En los 25 días que lleva la agresión de la Liga Epstein contra Irán, se han producido más cambios en la geopolítica internacional que en ningún otro momento posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Teniendo en cuenta que en este periodo transitaron nada menos que la victoria de la revolución China, la Guerra de Corea, la Guerra Fría, Vietnam, la desaparición de la Unión Soviética con el desplome del mundo socialista, el surgimiento del terrorismo islámico, las múltiples guerras del Golfo, el ataque a las Torres de Nueva York, las posteriores avanzadas norteamericanas en su “lucha” contra el terrorismo, la Primavera Árabe y la victoria de los talibanes sobre los Estados Unidos después de 20 años de ocupación, ninguno de estos hechos, de un peso extraordinario en la historia universal y cuyo estudio ha llenado y llenará por décadas bibliotecas enteras, han amenazado con cambiar de manera definitiva las relaciones globales.
Por lo que quizás estemos presenciando un cambio de época definitivo que la mayoría de los que estamos vivos jamás hemos visto: la sustitución de la preeminencia de un imperio por otro, como fue la que a partir de 1945 protagonizaron el Imperio Británico por los Estados Unidos, cuando éste pasó a constituirse en el gran cancerbero del orden mundial, teniendo entonces una sola contención, la Unión Soviética, hasta su desmembramiento en 1991.
Aunque al desplome de la URRSS le continuó, tras un breve periodo de anarquía, el surgimiento de la Federación de Rusia bajo la conducción del presidente Vladimir Putin, rápidamente se equilibró el sueño estadounidenses de la unipolaridad, también discutida con el constante e imparable ascenso de China.
Pero en este caso la diferencia es que la principal potencia económica-militar de la historia, los Estados Unidos, saldrán absolutamente degradados de su condición de tal, porque la guerra la están perdiendo si es que no la han perdido ya definitivamente sin los subterfugios que utilizaron para no reconocer sus derrotas en Vietnam, Afganistán e Irak.
Contra todo lo presumible, hasta antes del 28 de febrero los Estados Unidos, y su secuaz sionista, no están siendo derrotados por un equivalente que podría ser Rusia o China, sino por una potencia claramente de rango menor, Irán. Que vence a la liga Epstein en su terreno, alta tecnología, y no como fue en los casos anteriores mencionados una guerra de desgaste a cargo de guerrillas sinuosas, dueñas de la geografía, con un gran respaldo de su población.
En este caso, en la que quizás sea la primera guerra del futuro, sin necesidad de ejército en el terreno, sino por la precisa demolición de misiles y drones que muestran un desarrollo tecnológico impensado hasta hace unas pocas semanas. Que exponen por otra parte el gran fracaso de la CIA y el Mossad, que les pasó entre las piernas el desarrollo subterráneo, en todo sentido, de una industria militar temible que, desde la gran meseta persa, puede alcanzar con altísima precisión ya no una isla perdida en edio del Índico como lo acaba de hacer con Diego García, a 4.000 mil kilómetros de distancia en solo 20 minutos. Quizás un ensayo general a probar suerte contra Londres o París.
Al tiempo que con el bloqueo del estrecho de Ormuz Irán ha puesto de rodillas la economía de occidente y aliados como Japón y Corea del Sur. Y que a pesar de los bramidos y amenazas de Trump, sus aliados no se han atrevido a armar una fuerza que llegue hasta allí y “libere” ese paso fundamental. Hecho que preanuncia una drástica reestructuración no solo de la OTAN, sino también de las Naciones Unidas.
Mientras se escriben estas reflexiones, se conoce que Donald Trump, que el viernes había dado un ultimátum a Irán para que en 48 horas abriese el estrecho de Ormuz, acaba de ordenar al Ministerio de Defensa que posponga durante cinco días todos los ataques aéreos contra centrales eléctricas e infraestructura energética iraníes, amparándose en el «éxito» de las reuniones y conversaciones en curso. Lo que no se entiende es que en estos últimos 25 días la foca gangosa ha anunciado que ha derrotado al “régimen” unas setenta u ochenta veces.
De ser aceptado este plazo tendría solo dos lecturas. Que Teherán estaría mostrado su primer gesto de debilidad en lo que va de la guerra, necesitando un cambio de aire para restructurar sus líneas ofensivas porque de alguna manera ha sido lastimado o estaría reiterando de manera irresponsable un error porque ya ha caído dos veces en la misma trampa de la Liga Epstein, la primera en junio del año pasado, cuando de manera artera atacaron instalaciones nucleares cuando se estaban manteniendo conversaciones dando comienzo a la “Guerra de los 12 días”, y en esta última oportunidad, cuando decidieron lanzar la “Operación Furia Épica” en medio de nuevas conversaciones que buscaban una vez más acuerdos respecto al plan nuclear iraní.
Aunque al desopilante anuncio rápidamente desde su cuenta de X el Teherán Times, el diario más influyente de Irán, ha respondido con un metafórico: “payaso”, mientras oficialmente Irán no ha reconocido la existencia de esas entrevistas.
Cambios para un mundo inmediato
En este desconcierto nada se sabe acerca del destino final de Israel, vulnerado como nunca antes en su historia, demolida “la Cúpula de hierro” como miles de viviendas y puntos sensibles para la seguridad judía. En este nuevo contexto, que parece estar revocando el que pudieron mantener desde 1948, gracias al amparo de Washington, Londres, París y Berlín, surfeando 78 años de acciones criminales contra el pueblo palestino, que ha coronado con el genocidio de Gaza que está ejecutando tras la acción de falsa bandera del 7 de octubre del 2023. Genocidio donde se estima que ya han asesinado, entre 300.000 y 400.000 personas, entre ellas unos 50.000 niños y donde no han escatimado la utilización del “fósforo blanco” el hambre y la enfermedad. A lo que se le suman las hordas nazis de los llamados “colonos”, que han asaltado y robado hasta último momento las pocas tierras que quedan en manos palestinas de Cisjordania.
En todos estos años hemos visto y tolerado con total naturalidad las incontables atrocidades que realizó y sigue realizando en Líbano, donde ha aniquilado y destruido la población de barrios enteros de Beirut y centenares de aldeas, barriéndolo todo con la misma saña que practica en Gaza y ahora también contra poblaciones civiles de Irán, entre lo que se incluye el ataque a la escuela primaria de niñas Shajareh Tayebeh en Minab. Donde murieron al menos 170 de ellas. Una acción que tendrá que ser considerada como uno de los crímenes más aberrantes ejecutados por los judíos, ya que fue pensado en dos tramos: primero el golpe efectivo contra el edificio, para volver a atacar una vez que padres y socorristas habían llegado a él para asistir a las víctimas y recuperar los cuerpos. Sin contar las atrocidades que ha cometido en Siria desde 2011, lo que incluye el ataque de falsa bandera de agosto de 2013 con armas químicas en el barrio damasquino de al-Ghutta que la prensa occidental adjudicó inapelablemente a las fuerzas leales del presidente Bashar al-Assad, en el que se estima murieron entre 1.500 y 1.800 civiles. Aunque esta historia viene desde mucho más lejos, cuando los sionistas ocuparon ilegítimamente las alturas del Golán, estableciendo una cabeza de playa que desde entonces no ha dejado de robar territorio sirio.
Quizás en este final de la primacía mundial que al final de este conflicto pasará de los Estados Unidos a favor de relaciones horizontales que podrían tener de modelo a los BRICS, termine también con lo que el intelectual judío hijo de sobrevivientes del holocausto Norman Finkelstein describió en su libro: “La industria del Holocausto”. Donde reflexiona sobre cómo el sionismo ha explotado política y comercialmente la memoria de los seis millones de judíos muertos en los campos de concentración nazis.
Desde ya la voluntad de Netanyahu, que presionó a Trump como a cada presidente estadounidense desde 1996 para desatar esta guerra, no se va a rendir tan fácilmente porque sabe que desde el momento que deje el poder, si lo hace vivo, será un paria que no conseguirá amparo más que en alguna prisión. Por lo que, de producirse el abandono efectivo de los Estados Unidos, su condición moral le va a permitir ejecutar lo que por mucho tiempo pareció ser leyenda: la “Opción Sansón”, un ataque masivo con armas nucleares contra todo, como último recurso frente a la posibilidad de la destrucción inminente.
Aunque estas posibilidades son todavía muy lejanas, ya es absolutamente cierto que las monarquías del Golfo y todo lo que ellas han representado para Occidente desde el final de la Segunda Guerra Mundial están al borde de desaparecer de continuar con su alineamiento automático con los Estados Unidos y el enclave sionista.
Irán ha decidido expulsar a las bases estadounidenses establecidas en Medio Oriente para alejar los peligros que desde la Revolución de 1979 acechan su existencia y de alguna manera también reivindicar a los pueblos humillados y ofendidos a lo largo del mundo.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
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