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Reseña del libro Capitalismo y pandemias de Frank Molano Camargo

El siniestro y oculto historial de un sistema económico generador de plagas y flagelos

Fuentes: Rebelión

Capitalismo es sinónimo de explotación entre individuos, estados, centros y periferias, pero no se debe olvidar que lo es también de destrucción en el medio natural, con lo que una cuestión esencial es saber qué repercusiones tiene su dinámica sobre los microorganismos patógenos que abundan en la biosfera, y si puede ser capaz de activar epidemias.

Se trataría, en resumen, de analizar la conexión entre el sistema económico y los procesos infecciosos que han azotado a la humanidad durante los últimos siglos. Frank Molano Camargo, investigador y profesor colombiano especialista en historia ambiental, ha recopilado datos y tejido argumentos para esclarecer esta cuestión en Capitalismo y pandemias, su último trabajo, que acaba de ser editado por Traficantes de sueños.

En su Introducción al volumen, Molano pone de manifiesto cómo el capitalismo, con sus secuelas de deforestación, contaminación y destrucción de ecosistemas, para extraer recursos o imponer agricultura industrial, rompe continuamente el frágil equilibrio entre los humanos y el resto de la naturaleza y crea condiciones para la expansión de enfermedades microbianas. Los siete capítulos de la obra ofrecen después un recorrido por momentos clave de la historia, desde la Edad Media hasta el presente, en los que diversas y graves epidemias evidencian una clara conexión con el desarrollo del capitalismo.

La peste negra

A mediados del siglo XIV, la peste negra provocó en Europa la muerte de aproximadamente cincuenta millones de personas. La causante del desastre fue una bacteria, Yersinia pestis, que vive habitualmente en pequeños mamíferos para los que es inofensiva, pero es capaz de saltar a través de pulgas a otros mamíferos (ratas o humanos), en los que produce la enfermedad. Tras analizar los aspectos esenciales de la epidemia, Molano concluye que: “La roturación a gran escala y el aumento de la concentración urbana, en un marco de clima más frío, empeoramiento agrícola y hambre, unidos a las guerras y a la gran reserva de microorganismos que conectó la gran expansión comercial entre Europa y Asia crearon las condiciones para que la bacteria Yersinia pestis pudiera desplazarse y expandirse por el continente a partir de 1347, primero en las pequeñas ciudades portuarias de Italia y después hacia el norte.”

La peste negra, a través del debilitamiento del campesinado, contribuyó al ocaso del feudalismo en Europa, fortaleciendo el poder real y de los incipientes estados y la expansión comercial y colonial. Nació así un sistema-mundo capitalista integrado, que favoreció la propagación de gérmenes patógenos dando lugar a crisis pandémicas sucesivas.

La viruela

Es ésta una vieja enfermedad, frecuentemente mortal, que ya produjo epidemias en el antiguo Egipto y Roma. Su responsable es un virus, Variola virus, que llega a América en las carabelas españolas y causa allí un colapso demográfico en el que también influyen otras infecciones como tifus, difteria o sarampión. Por poner un ejemplo, la población de México se reduce en el siglo que sigue a la invasión, en cifras aproximadas, de 25 millones de personas a 700 000. Esta catástrofe ha sido atribuida en la narrativa colonial a la “inmadurez” e indefensión de los pueblos americanos frente a los gérmenes europeos. Sin embargo, las condiciones de vida impuestas por los conquistadores, marcadas por redistribuciones de población, hacinamiento, trabajo agotador y alimentación muy deficiente, tuvieron sin duda un papel esencial en la devastación originada.

Todos estos hechos se desarrollan en el contexto de la incorporación del Nuevo Mundo a la economía capitalista, y de la mayoría de sus habitantes, en condiciones de mera subsistencia, al trabajo en plantaciones y minas para garantizar la acumulación primaria y el enriquecimiento de las élites explotadoras. Ideológicamente, la aniquilación de los nativos es presentada en ocasiones, según registran documentos de la época, como “castigo divino” por su idolatría o su resistencia a aceptar la vida “civilizada”.

En el siglo XVIII, la viruela es utilizada por los ingleses como arma biológica, a través de la distribución de mantas infectadas, para dominar a tribus indias en Massachusetts. En esta misma centuria, epidemias agudizadas por expulsiones, proletarización y hambre ocasionaron entre los pobladores originarios de Australia y Nueva Zelanda un colapso demográfico similar al ocurrido en América.

El cólera

Desde el siglo XIX hasta la actualidad se han registrado siete epidemias de cólera, y hoy día se calcula que fallecen veinte mil personas anualmente de esta enfermedad, causada cuando el bacilo Vibrio cholerae, que vive en reservorios naturales acuáticos, accede al intestino humano. En la India, los virus bacteriófagos presentes en las aguas del Ganges neutralizan la bacteria, pero cuando la colonización inglesa modificó los ecosistemas del delta de este río y desplazó hacia allí una gran cantidad de población, a partir de 1817 se produjo una primera epidemia, que luego se extendió por Oriente Medio, Europa y el norte de África, dejando cerca de cien mil muertes. El relato oficial, como suele ocurrir, contó la historia al revés, y trató de vender que llevar la “civilización” a la India, origen de estas pestilencias, justificaba plenamente la intervención colonial, “la carga del hombre blanco”.

Un factor importante en la propagación del cólera fueron las condiciones higiénicas deplorables en que se desenvolvía la vida del proletariado urbano durante las primeras décadas del siglo XIX. Sin embargo, en la narrativa de las clases dominantes, eran los pobres los causantes de la plaga, y contra ellos se implementaron decretos represivos. A mediados de la centuria, la ciencia descubrió el bacilo que origina la enfermedad y quedó clara la forma de prevenir su expansión, pero la miseria y degradación de la vida urbana que provoca el capitalismo hacen que continúe produciendo víctimas hasta nuestros días.

La malaria

La malaria o paludismo existe desde los comienzos de la humanidad y es producida por protistas del género Plasmodium, que usan como vector a las hembras de los mosquitos Anopheles.Es una dolencia muy compleja, a la que algunos consideran responsable, nada más y nada menos, que de la mitad de todos los fallecimientos de individuos de nuestra especie.

En el siglo XX, las potencias imperialistas se dieron cuenta de que la malaria dificultaba su avance, y concentraron esfuerzos en la búsqueda de un arma contra ella. Esto llevó al descubrimiento en 1939 de un eficaz insecticida, el DDT, que se empleó generosa y universalmente, pero tuvo que ser prohibido cuando se revelaron sus efectos nocivos para la salud humana y el medio natural. En realidad, la enfermedad no fue erradicada en el Norte global hasta la década de 1970, a través de la mejora en las condiciones de vida y ambientales. Mientras tanto en el Sur sigue causando estragos, con casi medio millón de víctimas mortales en 2019.

La gripe española

Esta variante de gripe, producida por el virus A H1N1, se llevó en 1918 y 1919 a entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo. Diversos factores incidieron en el origen de la pandemia. Por un lado, las emisiones de CO2 de la segunda revolución industrial (1850-1914) y las deforestaciones masivas de la Gran Guerra aceleraron el cambio climático y la fusión del permafrost, lo cual, según la teoría propuesta por Tai Jim-Qin en 2019, liberó el virus que tras mutar acabó produciendo la enfermedad. Por otra parte, los movimientos de masas del final del conflicto dispararon los contagios, al tiempo que la censura de guerra impedía afrontar el problema. Como es costumbre, el porcentaje de víctimas sobre el total de la población fue mucho mayor en el Sur global y entre las clases depauperadas del Norte.

El sida

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ha matado desde 1980 a unos 40 millones de personas, y presenta la peculiaridad, potenciadora de su propagación, de que la enfermedad que genera, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), sólo se manifiesta bastantes años después del contagio. El tratamiento con anti-retrovirales transforma la infección de mortal a crónica y debido a esto, a partir de 2010 se produjo una disminución notable de los fallecimientos en el Norte, mientras que en el Sur, donde estos medicamentos resultan costosos, el VIH sigue causando gran número de víctimas.

Rastrear la historia del sida nos lleva hasta la cuenca del Congo, donde aparecen en la década de 1930 los primeros brotes, consecuencia de la agresión colonialista contra el medio natural. La enfermedad se hace endémica en la región, y viaja después a Haití con trabajadores de aquel país, convirtiéndose en principal causa de mortalidad en la nación caribeña hasta el día de hoy. Turismo sexual y transfusiones de sangre llevaron el virus en los años 80 a los Estados Unidos, y allí el colapso sanitario de la era Reagan potenció su transmisión. Sólo a partir de esa época la enfermedad adquirió dimensiones de pandemia.

La covid-19

A finales de 2019 se reportan en Wuhan (China) los primeros casos de una enfermedad producida por un nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, que en pocos meses se extiende por todo el planeta y en diciembre de 2020 ha causado ya más de 1,8 millones de muertes. Para el autor del libro, la irrupción de patógenos como éste se relaciona con la agresión ambiental continua del capital, y su vertiginosa y letal propagación, con la economía globalizada, el hacinamiento e insalubridad de los suburbios urbanos y el declive de los sistemas de salud en la época de dominio neoliberal. Investigaciones recientes demuestran también que puede existir una conexión entre las mutaciones víricas y los periodos de actividad de las manchas solares, a través de variaciones en la capa de ozono y el flujo de rayos ultravioleta.

La historia al revés

Es conocida universalmente la existencia de epidemias que tiñen de tragedia las páginas de la historia. Todos hemos oído hablar de ellas y sabemos algo de los microorganismos que las originan, sus mecanismos de transmisión, síntomas y tratamientos. Sin embargo, en este mundo nuestro no es fácil escudriñar las causas reales de los procesos, siempre distorsionadas por relatos al servicio del poder. Con Capitalismo y pandemias, Frank Molano Camargo ha realizado un trabajo extraordinario, pues su acumulación de datos y argumentos consigue presentarnos esos flagelos que marcan hitos en la historia del sufrimiento humano con un rostro enteramente nuevo.

La obra muestra con rigor, clara y sintéticamente, cómo desde el siglo XV en que se afina y pule la máquina capitalista, la explotación de los seres humanos y la destrucción ambiental han ido acompañadas siempre de un negro correlato de epidemias. Los responsables de éstas son en ocasiones microrganismos desplazados de su medio natural por la dinámica enloquecida que se impone, o en otros, viejos conocidos de nuestra especie cuyo poder exterminador queda fortalecido en las nuevas condiciones creadas. En todos los casos, son destrucción y muerte las compañeras inseparables del capital en su progresión y sus aventuras coloniales.

A comienzos del siglo XV, el almirante Zheng He, al servicio de los emperadores Yongle y Xuande de la dinastía Ming de China, realizó siete viajes por todo el sur de Asia y el este de África comandando Flotas del Tesoro que llegaron a estar compuestas por 317 barcos, muchos de ellos con más de 100 m de eslora. El objetivo de estas expediciones era explorar los mares y sus países ribereños, establecer relaciones comerciales y diplomáticas y repartir regalos con fines propagandísticos. Nada que ver con el asunto de esta reseña.

Me gusta terminar, sin embargo, con este recuerdo, para dejar claro que el compendio de horrores que Frank Molano nos describe en Capitalismo y pandemias no es algo que esté inscrito en la naturaleza humana.

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/

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