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China entre la planificación socialista y la revolución tecnológica

Fuentes: Rebelión

A menudo, desde sectores progresistas europeos, se muestra más o menos simpatía por un determinado país en función de su nivel de democracia, evidentemente según los parámetros occidentales. No siempre se valora, en cambio, la existencia de más o menos desigualdades y la relación, respetuosa o no, con terceros países. Esos y muchos otros aspectos hemos de tener en cuenta cuando hablamos de la China actual.

En 1949, cuando triunfó la revolución maoísta, la nueva República Popular era uno de los países más pobres del mundo. Poco más de tres cuartos de siglo después, su modelo económico, a medio camino entre el capitalismo de estado y el socialismo de mercado, ha convertido el país en la segunda potencia económica mundial, no muy lejos del primer puesto, que todavía ocupa Estados Unidos, en uno de los procesos de modernización más acelerados de la historia. Un sistema mixto, donde el estado mantiene el control de los sectores estratégicos, teniendo en cuenta el bienestar de la ciudadanía, muy superior al de sus vecinos de la también enorme República de la India, los dos países más poblados del mundo. Es cierto que su sistema político mantiene aspectos claramente autoritarios, y que la protección de las minorías o el acceso de la mujer a los altos cargos institucionales son claramente mejorables, pero las desigualdades sociales son incomparablemente menores, no solo que sus vecinos del subcontinente indio, sino también de los propios Estados Unidos. Está claramente demostrada, por otra parte, su apuesta por la coexistencia pacífica con otros países, independientemente de su régimen político. Podemos recordar que China no ha participado en ningún conflicto bélico desde 1979, cuando ocupó el norte de Vietnam durante varias semanas, a diferencia de las otras principales potencias militares, ya sean los EEUU, Rusia, el Reino Unido o Francia, con un historial plagado de intervenciones militares, también en las últimas décadas. Una relación más respetuosa con otras naciones, que ha facilitado que la República Popular se haya convertido en el primer socio comercial de numerosos países de África y América Latina (Javier García, 2022)

La China contemporánea ha conseguido aunar lo mejor de la cultura tradicional del país con la planificación socialista, promoviendo los valores propios frente al neoliberalismo económico imperante a nivel internacional, priorizando la estabilidad y los acuerdos sostenibles a largo plazo frente a las frecuentes crisis internacionales, provocadas a menudo por conflictos militares (Xulio Rios, 2025). El gran avance económico se ha realizado a pesar de las duras sanciones de Occidente contra muchas empresas chinas, como Huawei, cuyos móviles hace ya tiempo que desaparecieron de nuestros centros comerciales. También soportando una presión política y militar intensa, sobre todo en el Mar de China y alrededor de Taiwán, donde las potencias occidentales avalan, más o menos sutilmente, el reconocimiento de la secesión taiwanesa, independiente de facto desde 1949 pero con apenas relaciones diplomáticas formales a nivel internacional, por las presiones de la República Popular, que defiende la integridad territorial. Estados Unidos y sus principales aliados promueven también una campaña de desinformación constante sobre China, con medios y organizaciones de todo el mundo, muchos de ellos financiados por la Fundación Nacional para la Democracia norteamericana (NED por sus siglas en inglés), que sustituyó a la CIA en estos menesteres.

Otro aspecto a destacar es el inmenso avance chino en las energías renovables, claramente superior al de Estados Unidos, la Unión Europea o el resto de estados económicamente más avanzados. Una revolución tecnológica exportada a muchas naciones en desarrollo, a precios más asequibles que los europeos o norteamericanos, lo que facilita una producción energética más barata, incluso, que la conseguida con el carbón o el gas natural. Siendo además una tecnología que no crea prácticamente dependencia de las empresas fabricantes. Y es en estos países donde las energías renovables pueden conseguir que triunfe la lucha contra el cambio climático (The Economist, 2025). Por otra parte, China controla hoy la mayor parte de la producción mundial de las llamadas tierras raras, que contiene minerales esenciales para vehículos eléctricos, teléfonos móviles o armamento avanzado. Quizás por eso, y por la actitud errática y cada vez más desestabilizante de los Estados Unidos, el presidente chino Xi Jinping, ha recibido en el último año a buena parte de los principales mandatarios occidentales, desde el primer ministro británico Keir Starmer, el presidente francés, Emmanuel Macron, el canciller alemán Friedrich Merz, o el mandatario canadiense, Mark Carney, a parte del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, uno de los primeros dirigentes occidentales en visitar China en la etapa más reciente.

Bibliografia

The Economist. La revolución china de la energía limpia cambiará el mundo. La Vanguardia. 21/11/2025 

Garcia, Javier. China, amenaza o esperanza. La realidad de una revolución pragmática. Ediciones Akal, Madrid, 2022 

Rios, Xulio. El ejercicio de malabarismo del PCCh. Contexto, 02/07/2025

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