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China: ¿Trump o Biden?

Fuentes: Observatorio de la Política China

De entrada, podríamos pensar que una derrota de Donald Trump en las elecciones estadounidenses del próximo 3 de noviembre, sería recibida con indisimulada alegría en Zhonanghai, la sede del poder chino. Ciertamente, estos años, especialmente a partir de 2018 con la arremetida comercial que después escaló a otras dimensiones conformando un enfrentamiento abierto, han sido complicados para China.

Una y otra vez, Trump señaló a China con su dedo acusador, enmendando no solo la política de Obama (contención y cooperación) sino vilipendiando la tantas veces alabada estrategia de Kissinger y Nixon de acercamiento al gigante asiático. Para Trump, aquel apaciguamiento fue una ingenuidad que desperezó a una China con ganas irreprimibles de sumarse al club de las grandes potencias, pero evitando cualquier contagio liberal, especialmente en lo político. Con la inestimable ayuda de Guo Wengui, el multimillonario chino residente en Manhattan, enfrentado a Xi y buen conocedor de las interioridades palaciegas de Beijing, fue asestando, uno tras otro, golpes certeros al corazón de algunas políticas clave del PCCh con el propósito compartido de hacer descarrilar su proyecto.

Claro que Joe Biden, aunque demócrata, una característica siempre más difícil de gestionar para China, es más previsible y podría permitir a Beijing recuperar cierto tono tradicional de la diplomacia bilateral, quizá retomando incluso alguno de los marcos institucionales de la era Obama que tan bien conoce. Esto permitiría pacificar y racionalizar algunos diferendos que hoy empañan gravemente el entendimiento reciproco.

Sin embargo, ambos trazos requieren matices. China reconoce la existencia de un claro consenso básico entre republicanos y demócratas para encarar el reto que supone su emergencia en años decisivos para completar el ciclo ascendente y quizá la alternancia. Esa sintonía afecta no solo a las cuestiones comerciales, tecnológicas o políticas sino también al enfoque estratégico. Incluso en un asunto tan delicado como Taiwán, Biden, que se muestra más cauto respecto a la implicación, llegado el caso, en una hipotética guerra, en su plataforma ya no incluye un respaldo al principio de una sola China, un cambio significativo con respecto a 2016. En su debate electoral televisivo, Trump y Biden se acusaron mutuamente de ser demasiado blandos con China. Por tanto, demócratas y republicanos comparten una misma línea dura con respecto a China y la gestión de cualquiera de los dos, aunque las formas puedan variar, abundará en la profundización de esa brecha estratégica entre Washington y Beijing que ha alterado el panorama mundial. Por tanto, asegurar que China puede preferir a Biden antes que a Trump es arriesgado.

Indudablemente, también en China hay opiniones para todos los gustos, pero el actual presidente tiene dos atractivos de alto valor político para el PCCh. Internamente, el balance global de su gestión es precario. No es solo la pandemia. Frente a una China unida y cohesionada en torno a un proyecto nacional, el nacionalpopulismo de Trump ha devenido en una polarización y división como nunca se ha visto en EEUU. Esto acentúa la sensación de que la presidencia Trump es incapaz de impedir el declive del país o, incluso, lo acelera.

Externamente, Trump ha conducido a EEUU a un nivel de aislamiento internacional sin precedentes. Su agresiva política unilateralista y proteccionista ha enrarecido cuando no roto puentes con muchos de sus principales aliados. Probablemente no pocos esperan, más que China, su derrota para dar una oportunidad a la recomposición del brillo de las alianzas en un trance histórico en el que Occidente se juega su condición como líder global. Puede decirse que, a regañadientes, algunos países han emulado la línea dura hacia China, en parte por las coerciones, poco diplomáticas ciertamente, de Washington, pero cuidándose a la vez de mostrar renuencia y hasta abierto desacuerdo. Si en EEUU se habla de desacoplamiento, la reducción de la dependencia de China activada por la pandemia forma parte de la agenda de muchos países que abogan por reorganizar las cadenas de suministro globales pero sin dejar de diferenciar entre los ámbitos de disensión y aquellos otros, igualmente notables, de cooperación.

Para la nueva fase en la que China se encuentra, probablemente resulte de mayor utilidad estratégica Trump que Biden. El mayor quebradero de cabeza para el PCCh sería que cuajara esa coalición global que Trump pretende instituir para cercar y doblegar a China. Si alguien tiene posibilidad de reparar daños y fraguar esa alianza es Biden, no Trump. De ganar este último, la beligerancia de EEUU contra China será más unilateral y de mostrar el mismo tono de estos años difícilmente acumulará simpatías aunque ello no suponga necesariamente su mimetización alternativa a favor de China, que está pagando un importante precio en términos de imagen. Pero Xi ya le ha tomado la medida a Trump. Es más, probablemente piensa que gane quien gane el 3 de noviembre, China ya ganó. Y puede que no le falte razón.

Fuente: https://politica-china.org/areas/politica-exterior/china-trump-o-biden

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