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Brutal agresión imperialista contra Nuestra América

Fuentes: Rebelión

“Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo (…) que se rige por la fuerza, que se rige por el poder (…) Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”. -Stephen Miller, Subdirector de Gabinete de Política en el gobierno de Donald Trump, enero 5 de 2026.

“Por la patria morir, ¡antes que verla / del bárbaro opresor cobarde esclava! […]. / El amor, madre, a la patria / no es el amor ridículo a la tierra, / ni a la yerba que pisan nuestras plantas; / es el odio a quien la oprime, / es el rencor eterno a quien la ataca”. -José Martí, Abdala, 1869.

El 3 de enero de 2026 queda en la historia como el día en que, por primera vez, Estados Unidos bombardea a un país de Sudamérica, cuando atacó con saña y con todo su poder de muerte y destrucción en Caracas y en otros lugares del territorio de Venezuela. Desde su casa personal en Mar-A-Lago, Florida (el mismo lugar donde se encontraba con Jeffrey Espstein, pedófilo condenado en Estados Unidos), Donald Trump y sus secuaces más próximos observaban, como si se tratase de una película de Hollywood o una serie de Netflix, el bombardeo y las acciones criminales de su Fuerza Delta.  Como parte de una guerra de espectro completo, la que Venezuela viene soportando desde finales del siglo XX, tras la elección de Hugo Chavez en 1998, de inmediato se puso en marcha la fase de desinformación y de manipulación mediática (guerra cognitiva y sicológica) con Trump a la cabeza, cuando en una rueda de prensa dio su parte de victoria, presentando el bombardero y la invasión de un país soberano como una gran gesta que él mismo catalogó de “limpia” y anunció en forma demagógica y pretenciosa que Venezuela se había convertido en una colonia petrolera de Estados Unidos.

Esta no es una agresión contra un país en particular, es una agresión contra toda nuestra América y es la puesta en práctica del Corolario Trump y de la Doctrina Donroe, en la cual se encuentra un listado interminable de países del continente a ser agredidos, bombardeados y, eventualmente, ocupados, entre los cuales están Cuba, México, Colombia…

El primer bombardeo de Estados Unidos a un país de Sudamérica

El bombardeo a Caracas, y el subsecuente desembarco de tropas yanquis, no es el primero en la trágica historia de nuestro continente por parte de Estados Unidos, pero si el primero en Sudamérica. En la tenebrosa historia de agresiones imperialistas de Estados Unidos, que lleva doscientos años, vale recordar en estos momentos que diversas ciudades de nuestros países fueron bombardeadas y ocupadas en diversas ocasiones por las tropas de los Estados Unidos: Ciudad de México (1847-1848), Veracruz (1914), Puerto Principe (1915-1934), Santo Domingo (1916-1923 y 1965), Managua (1912-1925 y 1926-1933), La Habana (1898-1902, 1906-1909), Guatemala (1954), St George’s, Granada (1983) …  En todos esos casos, la injerencia brutal de Estados Unidos asesinó a cientos de personas e instauró gobiernos títeres e incondicionales a los Estados Unidos, quien colocó en el poder a sus “hijos de puta” (Franklin Delano Roosevelt dixit). En los casos señalados, esas intervenciones directas dejaron un interminable rastro de sangre y horror, con lo que se pone de presente, como bien lo dijo Eduardo Galeano, que “cada vez que Estados Unidos ‘salva’ a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o en un cementerio”. 

La muerte, el bombardeo y la destrucción que generan las acciones criminales de los Estados Unidos mantienen un patrón similar, basado en el racismo, en su complejo de superioridad, en el culto a las armas y a la violencia y, desde ese punto de vista, lo sucedido en Venezuela no es ninguna novedad, ni tampoco “un nefasto antecedente”. Lo es solamente para quienes desconocen la historia de agresiones de Estados Unidos contra nuestro continente.

Lo único novedoso en cada nueva intervención es que Estados Unidos pone en juego tecnologías más sofisticadas y mortíferas, como se demuestra en Venezuela, en donde se realizó un impresionante despliegue tecnológico, con el uso de 150 aviones, helicópteros, drones y se utilizó Inteligencia Artificial para inutilizar la defensa venezolana y se utilizaron nuevas armas letales cuyo uso se encuentra prohibido según las leyes de la guerra. Y luego se procedió con sadismo asesino a liquidar a los encargados de mantener la seguridad personal del presidente Maduro, entre ellos 32 cubanos. Esto denota la participación directa de los asesinos profesionales del Mossad de Israel, coaligados con los matones de la CIA y de otras fuerzas de la brutalidad imperialista, a la que llaman de “inteligencia”.

Adicionalmente, esta no fue una operación quirúrgica y solamente militar, porque con premeditación y en forma deliberada fueron bombardeados centros de investigación, puertos, lugares en donde se encontraban medicinas e instrumentos de cirugía, casas de gente común y corriente e incluso hasta se bombardeó en forma sádica la tumba de Hugo Chavez. La narrativa triunfalista de Trump y su pandilla de asesinos de la Casa Blanca sostiene que fue una maniobra exitosa, en la que no hubo muertos ni violencia, como si el centenar de asesinados de Venezuela (entre ellos 32 cubanos no contaran y no fueran seres humanos), y ocultando deliberadamente los heridos y muertos que haya podido tener Estados Unidos en una operación que no fue tan expedita como se pretende, porque, ya está establecido que la guardia personal de Nicolas Maduro opuso feroz resistencia y, de seguro, no dispararon al aire sino a los agresores.

Y la otra “novedad”, propia de un imperialismo decadente, es que Estados Unidos ya no disimula ni busca argumentos sofisticados para justificar su crimen de agresión, simplemente se limita a decir que lo hacen porque tienen el poder, se les da la gana, les conviene y nada ni nadie los puede detener en su carrera asesina de apropiarse de nuestras riquezas naturales. Esto indica, para desgracia de todo el pensamiento liberal que exaltaba la “benevolencia” de Estados Unidos, que regresamos a la fase del imperialismo sin máscara, cuyo límite según dice el mismo Trump es su “propia moralidad”.

La soledad de América Latina

En su discurso para recibir el Premio Nobel de Literatura en 1982 Gabriel García Marquez se centró en el asunto de la soledad de América Latina a lo largo de nuestra dramática historia. Cuatro décadas después, la agresión a Venezuela pone de presente nuestra soledad política y militar, y con esto nos referimos al hecho de que ningún poder (ni China, ni Rusia, ni Irán) van a venir en nuestra ayuda. Esto debe plantearse porque, hasta hace pocos días, se solía decir que si sucedía un ataque de esta naturaleza se daba por descontado un apoyo armado de los países nombrados a Venezuela. Esto no sucedió ni va a suceder en el futuro inmediato, sencillamente porque las potencias emergentes tienen su propia agenda geopolítica, que no van a modificar por lo que suceda en el “patio trasero” de los Estados Unidos. En esa agenda se incluye, para el caso de Rusia, derrotar a Ucrania, a la OTAN y a la Unión Europea, algo que está a punto de conseguir plenamente y que solo es cuestión de tiempo. China, por su parte, no tiene ningún interés en librar guerras de manera directa y siempre muestra una prudencia abismal, y parece no estremecerse ante las agresiones imperialistas de Estados Unidos, incluso así estas toquen directamente sus intereses económicos, como sucede en Venezuela.

Además, esas potencias le están apuntando a un mundo multipolar e impulsan una estrategia, lenta y de largo alcance, consistente en ir minado desde dentro la hegemonía financiera y monetaria de Estados Unidos, mediante el impulso a proyectos de cooperación exclusivamente económicas. No parecen considerar que Estados Unidos, arrinconados y desesperados por su declive irreversible, actúa como una bestia herida y agonizante que se juega su carta más poderosa, la militar, para tratar de impedir la consolidación de ese orden multipolar, el cual se demora más en construirse en la medida en que no se repela la arrogancia militar de los Estados Unidos en aquellos lugares estratégicos, como Venezuela, que se supone hacen parte real o potencial de los BRICS.

Por esta circunstancia, lo que nos caracteriza nuevamente como continente es la soledad geopolítica, ahondada por la división interna entre nuestros países, por los intereses de las oligarquías locales, plegadas a los intereses de Washington, como se ha puesto de presente con los cipayos y vendepatrias que por estos días se han manifestado a favor de la brutal agresión de Estados Unidos, avalando que sea pisoteada la soberanía continental.

Washington desprecia a los traidores

Es conocida la afirmación de Henry Kissinger en el sentido de que Estados Unidos no tiene aliados ni amigos, sino intereses. Por si hubiera dudas de este principio central de la metafísica imperialista, es bueno constatar lo que se está desarrollando ante nuestros ojos.

Desde antes de que Noruega le concediera el Premio Nobel de la Ignominia, la guarimbera mayor María Corina Machado, una oligarca de pura cepa, le pidió a Donald Trump que invadiera a su país. Y por eso mismo, apenas se produjo la brutal incursión contra la tierra venezolana, esa vendepatria declaró: “Los venezolanos agradecemos al presidente Donald Trump y a su administración por la firmeza y determinación en el cumplimiento de la ley. Venezuela será el principal aliado de Estados Unidos en materia de seguridad, energía, democracia y derechos humanos”.

Esta vendepatria número uno de nuestra América está meando fuera del tiesto, creyendo como creen todos los lacayos de Estados Unidos, que los van a premiar por su entreguismo. Muy rápido, Donald Trump y Narco Rubio se encargaron de bajarla del tren de los cipayos y ponerla en su sitio, al afirmar que ella no tiene ningún papel que cumplir, porque sencillamente en Venezuela es impopular y no tiene ningún respaldo político. Con esto, de paso, Estados Unidos está reconociendo que las elecciones de 2024 fueron legitimas y que todo el cuento del fraude fue armado por los mismos Estados Unidos y todas sus bodegas mediáticas. Y ese reconocimiento es mucho más evidente al aceptar la sucesión presidencial, a la vicepresidenta constitucional Delcy Rodríguez.

Lo más grotesco es que Donald Trump ha dicho que la Machado no juega ningún papel porque no le cedió el Premio Nobel de la Muerte a él, quien verdaderamente lo merece. Y para mostrar su grado de genuflexión, difícil de igualar en los anales del entreguismo antinacional de nuestro continente, ella afirmó que le va a entregar la medalla del Premio Quisling a Donald Trump y en efecto lo hizo el 15 de enero, cuando se lo transfirió al mismo asesino que tiene sus manos manchadas con la sangre de cien venezolanos y latinoamericanos y quien la humilló y la despreció en repetidas ocasiones.

Y Trump, que bombardea y mata en forma indiscriminada a esos “feos” habitantes negros o morenos del sur global (en Siria, Yemen, Nigeria, Somalia, Venezuela) les dice a los grandes empresarios petroleros, en el colmo del cinismo ‒unas frases que parecen propias del realismo mágico: “No se me ocurre nadie en la historia que merezca más el Premio Nobel que yo, y no quiero presumir, pero nadie ha puesto fin a más guerras que yo”.

Y como para que no quede duda del trato que se le da a los traidores y vendepatrias, es bueno referirse a lo sucedido en Denver, Estados Unidos, cuando migrantes venezolanos celebraban el secuestro de Nicolás Maduro y fueron abaleados por la policía, lo que dejo varios muertos y muchos de ellos fueron arrestados y pronto serán deportados. Así, Estados Unidos paga a los traidores, a sangre y plomo y unos 700 mil venezolanos pronto serán deportados de ese país en virtud de la cancelación de su estatus especial del que gozaban hasta fines del año anterior. Es decir, de patitas en la calle, hacia Venezuela, a aquellos que se regocijaban con el secuestro de Nicolás Maduro. ¡Mal paga el diablo a quien mal le sirve dice un conocido adagio popular de nuestra América y eso se confirma con el garrote que están recibiendo los que alababan al pretendido “libertador” de Venezuela!

¡Es el petróleo, estúpidos!

Durante años se ha repetido hasta el cansancio por parte de Falsimedia y los académicos al servicio del imperialismo, que abundan en estas tierras por aquello de que muchos han sido asalariados de USAID o de ONG financiadas por Washington, que el asunto central de Venezuela era de democracia, libertad y derechos humanos. Estados Unidos, por supuesto, hasta hace pocos días repetía ese estribillo y sus súbditos lo amplificaban.

La otra mentira que se repitió durante años, desde la primera presidencia de Trump, consistió en decir que Nicolás Maduro era el jefe de un supuesto Cartel de los Soles. Esta entelequia fue una construcción de la CIA y fue presentada miles de veces como argumento central de falsimedia occidental para justificar la demonización del presidente venezolano. Pero resulta que, tras el secuestro, la mentira no perduró ni tres días, pues el propio Departamento de (in)Justicia de Estados Unidos reconoció que ese pretendido Cartel no existía y había sido una invención Made in USA. Algo similar a la invención de las armas de destrucción masiva que supuestamente poseía Irak en tiempos de Sadam Hussein y que sirvió como pretexto para invadir ese país y matar a un millón de personas. La diferencia es que esta noticia se desmontó luego de varios meses después del comienzo de la invasión, mientras que la del Cartel de los Soles no aguanto ni 72 horas luego del secuestro de Nicolás. Maduro. Desde luego, ni Falsimedia, ni los “venezolanogos” del mundo académico han dicho que fueron engañados y que solo repetían un embuste, por el cual les han pagado con creces, porque eso sería reconocer su estulticia y mediocridad.

Pero resulta que, tras la brutal invasión a Venezuela del 3 de enero, a las pocas horas Donald Trump y compañía se encargó de sepultar de manera definitiva ‒aunque de eso seguramente no se darán por enterado en las Facultades de Ciencia Política (esa disciplina teológica del imperialismo y del capitalismo)- toda esa mitomanía seudodemocratera. Dejó claro que su objetivo es el petróleo de Venezuela, del que Donald Trump declaró que ahora pertenecía a las compañías de Estados Unidos y en el país caribeño no se iban a realizar elecciones y mucho menos se iban a reconocer a personajes antipopulares como María Guarimba Machado.

Esta confesión de parte de quien se reclama como el “verdadero y actual presidente de Venezuela” pone fin a bizantinas discusiones académicas y periodísticas que señalaban que lo del petróleo era un pretexto del chavismo, porque lo que de verdad estaba en juego era la “democracia”. Este cuento, que muestra ignorancia o deshonestidad, pretende desconocer el peso de los factores materiales, de los bienes naturales y de la energía, sin los cuales no puede funcionar el capitalismo realmente existente en Estados Unidos.

Algunos sostienen que no ha sido el petróleo, porque Estados Unidos tiene reservas suficientes. Esto no es cierto, porque con sus reservas actuales y el ciclo corto del fracking, Estados Unidos tiene petroleó máximo para unos seis años, mientras que el acceso al crudo venezolano, más pesado pero fácil de procesar en las refinerías de Texas, proporcionaría petróleo para medio siglo más.

Se trata, adicionalmente, de expulsar a competidores que han llegado a acuerdos con Venezuela, empezando por China. Y allí lo ha dicho, sin tapujos, el criminal Narco Rubio: “Este es nuestro hemisferio, y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad se vea amenazado. Este es el hemisferio occidental. Aquí es donde vivimos, y no vamos a permitir que el hemisferio occidental se convierta en una base de operaciones para adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos”.

Cuando decimos petróleo, no es solamente en sentido estricto el “excremento del diablo”. El interés de Estados Unidos siempre fueron los recursos que se encuentran en el suelo y subsuelo de Venezuela, entre ellos oro, del que el país es el cuarto productor mundial, diamantes, bauxita, cobre, níquel, titanio, coltán y las tierras raras. Estas últimas ahora son cruciales en la guerra por el control de las cadenas de suministro con China, que acapara el 80% de la producción mundial.

Cuando se dice petróleo no se hace referencia solamente al liquido viscoso sino a lo que significa en términos de poder, que en el caso de los Estados Unidos está referido a la hegemonía del petrodólar en el sistema financiero hegemonizado por Washington. En efecto, la gran tragedia de Venezuela no es solo tener las primeras reservas probadas de petróleo y otras riquezas naturales, sino haber implementado una política de soberanía energética en beneficio de los habitantes del país y en haber impulsado en los últimos años, ante las sanciones y el robo de activos por parte de Estados Unidos e Inglaterra, un comercio de crudo con China en el que como moneda de intercambio desapareció el dólar y fue reemplazado por el yuan. Esto ha sido un golpe duro, simbólico y real, a la hegemonía del dólar y, como les ha sucedido a otros personajes en la historia reciente (Sadan Hussein y Mohamed Gadafi) que se han atrevido a plantear la desdolarización, la respuesta de Estados Unidos ha sido brutal, porque son conscientes que su dominio financiero se basa en la imposición del dólar como moneda de intercambio mundial, fuente de reserva de los países y palanca monetaria de la arquitectura financiera internacional.

La evaporación de los tibios

La sangrienta agresión contra Venezuela tiene consecuencias en el resto del continente y una de las más evidentes es la evaporación de los tibios. Esto significa que aquellos gobiernos, el de Chile, el de Brasil, el de Colombia, México (con titubeos) que no reconocieron el triunfo electoral de Nicolás Maduro y se hundieron en el pantano del legalismo de la peor especie, preguntando por las manidas actas, fueron coparticipes, por omisión, en la agresión a Venezuela. Por eso, que no se vengan ahora a presentar como adalides de la soberanía de nuestro continente.

Debe recordarse el papel nefasto de Gabriel Boric, de Chile, quien fue uno de los abanderados del discurso de la supuesta dictadura en Venezuela y caja de resonancia de la guerra mediática de Estados Unidos contra la revolución bolivariana. En la misma dirección debe ubicarse el rol de Luis Ignacio Lula Da Silva, a quien puede considerarse como uno de los grandes derrotados con lo acontecido el 3 de enero, porque aparte de no reconocer el triunfo electoral de Nicolás Maduro había vetado el ingreso de Venezuela como miembro asociado de los BRICS. Y es el gran derrotado porque con la invasión a Venezuela murió también ese otro mito tan propio de Brasil de autoproclamarse una “potencia regional” en Sudamérica y un país que aspira a ser miembro del Consejo de Seguridad de la ONU (es decir, de un cadáver putrefacto e insepulto). La inutilidad geopolítica de Brasil ha quedado en evidencia en estos días y eso no se resuelve con tibias declaraciones diplomáticas para condenar la agresión, cuando en la práctica Lula coadyuvo a la misma, dándole batería y munición a los enemigos de Venezuela.

El caso de Gustavo Petro en Colombia tampoco es distinto y acá hay que diferenciar entre los discursos demagógicos de plaza pública y la política real que se ha adelantado desde la Casa de Nariño. Petro ha sido impulsor de una contrainsurgencia doméstica en toda la línea, que se complementa con su repulsa al gobierno de Nicolás Maduro, su apoyo tácito a la mal llamada oposición venezolana (hasta el punto de que afirmó en diciembre del año anterior que invitaba a María Guarimba Machado a bailar un vallenato en Cartagena) y lo que es peor está aplicando juiciosamente la política contrainsurgente de los Estados Unidos en territorio colombiano y continental.

Por si hubiera dudas al respecto, son elocuentes las declaraciones que Petro concedió a El País de España, ante la cual hay que frotarse los ojos porque es de no creer, en cuanto refleja cierta legitimación de la invasión de Venezuela y del secuestro de Nicolás Maduro. (Ver: https://elpais.com/america-colombia/2026-01-09/petro-trump-me-dijo-que-estaba-pensando-hacer-cosas-malas-en-colombia.html). Petro señaló que “La posición de Estados Unidos en relación a Venezuela no se aleja tanto de la mía. La idea de transición hacia unas elecciones libres y la de un gobierno compartido la han planteado otros”.  Así, Petro admite tácitamente que está de acuerdo con el secuestro de Nicolás Maduro, con tal de que se hagan “elecciones libres” muy al estilo estadounidense (como en Honduras), en donde ganen los candidatos de Trump, y en donde se establezca un gobierno compartido según se les ocurre a ellos (a Petro y a Trump), desconociendo la realidad política y social de Venezuela.

Y luego, ante la pregunta “¿Qué impresión le dejó Trump como persona?”, respondió: Hace lo que piensa, como yo. También es pragmático, aunque más que yo. A mí me gusta hablar. Su visión en muchas materias es muy distinta a la mía. Pero por ejemplo, en el narcotráfico, no tenemos ninguna distancia”. O sea, que Petro asume como suya la pretendida “guerra” de Estados Unidos contra el narcotráfico, uno de los pretextos esgrimidos para invadir Venezuela y secuestrar a su presidente y amenazar directamente a Colombia, y dice estar de acuerdo con esa política, en la cual se oculta que los principales narcotraficantes del mundo son los Estados Unidos. Si Petro asume como válida la supuesta Guerra que libra Trump contra las drogas, eso significa que, a la larga, también está de acuerdo con los bombardeos asesinos de las lanchas de pescadores en el Pacífico y en el Caribe, en los que han sido masacrados más de un centenar de humildes latinoamericanos.

En forma grotesca, y repitiendo la misma frustración de Trump, Petro sostiene que María Corina Machado, con la que piensa bailar en Cartagena, “no debió quitarle (sic) el Nobel a Trump”. Es decir, el carnicero de Gaza, el mataniños de Palestina, quien bombardea países y es un criminal condenado en su país, pero eximido por su poder, y quien secuestró a un presidente en ejercicio, a Nicolas Maduro, debe ser premiado con el Nobel de Paz. Este es un servilismo inconcebible en el presidente de un país, que es fronterizo con Venezuela, y está siendo amenazado con ser bombardeado y ocupado en cualquier momento. Pero esta preocupación de Petro ya debió desaparecer y ya no lo debe trasnochar, porque María Guarimba Machado le ha entregado con sus propias manos al carnicero Donald Trumo el asqueroso premio Nobel de la Muerte y la Ignominia.

Con respecto a las elecciones de Venezuela, Petro sigue asegurando, luego de todo lo que ha sucedido en los últimos días y la confesión de Estados Unidos sobre la impopularidad de la oposición y su escaso respaldo dentro del país que esas “elecciones no fueron libres”. Y añade, como si fuera gran cosa: “La posición de Estados Unidos en relación a Venezuela no se aleja tanto de la mía. […] Pero no puede imponerse desde afuera […]. El papel de Estados Unidos debería ser permitir ese diálogo, junto con América Latina. Antes de las elecciones en Venezuela propuse un gobierno compartido, inspirado en la experiencia del Frente Nacional en Colombia”. Como quien dice que, luego de invadir, matar a cien personas, secuestrar a un presidente y a su esposa, Estados Unidos debe ser el garante de un dialogo interno en Venezuela. Difícil encontrar otra forma más postrera de legitimar un crimen contra nuestra América de parte de alguien que se dice admirador de Bolivar, y cuya espada hace desfilar por las calles de Bogotá cada cierto tiempo.

En el colmo de la desfachatez, Petro sostiene: “Yo fui mediador real, junto a México, Noruega y otros países. Antes de las elecciones buscamos un acuerdo para celebrar elecciones libres. Hablé con [el expresidente Joe] Biden y con Maduro sobre esa opción. […] La idea era acabar con el bloqueo y cesar la represión, pero Maduro dijo: ‘¿Cómo puede haber elecciones libres si han puesto precio a mi cabeza?’. Estados Unidos llegó a aceptar, pero ni se desmontó la represión, ni hubo amnistía, ni hubo desbloqueo y todo fracasó”. Petro, entonces, le limpia la cara al imperialismo y le echa la culpa al presidente de Venezuela, por no haberse plegado al chantaje de Washington, y quien acaba de ser sangrientamente secuestrado, acción con lo que Petro parece estar de acuerdo de manera implícita.

En suma, luego de una invasión, bombardeo y asesinato de 100 latinoamericanos en Venezuela, Estados Unidos debe impulsar el dialogo y retomar las propuestas, desquiciadas de Petro, sobre la pretendida constitución de un Frente Nacional, lo que de paso hay que recordarle fue el contexto que generalizó la lucha insurgente en Colombia y el que le robó las elecciones de 1970 al exdictador Gustavo Rojas Pinilla (uno de sus papás ideológicos), que fue lo que dio origen al M-19. Como esta es otra historia en esto no ahondamos más por ahora.

Aparte de todo, Petro invitó a Donald Trump a Cartagena, ciudad que este debe estar encantando de visitar para tener acceso a nuestras jóvenes y niñas, porque como se sabe la Ciudad Heroica es un centro de pedofilia, en la que además actúan los sionistas de Israel.

Lo peor de todo han sido los acuerdos secretos entre el gobierno de Petro y los Estados Unidos, que empezaron a funcionar hace meses, mucho antes de la agresión a Venezuela, con los que ha aceptado la imposición imperialista de Trump, como también lo reveló otro artículo del país (La comisión secreta de Petro que negoció bombardeos y fumigaciones en Colombia para contentar a Trump | EL PAÍS América Colombia): volver a fumigar con glifosato a los campos y campesinos de Colombia; bombardear campamentos guerrilleros, sin importar que allí se encuentren niños como sucedió recientemente en el Guaviare; extraditar otros colombianos a Estados Unidos. Existen dos “acuerdos” más que no menciona en ese artículo, pero que se han ido conociendo: acordar acciones conjuntas entre las fuerzas armadas de Estados Unidos y las de Colombia contra el ELN; y denunciar ante la CPI al Comandante guerrillero Iván Lozada (“Mordisco”). Sin tan diligente es en ese terreno Petro, ¿por qué no denuncia ante la CPI al asesino Donald Trump por su agresión contra nuestra América? E igualmente, aceptando en forma implícita la jurisdicción de la “justicia” de Estados Unidos sobre América Latina y Colombia, lo cual supone reconocerle un carácter extraterritorial ‒en un criterio claramente antinacional‒ ha dicho que va a demandar a ese mismo jefe guerrillero en Estados Unidos, con lo cual le da carta de ciudadanía a los jueces de ese país, como si a ellos tuvieran competencia para hacerlo.

Difícil encontrar un mayor nivel de sumisión frente al imperialismo, que se acentúa más con el anuncio delirante y antinacional de que él va a permitir que tropas de Estados Unidos, las mismas que acaban de mancillar sangrientamente la tierra de Bolivar, actúen juntamente con el Ejército colombiano para combatir al ELN e incluso ha pedido que se realice una acción conjunta con las Fuerzas Armadas de Venezuela para combatirlo. (Petro y Trump acordaron «acciones conjuntas» para combatir al ELN – Diario Libre). Y como muestra de su accionar claramente contrainsurgente Petro ha dicho, con una miopía estratégica difícil de igualar, que las fuerzas insurgentes deben ser “atacados en su retaguardia”, en Venezuela.

Estas son palabras que le deben sonar como cantos celestiales al imperialismo estadounidense, porque eso ni siquiera lo propuso nunca la extrema derecha en tiempos de Uribe Vélez.      Gustavo Petro busca sumar a Donald Trump y Delcy Rodríguez en su combate contra la guerrilla del ELN | EL PAÍS América Colombia

Esta torpeza de Gustavo Petro se explica, entre otras razones, por la narcotización del conflicto interno, siguiendo a pie juntillas la cartilla de Washington, y por asumir plenamente la falacia discursiva y mentirosa de Estados Unidos de la “Guerra contra las drogas”, al señalar que los grupos insurgentes, a los que reduce a simples narcos ‒algo propia del imperialismo estadounidense, de la extrema derecha colombiana y del bloque de poder contrainsurgente‒ son los que propician la intervención de Estados Unidos, como si Estados Unidos fuera muy respetuoso de la soberanía nacional y la autodeterminación de nuestros países y solo hubiera invadido nuestros países después de la aparición del narcotráfico, y no lo viniera haciendo desde hace dos siglos. Por eso, en forma delirante dice Petro: “Debemos unir a las fuerzas latinoamericanas para combatir a estos grupos, a pesar de la turbulencia creada con la invasión». Y en lugar de llamar a enfrentar a Estados Unidos ha dicho que “Los ejércitos latinoamericanos debemos reunirnos para sacar de nuestros países esta excusa que no hace bien a nadie». Colombia.- Petro propone a Delcy Rodríguez unir sus ejércitos para combatir la eventual alianza de ‘Mordisco’ y el ELN). 

Mientras el imperialismo nos agrede, invade y masacra el falso jaguar de la sabana de Bogotá pide que aceptemos la imposición imperialista de que nuestro principal problema es el narcotráfico (y no la concentración de la tierra, la desigualdad, la miseria, el paramilitarismo…) y que cumplamos las órdenes de Estados Unidos de limpiar la casa para que los gringos puedan operar más tranquilamente en nuestros países, como si ellos nos fueran los campeones mundiales del narcotraficante y los capos de los principales carteles, cuya sede central se encuentra en la Casa Blanca.

Resulta llamativo, además, que Petro, economista de profesión, disimule el hecho que Estados Unidos como potencia agresora ha dejado claro, con acciones y palabras, que El Cartel de los Soles no existe, es un invento de ellos y lo que les interesa prioritariamente son los recursos del continente, empezando por el petróleo, y contar con políticos sumisos en su patio trasero que le faciliten esa tarea. No ha necesitado mucho esfuerzo para conseguirlo en Bogotá, en donde el actual presidente se ha arrodillado en una forma verdaderamente vergonzosa.

Y lo más grave estriba en que está avalando e implementando la política de golpear al movimiento insurgente en Colombia para debilitar una retaguardia estratégica, de Colombia y de Venezuela, porque en una posible invasión permanente de tropas gringas sobre nuestras tierras, los ejércitos irregulares son los que mejor pueden enfrentar a los invasores imperialistas.

En suma, Petro, que demagógicamente había simbolizado su pretendido antiimperialismo con la figura de un indomable jaguar, terminó siendo un famélico gatico de peluche, al servicio de Trump y su política contrainsurgente.

En conclusión, con todo lo mencionado con respecto a los tibios progresistas del continente, no sorprende que ninguno de ellos haya planteado una ruptura de relaciones con Estados Unidos y ni siquiera hayan retirado a sus embajadores de Washington y se hayan limitado a emitir un insustancial pronunciamiento, firmado por Chile, Uruguay, Colombia, Brasil y el reino de España. En ese lacónico documento no se menciona el hecho más grave de la invasión de Estados Unidos, como ha sido el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, y por supuesto tampoco piden su liberación ‒con lo que avalan en la práctica la acción de Estados Unidos y el hecho inaudito de que vayan a juzgar según sus leyes a un presidente en ejercicio‒ y, peor aún, no se nombra a los Estados Unidos como país agresor, como si la invasión hubiera sido hecha por marcianos. [Ver texto del lamentable pronunciamiento en 040126 Comunicado VENEZUELA.pdf]

Y como Estados Unidos demuestra a diario que no le gustan los tibios, el Departamento de Estado ha suspendido la entrega de visas a inmigrantes que provengan de Brasil, Colombia y Uruguay, los cuales se encuentran en una lista de 75 países del mundo a cuyos nacionales se les restringe el ingreso al territorio estadounidense. Es el costo de haber sido tibios con los Estados Unidos (lo cual a menudo raya en la sumisión) respecto a la brutal agresión contra nuestra América este 3 de enero, porque debe recordarse que ese país nunca tiene amigos, solo intereses.

Más allá de la geopolítica está el pueblo de Venezuela

La agresión criminal contra Venezuela pone el foque de atención en un asunto central, el referido a los límites de la geopolítica, porque esta desconoce o pasa por alto los factores internos dentro de los países y las fuerzas sociales allí existentes. Esto se ha evidenciado claramente en estos días, cuando todo lo que rebuzna ‒con el perdón de los sabios asnos‒desde Estados Unidos el jefe de la Casa Blanca sobre Venezuela se toma sin ningún juicio crítico como hechos ciertos. Así, se replican sus mentiras y embustes, sin ninguna distancia, lo cual es parte consustancial de la guerra cognitiva y mediática. En esa dirección, muchos han creído de verdad que lo de Venezuela ya está resuelto, y es nuevamente una colonia de Estados Unidos, creen a pies juntillas que es cierto el disparate de Trump de que él es Presidente de Venezuela a la que gobierna en compañía de tres virreyes (el Secretario de Estado Narco Rubio, el secretario de Guerra Pete Hegseth, y el asesor de Gabinete Stephn Miller) y que el petróleo ya está en manos de las compañías de Estados Unidos. Se supone que si lo dice Trump es cierto, como si no existiera el pueblo chavista de Venezuela. El sesgo geopolítico favorable a Estados Unidos en este momento de euforia coyuntural del trumpismo nos quiere hacer creer que es posible gobernar y someter a un país en forma virtual y solamente con la amenaza de volver a bombardearlo, asesinar a sus dirigentes y masacrar a la población si no se cumplen las órdenes del nuevo emperador “virtual”.

Además, recordemos que Estados Unidos y su socio incondicional Israel suelen cantar victoria a las primeras de cambio, porque suponen que con esa declaraciones triunfalistas solucionan los problemas estructurales que determinan la evolución de una sociedad. Así, en Irak, tan solo cuatro semanas después del inicio de la ocupación en 2003 George Bush se apresuró a decretar la victoria, y eso incluso se celebró como un carnaval en las calles de ciudades de Estados Unidos, pero hasta ahora empezaba lo peor para Estados Unidos, porque los iraquíes se rebelaron contra sus pretendidos libertadores. Recientemente, con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Irán, en la que fueron asesinados a mansalva mandos civiles y militares y científicos, se supuso que el país se iba a rendir y se iba a generar una revuelta en apoyo a los agresores. Nada de eso sucedió, e Irán se recuperó rápidamente, reemplazo sus mandos y golpeó duro a los genocidas de Israel, hasta el punto de que estos se vieron obligados a rogarle a Estados Unidos para que intercediera ante Irán para poner fin a la agresión criminal que ellos mismos habían iniciado.

Con estos antecedentes, se recomienda, sobre todo a luchadores y militantes de izquierda, no dejarse sobornar por las mentiras que se dicen desde los Estados Unidos, y que replica Falsimedia en cada país, de que el secuestro de Nicolás Maduro es el fin de una Venezuela autónoma y soberana y que Estados Unidos ya consumó su proyecto de restauración imperialista. Eso está por verse y para eso hay que considerar lo que sucede dentro de Venezuela, una realidad a la que ni Estados Unidos ni Falsimedia se refieren, como si no existiera.

No puede rendirse culto a los agresores y suponer que los agredidos van a aceptar sumisamente la nueva condición y que, para completar, ellos serian los responsables de lo que está pasando. No, a lo que no puede renunciarse de ninguna forma es a enfrentar, de todas las formas posibles, la acción criminal en Venezuela, de la cual es responsable Estados Unidos y todos sus lacayos en el continente.

Hay que pensar que una cosa es una acción brutal, de efecto inmediato que, por supuesto, genera shock y desmoralización, como la del 3 de enero, pero otra es suponer que Estados Unidos más allá del redito político inmediato tenga claro el asunto en términos estratégicos, cuando está dando palos de ciego, lo cual indica que va actuando sobre la marcha. Porque un asunto es claro no hubo cambio de régimen, ni el caos, ni hasta ahora se ha desatado una guerra civil, una posibilidad que estaba entretelones para reeditar lo que Estados Unidos hicieron en Irak (2003), en Libia (2012), en Siria (2025) o en Panamá (1989).

Y los hechos lo van mostrando, porque, por ejemplo, el anuncio de que las compañías petroleras ya habían sometido a Venezuela e iban a invertir 100 mil millones de dólares, ha sido desmentido por las propias multinacionales gringas, ya que en una reunión con esas compañías el presidente de la ExxonMobil manifestó:  «Actualmente es inviable para invertir a largo plazo. Requiere cambios significativos en marco legal y protecciones duraderas».

Con la operación en Venezuela quedan en evidencia que Estados Unidos pretende dominar a un país y un territorio a través de los bombardeos, sin bajar a tierra, porque es consciente de los costos que eso tiene, en cuanto a la muerte o heridas de los soldados ocupantes, teniendo en cuenta sus derrotas en Vietnam, Irak, Afganistán…. Y ahora, en el colmo de su arrogancia imperialista, el gobierno de los Estados Unidos cree que puede dominarse a un país desde la distancia, directamente desde Washington, sin tocar tierra y enfrentar la dura realidad de manera directa. 

Ese si es el colmo de la desmesura imperialista, al suponer que puede gobernarse por internet un país de 28 millones de habitantes, desconociendo su historia, su cultura, sus tradiciones y, sobre todo, su experiencia de organización y de lucha.

Por eso está claro, que lo que va a definir el presente y el futuro de Venezuela es el bravo pueblo chavista y, por eso, en medio de las incertidumbres actuales, la historia está abierta. Lo que sucedió el 3 de enero no es el fin, sino el comienzo de una nueva fase de la historia de Venezuela, en la que es muy difícil y pretencioso afirmar con plena seguridad que ya todo está claro y definido, como se hace desde ciertas lecturas apresuradas o sesgadas por el peso geopolítico y suponiendo en forma optimista que todo se decide por una agresión militar.

Claro, el futuro es incierto y todavía no está claro cuál puede ser el desenlace de esta nueva aventura neocolonial del decrepito imperialismo estadounidense, pero lo único cierto es que, como dijo el Che Guevara, “toda lucha está perdida si no se libra”.  

COLETILLA PROPOSITIVA: A mediados de este años se va a realizar el Mundial de Futbol, cuyo principal organizador es Estados Unidos. Ese evento ha sido concebido por Trump y sus secuaces como un gran negocio, para producir fabulosas ganancias a unos cuantos magnates y multimillonarios, en asocio, por supuesto, con la mafia de la FIFA.

Teniendo en cuenta lo acontecido en el Mundial de 2022, cuando se prohibió a Rusia participar en ese certamen, ahora debería impulsarse una campaña similar, en la que ciertos países deberían tener un rol determinante, lo que acarrearía consecuencias al negocio de Estados Unidos. De los países firmantes de ese tibio comunicado (Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay España), cuatro de sus selecciones participan en el mundial y de esos países dos tienen un rol decisivo en sabotear esa competición. Por un lado, México, país coorganizador, y seriamente amenazado por una posible agresión directa de Estados Unidos, debería renunciar a la sede y a participar en el Mundial, lo cual tendría un impacto inmediato y directo, porque eso implicaría que ya no tendrían sede allí los 13 partidos que se van a disputar en México, Guadalajara y Monterrey. Y eso significaría un golpe directo, y no sólo simbólico, a un evento en el que Donald Trump va a aparecer como amo y señor.

El otro país cuyo boicot tendría un impacto directo es Brasil, pentacampeón y el único país que ha participado en todos los mundiales, y un animador y favorito en todos los certámenes. Que Luis Ignacio Lula Da Silva deje tanta demagogia sobre Brasil como un poder continental en Sudamérica y pase de tanta palabrería a los hechos, como el de negarse a que su selección participe en este mundial, porque haciéndole les lava la cara a los asesinos de Washington.

Uruguay, bicampeón mundial, y Colombia (quien está en la lista de países a ser bombardeados por Estados Unidos) también deberían renunciar a participar en ese mundial de la infamia y lo mismo debería hacer España, que es otro de los firmantes del comunicado, en momentos en que Trump anuncia que se va a apoderar de Groenlandia, un territorio que pertenece a Dinamarca.

Tomar esta decisión supondría pasar de las declaraciones altisonantes, huecas e inútiles a los hechos concretos y tocar en forma directa a los Estados Unidos, en cuanto a su poder duro (el económico) y lo poco que le queda de poder blando (su imagen mediática como el exitoso matón del barrio que hace y deshace a su antojo y nadie se le opone porque venden la falacia que Trump y su círculo de criminales han hecho grande otra vez a los Estados Unidos).

Imagen de portada: Publicación del Departamento de Estado, en la cual se encuentra esta leyenda: “Este es nuestro hemisferio, y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad sea amenazada”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.