En el libro Esta guerra no termina en Ucrania (Katakrak, 2022), el activista, ensayista y analista político, Raúl Sánchez Cedillo (Madrid, 1969) introduce la noción de Régimen de guerra, que define como “sobre todo un régimen de crecimiento capitalista”; así, “se gobierna para la guerra” y “la guerra determina el modo de producción”; más allá del incremento del gasto militar en Estados Unidos, la UE, Rusia o China, lo más significativo es que se establece una identificación entre crecimiento, seguridad y guerra.
El también traductor y activista escribió en 2021 el libro Lo absoluto de la democracia. Contrapoderes, cuerpos-máquina, sistema red transdividual (Ed. Subtextos), prologado por Toni Negri; Raúl Sánchez Cedillo colabora actualmente como analista en Canal Red televisión y Radio Nacional de España (RNE); en la siguiente entrevista telefónica aborda la coyuntura actual en Venezuela, Irán, la UE y el conflicto entre Rusia y Ucrania.
-P: ¿A qué explicaciones de fondo apunta el ataque militar estadounidense, del 3 de enero, en Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro? ¿Qué importancia tiene la pretensión norteamericana de recuperar su “patio trasero” frente a China?
-RSC: La llamada doctrina Monroe, con su corolario Trump, no está pensando que Europa sea su principal competidor; es China la que está extendiendo desde hace décadas la cooperación en infraestructuras, logística, industrial, energética y de créditos blandos en América Latina, también en África y con el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda.
Además China lo ha hecho desde un “mercantilismo paradójico”, ya lo escribía en los años 2000 Giovanni Arrighi en el libro Adam Smith en Pekín. Hace tiempo que China ya no es sólo la fábrica del mundo, sino que está en el paradigma de la paz mediante el comercio y el intercambio; de hecho, es el principal defensor de la Organización Mundial del Comercio (OMC); Trump, con su limitada inteligencia y con sus asesores, sabe que todo esto es una condena a muerte.
-P: Venezuela es el país con mayores reservas de crudo del mundo. ¿Es el petróleo la razón de fondo de la agresión?
-RSC: Ya hemos visto que un cambio de régimen no es el objetivo; y tampoco es un objetivo el expolio inmediato del petróleo, por las dificultades que conlleva; ya lo dejaron claro el otro día las petroleras, en la reunión del 9 de enero en la Casa Blanca, en la que estuvo Repsol con su consejero delegado Josu Jon Imaz. Pero de facto hay un bloqueo, que afecta asimismo a Rusia.
Estamos ante una dinámica de inestabilidad, control militar, capacidad de atacar en cualquier momento, destruir infraestructuras y matar a personas completamente al azar, sin ninguna base legal; crímenes terroristas hechos en nombre de la Presidencia de Estados Unidos y, por tanto, susceptibles de ser juzgados en la Corte Penal Internacional (CPI).
También la UE ha hablado de una oportunidad para promover una transición “democrática” en Venezuela, con la presencia de la golpista María Corina Machado.
-P: “China había comenzado a comprar petróleo de Venezuela eludiendo el pago en dólares, utilizando para ello el renminbi (divisa exterior china basada en el yuan) y criptomonedas referenciadas con el dólar”, ha escrito el periodista Enric Juliana en La Vanguardia; la deuda pública de Estados Unidos representa un 120% de su PIB…
-RSC: Hay que recordar la acción decisiva de Nixon, en 1971, de abandonar la convención del patrón oro y el fin de la convertibilidad internacional directa del dólar al oro; el problema es que la inundación de dólares, la compraventa del petróleo en dólares, también las transacciones financieras de Wall Street en esta moneda y los mercados de materias primas, como el de Chicago, vive ahora mismo sólo de la violencia.
No se trata ahora de hegemonía, porque no podemos decir que una mafia sea hegemónica; una mafia extorsiona, controla y golpea; es a lo que está abocado el poder estadounidense a partir del primer año de la segunda presidencia de Trump; a largo plazo, nadie que lo analice con tranquilidad, puede pensar que esa hegemonía pueda mantenerse.
El problema es que Trump no sólo hace esto, sino que introduce elementos que incrementan el caos y la incertidumbre; eso hace que el coste de cada transacción, ya sea comercial, financiera o de inversiones se vuelva enorme.
-P: ¿Cómo valoras, a grandes rasgos, el discurso de los grandes medios de comunicación sobre la agresión a Venezuela?
-RSC: Obviamente en Venezuela hay un colapso de los relatos mediáticos, porque Trump ha destruido la narrativa de la oposición; en concreto, la narrativa de que Maduro es un dictador como Trujillo -u otros dictadores caribeños- y en la que incluyen el proceso bolivariano iniciado en 1999; ahí entra la oposición, encabezada por María Corina Machado, en un proceso de encumbramiento -antes y después de las elecciones- que culmina con el Premio Nobel; ese galardón ya estaba en un lodazal, pero con esto… La premiada es una persona que, antes y después de recoger el Nobel, pidió una guerra de agresión contra su país.
Es Trump el que en las entrevistas en el avión presidencial, el Air Force One, cuando le preguntan si va a pedir la liberación de presos y mejores condiciones para la oposición a Delcy Rodríguez, responde que no, que eso ya vendrá, y que lo importante es mejorar el país, el petróleo.
-P: El País titulaba “el chavismo resiste a Trump y radicaliza su proyecto de ‘Estado revolucionario’” una información del 27 de diciembre firmada desde Caracas; y añadía el subtítulo: “El régimen venezolano endurece su legislación, achica los espacios de la oposición e impone la censura”. ¿Qué subyace a estos posicionamientos editoriales, en relación con la invasión militar del 3 de enero?
-RSC: En el relato golpista, además de El País y la corporación PRISA, participa toda la prensa mainstream europea, española y latinoamericana; es el caso del grupo Clarín y el periódico La Nación, en Argentina; El Comercio de Perú; la prensa colombiana, por ejemplo la revista Semana; también en Brasil O Globo; todos ellos han sido antichavistas y antipopulares de manera furibunda, colonial y reaccionaria.
Es una disputa contra un proceso inaudito en la historia venezolana; hay que referirse a los excluidos durante décadas, incluso durante el periodo de mayor riqueza en términos macroeconómicos del país (años 50 y 60 del siglo XX), cuando la miseria en los ranchos de Caracas era ya famosa; en el momento que ese pueblo hace una alianza con el grupo en torno al comandante Chávez, esto supone el terror para los sectores parasitarios y privilegiados que viven de las rentas; es un proceso de 26 años.
-P: Por otra parte, respecto a Irán, además de la crisis económica, el alza de los precios, la devaluación de la moneda (rial) y el bloqueo económico por parte de Estados Unidos y la UE, ¿qué otros aspectos explican las actuales revueltas en Irán?
-RSC: Creo que se trata de un agotamiento como mínimo de décadas de la República Islámica. Hay que observar las cuestiones de clase y género; Irán es un país con enormes recursos naturales, uno de los grandes productores de petróleo. Tenemos esa maldición del petróleo. Los países ricos en materias primas y energía terminan generando estructuras jerárquicas muy sólidas de rentas y poder político.
El malestar va creciendo, se llega a un umbral catastrófico y estallan las revueltas; el empobrecimiento de la población, también debido al bloqueo, se suma a elementos asociados a la calidad de vida como la contaminación; los problemas para el acceso al agua en Teherán y las provincias; o las cuestiones nacionales, en relación con las poblaciones kurdas, azeríes o baluchíes.
Otro factor es la acumulación de sucesivas protestas y revueltas, desde 2009, que ha tenido un efecto escaso en la dialéctica del poder, pero ha llevado -en muchos casos- a la elección de elementos más reformistas de lo que había anteriormente; por ejemplo el gobierno de Jatamí o el del actual presidente, Masoud Pezeshkian.
-P: ¿Existen variables externas que estén induciendo o respaldando las protestas en Irán?
-RSC: Es obvio que en las revueltas tiene que haber también elementos financiados por Israel o por el llamado Consejo Nacional de Resistencia Iraní (CNRI), los antiguos muyahidines, que son una especie de grupo reaccionario mafioso que además colabora, por ejemplo, con Vox; son sectores que quieren incrementar la tensión, provocar una reacción más extrema en la represión, ya de por sí enorme, y crear las condiciones para que haya una intervención externa estadounidense.
-P: Por otra parte, países de la UE han enviado efectivos militares a Groenlandia para, supuestamente, disuadir a Donald Trump en su empeño por apropiarse de este territorio. ¿Cómo evalúas la medida?
-RSC: El hecho de que se desplieguen militares de la UE en Groenlandia, o antes el anuncio de envío de tropas a Ucrania, es un disparate; la justificación es que Trump ha dicho que Rusia y China pueden acceder al Ártico; realmente Trump pretende apoderarse con uno u otro argumento de Groenlandia, sin negociar nada con Dinamarca ni con la UE. ¿Qué supondría este despliegue de tropas? Imagínate estar allí “congelados” a ver si aparecen los rusos; esta iniciativa no va a detener ni un milímetro una acción de Trump.
La cuestión no es Rusia; de hecho, Trump se lleva mejor con Putin que con la UE. Además la Federación Rusa no es Estados Unidos, no tiene la capacidad de establecer estos frentes militares en el Ártico.
-P: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, han alertado en diferentes declaraciones sobre la “amenaza rusa”; ¿son estas advertencias una excusa para el rearme de la UE?
-RSC: Mi argumento en el libro Esta guerra no acaba en Ucrania es que la paranoia produce paranoia; recordemos la genealogía; Vladimir Putin es en gran medida una creación occidental; Putin fue lugarteniente de Yeltsin, aliado occidental y a partir de 2000 puso orden en el desbarajuste oligárquico y mafioso ruso, haciéndose el jefe de todo.
Hay que recordar que en la Cumbre del G8 celebrada en Génova, en 2001, estuvo presente Putin; pero luego, el desprecio occidental y estadounidense y la presión de los países con liderazgo derechista, revanchista, como los Países Bálticos o Polonia, y la crisis en Ucrania, hacen que la paranoia del grupo en torno a Putin crezca;
La expansión de la OTAN no estaba justificada, porque ya no estábamos en la Guerra Fría; en la Conferencia de Seguridad de Múnich, de 2007, se produce la última advertencia de Putin; pero allí no se abre ninguna negociación, claramente la dialéctica fue de arrogancia, prepotencia y lógica militarista.
Después, los Acuerdos de Minsk, de 2014 estabilizaron supuestamente la situación; pero el gobierno ucraniano de Poroshenko violó los acuerdos y la guerra civil prosiguió; años después, la canciller Merkel, que participó en los acuerdos, reconoció que el Protocolo de Minsk se firmó con el fin de ganar tiempo en el rearme de Ucrania frente a Rusia.
-P: Así las cosas, ¿qué conclusión cabe extraer para el futuro inmediato?
-RSC: Cada vez que la tensión y la acción militar crece, en términos de dilema para la seguridad, el otro se rearma y se prepara para más guerra; en este sentido, claro que si continuamos así, la amenaza rusa lo será…
La deslegitimación e incapacidad de salir del neoliberalismo autoritario, de la brutal desigualdad y concentración de la riqueza, ha sido el resultado último de la crisis de 2008 y que, después de la pandemia, ha empeorado; cuando habría supuestamente un cierto remedio con los planes Next Generation de la UE, se ha provocado la crisis en Ucrania.
La cuestión es que las oligarquías occidentales, y también las rusas, por una cuestión de clase global prefieren la guerra y este caos a cualquier elemento de distribución y democracia económica.
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