La guerra civil sudanesa, que ya cumple cuarenta meses, parece haber entrado en un déjà vu que los mantiene detenidos en una constante repetición de vivencias. Cada movimiento, cada batalla, cada avance o cada repliegue remiten a algo ya vivido.
El actual hostigamiento a la ciudad de El Obeid, la capital del Estado de Kordofán, por parte del grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), se repite de manera exacta al que sufrió El Fasher, la capital de Darfur del Norte, que resistió un año y medio al asedio de las FAR, para caer en octubre último. A partir de ese momento, en el interior de la ciudad, las FAR no se conformaron con esa conquista que finalmente le daría la supremacía absoluta de toda la región de Darfur, un territorio aproximado al tamaño de España, sino que, a manera de advertencia a otras plazas, asesinaron entre ocho y diez mil civiles. Por lo que se espera que ahora los paramilitares liderados por Mohammed “Hemetti” Dagalo repitan algo similar en el-Obeid, de producirse su caída.
Mientras, en el resto de los frentes se sucede la misma contradanza, el reiterado golpe por golpe, acción por acción, que paraliza tanto a las FAR como a las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS) en una nebulosa que les niega a ambos contendientes la posibilidad de una victoria. Para ejemplo de esta situación solo habría que mencionar la suerte de la ciudad de Barah, con aproximadamente 30.000 habitantes; es la segunda ciudad más grande de Kordofán del Norte, a unos 60 kilómetros al este de el-Obeid, qu el ejército había retomado en noviembre pasado y en marzo las FAR volvieron a conquistarla.
Entre tanto, cuando las FAS ya se han hecho fuertes en Jartum, la capital del país que recuperaron en noviembre del año pasado después de tres años de asedio, y consiguieron estas últimas semanas hacerse fuertes en Wad Madani y al-Jazirah, a orillas del mar Rojo y regiones claves por ser los centros de la producción agrícola, las FAR siguen distribuyendo hombres y armamento en diferentes puntos del Kordofán, intentando, además de la conquista de la región, quedar expectantes para avanzar una vez más sobre el estado de Jartum y amenazar otra vez la capital.
La actual parálisis del conflicto en Kordofán agrava todavía más la situación de decenas de comunidades de esa región, que ya muestran síntomas inminentes de hambruna, como se ha detectado en las localidades de el-Nahud, Wad Banda, El-Khuwei y Muglad, y otros enclaves más pequeños a donde desde hace semanas no llegan provisiones, por lo que miles de familias se están alimentando de los residuos que quedan del prensado del maní para aceite, que se conoce como ambasz, que en condiciones normales se utilizaba como forraje para el ganado.
La degradación alimentaria que ha llevado la guerra a muchísimas comunidades a lo largo de todo el país no es solo producto de la disparada de los precios, sino por lo extremadamente difícil y peligrosa que se ha convertido la posibilidad de transportarlos, ya que no existen corredores humanitarios, convirtiendo a esas cargas en un blanco más de la guerra.
Por lo que cada día más pueblos y aldeas se vacían y sus pobladores se suman a los campamentos improvisados que intentan asistir a los 16 millones de desplazados internos, que desde que empezó el conflicto el 15 de abril de 2023 se han visto obligados a abandonar sus lugares en búsqueda de una seguridad que parece que nadie en el mundo, incluyendo las Naciones Unidas y la Unión Europea, está en condiciones de darles.
La guerra sudanesa ha llevado su descontrol fuera de sus propias fronteras, se estiman en más de cuatro millones las personas que han escapado rumbo a Egipto, Etiopía y fundamentalmente a Chad, donde tampoco encuentran esa seguridad. Desde el Cairo, por ejemplo, salen con cada vez con más frecuencia trenes que corren hacia el sur, devolviendo a su país a refugiados sudaneses. En Etiopía, más allá de que los campamentos no reciben ninguna ayuda por parte del Gobierno federal, los hombres corren el riesgo de ser incorporados de manera compulsiva a algunas de las milicias regionales que parecen estar organizándose para avanzar contra el primer ministro Abiy Ahmed. Mientras que en Chad, el país que más refugiados ha recibido, todos los campamentos se encuentran desbordados, sin insumos médicos ni provisión regular de alimentos. Lo que se suma a la creciente tensión entre Jartum, de alguna manera la sede oficial del Gobierno de las FAS, con N’Djamena, por lo permisivo que está siendo el Gobierno de Chad con el constante arribo de armas enviadas por Emiratos Árabes Unidos (EAU) con rumbo a los paramilitares sudaneses, ayuda que desde el comienzo de la guerra ya ha alcanzado los casi 10.000 millones de dólares. (Ver. ¿Quién alimenta la guerra de Sudán?)
A mediados de agosto se libraron intensos combates entre las FAS y los paramilitares en el suroeste y oeste de El Obeid, buscando apoderarse de las rutas que comunican la capital regional con el interior. Las FAR lanzaron un ataque terrestre, para el que se habrían utilizado unos 250 vehículos contra posiciones del ejército en cercanías de la aldea de Umm Arada, a unos 25 kilómetros al suroeste de el-Obeid. Habiendo sido contenidos con artillería pesada del ejército, además de drones, con lo que consiguió destruir una gran cantidad de vehículos de las FAR, para finalmente expulsarlos del área.
Más allá de la versión dada por el ejército en un comunicado, los paramilitares insisten en que finalmente tomaron Umm Arada, describiendo la ofensiva como un importante logro operacional.
La batalla comunicacional, en la que no se reconocen bajas ni pérdidas materiales, y mucho menos de terreno, se ha convertido en un frente más de guerra, por la que prácticamente sobre todo el territorio sudanés se ha extendido una profunda niebla, que hace dudar de toda la información, aunque llegue apoyada por imágenes y vídeos en los que reivindicaban el control de las posiciones.
Souvenirs emiratíes
A pesar de los miles de vuelos comerciales desde fines de febrero pasado que debieron ser cancelados tras el inicio de la guerra de Estados Unidos contra Irán, los aviones cargueros con armamento y otros insumos para abastecer a las Fuerzas de Apoyo Rápido continúan llegando regularmente a aeropuertos del oeste del Chad, próximos a la frontera de Sudán.
La asistencia emiratí a los paramilitares, que ha establecido en estos últimos años una sólida alianza con el régimen genocida de Tel Aviv, solo fue interrumpida por cuatro días, cuando Irán atacó a los emiratos, aunque para el día 3 de marzo la asistencia se había reanudado.
Y una vez más, como tantísimas veces desde 2023, grandes cargueros aéreos volvieron a llegar a Chad y también, aunque en menor escala, a la Libia de Khalifa Haftar, el traidor de Gadafi, tras una alambicada logística aérea que incluye aerolíneas fantasmas o más o menos fantasmas como la Batot Air, una empresa dedicada a la carga aérea con su último domicilio registrado en Burkina Faso, que desde aeropuertos emiratíes como los de Abu Dabi y tras los ataques persas de comienzo de marzo, se activó el de la ciudad de al-Ain, próximo a la frontera con Omán. Apenas dieron respiro los misiles iraníes, la Batot Air dispuso de al menos ocho vuelos con destino al Cuerno de África, en los que, además de aeropuertos del Chad, ahora también utilizan algunos en el oeste de Etiopía y también se cree que operan con otros en el noreste de República Centroafricana.
Estos aviones, apenas cruzan el Mar Rojo, apagan sus transpondedores para no ser localizados; aterrizaban en Chad, aunque ahora también lo estarían haciendo en Etiopía. Ya que durante gran parte del conflicto sudanés Adís Abeba se había mantenido neutral, tratando de controlar las oleadas de refugiados que intentaban cruzar desde Sudán, aunque a partir del año pasado, financiado por los EAU, se estableció un campo de entrenamiento en medio de los bosques de Benishangul-Gumuz, al oeste de Etiopía y a unos treinta kilómetros de la frontera con Sudán, con capacidad para recibir unos 10.000 reclutas, que en este caso incluye tanto sudaneses como etíopes y sursudaneses destinados a las FAR.
Algunos analistas ya consideran que el reciente Acuerdo de Defensa Conjunta de la Meca, o simplemente Pacto de la Meca, firmado este último 17 de agosto entre Arabia Saudita, Pakistán y Turquía, podría asistir a la fuerza liderada por el general Abdel Fattah al-Burhan, que lleva varios meses estancada en la región de Kordofán y golpeada cada vez con más fuerza por los paramilitares.
Si bien no había declaraciones oficiales respecto a la asistencia por parte de los firmantes del Acuerdo a Jartum, la reciente aparición de vehículos blindados de origen pakistaní en los alrededores de Jartum desde comienzo de mes sería una prueba bastante evidente de esa suposición. Aunque más allá de apoyo, alianzas y souvenirs emiratíes, Sudán seguirá presa del más siniestro de los déjà vu.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
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