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Pakistán busca un culpable

Fuentes: Rebelión

A poco de cumplirse un año del asalto a Jaffar Expres por parte de combatientes del Ejército de Liberación de Baluchistán (BLA), la milicia independentista más activa de esa provincia del sureste pakistaní (Ver: Pakistán, el asalto al Jaffar Express) realizó una nueva acción de grandes dimensiones, que se desarrolló el pasado sábado 31 y que según han informado es la segunda fase de la Operación Heroof (Tormenta Negra), que dejó más de noventa insurgentes muerto a los que habría que sumar otros cuarenta abatidos en dos operaciones del día anterior, lo que para muchos analistas locales ha sido “el día más mortífero para los milicianos en décadas”. A la lista de los muertos del sábado hay que agregar unos quince militares y otros tantos civiles.

En el comunicado del sábado por la noche, el Servicio de Relaciones Públicas Interservicios (ISPR) dice: “Los terroristas de Fitna al-Hindustan (la nueva denominación que el Gobierno de Pakistán da a todos los grupos insurgentes que operan en Baluchistán), patrocinados por la India, intentaron perturbar la paz de Baluchistán realizando múltiples actividades terroristas alrededor de Quetta, la capital provincial, Mastung, Nushki, Dalbandin, Kharan, Panjgur, Tump, Gwadar y Pasni”.

En el comunicado del ISPR se apunta sin ambages a Nueva Delhi de ser el patrocinador de los grupos insurgentes que operan en Baluchistán. El informe sigue diciendo: “Por orden de sus amos extranjeros, estos cobardes actos terroristas buscaban perturbar la vida de la población local y el desarrollo de Baluchistán, atacando a civiles inocentes en los distritos de Gwadar y Kharan. En estos casos, los terroristas atacaron maliciosamente a 18 civiles inocentes, entre ellos mujeres, niños, ancianos y trabajadores que aceptaron el martirio”.

Según la misma fuente, las fuerzas de seguridad respondieron de manera inmediata, frustrando y poniendo en marcha el plan antiterrorista Azm-e-Istehkam en urdu “Determinación por la estabilidad”, consiguiendo desbaratar la acción del “malvado designio de los terroristas, mostrando coraje inquebrantable y excelencia profesional”, continúa la declaración de Islamabad.

El comunicado, además de destacar el coraje de los “15 valientes hijos de la tierra que habiendo luchado valientemente hicieron el máximo sacrificio y abrazaron el martirio”, ratifica lo que los informes de inteligencia confirman: “Inequívocamente, los ataques fueron orquestados y dirigidos por líderes de bandas terroristas que operaban desde fuera de Pakistán y que estaban en comunicación directa con los terroristas durante todo el incidente”.

La abierta acusación a India no es un dato para nada menor, teniendo en cuenta la disputa sin saldar entre ambas naciones por Cachemira y las heridas perennes que dejó la partición de 1947, instalando a ambos lados de la frontera un odio casi patológico por parte de los fanáticos religiosos, según sea el caso musulmanes e hinduistas, un odio que ha llevado a cuatro grandes guerras e infinidad de enfrentamientos fronterizos en los que siempre late la posibilidad de un estallido de consecuencias inimaginables, ya que ambos países son potencias nucleares.

El último gran choque de esta serie interminable se produjo entre abril y mayo del año pasado, luego de que Nueva Delhi lanzara la Operación Sindoor para dar captura o eliminar a los muyahidines del Frente de la Resistencia (TRF), hasta entonces prácticamente desconocido, grupo que había asesinado a una treintena de turistas indios que visitaban el valle de Palagham en la Cachemira india (ver Cachemira, otra vez tormentas).

A nadie le extrañaría demasiado que el TRF fuera uno de los tantos nombres de fantasía con que militantes nacionalistas pakistaníes actúan por cuenta y orden del Inter-Services Intelligence (ISI), la poderosa oficina de inteligencia del ejército pakistaní.

Respecto a los ataques del sábado, se conoció que los insurgentes realizaron casi una decena de ataques coordinados contra móviles policiales, bancos, edificios, hospitales e intentaron copar una escuela privada en la región de Zarghoon. Aparentemente habrían asesinado a dirigentes de organizaciones civiles junto a sus familias y secuestraron a un comisario junto a su familia, del que mostraron videos ya en su lugar de detención. Por último se conoció que al menos una treintena de detenidos fueron liberados de una prisión de alta seguridad del distrito de Mastung.

Mientras, como es usual en estos casos, todos los servicios de datos móviles se suspendieron en Quetta, al igual que el acceso a internet en varias áreas de Baluchistán. Y se establecieron medidas de crisis en los hospitales públicos de la provincia. Mientras que el servicio ferroviario desde la provincia hacia otras partes de Pakistán fue levantado después de que las vías resultaron dañadas.

Vecinos sospechosos

Para el Gobierno del Primer Ministro Shehbaz Shari es necesario aquí anotar que es el principal aliado de Washington en esta siempre muy sensible región, no hay duda que estos ataques junto a las constates operaciones del ahora denominado por el Gobierno el Fitna al-Khwarij refiriéndose al grupo fundamentalista conocido como los talibanes pakistaníes el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), el grupo más letal de los que operan en Pakistán al que el Gobierno de Sharif, vincula con los talibanes afganos, lo que ha provocado no solo protestas diplomáticas por parte de Islamabad, sino también numerosas acciones militares dentro de Afganistán, llegando incluso a bombardear Kabul buscando eliminar a uno de los emires del TTP.

El Gobierno de Pakistán ha designado oficialmente a todos los grupos y organizaciones terroristas que operan en Baluchistán como Fitna al Hindustan, según una notificación emitida por el Ministerio del Interior y Control de Narcóticos de mayo pasado TTP.

La combinación Fitna al-Khwarij, cuyo significado en árabe es Fitna (revolución, guerra civil o golpe de Estado) y al-Khawarij, rebeldes, es una clara referencia histórica que se remonta a la primera Fitna (656-661) contra Ali ibn Abi Talib, el cuarto califa rāšidūn (bien guiado) e imán chiita, primo y yerno del profeta Mahoma, asesinado en 661.

Para las autoridades pakistaníes no es un simple cambio de denominación, sino que pretende mostrar verdadera motivación e ideología de estas khatibas y sus “oscuros” intereses en el caso de Fitna al Hindustan, el BLA y otros grupos baluchis personeros de Nueva Delhi, contra los intereses de su país, ya que además con el término no solo los define como terroristas, sino que también los nombra herejes por haber abandonado la umma (comunidad) musulmana. Con este cambio de denominación, Islamabad consiguió que en las áreas tribales donde la religiosidad está profundamente insertada el apoyo a los insurgentes haya disminuido de un setenta por ciento a un treinta. Algo similar con algún éxito también probaron los Estados Unidos durante su larga estadía en Afganistán.

En este contexto es importante señalar que el pasado jueves por la noche se registraron enfrentamientos armados en la frontera de Afganistán y Tayikistán. Si bien no se pudo confirmar que los sospechosos que incursionaron en territorio tayiko eran talibanes o grupos de alguno de los grupos armados que pululan en la región, un tanto milicianos y otro tanto contrabandistas, sí se conoció que efectivos tayikos al atardecer dieron con cinco hombres armados que habían cruzado la frontera ilegalmente.

En el enfrentamiento tres de los presuntos contrabandistas murieron, mientras que otros dos retornaron a Afganistán. Según el Comité Estatal de Seguridad Nacional de Tayikistán, se incautaron armas junto a cuatro bolsas de hachís y opio, producción que, desde que llegaron los talibanes al poder en agosto del 2021, por intermedio de fatwas y represión Kabul han conseguido reducir a pesar de que por años había sido el principal factor financiero.

Este hecho prácticamente aislado quizás tenga algo que ver: es que los aportes indios a la economía del talibán se están incrementando. Al tiempo que, según la inteligencia pakistaní, los mullahs afganos también asistirían a los diferentes grupos de la insurgencia baluchi, tanto en Kandahar como en la zona de Ain-o-Mina. La ciudad es la sede del poder religioso del país y lugar de residencia del líder supremo o el Amīr al-Muʾminīn (príncipe de los creyentes), el mullah Haibatulá Ajundzadá, y en Kabul, sede del poder político, los baluchis se localizan en Pul-e-Khishti y Wazir Akbar Khan.

Aunque el verdadero problema Pakistán no lo enfrenta en la frontera norte con Afganistán, sino en la del sur con el largo entredicho con India, que, por otra parte, también asiste a los talibanes afganos (ver: India, un largo puente hacia Kabul), donde la cuestión no la dirimen solamente India y Pakistán, sino que entran a jugar intereses estadounidenses, chinos y rusos en esta particular multiglobalidad, donde todos son peligrosamente sospechosos.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.