Recomiendo:
0

China 2026: Tendencias y expectativas en ocho claves

Fuentes: Rebelión

El principio general que vertebrará el año 2026 en China es el de “gestionar los propios asuntos”. Ello indica una clara relevancia de las dinámicas internas como prioritarias, con una especialísima atención a los asuntos económicos. Esta China se nos mostrará una vez más como una potencia inmersa en una compleja transición interna que navega por limitaciones demográficas, una rivalidad tecnológica y geopolítica feroz, y la búsqueda de un nuevo modelo de desarrollo más equilibrado y autosuficiente. La capacidad para gestionar estos equilibrios definirá su trayectoria, anteponiendo siempre la estabilidad política y la seguridad nacional al puro crecimiento económico.

Las ocho claves serían estas:

1. Reajuste del modelo económico y social

China seguirá acelerando el paso de su transición desde un modelo basado en inversión inmobiliaria y exportaciones baratas hacia otro impulsado por «manufactura avanzada» (vehículos eléctricos, baterías, energía renovable, semiconductores) y consumo interno. Previsiblemente, multiplicará las políticas para estimular el consumo interno y equilibrar el crecimiento económico. En este sentido, las autoridades han anunciado una política fiscal “más proactiva” y la monetaria “flexible” en 2026 para sostener la demanda agregada. Entre los desafíos clave: impulsar la confianza de un consumidor con alta propensión al ahorro, un mercado laboral que todavía muestra tensiones, la desaceleración controlada del sector inmobiliario y la desactivación progresiva de las deudas de los gobiernos locales. Evidencias de todo ello deberán reflejarse en el XV Plan Quinquenal (2026-2030), a aprobarse en marzo.

La política de «prosperidad común» buscará reducir desigualdades y fortalecer la clase media.

2. Un crecimiento de mayor calidad con fuerte énfasis en la innovación tecnológica

Las previsiones apuntan a una creciente calidad del crecimiento, de nuevo oscilando alrededor del 5% en 2026, con menor énfasis en la velocidad tradicional y mayor en sostenibilidad y productividad. Otra vez, la máxima prioridad se otorgará a la autosuficiencia tecnológica en áreas críticas: semiconductores, inteligencia artificial, biotecnología, computación cuántica, sectores en los que persistirán una gran inversión pública y presión para lograr avances. La autosuficiencia tecnológica es una estrategia organizada, acelerando la construcción de infraestructura avanzada a gran escala para mantener y expandir su ventaja competitiva. Entre los desafíos, cabe citar la superación de las restricciones occidentales (como las sanciones de EEUU) con soluciones nacionales competitivas a tiempo y en un contexto de indefinición acerca de la intensificación o coexistencia en la pugna tecnológica global, así como la búsqueda de una creciente influencia en la definición de los estándares emergentes.

La apertura económica proseguirá con una capacidad normativa reforzada para gestionar tensiones comerciales y la ampliación de incentivos para la inversión extranjera y sectores estratégicos, sin desactivar del todo los límites relacionados con los objetivos de seguridad nacional y control político.

3. Desarrollo industrial y transición verde

La inversión en manufactura avanzada se percibe como motor clave para mantener la competitividad global, un proceso en el que China se ha situado a la vanguardia del mundo y que debe gestionar en paralelo a la actualización de las industrias tradicionales. Asimismo, la transición energética hacia renovables se intensificará, liderando en instalación y uso de energía limpia. China mantiene su compromiso con la neutralidad de carbono para 2060, lo que inspira políticas de largo plazo, y el logro del pico de carbono para 2030.

4. El punto de inflexión poblacional

El envejecimiento poblacional y el estancamiento demográfico son desafíos estructurales que impactan en la fuerza laboral y el consumo de largo plazo. El envejecimiento acelerado de la población exigirá reformas activas en el sistema de pensiones, el mercado laboral y el consumo, con habilitación de más políticas para incentivar la natalidad (subsidios, apoyo familiar).

5. La gobernanza política interna en periodo precongresual

2026 será un año previo al XXI Congreso del PCCh (2027), donde se definirán los liderazgos futuros. La preparación y las deliberaciones y tensiones internas (si las hay) podrían hacerse más visibles. La perspectiva es de abierta continuidad del liderazgo y del sistema de gobernanza altamente centralizado con énfasis en la «seguridad nacional» como principio rector de todas las políticas.

6. La competencia sistémica, entre la tensión y el acuerdo

La relación con Occidente (especialmente EEUU) seguirá inmersa en la tensión. La visita a China del presidente Donald Trump, prevista para abril, puede institucionalizar cierto nivel de acuerdo que, sin embargo, no disipará la «competencia estratégica». La rivalidad con Estados Unidos y las tensiones sobre Taiwán, tecnología y comercio seguirán influyendo en la política exterior de Beijing. Por otra parte, la gestión de las relaciones con la UE y Japón revestirá importantes retos. Entre los desafíos a abordar, Taiwán y Mar de China meridional, espacios en los que cualquier incidente o cambio de estatus podría desencadenar una crisis mayor. En un plano más general, el riesgo de desacoplamiento, con fragmentación de cadenas de suministro y mercados, seguirá proyectando su sombra sobre la economía global.

7. Espacio geopolítico y seguridad global con las espadas en alto

China seguirá ampliando su papel diplomático y económico a nivel global, especialmente en África, Asia y América Latina, ofreciendo alternativas a las opciones tradicionales. El fortalecimiento de alianzas Sur-Sur (BRICS+, la Franja y la Ruta) y la búsqueda activa de liderazgo en la gobernanza global (clima, seguridad) deberán encajar el propósito estadounidense de limitar al máximo su espacio.

Proseguirá la modernización constante de las fuerzas armadas, con foco en capacidades de alta tecnología (guerra informatizada, portaaviones, misiles hipersónicos, ciberdefensa/ataque) y el fortalecimiento de la capacidad de disuadir la intervención en Taiwán.

8. Un «soft power» al alza

El énfasis en la confianza cultural y la promoción activa de la cultura china y sus valores a través de medios, educación y diplomacia pública, impulsará la proyección global del modelo chino. Aunque alejado de cualquier tentativa mesiánica, su protagonismo económico seguirá transfiriéndose a la producción de contenidos culturales atractivos a nivel mundial con el reto de sortear las reticencias ideológicas que subsisten en significativos sectores de la opinión pública y más allá de los círculos gubernamentales afines.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.