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Última Reflexión sobre Afganistán para unas lecciones incompletas

Las encrucijadas del Imperio y del Talibán

Fuentes: Rebelión

Las secuelas de la derrota en Afganistán aunadas a su crisis estructural, tienen a EEUU sumido en un piélago de bandazos a diestra y siniestra.

Al contrario de la parsimonia de Trump en materia internacional que le dictaba su American first, Biden se ha propuesto actualizar la agenda internacional en el peor momento de su decadencia; la humillación que sufrió a manos de una guerrilla islámica sin ejército ni infraestructura de guerra, al ejército mejor armado del mundo.

Y es que pese a sus graves aprietos políticos y electorales domésticos, la diplomacia exterior de Estados Unidos encuentra dificultades ante la dinámica multipolar en la proyección económica y militar de China y Rusia que debilita su hegemonía universal sobre todo en Asia, con una población brutalmente agredida en lo militar y económico por las guerras contra el terrorismo.

Toda derrota conlleva políticas erráticas e incoherentes en el vencido que nuevamente considera que con manotazos puede superar el problema, pero lo que logra es incrementarlos, a medida que deja claro que su gran paroxismo es contener a China y a Rusia a cualquier precio, incluso coqueteando con las posibilidades de sobrepasar las líneas rojas existentes en los forcejeos mundiales, es decir, haciendo sonar los tambores de guerra tan afines a su condición imperialista. Y en este sentido, Taiwán y Ucrania son la coartada en que se ha pertrechado EEUU para enfrentar a China y Rusia respectivamente, según su manual actual.

Por eso la catástrofe que está gestando con sus audaces operaciones unilaterales muestran la agresividad de un derrotado que busca resarcirse con una formula errática: Hablar de democracia para sesgar al mundo libre contra los autócratas que no se alinean y tampoco lamen la suela del zapato imperial. ¡Y AMENAZAR!

El mundo esperaría que Estados Unidos hubiese repensado y asumido sus responsabilidades tras la huida de Afganistán, pero la administración Biden no ha mostrado ni agudeza ni competencia, solo torpeza y precipitación. 

La élite bipartidista de Estados Unidos parece interesada solamente en blanquear estos fracasos catastróficos cambiando el enfoque ahora contra China y Rusia, levantando la bandera de una Taiwán independiente en el primer caso y torpedeando el funcionamiento del gasoducto ruso North-Stream 2, que proveerá a Alemania y Europa. Pero más caliente y peligrosa es la extensión militar de la OTAN en Ucrania, pues amenazaría a Rusia desde su propia frontera, lo cual sobrepasa las líneas rojas trazadas cuando la desintegración de la URSS y que Reagan prometió respetar.

AUKUS: el primer round

El primer puñetazo a continuación de Afganistán fue dirigido contra China con el AUKUS y publicitó que se concentraría en el océano Pacífico y los submarinos nucleares para contener a China. También logró de rebote golpear a Francia y anunciar a sus exaliados de la OTAN que su nueva ofensiva contra China la haría de la mano de Gran Bretaña y Australia (AUKUS), ocasionando un mayor malestar en ellos, pues tampoco les consultó la salida de Afganistán.

Mientras tanto, el imperio ignoraba que China había desarrollado misiles hipersónicos, que no tiene EEUU pues aún no logra alcanzar esa tecnología para su arsenal militar. Estas armas hipersónicas están diseñadas para derrotar los sistemas de defensa antimisiles actuales volando a cinco veces la velocidad del sonido y realizando maniobras evasivas durante su fase terminal, y ante eso solo queda elevar el tono de las amenazas.

AUKUS no ha logrado ningún respaldo en la opinión mundial y tampoco es fácil entender el involucramiento casi territorial de Australia en un conflicto ajeno a sus intereses nacionales. La oposición interna se empieza a expresar con fuerza.

Como no logró con AUKUS ningún aplauso internacional si no una mirada displicente e insegura del mundo, incluso de sus amigos-aliados: se embarcó en una convocatoria más polémica e inútil, una Cumbre Mundial virtual.

Una “Cumbre por la Democracia” sin demócratas

El segundo round en su política internacional es la insípida “Cumbre por la Democracia” a la cual invitó a “líderes de gobiernos, de la sociedad civil y ‎del sector privado”, citando unilateralmente a halcones y genuflexos de 104 países, para que le rindan corretaje al amo imperial en apuros. Aunque hablar de democracia en EEUU es como lucir la soga en la casa del ahorcado.

El evento no fue claro sobre por qué lo citaron, pero parece, no obstante, que fue pensado en referencia a quienes no fueron invitados, China y Rusia, tanto o más, que a quien sí lo fue. Evidentemente hace parte de la cruzada del Biden posTalibán contra sus señalados enemigos. Además, hacía falta una “renovación democrática” en el imaginario colectivo mundial.

Una Cumbre por la Democracia citada por EEUU, autodenominado líder democrático del mundo después de los bombardeos y las masacres en Afganistán, Iraq, Libia y Siria donde han dejado caer unas 250.000 bombas en este siglo y más de medio millón de muertos… ¡vaya, qué democracia! Y ojeemos su situación interna: la policía blanca mata cada año alrededor de 1000 civiles desarmados, principalmente ‎negros e hispanos. ‎El presidente Trump dirige personalmente una asonada contra el congreso de su país, para impedir el reconocimiento presidencial a su rival. Y la pobreza crece a niveles nunca vistos en el país del sueño americano, entre muchas más inequidades.

Pero muchos de sus invitados comparten su secuela de terror. India con legislaciones racistas contra la población musulmana, ha manejado tipo Trump la pandemia Covid-19 y ejercido la máxima represión contra los campesinos. Colombia, cuyo estado asesinó a más de 70 manifestantes en un paro de protesta este año y las muertes de dirigentes indígenas, sociales, periodistas, guerrilleros desmovilizados y niños superan el millar, en 2021. La ONU acaba de condenar los 24 asesinatos ejecutados por la policía estatal en el Paro Nacional.

Otros distinguidos invitados por sus democracias ejemplares son el Brasil de Bolsonaro, Serbia, Polonia, Indonesia o el títere venezolano Juan Guaidó que presume ser presidente interino, pero vitalicio para Duque y Biden.

Estados Unidos cada vez es más consciente de que está perdiendo su monopolio global a causa del rápido desarrollo económico y tecnológico de China y el desarrollo nuclear de Rusia. Trump lo intentó con medidas económicas inútilmente y Biden quiere impedirlo a toda costa, privilegiando la amenaza militar y la combinación de todo tipo de medidas, incluidas la guerra tecnológica, comercial, espacial, sanciones, etc, que es lo que algunos analistas denominan acertadamente la guerra híbrida. Ahora Biden utiliza el disfraz de la democracia en la Cumbre, para buscar respaldo contra los autócratas de China y Rusia.

China, por su parte, respondió a la redada con un fuerte pronunciamiento de su cancillería: “La era en la cual Estados Unidos actuaba en el mundo de manera arbitraria bajo el pretexto de la democracia y los derechos humanos ha terminado”. El gobierno chino aseguró que la democracia de Estados Unidos es un «arma de destrucción masiva (…) para interferir en otros países».

También publicó un Libro Blanco titulado “China: una democracia que funciona”, documento del Consejo de Estado que es una defensa del sistema de partido único y sus logros en las últimas décadas como la eliminación de la pobreza en el país más poblado del mundo. La visión de la democracia también es diferenciada.

Pero en el propio país la cumbre tampoco fue muy bien recibida por inútil y pretenciosa. La corresponsal de asuntos internacionales de la revista Político, Nahal Toosi la describió así: “Esta es la cumbre de la democracia y por las democracias. Se trata de elevar, construir y proteger este concepto de democracia. Pero está renga. Le falta equilibrio.”

Y su colega Usha Sahay, otra editora de Político, agregó que “Esta idea de que todo el mundo quiere democracia y nadie quiere autocracia, es una visión muy binaria. Lo que la gente quiere es un gobierno competente. Así que lo que ésta administración trata de decir es que no podemos limitarnos a: “Bueno, tenemos elecciones, y por tanto somos mejores”. Tenemos que demostrar que la democracia puede dar resultados. La pandemia ha puesto en tela de juicio la competencia de muchos países democráticos, incluido Estados Unidos”. Y agreguemos a Brasil, India, Gran Bretaña y otros aliados.

Daniel Ellsberg, el famoso periodista que filtró los Papeles del Pentágono, ese informe que reveló las mentiras del gobierno estadounidense sobre la guerra de Vietnam, arremetió contra Biden por buscar la extradición del fundador de Wikileaks, Julián Assange. Washington quiere que Assange pase de denunciante a condenado por la publicación en WikiLeaks (2010) de documentos militares clasificados sobre las guerras en Afganistán e Irak. “¿Cómo se atreve Biden a dar una conferencia en la Cumbre por la Democracia mientras se niega a perdonar a Assange?”, tuiteó Ellsberg, acusándolo de “matar la libertad de prensa en aras de la seguridad nacional”.

Imagen que circula en las redes sociales sin crédito

El llamado de Biden a defender la democracia choca con el escepticismo generalizado. Según una encuesta del Pew Research Center, solo el 17% de los consultados en 16 economías avanzadas «considera que la democracia estadounidense es un buen modelo a seguir para otros países».

El intento de EEUU de retomar las riendas del mundo libre como democracia ejemplar en una cumbre virtual, no le ha traído los créditos que buscaba, ni nacional ni internacionalmente. La primera Cumbre quizá fue la última y la decadencia sigue su avance inexorable. No renguea, es que no camina.

Lo máximo posible es que Biden y sus halcones sigan desplegando la vieja táctica de la polarización estratégica con la ilusión de construir un bloque pro-estadounidense con participantes que van desde el Reino Unido y Australia (AUKUS) hasta Israel y Arabia Saudita, los mismos de siempre. Muchos otros gobiernos reaccionarios y de extrema derecha como India y Brasil no se atreven a ser beligerantes y no toman partido contra Rusia y China por las relaciones de todo tipo que los conecta, realismo democrático.

Frente a la grave crisis humanitaria en Afganistán, el mundo occidental vacila y calla

La victoria talibán con la toma de Kabul el 15 de agosto no significaba la resolución de ninguna de las terribles tragedias que vive el pueblo afgano, a no ser, haber vivido 120 días de PAZ relativa que no conocía el 80% de la población, ni un solo día de sus vidas. A excepción de los 4 bombazos del grupo terrorista ISIS-K en mezquitas y hospitales, dirigidos contra la población chií de los hazaras; el país vive una calma desconocida, aunque salpicada por el hambre y el temor a un invierno que se pronostica severo e implacable.

Es conocido internacionalmente el rechazo de los Talibán a estos fundamentalistas del Estado Islámico (Korasan), ISIS-K, con quienes rompieron hace más de 6 años por no compartir el criterio de la Yihad Global y otras posturas sectarias ajenas al islam.

Afganistán está al borde de la peor emergencia humanitaria del mundo, con escasez de alimentos, combustible y dinero. Mas de la mitad de los afganos se enfrentan a una hambruna terrible que se agudizará a medida que el rigor invernal aumente, en un país devastado por cuatro décadas de guerra. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU estima que más del 40% de las cosechas de Afganistán se han perdido a causa de la sequía severa que han padecido este año y que alrededor de 3,4 millones de niños están en peligro de desnutrición. La misma ONU ha advertido que alrededor de un millón de niños podrían morir de hambre si no reciben una ayuda alimentaria inmediata y suficiente.

Lamentablemente, la respuesta internacional ha sido esquiva en unas ocasiones y silenciosa en otras y hace parte de la venganza imperial.

Ese enfoque de indefinición se basa en esperar para tomar decisiones por parte de los gobiernos occidentales, con una diplomacia de micrófono contra los talibán tratando de justificar su vaguedad alegando que si se entrega la ayuda fortalecería al gobierno talibán, que no han reconocido. Otro es la política para retener en la banca imperialista los dineros de Afganistán, y así exacerbar la crisis humanitaria, financiera y de seguridad con ramificaciones regionales y globales, pero la apuesta es tratar de responsabilizar a los Talibán del colapso creado por ellos, Occidente.

La ayuda humanitaria y la financiación para el desarrollo debe entregarse ahora y a gran escala, en primer lugar, por los responsables de la crisis, EEUU y los países de la OTAN que fueron los invasores y destructores del país.

La autodeterminación de los pueblos vuelve a ser vulnerada cuando se pretende condicionar la necesaria ayuda económica en aras de cualquier coartada. Que el gobierno Talibán no ha sido reconocido. Que son terroristas declarados por muchas naciones occidentales, incluida Rusia; pero recordemos que Nelson Mandela estuvo en la lista de terroristas de EEUU hasta décadas después de tumbado el apartheid y haber sido presidente de Suráfrica, solo en 2008 dejó de ser terrorista. Que hay demandas por los muertos del 11S y las reservas afganas en la banca debe ser para reparar eso, cuando no han exhibido ninguna prueba de que los Talibán hayan sido responsables del atentado a las torres del WTC.

La ayuda internacional no da espera, debe ser inmediata y suficiente para superar la situación desesperada del pueblo afgano. No mas disculpas con el reconocimiento al gobierno Talibán. Las zancadillas imperiales no pueden ser el descargo para no hacerlo. La posibilidad de una estampida generalizada para dejar el país, en el desespero actual, tendría millones de desplazados con consecuencias en buena parte del mundo. No servirán declaraciones ni hechos tardíos. Los países occidentales deben tratar con urgencia y cooperación, con los Talibán.

La única posibilidad de sembrar nuevamente la vida en Afganistán es facilitando el envío a gran escala de alimentos y medicinas para superar este invierno. Eso conlleva aceptar la realidad del triunfo Talibán y su régimen, hay que desbloquear inmediatamente las cuentas internacionales congeladas desde agosto de 2021 y financiar la ayuda humanitaria.

Pakistán lidera otra cumbre: la de la Organización de Cooperación Islámica (OCI)

Mientras se desvanece el ruido de la Cumbre por la Democracia otros vientos soplan en Asia y Africa, los de la solidaridad y la necesidad de buscar el reconocimiento al gobierno Talibán para sortear las difíciles condiciones en que quedó sumido el país después de la invasión.

El mundo islámico se reúne, convocado por Islamabad, para ayudar a Afganistán.

Los 57 países que hacen parte de la OCI se reunieron el 19 de diciembre para buscar formas de ayudar a Afganistán y evitar un colapso económico inminente que dicen tendría un “horrendo” impacto global.

Funcionarios paquistaníes dijeron que participaron un total de 70 delegaciones, incluido el ministro de Relaciones Exteriores de los Talibán, Mullah Amir Khan Muttaqi; y delegados de Estados Unidos, China, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas. Setenta en total, la mayor hasta ahora.

El ministro de Relaciones Exteriores de Pakistán, Shah Mahmood Qureshi, dijo que las consecuencias de la crisis cada vez más profunda, podrían significar hambre masiva y una avalancha de refugiados. «No podemos ignorar el peligro de un colapso económico total»

Añadió que se le pediría a la OCI considerar un plan de seis puntos para ayudar a Afganistán, que se involucraría con las autoridades Talibán para ayudar a aliviar la presión sobre su país. Este plan incluiría coordinar la ayuda humanitaria, aumentar la inversión, ayudar a reconstruir las instituciones afganas y la infraestructura; y proporcionar expertos técnicos para gestionar la economía.

El primer ministro de Pakistán, Imran Khan, en su discurso de apertura instó a Estados Unidos a «desvincular» al gobierno talibán de los 40 millones de ciudadanos afganos para evitar una crisis humanitaria y el caos en Asia Central.

Qureshi informó que EEUU estuvo presente con Tom West, representante especial para Afganistán y que éste se reunió con Khan Muttaqi, el ministro Talibán; al margen de la cumbre. West le dijo que la ayuda humanitaria estadounidense para Afganistán no conllevaría precondiciones y que podría haber hasta 1.200 millones de dólares disponibles a través del Banco Mundial en fondos que podrían destinarse a Afganistán. Washington no abaló ni desmintió las declaraciones de Qureshi.

La cumbre concluyó con la promesa de crear un fondo para brindar ayuda humanitaria a través del Banco Islámico de Desarrollo, el cual proporcionaría un canal para que los países realicen donativos sin tener que hacerlo directamente con los Talibán.

India no participó en la cumbre para no tener que tomar una posición pública sobre el gobierno Talibán, pero anunció el envío de 50.000 toneladas de arroz a Afganistán. Y Arabia Saudí, otro país amigo de EEUU envió dos aviones con más de 65 toneladas de ayuda, incluidas 1.647 canastas de alimentos, dijo el jueves la agencia oficial de prensa saudí. Promete además que el puente aéreo humanitario saudí será un total de seis aviones para entregar más de 197 toneladas de ayuda a Afganistán.

Esta información de la Cumbre de la OCI se puede ampliar en Al jazeera y Asia Times, de donde fue tomada.

-Apostilla final sobre la decadencia americana y los clavos del ataúd

El célebre autor de 1984, George Orwell escribió que «la forma más rápida de poner fin a una guerra es perderla». Estados Unidos volvió a probar esa fórmula en Afganistán. 

“Occidente”, esa categoría ideada para no hablar de los países reales que se extendieron de manera colonizadora por todo el mundo, esclavizando y explotando al resto del planeta, sigue su guerra eterna; a veces sorda, larvada, otras directa, invasiva; otras encubierta con nombres coloridos (Revoluciones Rosa, Naranja, de los Tulipanes, Azafrán, etc) pero siempre tremendamente violentas y contra los pueblos y gobiernos que no quieren amarras, solo autodeterminarse.

El imperialismo norteamericano y Occidente no pueden tolerar el desafío que constituye el que China y Rusia hayan unido fuerzas para crear políticas de desarrollo y crecimiento económico a escala regional dentro de “La Franja y la Ruta” y también bilateralmente; y que más de un centenar de países se hayan incorporado a este dinámico proyecto mundial.

Y es que la política china de la «Nueva Ruta de la Seda», como dice Rafael Poch, “es el único proyecto abierto, integrador, universalista y no basado en la lógica de la imposición del más fuerte que existe en el mundo de hoy”. China lleva ejecutándola ocho años con grandes avances y obviamente también dificultades por las presiones y el saboteo que realiza Estados Unidos permanentemente, para impedir su progreso.

Esta política no solamente debilita aún más la globalización neoliberal al fortalecer las economías estatales implicadas, pues facilita construir multilateralidad y apoyos regionales con la conectividad que brinda, y esta cooperación implica “zonas de estabilidad y de comunidad” en las relaciones internacionales que fortalecen los lazos comerciales, económicos y monetarios de los países participantes.

La apuesta de China y Rusia con muchos otros países por un sistema multipolar se basa en el respeto mutuo entre sociedades, pues quien está interesado en concretar relaciones comerciales y productivas no puede apostar al mismo tiempo por la guerra.

Este manejo contrasta con la política de caos y desestabilización de EEUU y sus aliados, que al perder su predominio económico sí están interesados en destruir lo que construyen los rivales, y así perturban las condiciones de gobernabilidad en el mundo. Todo ello lleva en la práctica a un enfrentamiento entre la Estabilidad y el Caos de uno y otro proyecto, donde lo que está en juego es el final del mundo unipolar que creó EEUU para su exclusivo beneficio.

Pero bajemos a tierra la discusión cuasi teórica de los modelos de sociedad en juego, para señalar otra reveladora realidad: Estados Unidos tiene una deuda de 30 billones de dólares, o sea mas del 230% de su PIB militarizado. Quiere decir que está en bancarrota. ¿Qué lo salva de la quiebra? Que el dólar es una moneda artificial emitida por una entidad privada, la FED, y que ha sobrevivido a las crisis recurrentes con la emisión masiva de dólares sin ningún respaldo, solo con el “prestigio de EEUU” como lo dijo Nixon a propósito de la crisis de 1971, cuando renunció al cambio en oro del dólar, que quería hacer efectivo Francia. ¿El derrumbe del dólar llevará al hundimiento del imperio americano, o el quiebre del dominio mundial conllevará la pérdida de supremacía de la moneda de intercambio mundial, el dólar? No es posible separar las respuestas, la “suerte está echada” para el hegemón mundial, como dijo el emperador romano Julio César al cruzar el Rubicón. No hay vuelta atrás.

La guerra híbrida también juega en la base de esta intolerancia occidental a otros modelos de sociedad.

¡Afganistán tiene FUTURO!

Carlos García Tobón. Analista internacional con énfasis en China, Asia Central y la Ruta de la Seda histórica y actual. Arquitecto y Urbanista de la Universidad Nacional de Colombia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.