Pocos norteamericanos han aportado tanto a la lucha de los pueblos del mundo por conquistar la libertad como Paul Robeson, atleta, actor políglota, cantante de conciertos, escritor, abogado y activista de los derechos civiles. Dirigió las primeras campañas de Estados Unidos para reivindicar los derechos de la población afrodescendiente. Su padre fue un esclavo fugitivo que se licenció en la Universidad de Lincoln y la familia de su madre pertenecía al sector de los cuáqueros que luchó por la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. Tal vez por ello, Paul Robeson llevaba en su sangre una personalidad rebelde y asertiva.
En su juventud, fue jugador de rugby, de béisbol y de baloncesto. Fue uno de los primeros afroamericanos que jugaron fútbol americano profesional. Jugó con los Akron Pros y los Milwaukee Badgers en la American Professional Football Association. Después, trabajó de entrenador asistente en la Universidad Lincoln de Pensilvania. En 1995, 19 años después de su fallecimiento, fue seleccionado para el Salón de la Fama del Fútbol Americano Universitario.
Se graduó de abogado luego de estudiar derecho. Cuando ingresó al Colegio de Abogados de Princeton, una mecanógrafa blanca se negó a escribir el dictado de un abogado negro, motivo por el cual Paul Robeson abandonó la profesión de abogado y se dedicó a otras actividades.
Se casó con Eslanda Cardozo Goode, quien le animó para que actuara en producciones de teatro aficionado. En ese mundo conoció a Eugene O’Neill, introductor del realismo dramático de Chejov en el teatro estadounidense, premio Nobel de Literatura y cuatro veces ganador del Premio Pulitzer.
En 1925 se convirtió en actor de teatro y cine. La primera película, de las once en las que actuó, fue Body and Soul, dirigida por Oscar Micheaux, un precursor del cine afroamericano, pionero del llamado cine independiente que, sin dinero, entre 1919 y 1948 produjo cerca de 40 películas sobre temas afroamericanos. Con su elevada calidad de actor, Paul interpretó en Body and Soul a dos personajes gemelos: un criminal disfrazado de reverendo eclesiástico y un joven comerciante, ambos enamorados de la misma mujer. Pese a ser una película muda, en la que la poderosa voz de Paul Robeson estuvo ausente, fue una obra profunda e intensa sobre los valores humanos.
En 1925 viajó a Europa, donde Paul, con su inconfundible y potente voz grave, comenzó a cantar spirituals y otras canciones sobre la salvaje explotación de los negros del sur de Estados Unidos. Paul dice que en el Reino Unido “aprendió que el carácter esencial de una nación no está determinado por las clases altas, sino por el pueblo, y que los pueblos de todas las naciones son hermanos en la gran familia de la Humanidad”.
En la década de los 30, se relacionó con las organizaciones antifascistas y con los dirigentes de la clase obrera; comprendió que su arte debía servir a la lucha de los trabajadores del mundo entero. Se convenció de que los afroamericanos, como descendientes de esclavos, tenían una cultura común con los trabajadores de otros países. Fue en la Unión Soviética donde, según sus palabras, se vio tratado como un ser humano, porque no había prejuicios contra los afroamericanos, ni ningún tipo de discriminación racial.
Cantó blues, fragmentos del Porgy and Bess, de Gershwin, su canción emblemática, Old Man River, y canciones contra la explotación y la esclavitud. Cantó himnos de los presidiarios, de los remeros del Volga, de los maquis, de las Brigadas Internacionales de la guerra civil española, marchas de los obreros rusos y tradujo al inglés el himno de la Unión Soviética.
En 1933, luego de la llegada en Alemania de los nazis al poder, combatió activamente esta ideología. Participó en la Guerra Civil española como voluntario antifascista estadounidense de la Brigada Lincoln. En Benicasim, en el hospital de las Brigadas Internacionales, cantó para los soldados que se recuperaban de sus heridas. En un mitin en contra del levantamiento de Francisco Franco contra la República, Paul Robeson dijo: “El artista debe tomar partido. Debe elegir luchar por la libertad o por la esclavitud. Yo he elegido. No tenía otra alternativa”.
Paul no fue el típico cantante o un actor carente de formación, pues poseía una extraordinaria preparación intelectual, una extensa ilustración y una amplia cultura, además, hablaba cerca de veinte idiomas. En 1952, la Unión Soviética le concedió el Premio Stalin de la Paz.
Paul fue amigo personal de Sergéi Eisenstein, el cineasta director del “Acorazado Potionkin”, considerada la mejor producción cinematográfica de la historia, de Jomo Kenyatta, el padre fundador de Kenia, de Nehru, prócer de la India, de Emma Goldman, escritora judía apodada “la mujer más peligrosa de América”, así como de otros líderes mundiales de su época. Otro de sus grandes amigos fue Albert Einstein, con quien compartió el anhelo por la paz mundial. Como artista y figura pública, fue aclamado por personalidades de la talla de James Joyce y Ernest Hemingway.
Fue atacado por la gran prensa, que no le dio cobertura y, más bien, lo denigró hasta lograr su liquidación completa, pero fue el cantante preferido de Pablo Neruda, quien en su Canto General le dedicó una hermosa estrofa. Pero en su propio país sufrió la feroz persecución del macartismo y el FBI. Cuando en el senado estadounidense fue interrogado por el republicano Gordon H. Schere, miembro del Comité de Actividades Antinorteamericanas, acerca del porqué no se quedaba en la Unión Soviética, Paul Robeson contestó: “Porque mi padre fue un esclavo y mi gente murió para construir este país; yo voy a quedarme aquí y voy a ser tan parte de este país como usted. Y ningún fascista me obligará a irme. ¿Está claro? Apoyo la paz con la Unión Soviética, apoyo la paz con China, y no apoyo la paz ni la amistad con el fascista Francisco Franco, y no apoyo la paz con los nazis alemanes. Yo apoyo la paz con la gente decente”.
El Comité de Actividades Antinorteamericanas terminó declarando que Paul Robeson había intentado construir un Estado Soviético en el sur de los Estados Unidos y le privó de su pasaporte. Esto acabó con su carrera. Cerca de 80 de sus conciertos fueron cancelados. En 1949, dos conciertos al aire libre en Peekskill fueron atacados por grupos racistas sin que la policía hiciera algo para impedirlo. En esta ocasión, Robeson declaró: “Voy a cantar dondequiera que la gente quiera que cante… y no me asustan que las cruces ardan (o sea el Ku Klux Klan), ni en Peekskill ni en ningún otro sitio”.
La República Democrática Alemana homenajeó a Paul Robeson en un sello de correos en 1983, luego lo hizo Mali, en 1986, y por último, en el 2004 Estados Unidos emitió un sello de correos en su honor.
Esta es la canción «dieciséis toneladas», cantada por Paul Robeson
Los versos «un día más viejo y con más deudas», junto con «Le debo mi alma a la tienda de la compañía», hacen referencia al sistema de servidumbre por deudas, bajo el cual los trabajadores no recibían pago en efectivo, sino con vales de crédito intransferibles que solo podían canjearse por productos vendidos en la tienda de la compañía; además, solían vivir en dormitorios o casas de la compañía, cuyo alquiler se les deducía automáticamente de su salario. En Estados Unidos, el sistema de servidumbre por deudas persistió hasta que las huelgas del sindicato United Mine Workers y sus sindicatos afiliados obligaron a poner fin a dicha práctica.
La frase «dieciséis toneladas» se refiere a una práctica para iniciar a nuevos mineros. A mediados de la década de 1920, un minero solía transportar de ocho a diez toneladas diarias, mientras que para los nuevos mineros, otros aflojaban el ritmo para que el nuevo minero pudiera «hacer dieciséis toneladas » en su primer día.
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