandos contendientes, por lo que se ha conocido que en las unidades sanitarias que siguen de pie se amontonan los cadáveres sin posibilidades de ser enterrados, mientras los equipos médicos trabajan con el temor constante de ser alcanzado por el fuego de los combates cercanos. Al mismo tiempo las condiciones son cada vez desgarrantes, prácticamente sin agua, constantes fallas eléctricas, la apremiante falta de alimentos e insumos médicos, lo que está obligando no solo a rechazar nuevos pacientes que a riesgo de todo llegan hasta los hospitales, sino a enviar a muchos con solo los primeros auxilios a sus casas. Mientras que los camiones con suministros de insumos médicos, alimentos y petróleo no pueden llegar a la zona dado la intensidad de los combates.

Oro y juego internacional

El destino de Sudán no solo se está jugando en la batalla por la capital, sino también más allá de los propios límites del país ya que ambos bandos están apoyados por distintas alianzas internacionales que podrían incrementar sus intereses particulares según el perfil que tome esta hasta ahora semiguerra civil, en marcha desde el pasado día 15.

Sudán, que es el tercer productor mundial de oro, cuenta con más de 40.000 áreas de extracción por parte de unas 60 empresas de procesamiento, las cuales operan en trece estados, lo que reportó en exportaciones durante el año pasado aproximadamente unos 2.500 millones de dólares, claro, sin tener en cuenta el cuantioso contrabando.

El oro, de alguna manera, ha alivianado las pérdidas de ingresos que ha sufrido el país tras el violento conflicto que terminó con la escisión de Sudán del Sur en 2011, que representó una mengua de dos tercios de sus ingresos por exportaciones de crudo. Dichas pérdidas, de alguna manera, intensifican las tensiones internas entre las distintas etnias, milicias y grupos armados que conviven en el país, lo que queda expuesto en la actual situación de Sudán.

Así todo no son pocas las naciones que cuentan con intereses en las producciones mineras del país, a lo que se le suma su estratégica posición sobre el cada vez más disputado y estratégico Mar Rojo, con más de seiscientos kilómetros de costa.

Hoy tanto rusos como emiratíes controlan sus puertos. La presencia de empresas rusas en Sudán habilitan a la prensa occidental a afirmar que gran parte de esa producción pasa a manos del Grupo Wagner, una empresa de seguridad (mercenarios) de origen ruso que parece estar dando más de un dolor de cabeza a Occidente no solo en Ucrania, sino y fundamentalmente en varios países africanos, de donde han debido salir eyectadas las fuerzas militares francesas que tras una década de presencia, como en el caso del Sahel, no han podido terminar, sino toda lo contrario, con las franquicias regionales de al-Qaeda y el Dáesh, lo que dio lugar para que los rusos fueran convocados por los gobiernos de Mali y Burkina Faso.

Siempre según medios atlantistas, los Wagner estarían apoyando en el conflicto de Sudán a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) del “general” Hemetti, cuyo bastión se encuentra en Darfur, de donde es originario y donde pretende establecer una vía para el abastecimiento de armas que podrían llegar desde los arsenales del general Khalifa Hafther, gran animador de la hoguera libia, con quién colaboraron unos 5.000 sudaneses, muchos de ellos milicianos de Hemetti. Según se conoció más tarde, el supuesto apoyo de Hafther a la causa de Hemetti habría sido negado enfáticamente por parte de Libia.

Mientras el general al-Burhan, quien realizó estudios superiores en academias militares de Egipto, cuenta con el apoyo del ras egipcio Abdel Fattah al Sisi, quien le envió meses atrás, cuando empezaron a producirse las primeras discusiones entre al-Burhan y Hemetti, una dotación de unos 200 de sus hombres que se había asentado en cercanías de la ciudad de Meroe, a orillas del Nilo, y a unos 200 kilómetros al noreste de Jartum, lo que habría tensionado de sobremanera a Hemetti y por lo que en las primeras horas del choque militar los efectivos egipcios fueron detenidos por hombres del FAR y más tarde devueltos a su país.

Egipto y Sudán cuentan con una frontera común de 1.200 kilómetros y un problema clave en común, la Gran Represa del Renacimiento Etíope, financiada por China y que podría afectar el curso del vital río Nilo.

El general al-Burhan también cuenta con un discutible honor, que es el de haber sido el factor clave para la instauración de relaciones entre Jartum y Tel-Aviv, traicionando la lucha del pueblo palestino, por lo que sin duda cuenta con el apoyo del régimen nazisionista que ocupa ilegalmente Palestina.

Ambos líderes, tanto Hemetti como el general al-Burhan, han formado parte del ataque contra Yemen, encabezado por Arabia Saudita y auspiciado por los Estados Unidos y sus secuaces, que desde 2015 prácticamente aniquiló a ese país, pero no pudieron derrotar a su pueblo, organizado detrás de los Houthies.

Según la magnitud que alcance el conflicto interno sudanés y vistas las articulaciones internacionales con las que cuenta, aparece la posibilidad de que el fuego y el humo que hoy cubren los cielos de Jartum comience a abarcar mucho más que los lindes de esa ciudad.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.