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Afganistán, el país del limbo sangriento

Fuentes: Rebelión

A pesar que los resultados de las presidenciales se esperaban para el día 19, a casi un mes de realizadas, la Comisión Electoral de Afganistán, sigue sin dar información de los resultados, excusándose en qué sistema de datos biométricos, que se supone evitaría cualquier posibilidad de fraude, ha complicado y retrasado el escrutinio. Al tiempo […]

A pesar que los resultados de las presidenciales se esperaban para el día 19, a casi un mes de realizadas, la Comisión Electoral de Afganistán, sigue sin dar información de los resultados, excusándose en qué sistema de datos biométricos, que se supone evitaría cualquier posibilidad de fraude, ha complicado y retrasado el escrutinio. Al tiempo que los dos bandos que encabezaron las encuestas, la coalición independiente de Ghani y la Coalición Nacional, de Abdullah-Abdullah, se han adjudicado la victoria después de la primera ronda, aunque la comisión electoral cree podrá tener algunos resultados ciertos para el próximo siete de noviembre..

Tanto el actual presidente Ashraf Ghani como Abdullah, que ha fungido como «presidente ejecutivo», durante todo el periodo de Ghani, un cargo no contemplado por la constitución, pero hecho a la medida de Abdullah, por los Estados Unidos, para mantenerlo dentro del sistema «democrático» en «un gobierno de unidad», ya que esta misma situación se repitió de manera casi idéntica, en las presidenciales del 2014, dadas las acusaciones de fraude generalizado y corrupción.

Abdullah, quien compite por tercera vez consecutiva habiendo perdido en 2009 con Hamid Karzai y en 2014, con el actual presidente Ghani, el lunes 14 había anunciado su triunfo, al igual que el candidato a vice de Ghani, Amrullah Saleh, quien ese mismo día se adjudicó una «clara victoria en la primera vuelta», ninguno de los candidato apoyó con pruebas sus declaraciones.

El 28 de septiembre, con escasa presencia de votantes, apenas un 21% por ciento del total del padrón electoral de 9.57 millones se presentaron en las urnas, poco más de 2 millones. Las razones de esa baja asistencia tienen varias explicaciones: el descreimiento del pueblo afganos por el «sistema democrático»; lo poco atractivo de las ofertas electorales y las amenazas anunciadas por el Talibán y otras organizaciones que operan en el país.

El día de la votación, fueron asesinados 28 civiles y otros 249 resultaron heridos, aunque para los números que se suelen manejar en estos casos es bajo, el número de total de muertos por la violencia estrictamente electoral desde el 8 de junio al 30 de septiembre, fue llamativamente, baja, ya que «solo» se produjeron 85 muertes y 373 personas resultaron heridas.

De todos modos, quien triunfe, no cambiará la suerte del pueblo afgano, la clase política de Afganistán, emergida de la guerra antisoviética (1978-1992), y afianzada por los Estados Unidos tras la invasión de 2001, esta penetrada por la corrupción, consentida por el Departamento de Estado, quien conoce perfectamente los fuertes lazos que estos ex líderes de la guerra antisoviética, mantienen con el narcotráfico, el contrabando y el tráfico de armas, una aceitada maquinaria de corrupción que ni siquiera se detuvo durante el gobierno del interregno Talibán 1994-2001.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, llegó a Kabul el domingo 21, para reunirse con las tropas norteamericanas estacionadas en el país centro asiática, para seguir intentado el retiro escalonado de los efectivos norteamericanos estacionados en el país centros asiático, lo que las estancadas negociaciones de paz con el Talibán (Ver Afganistán, la única elección es la muerte ) y los constantes ataques de los insurgentes han impedido la retirada de más de 5 mil hombres de una dotación de 14 mil que todavía permanecen en Afganistán. La intensión de Esper es alcanzar a reducir la presencia en unos 8600 soldados, sin afectar las operaciones contra al-Qaeda y el Daesh Khorasan.

El encargado estadounidense, para continuar las conversaciones de paz con el talibán Zalmay Khalilzad, se reunió a principios de este mes, por primera vez tras el portazo de Trump en septiembre pasado con los enviados del mullah, Hibatullah Ajundzada, en Islamabad (Pakistán). De la reunión encabezada por el duró mullah Abdul Ghani Baradar, con los norteamericanos nada se ha filtrado.

La cuota de sangre

Mientras los políticos afganos y los Estados Unidos, hacen que deciden como continúa la estabilización del país, un sueño tan remoto como imposible, los terroristas les recuerdan, que son ellos quienes realmente tienen la llave de ese sueño, cobrándole al pueblo afgano cuotas cada vez más elevada de sangre,

El último viernes 18, durante las oraciones del día sagrado del Islam en la aldea de Jawdara, en la provincia oriental de Nangarhar, del distrito de Haska Mena, en la que viven unas setenta familias, una explosión de la que todavía no está claro cuál fue su fuente, causó setenta y tres muertes y 50 heridos. Sobreviviente informaron que el edificio con capacidad para 150 personas estaba lleno, por lo que se cree podrían encontrase más cuerpos bajo los escombros. Entre las víctimas estaba el único médico del pueblo, junto a sus dos hermanos y dos de sus hijos. De las víctimas mortales al menos 23 de los 73 asesinados, eran menores.

Aunque ninguna de las organizaciones takfiristas que operan en el país, adjudicó el ataque, se creyó en un primer momento que habría sido una acción del Talibán, en procura de exponer a Trump, tras el desaire del 9 de septiembre. Aunque su vocero, Zabihullah Mujahid, en un comunicado condenó el ataque, calificándolo de un delito grave.

Algunas versiones insisten en denunciar que la explosión se produjo por la caída de un misil proveniente del ejército, mientas otros testigos insisten que fue el ataque de un shahid (mártir) que se habría inmolado en el interior, aunque también se ha mencionado que los explosivos ya estaban colocados en el interior de la mezquita y fueron operados por control remoto, una táctica poco frecuente en esta guerra.

En sur de la provincia de Nangarhar además del talibán, también opera el Daesh Khorasan, que hace ocho meses, según lo han denunciado los habitantes del pueblo atacado, han cortado el flujo del río, aguas arriba, obligándolos a depender de las lluvias estacionales. Los muyahidines, suelen hostigar a los pobladores de las pequeñas aldeas acusándolos de estar del lado del gobierno central.

Un informe de la ONU ha verificado que entre julio y septiembre, se registraron en mayor número de víctimas civiles desde el 2009, año en que la misión comenzó a seguir este tipo de bajas, produciéndose la muerte de 1174 civiles, mientras que 3139 resultaron heridos, julio se convirtió en el mes más sangrento con 425 muertes y 1164 heridos. En los primeros meses del año las muertes de civiles se elevaron a 2563, mientras que los heridos fueron 5676, de los que las organizaciones terroristas son responsables en un 62% de los casos.

El tránsito a la paz, no será acelerado por el resultado de estas elecciones ni siquiera de la concreción de un acuerdo de paz entre los Estados Unidos, el gobierno de Kabul y el Talibán, ya que la organización fundada por el mullah Omar, tiene algunas grietas internas, que hace que muchos de sus comandantes sigan teniendo estrechas relaciones con al-Qaeda, dos organizaciones que han llegado a amplios acuerdos en el pasado y que hoy sus objetivos no están claramente delimitados, por lo que algunos jefes, prefieren acompañar a los hombres de Ayman al-Zawahirí, el heredero de Osama bin Laden, que a pesar de haber jurado, en agosto de 2015, lealtad al entonces líder supremo del talibán, el mullah Mohammed Ahkhtar Mansoor , asesinado en mayo de 2016, no estaría de acuerdo con un arreglo con Washington, ya que una de los puntos claves para concretar la negociaciones, exigido por los Estados Unidos, es que el Talibán no respalde ninguna organización terrorista en tierras afganas. Lo que podría producir un sisma entre ambas, de donde sin duda los califados de Abu Bakr al-Bagdadí, sacarían un gran provecho, para mantener a Afganistán en un limbo sangriento.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.